Peña La Verema

La Rioja Alta: cata vertical de Viña Arana y Gran Reserva 904.

 

Tengo que confesar que la cata de La Rioja Alta, enmarcada en el 12 Encuentro Verema, fue especialmente grata para mí por varias razones. La primera porque soy un amante de los vinos clásicos de Rioja y estamos hablando de una Bodega centenaria, durante mucho tiempo considerada como un bastión del perfil más clásico de vinos de la zona, a veces de forma injustamente peyorativa. En segundo lugar porque me entusiasmó la presentación que hizo Julio Sáenz, enólogo de La Rioja Alta. Por supuesto, Julio nos explicó los detalles más interesantes de la elaboración de los vinos que, lógicamente, conoce al dedillo, y lo hizo de forma precisa y amena. Pero, además, expresó su punto de vista con una sinceridad verdaderamente encomiable, planteando el dilema que supuso para una bodega con marchamo de clásica afrontar el cambio en los gustos de los consumidores en un momento determinado.

Comenzó la exposición con un bonito audiovisual sobre la Bodega, la elaboración y los viñedos. A continuación nos contó algunos detalles históricos y curiosidades. Por ejemplo, el origen del nombre de dos vinos emblemáticos de la casa: el 904, que probaríamos después, y el 890. Se trata de dos hitos en la historia de la Bodega, su fundación en 1890 y la fusión con Bodegas Ardanza en 1904. La normativa de etiquetado obligó en un momento dado a suprimir la primera cifra para evitar confusiones con la añada. A su vez, nos explicó que el Viña Arana debe su nombre a D. José Mª Arana, Vicepresidente de la Compañía en 1974, año en que nació la nueva marca.

Empezamos hablando de Viña Arana y Julio nos dejó claro que nació como un vino con personalidad propia y no como segunda marca. Sustituyendo al “6º año” y calificado inicialmente como crianza, se trataba de un vino ligero, de buena acidez. El prototipo del “Rioja claret”, popularizados como claretes, que nada tenían que ver con los rosados sino más bien con tintos de capa ligera y de carácter fino y elegante frente a otros más robustos (los “peleones”). Unos años después pasó a ser clasificado como reserva.  En la década de los 70 se producen dos hechos importantes; por una parte, la ampliación de las instalaciones, la sala de barricas y el comienzo de la fermentación en depósitos de acero y, por otra, un importante proceso de expansión con la compra de viñedos. Anteriormente la costumbre de la zona era la compra de la uva a los agricultores, con un control muy limitado o nulo de la viña que llegaba al punto de que no se conociera la proporción de variedades, puesto que la vendimia llegaba mezclada del viñedo, normalmente en  la proporción clásica riojana de Tempranillo, Garnacha y Mazuelo, pudiendo contener incluso pequeñas cantidades de uva blanca de las cepas de cabecera. En estas circunstancias, se llegaba a comprar el 60% de las uvas. Un problema adicional era justamente el de la vendimia conjunta de diferentes variedades con maduraciones diferentes. El mencionado proceso ha continuado con sucesivas ampliaciones de las instalaciones en los años 80 y con la compra de terrenos, lo que ha permitido conseguir el autoabastecimiento actual de la Bodega. En este proceso de auto-control, merece la pena comentar que cuentan con tonelería propia en la Bodega en la que, además, sólo utilizan roble americano.

En este momento nos comenta Julio las que estima que son las cualidades necesarias para la elaboración de sus vinos: buenas uvas, limpieza y tiempo. Administrado, todo ello, por la mano del enólogo, evidentemente, pero con la intención de elaborar un vino con el carácter de siempre, el tradicional de la bodega. A continuación replantea un punto interesante; es el de las dudas e incertidumbres que surgen en diferentes momentos y de los aciertos y errores que se han podido cometer. En los años 80 la Bodega decide apostar por las largas crianzas en barrica y en botella, frente a la tendencia incipiente en sentido contrario. Esta apuesta continúa con algunas dudas en los 90,  dudas que cristalizan en la elaboración de la añada 1993. Reconoce Julio que esta añada no fue bien recibida por el público y que, tras unas añadas (94 y 95) relativamente poco relevantes, la añada 96 supone un nuevo impulso, con la inauguración de las nuevas instalaciones, creciendo hasta 2001, la que califica como una cosecha excepcional en Rioja.

