Peña La Verema

El despertar de la garnacha

La garnacha en España siempre ha sido considerada como una uva de segunda clase, propia de Denominaciones de Origen caracterizadas por el predominio de los graneles. La supremacia de la tempranillo y posteriormente la introducción masiva de varietales foráneas consideradas “nobles” o mejorantes, la relegaron a esta secundaria posición. Además, si tenemos en cuenta que la garnacha tintorera se utilizó masivamente para dar color a vinos elaborados con otras uvas, el panorama no parecía nada esperanzador. Sin embargo, hoy presentamos aquí cuatro vinos elaborados íntegramente con garnacha que son un claro exponente del renacer de esta varietal. En los primeros compases de la cata a ciegas, quien suscribe estas líneas no podía imaginar que la elegancia en nariz de estos vinos fuera el resultado del buen hacer sobre esta varietal. Además, me atrevería a decir que estaban mucho mejor que muchos vinos de garnacha elaborados en Francia. Permitidme ahora que os relate brevemente lo que aconteció el pasado 15 de Mayo.

En esta ocasión nos reunimos nueve miembros de la Penya La Verema, más un simpatizante, en el Bar La Estrella una de las sedes clásicas de nuestra peña y regentada por nuestro amigo Rafa Contreras. La verdad es que da gusto ver cómo Rafa va mejorando su trato del vino en el local, al haber comprado un armario guardavinos, unas buenas copas y, sobre todo, una carta de vinos muy equilibrada que más de un restaurante de postín de Valencia quisiera tener para sí mismo y a qué precios...auténticos chollos. Todo ello sin olvidar el trato personal que nos dipensó puesto que no en vano se cerró el local ex profeso para nosotros.

El organizador de la cata fue José Contreras. La selección de vinos que realizó no defraudó en absoluto, estuvieron todos a un altísimo nivel como lo refleja las altas puntuaciones obtenidas y el estrecho margen entre éstas. Los vino se decantaron y mantuvieron a perfecta temperatura (unos 16 grados) aproximadamente una hora antes de la cata. El orden de la cata a ciegas en que se sirvieron los vinos fue el siguiente. En primer lugar, probamos un Borsao Tres Picos 2001 de la D.O. Campo de Borja que procede de viñedos con edades entre 35 y 40 años situados a una altitud entre 600 y 700 metros sobre el nivel del mar. Es un vino que no tiene crianza, sin embargo, tras catarlo todos los asistentes pensamos que algo de crianza debería tener pues la madera parecía bastante evidente.

El segundo fue un Pagos Místicos 2001 de la D.O. Calatayud con fermentación maloláctica y una ligera crianza pues tan sólo el 50% del vino envejeció en barricas de roble americano de segundo año. Este vino tiene una excelente relación precio/calidad. El tercero fue un Secastilla 2001 de la D.O. Somontano elaborado con uvas de viñedos muy antiguos en laderas pedregosas con una altitud de 700 metros y con una crianza de 10 meses en roble francés Allier. El vino no fue clarificado ni filtrado. Este vino ha salido recientemente al mercado y se tuvo la oportunidad de probarlo en el II Encuentro Verema.com. Por último, se cató un Cabrida 2001 de la D.O. Montsant con una crianza de 14 meses en roble francés.

Las puntuaciones medias obtenidas –calculadas con la inestimable ayuda de Juan Máñez y su portatil- así como los comentarios de cata fueron los siguientes:

1º Secastilla 2001. D.O. Somontano. 100% garnacha. Crianza de 10 meses en barrica de roble francé Allier. Sin clarificado ni filtrado. 14 % volumen.
Puntuación: 8,2

Picota cubierto con ribete morado. Nariz elegante, intensa y compleja con recuerdos de fruta negra, monte bajo y balsámicos. En boca es amplio, largo con un final amargo y una equilibrada acidez. Retronasal potente.

2º Borsao Tres Picos 2001. D.O. Calatayud, 100% garnacha. Maceración larga de la uva y sin crianza. 14.5% volumen.
Puntuación: 8,1

Picota muy cubierto con ribete morado. Nariz expresiva de mucha intensidad con presencia de fruta negra, notas florales sobre un fondo con recuerdos a aceitunas negras. En boca es muy sabroso, muy largo, con una excelente acidez y un retronasal potente.

3º Cabrida 2000. D.O. Montsant. 100% garnacha. Crianza de 14 meses en barrica de roble francés.
Puntuación: 7,7

Picota oscuro con ribete morado. Excelente nariz con presencia de notas florales (lilas), balsámicas, vegetales, minerales y algo de regaliz, tabaco, cacao, vainilla y canela. Se nota falta de botella; irá a más. Boca sabrosa, larga y retronasal medio.

4º Pagos Místicos 2001. D.O. Calatayud. 100% garnacha. Crianza de 3 meses en barricas de roble americano de una parte del vino (50%).
Puntuación: 7,6

Picota violáceo muy cubierto. En nariz es floral con recuerdos ligeros a sobremadurez. También presenta notas minerales, de aceitunas negras y vegetales. En boca es fresco, goloso, carnoso y largo con vía retronasal potente.

La cena que se sirvió a continuación mantuvo el alto nivel de los vinos catados. Empezamos con una serie de tapas de calidad que evidenciaban una buena selección de materia prima (Rafa es un asiduo del Mercado Central de Valencia y eso se nota): mojama, esgarraet, sepia, calamares hervidos, quisquilla, anchoas, patatas bravas, unos magníficos tomates valencianos de verdad, es decir, de los que saben a tomate y no a la porquería que viene de los “mares de plástico” que tienen la piel más dura que un antílope. Todo ello regado con el extraordinario aceite Dauro de L’Empordá, auténtico zumo de aceitunas elaborado por el grupo al que pertenece Bodegas Roda. El plato fuerte fue una caldereta de cordero. Este se deshacía en la boca, era tierno de verdad. Por último, el postre fue un Tiramisú casero que fue regado con una botella de Castaño Dulce.

Los vinos degustados durante la cena fueron un Raimat Selección Especial Chardonnay 1999 que entraba bien dadas las temperaturas primaverales, aunque tenía una excesiva presencia del roble. Luego un nuevo vino de José María Vicente de Bodegas Julia Roch e hijos denominado Valtosca 2001 elaborado con Syrah y con una permanencia de 10 meses de crianza en barricas nuevas de roble francés Allier de 500 litros. Estaba impresionante a pesar de su reciente embotellado. Era todo un vinazo con una elevada concentración y color, la fruta se comía a la madera. Es lo que denominaríamos un vino de “club” para un consumidor selecto y entendido. Además, supone un cambio de filosofía en la etiqueta, más acorde a lo que se lleva en estos tiempos. Por último, se abrieron dos botellas de cava Agustí Torrelló Brut Nature, todo un clásico para finalizar las catas de la peña.

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