Paternina Blanco Seco (años 40)

Vino Paternina Blanco Seco (años 40)

Puntuación del vino
Puntuación sobre 100:
99
Puntuación Media:
9,8
Calidad-precio:
10,0

Bodega: Bodegas Federico Paternina
D.O./Zona: D.O.Ca Rioja
País: España
Tipo de vino: Blanco
Crianza: Con crianza
Precio aproximado: Desconocido
Descripción
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3 Opiniones de Paternina Blanco Seco (años 40)

Dorado intenso limpio y brillante. Increíble color.

Nariz de media intensidad, inquietante, cerrada en el inicio, necesitada de una buena aireación. Poco a poco va mostrando lo mucho que tiene con notas de flor seca, frutas blancas en compota, piel de naranja, orejones, frutas escarchadas, infusión de camomila, ahumados, cera de panal y unas trazas minerales. Enorme complejidad la de este vino, de esos que obligan a recrearse.

En boca resulta igualmente soberbio, grande, con un equilibrio apabullante, quizá solo le falte un punto de acidez para llegar a la perfección pero aun así se muestra en plenitud, paso redondo y con peso pero manteniendo frescura, largo, eterno en el final donde nos deja recuerdos de frutos secos, frutas maduras y un cierto tono herbáceo. Persistente y duradero.

Nuevo detallazo (y van…) del amigo Enrique aportando esta joya en medias botellas que nos muestra una vez más el BRUTAL nivel de estos blancos viejos de Rioja, sin parangón en ningún otro lugar del mundo. Vinos que con 70 años no solo están en plena forma, sino que todavía tienen cuerda para rato. Vinos que sin duda son historia. Una maravilla.

  • Paternina blanco seco

Presentado en medias botellas y en un curioso estuche de paja. El nivel de líquido está casi hasta arriba, la etiqueta se mantiene intacta y el corcho ha salido sin romperse.
Oro viejo, limpísimo y brillante.
Nada más abrirlo aparecen lógicos tufos reductivos a agua estancada, coles hervidas y metales. Jarreamos tres veces y le damos un par de horas. Poco a poco han ido apareciendo primero los cítricos y las flores blancas, después los anisados, los balsámicos, el melocotón y la miel. Por último, ciertas notas a botica, canela, fósforo y panadería que iban y venían. Todo ello bajo una sensación pedregosa bastante marcada.
En boca también nos encontramos con dos vinos muy distintos: el primero que es afilado, compacto y austero, en el que sobresale una sorprendente acidez que rebosa por todas partes, y el segundo, mucho más carnoso, sensual y graso que nos proporciona matices primarios. En cualquier caso, un blanco portentoso; complejo, cambiante y sin aristas dotado de una frescura inmensa.
Final frutal y especiado.
Un Paternina con setenta años (!!!) que llama la atención, no sólo por su juventud, sino ante todo, por sus registros únicos y el abanico que es capaz de desplegar.

Botella de principios de los años 40.

Otro blanco viejo riojano que me deja con la boca abierta. Que un vino con más de 70 años en formato media botella aparezca con ese color amarillo dorado, perfectamente limpio, resplandeciente casi, sin rastro de sedimentos… pues eso, impresionante.

Nariz enorme, de complejidad colosal, cítricos (pomelo, cáscara de limón) marcados de inicio, toffee, halls de miel , sirope. Te golpea a cada segundo la nariz como el gran Alí, no da tregua: hierbas infusionadas, botica, orejones… qué grande!

Boca untuosa, envolvente, grasa, con muchísimo cuerpo y peso, tremendamente seco y con una acidez endiablada, donde repite la mayoría de sensaciones captadas en nariz. Sorprende de nuevo su intensidad frutal y cítrica, que se alza orgullosa sobre el fondo infusionado, herbáceo y ligeramente amargoso. Final? Parece no tener fin.

Parecido al Rinsol de la misma casa, pero más graso y seco, más complejo en nariz, con nervio aún, aguantará lo que le echen. Esta vez, abrí la botella y decanté y nos la bebimos sin tregua, sin apenas dar tiempo a que evolucionara. Habrá más oportunidades para ver cómo cambia, estoy convencido de que rozará la perfección (aún más) con algo más de paciencia.

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