En el curso de la presentación se produjeron preguntas, comentarios e intervenciones pero, antes de mencionar algunas consideraciones finales, me gustaría comentar los  vinos que probamos, comenzando por la serie de Viña Arana:

Viña Arana 1989: Procedente de una añada calificada como “Buena” pero con una evolución excepcional, este coupage de las variedades clásicas (Tempranillo, Graciano y Mazuelo) fermentó en depósito, paso 8 meses en tinas centenarias y permaneció 3 años en barrica de roble americano. De color guinda con ribetes teja y capa ligera. Es elegante y con carácter en nariz: tabaco, maderas finas, elegantes tostados, alguna nota balsámica con recuerdos de café. En boca es un vino de ataque vivo, con una elegante acidez, paso fresco pero con volumen. Un vino excelente en un momento muy redondo en el que destacaría su elegancia y frescura.

Viña Arana 1996: Añada calificada como “Muy buena”, la maduración irregular por una climatología desfavorable dio lugar a una añada estupenda en la Bodega. Tempranillo con una pequeña cantidad de Graciano, la fermentación  alcohólica y maloláctica se realizaron en las nuevas instalaciones de Labastida y permaneció 3 años en barrica de roble americano. De color rojo guinda y capa media-baja. En nariz da notas de coco, vainilla, madera cruda, caramelo y ceniza. De ataque más amable en boca pero con buena acidez y una sólida estructura tánica, aun tiene vida por delante.

Viña Arana 2001: Vendimia escasa pero de gran calidad, las buenas temperaturas favorecieron vinos ideales para crianzas largas. Elaborado con un 95% de Tempranillo y un 5% de Mazuelo procedentes de Labastida y Rodezno. Tras la clarificación pasó 3 años en barrica de roble con 6 trasiegas. De color granate y capa media, en nariz ofrece fruta roja y ahumados. Pimienta, cacao, aceituna negra y balsámicos, con un carácter más mineral y frutal con algún recuerdo floral fino de fondo. En boca es de ataque vivo, con buena acidez, muy amplio y redondo en boca, con volumen y unos taninos muy integrados, es un vino muy largo. Un gran vino con vida por delante pero muy redondo ahora.

Viña Arana 2005: Calificada como “Excelente”, esta añada dio lugar a un magnífico mazuelo y, en general, a una uva de calidad excepcional. Con un 95% de Tempranillo y 5% de Mazuelo, pasó tres años en barrica de 4 años de producción propia con trasiegos semestrales. Color rojo picota de capa media-alta, en nariz da notas animales y cueros, vainilla y unos discretos ahumados sobre la fruta en sazón. Ataque vivo en boca con mucha amplitud. Es un vino “joven” de largo recorrido.

Pasamos a continuación a catar la serie de Gran Reserva 904, un vino clásico elaborado desde principios del siglo XX con uvas escogidas de los mejores viñedos. Y empezamos con una verdadera joya enológica, uno de esos vinos que es un privilegio poder conseguir. Se trata de la mítica añada 1982:

Gran reserva 904 1982: La única cosecha de la década calificada como “Excelente” en la que, a pesar de la sequía, la uva se desarrolló en óptimas condiciones. Con el coupage de la viña: 85% de Tempranillo y el resto de Graciano y Mazuelo de los viñedos más viejos de Briñas, Ollauri y Rodezno.  Tras la fermentación alcohólica pasó 6 meses en tinas centenarias para pasar a crianza en barrica de roble americano durante 5 años con trasiegos semestrales. Rojo rubí de capa ligera con menisco teja. Nariz elegantísima con ahumados ligeros, caja de puros, picadura, cuero y notas minerales, cacao y breas, todos ligeros, conjuntados, con una inmensa complejidad. Aunque el ataque es vivo, tiene un paso completamente redondo, sedoso pero amplio y vivo. Muy largo y elegante, es para mí un vino de 10, el prototipo de lo que debe ser un clásico riojano en una añada riojana que nos sigue dando alegrías desde hace décadas. Vinos así quizá no volvamos a probar en la vida.

