Blog de Eugenio Saenz

Bonneau du Martray, el Corton-Charlemagne

Hoy tenemos el placer y el honor de hablarles de dos de los grandes mitos de la Borgoña blanca, por un lado Corton-Charlemagne y por el otro Bonneau du Martray, aunque ambos lleven sus destinos unidos desde el siglo XVI. Bonneau du Martray es al Corton-Charlemagne, lo mismo que el Corton-Charlemagne a Bonneau du Martray, juntos durante una gran parte de la historia viva del vino y el viñedo borgoñón. A primeros de mes los chicos de Alma Vinos, importadores del productor, organizaron una vertical de 6 añadas en su tienda de Latontorería que resultó sumamente interesante y que vamos a relatarles en los próximos renglones, comenzando brevemente por los apuntes históricos.

Hay una preciosa leyenda que envuelve al viñedo de Corton-Charlemagne y cuenta que el emperador Carlomagno era un gran aficionado a los vinos de esta colina y que incluso era propietario de un viñedo de uva tinta. Ese vino tinto teñía su fastuosa barba blanca, cosa que a su mujer no le gustaba nada, así que cambió el tipo de uva y plantó uva blanca. Desde entonces, la parte blanca del la colina de Corton se llama Corton-Charlemagne y es uno de los grandes vinos blancos del mundo, conocido por su fuerza vital, su carácter graso y su capacidad de envejecimiento. Los documentos históricos señalan que el viñedo de Carlomagno fue donado a la Abadía de Saulieu en el año 775 y tras la desamortización producida a raíz de  la revolución francesa fue vendido al señor Bonneau-Véry, quien comenzó la saga que dirigió los destinos del domaine hasta 1969, cuando la sobrina de René Bonneau, la condesa Alice Le Bault tomó las riendas. Actualmente es su hijo, Jean-Charles Le Bault de la Mornière, el director. La bodega está situada en el pueblo de Pernand-Verglesses y posee un total de 11 has de viñedo, la mayoría blancas, aunque hay un total de 1,5 has en la parte baja del Corton tinto. Y si bien el tinto no es un vino excesivamente elogiado, su Corton-Charlemagne blanco es quizá el más representativo a lo largo de la historia, puede que los que elaboran Coche-Dury o Lalou-Bize Leroy sean más caros y exclusivos, pero el nombre de Bonneau du Martray es el que siempre permanecerá unido al de la colina de Carlomagno.

Jean-Charles, a la cabeza de las elaboraciones desde 1994, está poco a poco cambiando el estilo del productor hacia una elaboración menos intervencionista y más respetuosa con el terruño, donde el carácter de la viña prime más que el estilo clásico del productor. Se cultiva de forma orgánica desde el 2000 y de forma biodinámica desde 2004. Las cepas fueron plantadas en su mayoría en la década de los 50 y podemos encontrar hasta 9 tipos de suelos entre las parcelas de la propiedad, un concienzudo estudio que Jean-Charles completó realizando hasta 15 vinificaciones del blanco por separado y 2 del tinto. Los blancos son fermentados en barrica con un tercio del roble nuevo cada año. Tras 12 meses en la barrica se trasiega a un depósito de inox donde permanece 4 meses de estabilización previo al embotellado. El estilo del vino ha cambiado algo resultando ahora más limpios y minerales, quizá más inmediatos, más para ser consumidos en un plazo más breve, pero siempre manteniendo el carácter de vinos estructurados y de larga capacidad de guarda que ha constituido su santo y seña. Sus métodos más actuales le llevaron incluso a la utilización de un helicóptero para ayudar a secar las uvas en una añada lluviosa, práctica que se ha adoptado en otras ocasiones y por otros productores. Bonneau du Martray por tanto es un productor clásico, con varios siglos de historia y de corte muy señorial, pero que no da la espalda a la técnicas más modernas de vinificación ni a los tiempos que corren. Han entrado en el siglo XXI como salieron de los siglos anteriores, siendo la gran referencia en la zona.

Vamos a repasar los vinos de la cata, seis añadas diferentes entre sí y con características que las identifican, podríamos poner 2008, 2007, 2001 y 1991 en un grupo de añadas más frescas y 1999-1997 en un grupo de añadas más cálidas. ¿Cómo se habrán comportado? Veamos:

Bonneau du Martray Corton-Charlemagne 2008

El primer vino resultó como era de esperar el más primario de todos, ya que ha salido recientemente al mercado y no está ni siquiera mínimamente ensamblado. Es una añada fría pero con mejores resultados en vinos tintos que en blancos, siempre bajo nuestro punto de vista y al contrario que la 2007. El vino está todavía muy salvaje, las notas de la crianza predominan sobre las de la uva y en boca resalta demasiado el extracto, aunque hay acidez y estructura de sobra como para ir integrado registros y convertirse en un gran vino. Nos pareció en líneas generales un poco por debajo del 2007, pero tampoco podemos afirmarlo contundentemente, pues en un año un vino puede cambiar bastante y en este caso no debe haber más que una sustancial mejora. Un vino con muy buena pinta y de guarda obligatoria.

Bonneau du Martray Corton-Charlemagne 2007

Una añada que nos está gustando mucho para los blancos borgoñones, ya que los vinos se están mostrando férreos, minerales, con una acidez marcada y una previsible gran capacidad de evolución. Este vino no es más que un perfecto resumen de todo ello, con una nariz limpia, de gran profundidad y carácter mineral, de paso realmente directo y estructurado, de viva acidez y final serio, enormemente definido, un vino que debido a su limpieza y expresión de terruño ya puede incluso consumirse, pero bien hará el poseedor de alguna botella en guardarla un tiempo pues no hará sino mejorar. Junto con el 91 nuestro preferido de la cata y un vino que muestra la categoría de este viñedo y productor. Grande.

