Federico Paternina Gran Reserva 1964

Vino Federico Paternina Gran Reserva 1964

Puntuación del vino
Puntuación sobre 100:
98
Puntuación Media:
9,6
Calidad-precio:
9,7

Bodega: Bodegas Federico Paternina
D.O./Zona: D.O.Ca Rioja
País: España
Tipo de vino: Tinto
Crianza: Con crianza
Graduación (vol): 12,00%
Varietales: 70% tempranillo, 30% garnacha, mazuelo y graciano.
Precio aproximado: De 50 a 99,9 €
Descripción
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Elaboración: Selección de uva de diferentes parcelas de la Rioja Alta propiedad de la bodega y de productores locales. Permanece entre 12 y 18 meses en grandes depósitos de madera de la época fundacional hasta que finaliza las fermentaciones y reposa antes de ser trasegado para su posterior crianza. Criado principalmente en barricas usadas de roble americano de 225 litros, y otros volúmenes, entre 54 y 72 meses. Sometido a diversos trasiegos manuales de forma periódica. Un mínimo de 3 años de guarda en botellero antes de ser comercializado.

Varietales: 70% tempranillo, 30% garnacha, mazuelo y graciano.

11 Opiniones de Federico Paternina Gran Reserva

Pues tras algo más de dos años nos volvemos a encontrar con esta maravilla. Un clásico entre los clásicos este Paternina GVA 1.964. El nivel de líquido de esta botella estaba como medio centímetro por debajo del cuello. La intentamos abrir con nuestro abridor de lamas pero el corcho estaba tan adherido al cuello que su parte final quedó pegada. Al final lo conseguimos sacar sin mayores problemas. Dejamos respirar por espacio de tres horas y procedimos a su valoración sirviendo a 18°C.

VISUAL: Color rojo cereza de capa media-baja con un amplísimo ribete teja anaranjado. Muy brillante y cristalino (84).

OLFATIVA: En nariz nos encontramos un vino frutoso con notas dulzonas a mermelada de higo y ciruelas pasas. Con el líquido en movimiento surgen potentes balsámicos de eucalipto, especiados de canela y clavo, así como apuntes de fenogreco, té negro y polvorilla. No para de querer decir cosas y nos muestra más y más prescriptores, desván, fúngicos de trufa negra, naftalina y arcilla húmeda para terminar con una pátina terciaria bien definida. Cacao en polvo, cuero curtido, caja de puros, duelas envinadas, así como unos sutiles recuerdos a ebanistería fina. De nuevo un despliegue organoléptico que deja estupefacto al más pintado además de poseer una alta intensidad propia de esta espectacular añada pero impropia en vinos de 55 años (96).

GUSTATIVA: En boca todo un portento. Qué barbaridad lo de ésta afamada cosecha. Tremenda acidez, imponente, de amplitud inusitada, con un tacto lácteo y cremoso que aportan sus taninos perfectamente puliditos. Colosal, suave, sutil, es una obra maestra, elegante y absolutamente redondeado. Retronasal acompotado, con notas especiadas, coco, aromas de montebajo mediterráneo y apuntes terciarios por doquier (cacao y roble fundamentalmente). Persistencia de 3 minutos y 40 segundos de placer absoluto con un post-gusto amable donde los haya, de gran presencia, alta acidez y de mucha enjundia. Sin duda estos Paterninas GVA64 estarán siempre en mi podio de la mítica añada. Por Dios, qué disfrute con este néctar digno de dioses!! (97).

La RCP en esta botella excelente pues la sacamos por unos 32 euros hace unos cuatro años.