 Gran reserva 904 1995: Nos encontramos ante otra cosecha excelente con buena floración, maduración perfecta y sanidad en la uva.  La bonanza de octubre permitió un alto contenido en azúcar y antocianos, contando además con buena acidez. Con un 90% de Tempranillo y un 10% Graciano de las fincas de Briones y Rodezno, paso a barricas seminuevas en junio del 96, permaneciendo cuatro años con trasiegos semestrales. De color guinda, algo mas cubierto pero de capa media, en nariz ofrece carácter mineral con notas de vainilla y caramelo, coco, cueros y alguna otra nota animal. Buena entrada por boca con amplitud, de carácter graso, tiene volumen y unos taninos muy vivos que aun se pulirán en botella.

Gran reserva 904 2001: Añada de maduración lenta pero de buena calidad, ha sido calificada como “Excelente”. Con un 90% de Tempranillo de Briñas, Labastida y Villalba y un 10% de Graciano de Briones (Melchorón I y II) y Rodezno,  pasó cuatro meses de crianza en barrica de elaboración propia. Color rojo cereza de capa media, más tímido en nariz, con notas de vainilla y madera fina sobre un fondo de fruta en sazón, en boca es de ataque más cálido y mucho volumen en boca, con taninos muy vivos a pulir en botella. Un vino a redondearse en botella, con un momento de su vida un poco cerrado, estoy convencido de que se abrirá en los próximos años.

Al hilo de la exposición comentamos varios temas y entre ellos uno que me preocupa y que ya he mencionado: la encrucijada en que se ha situado a los vinos más clásicos, que han quedado algo descolocados por el cambio en el perfil del consumidor típico. Ya he dicho que soy un amante del Rioja clásico y si alguien tiene alguna duda sobre qué es eso, no discutiremos de matices, para mí es el Gran Reserva 904 del 82. Hace algún tiempo que me preocupa la tendencia de algunas bodegas clásicas hacia la indefinición por miedo a quedar descolocadas en este dilema del mercado, atrapadas entre el cliente clásico, que no quieren perder, y el nuevo consumidor que parece haberles dado la espalda a favor de otro estilo de vinos.  Temo  que en este proceso se vaya a perder un modo de elaborar vinos, un estilo que conforma un patrimonio vitivinícola de Rioja y es parte de su historia viva. En este sentido, opino que algunos de los prescriptores más renombrados han hecho un daño irreparable dirigiendo los gustos del consumidor y arrastrando a las bodegas a cambios, forzados por las circunstancias. Quisiera dejar claro que no estoy criticando con esto otro estilo de hacer vinos, Riojas incluidos, más “modernos”, alguno de los cuales me encanta. Lo que yo quiero es variedad, que pueda probar un día un Rioja clásico, con finura, elegancia y acidez, y otro un estilo más moderno, robusto, con más extracción, más fruta, más calidez,  taninos dulces, menos acidez y más grado. Lo que valoro, insisto, es la variedad y lo que reprocho a los mencionados prescriptores es que arrastren a mucha bodegas a hacer un vino standard para el consumidor medio. Por eso me gustaría que las bodegas que elaboran vinos de corte más clásico siguieran siendo fieles a sí mismas, a ese estilo que quiero reivindicar, sin menospreciar otras opciones, al contrario. Así, me ha gustado la honestidad que ha tenido Julio al reconocer abiertamente el problema, y yo apostillaría: seguid así, fieles a vuestro estilo y seguiremos disfrutando muchos años de grandes vinos. No sólo eso, las modas cambiarán y volverán a ponerse de moda los clásicos y me beberé un Rioja Alta viendo aquella escena de “All that Jazz” en la que Ann Reinking canta y baila “Everything old is new again”. Mientras tanto, aprovechando la invitación que nos brindó Julio para visitar la Bodega, tengo la intención de utilizarla, con los miembros de la Peña La Verema o sin ellos. Queda dicho muchachos.

