El joven Baco

La vuelta de la vendimia en un lugar de La Mancha

Lunes, han pasado exactamente dos días después de mi hazaña vendimiadora y creo que después de este fin de semana he envejecido, de golpe y porrazo, aproximadamente una década. Y no por la resaca de la fiesta de la vendimia sino por todo lo contrario. Mis compañeros de trabajo se quedaron cortos, muy cortos, respecto a las extremas condiciones que supone vendimiar a mano. ¡La vendimia no es dura, es durísima!

Peso pesadoRepresentación de un gran esfuerzo físico

 

El viernes por la tarde/noche llegué al pueblo donde se encontraba la bodega, una pequeña población de la provincia de Cuenca. Como periodista responsable y trabajadora que soy, cené algo rápido y me fui a dormir al hostal donde tenía reservada una habitación. ¡Al día siguiente me esperaba algo nuevo e iba a ser un día muy largo!

Todo preparado para vendimiar

A las 5:00 a.m. ya estaba vestida, con mi sombrero/pamela en la mano -pensé en ponérmela pero era demasiado pronto- mis pantalones largos color caqui y una camiseta de tirantes de color amarillo. Todo sea dicho, siempre me ha parecido que el color caqui y el amarillo combinan perfectamente. No lo dudé ni un instante: era la ocasión perfecta para vestirme con tonalidades vendimiadora-casual. Arreglada pero informal, ya sabéis. 

Paco, el encargado de la bodega, me acompañó amablemente hasta una fila de cepas (la que iba a ser mi fila), nos arrodillamos a los pies de la cepa mientras me mostraba los racimos y me entregó unas tijeras de vendimiar. Debí poner una cara de asombro tremenda porque me preguntó si me encontraba bien, y es que no ocurría otra cosa que en ese preciso momento me estaba clavando en la barriga la punta de las tijeras que había traído de casa y que me había metido en uno de los bolsillos de los pantalones. ¡Qué dolor!

Tras sentir un profundo ridículo por el hecho de llevar unas tijeras de más, empecé a vendimiar -con las tijeras adecuadas- pero con una evidente desventaja, claro. Después de sufrir el incidente tijera-barriga ya no es lo mismo. Quizá fue eso o quizá el dolor de espalda lo que me hizo tener que abandonar la vendimia al poco tiempo.

Los peligros de la vendimia

Procura no cortarte ningún dedo

Las tijeras de vendimiar que me dejó Paco eran pequeñas, curvas y estaban oxidadas. Me explicó cómo tenía que coger los racimos. Resulta que, en el caso de que seas diestro, hay que cogerlos con la mano izquierda, desde abajo y cortar el rabito con la derecha. La importancia de hacerlo así es para evitar cortarte un dedo. ¡Esas tijeras son aún mejores que las mías!

Vendimia

Racimo de uvas y manos de un vendimiador

Si por el contrario, sujetas el rabito -creo que le llamaban pedúnculo- con la izquierda y cortas con la mano derecha, existe muchas posibilidades de cortarte. ¡Y quién sabe si te haces tan sólo un rasguño o te quedas sin dedo! ¡Ojito con coger mal el racimo!

Una vez Paco me hubo dado una caja de plástico con agujeros -para que no se quede acumulado el mosto de las uvas- me dio una palmada en la espalda y me dijo: ¡A ver si llegas hasta el final de la fila sana y salva! Y soltó una carcajada impresionante. Me dije: ¡Paco se va a enterar de qué pasta estoy hecha!

Entre pitos y flautas se hizo de día y el sol comenzó a apretar. Menos mal que yo me había ido bien equipada y no iba a sufrir casi. O eso pensaba, ilusa de mí.

Cuando vendimias te duele la espalda

Empecé a cortar racimos, me gustaba, de hecho pensé que me podía dedicar a eso si el periodismo no me iba bien. Lo único malo es que me tenía que agachar un poco, tal vez demasiado; empezaban a dolerme las lumbares. Pero bueno, no había por qué preocuparse.

Al agacharme, se me caían las gafas de sol al suelo (tenía que haber apretado los tornillos de las patillas, jolín), el enorme sombrero playero que me puse tropezaba con las hojas de las cepas y, o bien se me caía al suelo, o bien se me quedaba torcido de forma que no veía lo que tenía delante. Pero bueno, yo continué con mi trabajo.

Dolor lumbarDolor lumbar

En las cepas hay bichos, muchos bichos

Incomodidades aparte, lo peor fue que vi, y prácticamente toqué, toda clase de animales. Entre las ramas, digo entre los sarmientos de las cepas, había de todo.

¡DE TO-DO!

Fui capaz de reconocer muy pocos bichos pero había mariquitas, saltamontes, insectos voladores pero sobre todo, ¡muchos gusanos! ¡Qué asco! Pensé que no iba a poder soportarlo, me entraron nauseas pero lo controlé.

