El Bosque

Homenaje al restaurante que nunca conocí

La Gastroteca de Stéphane y Arturo, el restaurante de mis sueños

Desde que me acuerdo he sido una persona inquieta y desde que me acuerdo he querido aprender.
 
Me recuerdo de niña pensando en cómo me gustaría ser de mayor. Quería ser sobre todo una persona culta y ya desde pequeña sabía que ser culta no era acumular muchos títulos y conocimientos sino atesorar todos aquellos que produjeran gozo al intelecto y al alma a través de los sentidos.
 
Me río al recordar un pensamiento de entonces:
 
Me gustaba mucho la coca cola y todavía nada el vino pero ya en ese momento intuía el inmenso placer que su degustación provocaba en mayores que yo admiraba y me consolaba pensando que si no conseguía que me gustara de mayor, al menos podría aparentarlo bebiendo coca cola que ya hubiera perdido la burbuja, en preciosas copas de vino. Debía de tener entonces unos ocho años...
 
Poco a poco fui adquiriendo esos conocimientos que yo ansiaba. En los primeros años me guió mi padre gracias a educarme desde la cuna con Mozart, Häendel y Bach, sobre todo y por encima de todo con Bach, mientras escenificaba cualquier pasaje del Quijote -interpretando cada uno de sus personajes en rotación- o jugando a recitar la hermosa y fresca poesía de San Juan de la Cruz.
 
Mis hermanos mayores hicieron lo propio regalándome con Beatles, Rolling Stones, The Who, Crosby, Still & Nash, el gran Neil Young, Pink Floyd, y tantos y tantos otros.
 
Me independicé muy joven y fue con esa independencia que me empezó a interesar la gastronomía y el vino, pero tenía muy, muy poco dinero y la gastronomía no está hecha para los pobres a no ser que la tengas en tu propia casa.
 
Un recuerdo de aquella época era leer las críticas en los semanales de los periódicos de restaurantes a los que nunca me iba a poder permitir ir pero con los que soñaba fantaseando una cena sibarita. Una que se repetía una y otra vez porque cada vez que leía una crónica suya me fascinaba más y más era La Gastroteca de Stéphane y Arturo. ¡Cuántas, cuántas veces habré soñado con traspasar esas preciosas y decadentes puertas acristaladas! y que a quien ahora conozco como el Duque de Gastronia me dijera:
 
-Tomará champagne ¿verdad?-
 
Gastroteca_Stepháne_Arturo
 
La vida da muchas vueltas y la mía ha dado unas cuantas más. Sucesivos cambios en ella me hicieron perderle pista y en algún momento de esos veintitantos años la Gastroteca cerró.
 
En algún momento también de esos veintitantos años, el vino dejó de ser un elemento de disfrute más en mi vida para cobrar protagonismo absoluto en ella y hacer que cayera la venda de mis ojos, mi vida jamás sería nunca igual, había descubierto mi cielo y mi infierno, mi pasión y mi adicción, y gracias a esta locura comencé a escribir.
 
El vino me ha traído los mejores momentos de mi existencia exceptuando los que me han brindado mis hijos, me ha traído a mi pareja de cata y de vida, y fue el vino -como no podía ser de otra manera- quien me volvió a traer a Arturo, El Duque de Gastronia, para mí, para esa veinteañera pobre de dinero pero rica en sueños que todavía habita dentro de mí, Arturo de La Gastroteca de Stephàne y Arturo. Pero había cerrado. Ya no iba a poder cenar con champagne tras sus cristales.
 
Y ahora sí podía, ahora sí me lo hubiera podido permitir. Cambiaría todas mis experiencias en excelentes restaurantes de todo el año pasado por una cena, por una sola cena en el restaurante de mis fantasías.
 
Escribo todo esto para homenajear a esas dos personas que me hicieron soñar entonces y que ahora me hacen sonreír con sus correrías. Debería yo haber nacido veinte años antes o ellos deberían haber nacido veinte años después.
 
No cené en La Gastroteca pero soñé con hacerlo tantas veces que casi ha sido mejor ¿no creéis?
 
© Mara Funes Rivas -  Marzo 2014
  Leer más

Último capítulo de La Sala de Espera del Depósito

Resumen capítulos anteriores:

Se va desvelando información, todas las piezas del puzzle van encajando pero falta una, y ésa, la pone Eusebio hoy.

46.