MARIDAJE: Nos tomamos la botella en tres ágapes. Con un "shuletón", con los embutidos ibéricos y la última con unos solomillitos. Con el chuletón fue apoteósico, vuelta de las fiestas de la Madalena en España y gran recibimiento en Cuenca. Tremenda y jugosa carne ecuatoriana con notas animales y sanguíneas equilibradas maravillosamente por los apuntes acompotados. Con el embutido ni os cuento, es el maridaje que nunca falla, sublime con el jamón ibérico y con el queso curado de oveja. Y con los solomillitos y unas papas criollas con tomillo y romero fresco alucinamos. Notas cárnicas y herbáceas armonizando elegantemente con los aromas especiados y a montebajo de nuestra reliquia. Cómo se disfrutan estos vinazos y qué penita que da cuando se acaban.

Salud-os!!

De color rubí, ribete ligeramente atejado, sin ningún tipo de precipitado, limpio, brillante y de capa media.

En nariz aparecen aromas de frutas rojas como guindas en licor, almendra amarga, tabaco, cacao, laurel, chocolate negro, cuero, madera antigua envinada, hojarasca húmeda, pimienta, clavo y ligero ahumado.

En boca se muestra directo, con volumen, buena complejidad y finura a su vez, sedoso y fresco de muy buena acidez, aparece en primer lugar la fruta roja licorosa, notas balsámicas, recuerdos de las duelas envinadas, puro, notas especiadas como de pimienta y clavo y en el final persiste el aroma de almendras que le da un amargor agradable, final cálido, complejo y persistente.

Una maravilla de añada y en este caso de vino y de botella.

Lo mejor que he tomado hasta el momento de la mítica añada.

Otra botella, en perfecto estado, obsequiada por Helios B.B. - a quien damos nuevamente las gracias - y, de repente, nos viene una sensación interna : su calidad va a ser magnífica.
A la vista presenta un color guinda oscuro con tonos tirando a teja. En nariz, destacan aromas largos, positivos e intensos : fresas compotadas, lomo embuchado de bellota, cuero anticuado, hongos otoñales ; esta embriagadora esencia se nos sube a la cabeza y, para sorpresa de todos, nos sentimos crecer en comprensión y en caballerosidad.
En boca, se convierte en malabarista y equilibrista ; se muestra afrutadísimo - sartenada de frutillas silvestres - y prolijo en matices terciarios. Sería imposible olvidar sus suntuosos taninos, jugosos e incisivos pero sumamente aristocráticos, perfiladísimos : toques de pimientos asados al horno de leña, de madera de manzano, de piedras molidas y de galicismos.
De veras, nos remite a los grandes borgoñas y a los tintos añejos del Médoc ; nos propone una grandiosa combinación de las añadas de antología : 55 y 61. A pesar de tener sobre su espalda más de cincuenta años, no caduca sino vive en una eterna juventud y nos convierte de niños viejos en adictos al rioja clásico : ¡ mola mogollón, guay del Paraguay !

Quince meses después volvemos a tener el privilegio de catar este Paternina GVA de la mítica añada de 1964. Botellas que son clásicos, que te emocionan desde que las abres. Presenta un nivel excelente y para nuestra sorpresa el tapón que estaba perfectamente soldado al cuello de la botella salió de una pieza con el abridor de lamas, buen presagio. Dejamos respirar por dos horas y procedemos a su cata a 18°C:

VISUAL: De color rojo cereza un tanto atejado con reflejos anaranjados sin apenas ribete, brillante y luminoso. De capa media-baja (90)

OLFATIVA: A copa parada es una delicia mostrando unos finos acompotados a mermelada de fresas. Al agitar aparece toda una pátina de apuntes viejunos, flores marchitas, hojarasca húmeda, desván, musgo, regaliz, fúngicos de trufa negra, especiados de canela y pimienta rosa, curiosos aromas a pólvora y por supuesto notas terciarias fruto de su larga crianza en barrica: tabaco inglés, chocolate negro, cuero curtido, finos tostados y duelas envinadas. Complejidad asombrosa la de este Paternina con una intensidad media-alta, ligeramente inferior a la botella de 2015. Magnífico bouquet, de una amabilidad pasmosa, claro ejemplo de los grandes reservas riojanos de esta añada (94)

GUSTATIVA: En boca nos sorprende con un punch brutal. De gran amplitud y con una acidez impactante aún muestra sus taninos, perpétuos, inmutables al paso del tiempo. Estructura descomunal, sobrio, señorial y de una prestancia que descoloca. En retronasal volvemos a encontrarnos apuntes a mermelada de fruta roja y finos terciarios, cueros, tabaco y duelas envinadas. Su persistencia es eterna, casi cuatro minutos y medio, una barbaridad. De nuevo estamos ante una bestia riojana que tras 52 años permanece en plena forma. Inmutable y soberbio, de los que nos entierran seguro (95).

