Conde de los Andes Gran Reserva 1973

Vino Conde de los Andes Gran Reserva 1973

Puntuación del vino
Puntuación sobre 100:
97
Puntuación Media:
9,3
Calidad-precio:
10,0

Bodega: Bodegas Federico Paternina
D.O./Zona: D.O.Ca Rioja
País: España
Tipo de vino: Tinto
Crianza: Con crianza
Graduación (vol): 12,50%
Varietales: 100% tempranillo
Precio aproximado: De 50 a 99,9 €
Descripción
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Elaboración: Permanece durante 12 meses en grandes depósitos de madera centenaria para finalizar la fermentación maloláctica y reposar antes de ser trasegado para su posterior crianza. El vino madura entre 72 y 84 meses en barricas semi-nuevas de roble americano de 225 litros. Según la cosecha se deja descansar entre 10 y 15 años en los botelleros de los calados de la bodega de Ollauri antes de ser comercializado.

Varietales: 100% tempranillo

5 Opiniones de Conde de los Andes Gran Reserva

Volvemos 14 meses después sobre este viejuno que nos dejó alucinando. Abrimos la botella y dejamos que se oxigene por espacio de una horita. El tapón nos atrevimos a sacarlo con el abridor estándar de tijeras pero se nos rompió en dos trozos. La parte inferior parecía soldada al cuello (igualito que la última botella) pero al final la retiramos no sin algún problemilla. Servimos a 17°C.

VISUAL: Presenta un color rojo cereza, cristalino, de capa media-alta con el ribete amplio, en tonos teja. Sin presencia de lágrima (90).

OLFATIVA: A copa parada encontramos aromas de fruta escarchada (orejones). Al agitar el líquido surgen notas viejunas de polvorilla, desván, armario cerrado y un toquecito que recuerda a las bolitas de naftalina. También destacan apuntes de frutos secos (avellanas tostadas), flores marchitas y hojarasca húmeda. Puntito fúngico de trufa negra acompañado por deliciosos terciarios de cacao, tabaco habano, cuero curtido, pan tostado y ebanistería fina. Delicioso bouquet el de este viejuno, embriagador, de gran complejidad y con una intensidad media-alta.  (94).

GUSTATIVA: En boca se muestra sedosito, de acidez media y con los taninos muy dulces. Paso por boca cremoso con un fondo ligeramente secante. Retronasal dulzón con recuerdos a compota de ciruelas e higos con notas clasicotas riojanas de canela y vainilla e intensos apuntes amaderados. Post-gusto delicioso, amable, largo y sobre todo elegante. Su persistencia es de dos minutos y 40 segundos de mucho disfrute. Le quedan mínimo 10 años más en estado mesetario, imperturbable. Tremendos estos vinos de larguísimas crianzas ( 7 años de barrica y 10 en botellero ) ahora impensables, además de una añada que cada vez tenemos más claro que fue una de las grandes. Era el vino top de Federico Paternina y estas botellas catadas dan fé que lo fué al menos hasta finales de los 70 (95).

La RCP en esta botella fue de 11 sobre 10, 23 euros en subasta, sin comentarios...

MARIDAJE: Nos lo tomamos en tres tandas. Con un plato de paletilla ibérica de bellota, con un arroz seco de langosta, calamar y langostinos y con unos entrecottes con romero y tomillo. Con el jamoncito fue una exquisitez, apuntes grasositos y toques umami perfectamente compenetrados con las notas avainilladas y fúngicas. El día que maridó con el arroz de langosta fue otro disfrute del copón. Vino con la suficiente elegancia y delicadeza como para acompañar el marisco sin opacarlo. Y finalmente, con esos filetes jugosos alucinamos en colores. Las notas animales y sanguíneas fueron desgrasadas maravillosamente con los sabores acompotados de nuestro tremendo vinazo. Vive Dios que hay Viejunos que son algo mágico... Y que no decaiga.

Salud-os!!

He de confesar que la última valoración del amigo Lovecft de hace apenas 15 días nos tuvo preocupados antes de abrir la botella y más viendo que el nivel de líquido estaba como 1 cm por debajo del cuello. Afortunadamente, como podréis ver, sólo fue una falsa alarma...

Abrimos la botella y la dejamos oxigenarse por espacio de hora y media. El tapón que estaba totalmente adherido al cuello, casi sellado, lo sacamos en perfecto estado con el abridor de lamas. Tan sólo un pequeñito trozo de corcho  de unos 3 mm cayó al vino, pero salió al servir la primera copa sin problemas. Catamos a 18°C:

VISUAL: Nos muestra un color rojo cereza de capa media con un amplisimo ribete en tonos teja virando hacia anaranjados (87).