© Javier de Castro 2013

  1. #1

    Arrutzi_Najera

    Fantástico post, me trae muchos y buenos recuerdos. Me gusta que el viña Arana vuele solo, sin la sombra del Ardanza. Recuerdo mi primera visita a la bodega, hace unos 33 años, cuando nos dicen que vino queriamos catar y todo el mundo se fue a los "grandes" y yo pedí un Arana, sin saberlo llegue al corazón del enólogo. Y cuando nos despediamos me regalo el libro Vendimia germen del que después paso a ser del centenario. Es lo bueno de estas bodegas, grandes vinos y mejores personas. Saludos.

  2. #2

    Samuel Fernández

    Magnífico post, Javier. Muchas gracias por tus comentarios e interesantes reflexiones. Y lo has dejado por escrito: "...aprovechando la invitación que nos brindó Julio para visitar la Bodega, tengo la intención de utilizarla..." Aquí os esperamos :)

  3. #3

    J_de_Castro

    en respuesta a Arrutzi_Najera
    Ver mensaje de Arrutzi_Najera

    Gracias Arrutzi. A veces descubrimos pequeñas joyitas en estas otras, que no segundas, marcas menos conocidas. Cuando con el tiempo estos vinos demuestran tener personalidad propia es injusto seguir llamándolos "segundos". Ahora bien, la otra cara de la moneda es que no son fáciles de conseguir. Hacía muuuucho que no probaba el Viña Arana y dudo que se pueda encontrar en tienda alguna en Valencia. Las últimas botellas las compré en Madrid y tampoco es sencillo encontrarlas en la capital.

    Saludos cordiales,

    Javier

  4. #4

    J_de_Castro

    en respuesta a Samuel Fernández
    Ver mensaje de Samuel Fernández

    Gracias Samuel y perdón. Me he dado cuenta de que no te he mencionado y estuviste con nosotros en aquella cata. Opino que estos temas deben plantearse y discutirse. La cuestión es que, siendo un tema controvertido, se tiene a eludir. Por eso valoro especialmente la valentía y honestidad de Julio. Por otra parte, te agradezco que renueves la invitación. Espero movilizar a los compañero porque ya toca: El último viaje de la Peña a Rioja data de 1995. Me gustaría que pudiera ser el próximo otoño pero... Ya te contaré. En todo caso yo tengo intención de ir; solo o acompañado.

    Saludos cordiales,

    Javier

  5. #5

    Samuel Fernández

    en respuesta a J_de_Castro
    Ver mensaje de J_de_Castro

    Faltaría más, Javier. Los "artistas" son los vinos y Julio. :) Reitero la invitación... 18 años son demasiados y otoño es una época ideal para disfrutar de todo esto. Seguimos en contacto.
    Por cierto, hablaré con nuestro distribuidor en Valencia (Dicoval)para que nos informe dónde puede adquirirse allí Viña Arana. Os planteo también la opción de daros una vuelta por nuestra tienda on line www.selectessen.es
    Saludos amigo

  6. #6

    Limonero

    Muy acertado el comentario final sobre la situación de los clásicos riojanos y sobre la pérdida de personalidad de Rioja cada vez que desaparece uno de estos vinos. Sería de agradacer que algunas bodegas con experiencia en la elaboración de grandes vinos clásicos (Berberana, Campo Viejo, Bilbainas, Riojanas, etc.) recuperaran algunas de sus marcas más conocidas o cosechas especiales, al menos en las mejores añadas, tal y como se hacía hace años.

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