La RCP excelente pues pagamos poco más de 30 euros por esta joya, "¡tirao!".

Nos tomamos este vinazo con una suculenta picaña al romero con verduras asadas. Magnífico maridaje, carne rosadita y jugosa a la que le va como anillo al dedo un viejuno de buena acidez. De nuevo goce y disfrute total catando estos tesoros embotellados. Salud-os!!

Volvemos con uno de esos viejunos que son todo un clásico y de una añada irrepetible. La verdad es que ganas teníamos de colgar esta cata, pero todo llega. Abrimos la botella, con muy buen nivel por cierto, hora y media previa a la cata. El tapón salió entero usando el abridor de lamas, buena señal. Servimos a 18°C.

VISUAL: Precioso color rubí atejado, sin apenas ribete, de capa media. Lágrima muy gruesa, densa, sin tintar, transparente y brillante.

OLFATIVA: A copa parada se muestra altivo, descarado, ofreciendo potentes notas de guindas en licor. De inmediato nos hace viajar a páramos húmedos, con notas fúngicas, trufa blanca, boletus edulis, hojarasca mojada. Nariz muy fina y elegante. Poco a poco, en cuentagotas, nos va regalando un sin fin de aromas armoniosamente enclaustrados, libres por fin: aromas minerales a piedras de río, dulces notas de fruta roja muy madura (arándanos) y recuerdos herbáceos a hierbabuena y ajedrea. Para rematar los terciarios que la madera aporta son sensacionales, notas de roble francés, ahumados, cueros y aromas de tabaco habano. Una exquisitez, un regalo para las pituitarias. Y como no...la intensidad es alta, embriagadora, casi insolente. Demuestra que durante estas cinco décadas, sigilosamente, se ha forjado una obra de arte con un impresionante bouquet.

GUSTATIVA: En boca no se queda atrás, nos emociona, nos acerca a un éxtasis sensorial...gran acidez, amplitud y opulencia, con una ligera astringencia, pero con los taninos pulidos maravillosamente. Es un caballero del medievo, elegante figura, reluciente armadura y regia estructura. En retronasal exhala aromas de mermelada de arándanos y finos especiados de vainilla y canela. También apreciamos unos deliciosos aportes ahumados. Vino impactante, de los que dejan huella. Su persistencia es alta, de unos 3 minutos. Nos seguimos sorprendiendo de vinos con más de 50 años y que mantengan esa fuerza, ese fuerte carácter que les hace grandes entre los grandes. Grande Paternina, sacando partido a estas añadas fantásticas, irrepetibles. Memorable !! Y cuánto puede durar así...? Solo Baco lo sabe!

La RCP fue excelente pues conseguimos esta botella por menos de 30 euros. Increíble!

Para acompañar semejante joya nos marcamos un solomillo a la vinagreta de papaya y pimienta rosa acompañado con unas patatas a la mostaza. Este Paternina se subió por encima de los embriagadores aromas del solomillo, de la pimienta y de la mostaza para decirles...la estrella SOY YO!!!... y doy fe de que así fue. Una vez más, una delicia de cata para recordar eternamente, un disfrute para los sentidos. Y que no pare!!!...
Adjunto fotos.