OLFATIVA: En nariz y a copa parada asoman aromas dulzones a mermeladas de fruta roja, fruta escarchada y un toque balsámico mentolado delicioso. Al agitar surgen especiados de canela y vainilla, herbáceos de hierbabuena y té de jazmín, ricos apuntes de coco y un curioso recuerdo como a mazapán. En la pátina terciaria aparece tabaco inglés, cuero curtido, chocolate negro y café torrefacto con un fondo licoroso y amaderado a duelas envinadas, sándalo y un goloso toque de regaliz. Intensidad media-alta en un bouquet de grandiosa complejidad. Decir que va de menos a más, al cabo de tres horas estaba pletórico y en los sucesivos días mejor si cabe. Grandioso!! (93).

GUSTATIVA: En boca se destapa la bestia, acidez brutal y amplitud impresionante con un paso por boca sedoso, lácteo y cremoso. Los taninos muy dulces aportando finura y elegancia a su rocosa estructura. En retronasal la madera va erigiéndose en la protagonista indiscutible acompañada de los recuerdos frutales acompotados. El post-gusto es finísimo, de una amabilidad sublime, incluso fresco pese a sus 44 primaveras. Prodigios de la enología que mantienen en perpétua juventud estos viejunos. Diría que le quedan al menos 10 años al máximo nivel pues atributos no le faltan. La conservación de esta botella ha sido espectacular, con un corcho perfectamente sellado, una de las causas de que lo encontremos en un estado tan soberbio. Un Conde de los Andes descomunal, un caldo prodigioso que muestra la esencia de los grandes vinos riojanos en especial de esta "tapada" añada de 1.973. Elaborados con mimo y esmero por una de las grandes bodegas de la Rioja, al menos hasta finales de los 70 principios de los 80 (95).

La RCP pese a pagar 35 euros por esta botella la considero excelente pues este vino podría costar el doble perfectamente.

Nos tomamos esta botella en dos ocasiones. En la primera preparamos unos gruesos lomos de "picudo" (pez espada) macerados 12 horas en jugo de piña y mango. Los servimos con la misma salsa, con tomillo y unas lonchas de camembert con chips de ajo. La combinación del jugosito pescado con sus aromas herbáceos y frutales armonizaron exquisitamente con la sedosidad y la dulzura de nuestro increible viejuno. En la segunda ocasión le tocó el turno a un par de suculentos entrecottes con pimienta rosa y negra acompañados de un revueltito de pimiento rojo y trigueros. Enorme disfrute como siempre el degustar una jugosita carne con sus aromas sanguíneos y especiados ya que maridan a la perfección con las notas frutosas y los recuerdos amaderados. Todo un espectáculo que sin duda recordaremos durante muchos años.

Salud-os!!

A la vista presenta un bonito y limpio color marrón, capa muy muy baja. En nariz a copa parada algo de fruta muy madura y notas ligeramente balsámicas, a copa movida aparecen fuertes notas a tierra húmeda, hongos,...a cueva...En boca muestra algo de fruta pero muy volátil, prácticamente ko.

De color rubí marronoso de capa media-alta, más concentrado y estable que el gran reserva de la misma cosecha. Ligero precipitado en la base de la botella, muy fino, aportando una nota granulada. Borde amplio, anaranjado, con bastante diferencia respecto al menisco.

En nariz está muy entero, abierto, íntegro, sin síntomas de excesiva evolución. Inicialmente hay una elegante pátina de maderas finas, aceite de tung, tostados, cacao en polvo y un recuerdo a cuero viejo y marroquinería. Perfil radicalmente tradicional, muy clásico, al viejo estilo de los Paternina de toda la vida. En poco difiere de los antiguos Conde de los Andes de los 50 y 60.

En boca es un placer beberlo. Integrado al grado sumo, maduro, otoñal, fresco, lleno de notas acídulas y de una fantástica acidez. Es todo redondez, con taninos grasos junto a un conjunto de registros especiados y balsámicos elegantísimos.

Un Conde de los Andes de verdad, sin trucos, de esa época en que era el gran vino de Paternina: tinto raro y muy caro, puro, tempranillero hasta la médula. Uno de los mejores vinos que se elaboraba en España, un mito que ha ido de todo a menos y que no recomiendo a nadie en la actualidad. Así de triste!!!

Más información del vino: http://vinosclasicos.blogspot.com.es/2013/09/conde-de-los-andes-1973-gran-reserva.html

Impresionante vino, en muy buen momento y con mecha para rato.
Color rojo rubí suavemente atejado, de media capa.
Buena intensidad en nariz, conserva notas de frutillos rojos, algo de tomate seco, flores secas, bastante terrosidad que se entremezcla con notas de hoja de tabaco y cueros. Profundo y complejo.
En boca es sumamente placentero, pulido y equilibrado, no te cansas de beberlo. Acidez refrescante y tanino aterciopelado van de la mano, sin pelearse y sin atacar a la boca como hacen algunos vinos de la zona hoy en día. Es largo e invita trago a trago a repetir hasta que... ohhh se acaba.

Cuando bebo vinos así... me siento orgulloso de los vinos de este país. Aunque luego pienso que hoy en día ya no se hacen muchos de estos.

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