Bonneau du Martray Corton-Charlemagne 2001

Añada de corte clásico, más bien fresca, que gusta mucho a los conocedores de Borgoña porque es un año que permite diferenciar muy bien los vinos por zonas y viñedos, un año de vinos de más lento desarrollo, mas austeros, menos uniformes. Este es un vino que nos dejó algo desconcertados pues resultó el más sutil de todos, un vino que en ningún momento parecía un Corton de verdad, más austero y mineral que frutal, con buena acidez y un paso bastante ligero pero de los que engaña, pues al final sí que nos dejaba su huella. Un vino que fue de menos a más en la sesión, que iba ganando en complejidad y potencia aromática con el tiempo dando la sensación de ser más vino de lo que parece.

Bonneau du Martray Corton-Charlemagne 1999

Un año de los llamados mediáticos, vamos, cálidos. Este tipo de añadas suelen dar mejores resultados en vinos tintos que en blancos y esa es la sensación que percibimos con este vino, con una aromática más madura, frutal, ahumada y herbácea y un paso por boca opulento, bien estructurado, de mucho peso. Afortunadamente hay acidez y eso equilibra mucho las cosas y le hace ser más razonable que el 97, que nos pareció demasiado gordo. Lo que nos preguntamos es hacia donde irá este vino con el paso de los años, ya que ahora mismo lo notamos demasiado redondo y listo para su consumo, probablemente se mantenga así durante un buen tiempo, pero no es la añada por la que apostaríamos.

Bonneau du Martray Corton-Charlemagne 1997

Otra añada cálida y mediática, de las que no nos gustan. El vino fue indudablemente el que menos nos convenció de la cata, aunque como todo también tuvo sus defensores, de hecho es probablemente el que más se aproximaba a lo que se considera un Corton clásico, un vino opulento, graso, de mucho peso y marcada sustancia. Nariz intensa y frutal, madura, ya comienzan a aparecer los toque de mieles y un paso por boca que a trago corto y en cata, llena el paladar y resulta placentero, pero para comer con él probablemente terminaría por cansarnos. Obviamente y por sí solo estamos hablando de un vino de gran calidad, pero en comparación con sus hermanos sufría un tanto, siempre bajo nuestro punto de vista. Es lo que tienen las verticales.

Bonneau du Martray Corton-Charlemagne 1991

Y del que menos nos gustó pasamos al que más. Aquí ya tenemos dos factores que resultan fundamentales, añada fría y 20 años tras cosecha. Y el resultado no es otro que grandeza, mucha grandeza. Nariz realmente compleja que va a más, pasa por un conjunto de frutas maduras aderezado con toques de miel, el fondo mineral, los ahumados, balsámicos, un vino complejo y realmente encantador, algo que confirma con un paso por boca marcadamente armónico, con todo en su sitio. La acidez está presente y equilibrada en un conjunto que sorprende por su juventud, nadie lo situaría en este año en cata ciega. Largo, persistente, deja un fabuloso posgusto de frutos secos y tamices minerales. Esto sí que es un gran Borgoña blanco, un vino que justifica sobradamente el nombre, la historia que hay detrás de este productor, el Corton-Charlemagne por excelencia.

Varias conclusiones sacamos de la cata, la primera es que los buenos vinos deben reflejar siempre el carácter y el estilo de su añada y este desde luego que lo hace, la segunda es que siempre preferimos las añadas frescas a las cálidas, tanto cuando el vino está joven (portentoso el 2007) como cuando tiene ya años (sublime 1991), salen siempre vinos más austeros y definidos, menos inmediatos y comerciales, pero mucho más incisivos  y con más carácter, con más mala leche, además es algo que preferimos igualmente en los tintos.

La tercera es que hablamos de un vino caro, mucho menos que los de Coche-Dury o Leroy, pero un vino caro al fin y al cabo, por lo que hay que tener muy en cuenta el factor añada y lo que a uno le gusta. Compraríamos el 2007 para guardar y el 91 para consumir o guardar, afortunadamente estas añadas viejas salen de bodega y a precio solo un poco más elevado que las últimas. Y otra cosa que tenemos clara es que este es un vino de guarda, que necesita 10 años para estar más o menos listo, que pueden llegar a ser 20 en las buenas añadas, desde luego el 91 nos pareció incluso joven. Por último considerar que el estilo de los vinos de Corton-Charlemagne no es el que más nos gusta de entre los blancos borgoñones, siempre preferimos la austeridad y acidez de Chablis, la mineralidad de Puligny o la opulencia mesurada de Meursault o Chassagne, pero bien cierto es que Bonneau du Martray es algo especial, que se busca algo más que la mera opulencia,  que se busca mucho más que un vino marcado por el estilo del productor o por la crianza, y que sin ningún género de dudas hablamos de uno de los mejores vinos blancos de Borgoña y por ende del mundo, un vino que hay que saber elegir y que hay que saber esperar, pero que encierra tras de sí muchas décadas de historia, calidad y saber hacer. Y que les recomendamos que prueben y disfruten.

Un saludo,

Eugenio Sáenz de Miera Arnau

(EuSaenz)

(*) la fotografía de la colina de Corton es de es.wikipedia.org

  1. #1

    Brice

    Un gran vino...complejo, largo, un vino quasi perfecto. Buen articulo su uno de mis vinos preferidos !

  2. #2

    EuSaenz

    en respuesta a Brice
    Ver mensaje de Brice

    Gracias, fue una de las mejores catas del año pasado, el 91 salió impresionante. Un gran vino lleno de historia.

    Saludos,
    Eugenio.

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