El joven Baco

Como Afrodita en La Toscana

Parece que fue ayer cuando me fui unos días a la playa rodeada de libros y buenas intenciones cuando, de repente, me vi inmersa entre interminables valles verdes repletos de cepas y de bodegas alrededor. ¡Y es que ni yo me podía imaginar dónde me encontraba! Y es que así, sin pensarlo, me vi en el centro de La Toscana, o lo que es lo mismo, ¡en el lugar más parecido al paraíso que haya visto nunca! 

Por lo visto, el universo se alineó para que en un mismo momento de mi vida pudiera sentirme como Afrodita rodeada de una belleza sin igual. Así que sin darme apenas cuenta, me sentí como la diosa de la belleza y del amor envuelta de buen rollo y aún, si cabe, mejores sensaciones. 

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Pues bien, el hecho de encontrarme en un lugar tan apartado de la civilización predispuesta a beber vino mientras me rodeaban los viñedos, un montón de guapos y morenos italianos e interminables bodegas por doquier, me produjo un fuerte impulso de volar muy alto y gritar fuerte: ¡Ya está aquí Tempranilla Jones para darlo todo! Sí, sí, no os riais. Sé que no es muy glamuroso que digamos pero eso es exactamente lo que sentí. Y eso que no suelo beber redbull (ya que podría jugarme una mala pasada puesto que soy demasiado impulsiva) pero creo que la sensación de “dar alas” que anuncia esta bebida energética -en mi caso- fue como mínimo parecida.

El azar y mi aterrizaje en La Toscana

Así que mi aterrizaje en La Toscana no fue del todo casual sino que fue obra y gracia de mis amigos; y es que ellos conocen mejor que nadie mis gustos y debilidades en la vida. Así que sobran las palabras para decir que mi llegada a Italia no pudo ser más divertida. La llegada fue inesperada puesto que me hicieron creer que el viaje era al norte de Europa, es decir, que mi maleta iba repleta de gorros y bufandas. ¡Nadie sabe la sorpresa que me di cuando al bajar del avión había una estupenda y acogedora temperatura de 28ºC!

Como os podéis imaginar, la experiencia resultó ser calurosa y también muy gratificante. Especialmente cuando mi único objetivo era intentar salir de una serie de fracasos amorosos en los que por un lado me vi desolada porque no paro de cumplir años y por otro lado porque el hecho de mi condición de "eterna solterona del montón" empieza a pesarme demasiado. De modo que encontrarte así por las buenas en un país famoso por su vino y sus galantes hombres, pues claro, ¡eso anima a cualquiera! Y precisamente por estas motivaciones, mis compis de vida creyeron que era una buena oportunidad -puesto que mi dedicación y empeño en el mundo del vino sigue imparable- lanzarme al vertiginoso mundo de los vinos italianos. ¡He de reconocer que al final resultó ser una magnífica idea!

Ayudando a aumentar el consumo del vino

Y es que La Toscana está repleta de laderas y valles preciosos donde las vides, en vez de yo, son las verdaderas protagonistas de esta tierra. Como supongo que os imagináis, si hay tantas viñas, lógicamente hay también mucho vino. Y si hay mucho vino, tiene que haber mucha gente para bebérselo, ¿no? Pues es justo ahí donde Jones y su patrulla enológica entraron en acción. Aparte de alguna que otra cata en una bonita azienda vinicola (como se llaman en Italia a las bodegas), en realidad, lo que hicimos con mucho empeño fue colaborar a que la zona vitivinícola de La Toscana vendiera unos cuantos litros más por esta época del año. ¡Y es que aún recuerdo la cara del señor de una azienda agricola vinicola cuando decidimos comprar cinco cajas de vino cada uno! ¡Fue una barbaridad! Pero creo que, no sólo alabamos de una manera muy alegre su preciada producción sino que además ayudamos a cuadrar la facturación de las ventas de la bodega de ese mes.

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Por otro lado, aparte de colaborar en el aumento de la ingesta de vino per cápita en Italia, nos sumergimos de lleno tanto en el mundo de la sangiovese (un tipo de uva tinta) como en el del vino Vernaccia de San Gimignano. Y es que San Gimignano, aparte de ser un bonito y peculiar pueblo del interior de La Toscana, tiene la singularidad de elaborar un vino blanco seco llamado Vernaccia, elaborado como mínimo con un 85% de uva de la variedad que da nombre al vino.

Y puesto que nos hospedamos en un bonito hotel de este pueblecito toscano, indagamos un poco este sencillo pero agradable vino blanco. En general, el vino Vernaccia que allí probamos tenía un color amarillo pálido y en nariz, la gran mayoría de los que probamos, que (todos ellos fueron vinos jóvenes) eran bastante florales y frescos a su vez.

Como todos los viajes que suelo hacer, fue corto pero intenso (más o menos como mis relaciones con los hombres) pero menos mal porque si no me arruino y muero de felicidad a la vez. Pero bueno, volviendo a la vida real, y a pesar de todo, resultó ser un viaje divertido y enriquecedor como para dar y tener una ligera idea de cómo es esta pequeña zona de Italia; aparte de conocer algunas costumbres nuevas, intercambiar el número de teléfono con algún que otro italiano, engordar como un animal (no sabéis qué manera de comer carne y pasta) y probar vino, mucho vino.

¡Y me enamoré del paisaje esta vez en lugar de un hombre!

¡Ah! Y aunque no os lo creáis, lo que más me impactó y gustó fue el paisaje y la armonía que desprendía La Toscana. La belleza es tal que me es imposible describirlo. La luz, la paz y la tranquilidad que reina en los alrededores de  San Gimignano es conmovedora.

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No sólo por la cantidad de viñedos que hay un lado y otro de la carretera sino porque en el aire se respira algo especial. Da la sensación de formar parte de un precioso cuadro, y tú, te sientes como parte del decorado. Yo, que normalmente me dejo llevar por mi imaginación, me resultó bastante fácil visualizarme cogida de la mano de un moreno y apuesto italiano a los pies de un algarrobo mientras brindábamos con un fantástico vino de sangiovese. Pero no, claro, de eso nada de nada. Esta vez me mantuve fuerte y en mi sitio. ¡Poco a poco voy aprendiendo! ¡He expulsado de mi vida a los hombres! De momento. 


Así que sin más, me despido por una corta temporada. ¡Y recordad si vais por La Toscana probad cuantos más vinos mejor! Tanto los vinos blancos como los tintos (vino rosso) os gustarán por igual. Lo importante en el mundo de la iniciación del vino es probar y prestarle algo de atención. ¡Os prometo que es mucho más fácil y sencillo que averiguar qué tienen los hombres en la cabeza!

  1. #1

    Miryam777

    Y digo yo.... habiendo vino, y mucho, para que complicarse con los hombres???? Jjjjjj
    Gracias por compartir tu experiencia en la toscana, sitio que está en mi lista de cosas pendientes. Saludos


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