La vida le ha jugado una mala pasada y ha envejecido demasiado. Su evanescente perfume leñoso y vagamente afrutado - roble antiguo, sándalo y jugo de arándanos - no presagiaba nada bueno. En boca, ha perdido sus gracias y sus encantos y el vigor de antaño pero, al borde del agotamiento, sigue murmurando sus recuerdos riojanos : notas tímidas de cereza agria y de jamón ahumado. Como dice el poeta, no hay, por muy bella que sea, cosa que el tiempo no afrente : ¡ oh, vejez enemiga !

Precioso color rubí marronoso de capa media, limpio, sin apenas precipitados. Reflejos vivos, rojizos y cobrizos, brillantes. Fuerte sensación de grosor, lágrimas gruesas, permanentes. Borde amplio, anaranjado, con marcada diferencia respecto al menisco.

Con vinos como este no hay lugar a duda. Estamos ante un Paternina de manual, de esos que deberían de servir como ejemplo para mostrar las virtudes de la bodega: maduro, complejo, suave, con un matiz ahumado que sobrevuela todo el rato el conjunto. Está repleto de pequeños detalles, de unas maderas finas y cremosas que brillan de tan elegantes que son. Va sacando un fondo de cuero de grandísima calidad que se entremezcla con apuntes minerales de polvorilla y pedernal. Desde un primer momento parece ya totalmente abierto, pleno, sin necesidad de espera para que vaya ganando en intensidad. Un vino para tomar nota. Resultón, de gran entereza.

En boca lleva el sello de la cosecha por encima del estilo propio de la casa: vigor, amplitud, viva acidez y una estructura poco habitual para un vino tan fino como solía ser este Paternina Gran Reserva. Amplio, sabroso, generoso en fruta reducida, taninos fundidos, suaves, y un final especiado, finísimo, permanente, envolviendo el paladar con gran finura. Se viene arriba por momentos, resplandece y persiste hasta aburrir. Extraordinario!!!

Más información del vino: http://vinosclasicos.blogspot.com.es/2014/12/paternina-1964-gran-reserva.html

Rojo rubí, ribete ligeramente atejado, capa media. Ausencia de precipitados. Límpido.

En nariz se muestra medianamente intenso pero con una franqueza que descoloca, resultando ligero y delicado. Con el aire van surgiendo notas de especias orientales, piel curtida, ahumados, maderas finas, toques como de sotobosque y balsámicos, frutas rojas en licor, tabaco de pipa, chocolate negro y algún atisbo mineral como de pólvora. Complejo y encantador.

En boca se muestra entero y poderoso como buen 64, pero con esa finura tan especial que imprimía la vieja Paternina, destaca su fantástica acidez que equilibra un conjunto delicado pero con estructura, con un paso limpio y armónico y un final largo y desarrollado, que nos devuelve esas sensaciones de frutas maduras y especias en el posgusto, con un tanino perfectamente integrado. Persistente.

Mucho se ha hablado de las virtudes y defectos de un año tan excesivo en todo como el histórico 64 en Rioja, del que ahora cumplimos 50 años, con vinos en muchas ocasiones quizá demasiado enteros, compactos y uniformes, pero lo que está claro es que los grandes siempre son grandes y más en un año tan generoso y desde luego que este Paternina pertenece a ese grupo de los destacados. Una fantástica botella de la vieja bodega de Ollauri.

Color profundo sin aspecto de un antiguo vino...
Nariz de cuero,madera buena,fresa,tabaco...Boca llena de matices dulces,muy agradable.
Persistencia larga.No se parece un vino de tantos años.
Increíble. Puede envejecer algunos años mas.

El vino tiene una tonalidad más hacia ladrillo cocido, con ligeros sedimentos. Nariz con bastante reducción, muy compleja y elegante. Aparecen hongos, trufas, cueros, anisados. Poco a poco va a más matices. En boca tiene una gran acidez, equilibrada con un elegante tanino y una calidez justa. Es el vino más largo por el momento junto al de 1920. Realmente magnífico.
El ciclo duró 200 días con un mes de junio algo frío y un día de helada en abril. Vientos dominantes del Oeste y del Norte. Lluvia poca y parte cayó en julio y agosto. Para muchos, la añada del siglo.

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