Me dije a mí misma que si llegaba al final de la fila ya me podía ir a mi casa. ¡Ni fiesta de la vendimia ni nada! Que por cierto, viendo el panorama tuve la total seguridad de que la gente que iba a la fiesta de la vendimia deberían ser sólo los turistas. ¡Es totalmente imposible que las personas que están en la viña recogiendo uva les quede algo de fuerza para salir de fiesta!

Había avispas por doquier

Pero la cosa no quedó ahí, ¡las avispas venían a por mí! ¡Venían a matarme! Me rodearon, me picaron y me mordieron. ¡Un horror! Viví un momento de pánico total, y pensé que mi vida corría un grave peligro al ver tantas avispas sobrevolándome y atacándome.

Esta tarde mismo voy a la farmacia a que me devuelvan el dinero porque el repelente que compré no me hizo nada de nada. ¡Si mi amigo Borja me hubiese visto se hubiera partido de risa!

Todo tiene un límite

Ya no podía más, después de que el sol quemara mi espalda, mis brazos, mi cara y tras picarme unas cuantas avispas: me quedé sin fuerzas. ¡Y es que encima no podía mover la caja del suelo y eso que ni estaba ni por la mitad!

Tras numerosas súplicas a los dioses (no sé a cuáles, les rogué a todos los que estudié en el colegio) para que ese infierno acabase ya, por fin paramos a comer algo.

Estaba totalmente extenuada y exhausta, ¡y no eran más de las 11:00 horas! Mi cuerpo no daba más de sí, era como si los huesos del cuerpo se me hubieran roto y mi cabeza me pedía un descanso. Con un poco de sombra y mucha agua me bastaba aunque reconozco que lo que quería era que me quitasen el dolor de espalda como fuese. ¡Estaba totalmente molida y aún no había llegado a la mitad de la fila!

LLorando

Cuando has llegado al límite

Paco me trajo un bocadillo de jamón y queso. ¡Aquello era gloria y lo demás son tonterías! Bebí mucha agua y apoyada sobre la rueda de un tractor gigante (muy sucio, por cierto) me quedé dormida mientras acariciaba una perrita que andaba por ahí a la que todos llamaban Pili.

Me desperté, estaba tumbada en el suelo, Pili se había ido y tuve la sensación de que había dormido más de la cuenta. Magullada, dolorida y con las tijeras de cortarme el pelo en la mano derecha (mi subconsciente me pedía cortar uva como fuese) miré el reloj del móvil con la otra mano y vi que eran casi las 18:00 horas. ¡Qué desastre! De lejos vi a Paco, venía con más agua y otro bocadillo, éste de tortilla de patatas. Paco, sí que sabía, sí. Ahora incluso lo empezaba a ver guapo, fíjate. Igual hasta le llamo un día y quedamos a cenar.

La vendimia: una tarea de héroes

No sé si llamarlos héroes o si es que son dioses del mismísimo Olimpo. Pero la cuestión es que cualquiera no puede vendimiar. Aquel día hice el ridículo; me quemé, me quedé dormida delante de todos, me picaron las avispas en todas las zonas que no llevaba cubierta por la ropa y me quedé enganchada de la espalda con un dolor muy difícil de explicar.

En resumidas cuentas, prefiero mil veces beberme el vino en casa o en un restaurante antes que recoger los frutos con los que se hace. Definitivamente no estoy hecha para ese oficio.

El reportaje para el periódico no sé cómo quedará, pero hice buenos amigos, que seguro, me invitarán el año que viene para la fiesta de la vendimia. Sólo iré a la fiesta, repito, sólo a la fiesta.

PD: a Paco le voy a llamar ahora mismo. 
 

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  1. #1

    jose

    Tú y todos estamos hechos para ese oficio y muchos otros. Mi abuela, manchega ella, decía muchas cosas. Entre ellas "Todos los trabajos tienen sus agujetas." y "A la fuerza ahorcan." Así que ale, a por otra hilera y "ale pa'rriba, que arriba está dios".

    Saludos,

    Jose

  2. #2

    Tempranilla Jones

    en respuesta a jose
    Ver mensaje de jose

    ¡Gracias jose! ¡Creo que tienes toda la razón! Pero creo que la otra hilera la vendimiaré cuando se me vayan las agujetas y vuelva a ser una persona normal. ¡Gracias por tus ánimos! Un saludo.

  3. #3

    pepecano

    en respuesta a Tempranilla Jones
    Ver mensaje de Tempranilla Jones

    Lo has contado tal como es !!!! Claro que es duro, y mas para los que no estamos acostumbrados a doblar la espalda. El domingo que viene te cuento, la uva no tenia suficiente grado y la vendimia la han aplazado al domingo que viene. Pero por experiencias de años anteriores puedo asegurar que la vendimia es dura tal como tu dices.

  4. #4

    Tempranilla Jones

    en respuesta a pepecano
    Ver mensaje de pepecano

    Hoy ya estoy un poco mejor pero aún me duele la espalda. ¡Espero que esto no se para siempre! Por favor, cuando vayas a vendimiar, nos lo cuentas. Te deseo suerte, mucha suerte y ¡¡llévate un buena faja!!


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