 
Ese episodio de anticipo sobrenatural que dicen sólo ocurre cuando se está a punto de morir es por el que pasó Eusebio en esos instantes, un mecanismo de defensa del cerebro ante situaciones límite, y una situación límite es lo que él estaba viviendo.
 
Veía la cara de Fernando Moreno congelada en el vídeo, su expresión gélida… y sobre ella se superponía su cara risueña, la cara del primer día cuando llegó de Álava.
 
Recordaba que pensó “Parece majo el chaval, pero no te fíes Eusebio”.
 
Cinco años, cinco años de escrutarle sus movimientos, de leer tres veces sus informes, de escudriñar sus gestos, cinco años de no encontrar más que vocación de servicio, jamás una queja, si le pedía trabajar cualquier día, a cualquier hora.
 
-Fernando, tienes que buscarte tu vida privada, esta profesión es muy puta.
-¿La misma que tienes tú?
-Yo no la necesito.
-Yo tampoco.
Y minuto a minuto, durante esos cinco años se había ido ganando su confianza, sin que él mismo se diera cuenta.
-No somos tan diferentes Eusebio. Yo nací en Álava pero mis padres son gallegos, como los tuyos y allá tenían viñedos, como tu familia.
“Pero él sí se daba cuenta, él lo sabía”
 
Ahora todo encajaba.
 
Ángel Iglesias no había sido la causa de que le relevaran del caso, no le podía haber dado tiempo. Había sido Fernando, necesitaba tiempo para borrar pistas y de paso enfangar su reputación, incluso intentar colgarle a él el mochuelo.
 
Fue pensar eso y su sangre hirvió nuevamente quemándole venas y arterias y despertándole de su ensimismamiento. 
 
Pinchó en el HTML 
 

ESCÁNDALO EN LA CÚPULA POLICIAL MADRILEÑA

Orden de búsqueda y captura contra Álvaro Castro Jiménez, Super Intendente y Coordinador de Comisarías de los Distritos 20, 21, 23, 34,36 y 40 de Madrid, 

Una denuncia anónima ha destapado la olla de la corrupción que se ocultaba en los mandos de las comisarías más conflictivas de la capital.
 
El inspector Fernando Moreno ha sido puesto a disposición judicial por un delito de omisión del deber de custodia de material aprehendido, otro de venta de estupefacientes y otro más de falsificación documental.
 
Presuntamente, y siguiendo instrucciones del también presunto implicado y superior suyo, el Super Intendente Castro Jiménez que se haya actualmente en paradero desconocido y con una orden de busca y captura sobre él, el inspector Fernando Moreno habría sustraído parte de un alijo de heroína aprehendido por la Guardia Civil y se habría encargado de volver a ponerlo en circulación en una lucrativa operación. El caso fue descubierto gracias a la investigación policial que se estaba llevando a cabo a raiz de la muerte por sobredosis de una mujer, hace cuatro semanas. 
 
El inspector jefe a cargo de la investigación, Eusebio López Bravo, fue apartado del caso por su superior, el Super Intendente Castro Jiménez, pero el juzgado nº …… recibió una denuncia anónima con el suficiente material incriminatorio para ordenar ambas detenciones, aunque no se descartan más puesto que el caso sigue abierto y la policía judicial investiga posibles ramificaciones. 
 
Se da la circunstancia de que el inspector Moreno actuaba a las órdenes del Inspector Jefe López Bravo, de quien era subordinado directo, por lo que se piensa que fue él quien informó a Castro Jiménez de los movimientos de López Bravo.
 
La primera consecuencia colateral de estas actuaciones ha sido la orden de puesta en libertad condicional emitida por el mismo juzgado a favor de Andrés Martínez Sánchez. El Sr. Martínez Sánchez se encontraba en prisión preventiva acusado del presunto homicidio del catedrático Ángel Iglesias. Este dictamen se ha producido al encontrarse serias dudas en la fortaleza de las acusaciones presentadas contra él pues quien practicó la detención fue el Inspector Moreno, siendo el Sr. Iglesias el marido de la mujer muerta por sobredosis y por lo tanto, origen de la investigación inicial.
 
….
 
Eusebio cerró el documento, el correo y devolvió el PC a su estado inicial de stand-by. Sacó el móvil del bolsillo de su camisa e inició un sms a Teresa:
 
“Todo leído. Muchas gracias. Hago la maleta y regreso. ¿Cenamos?”
 
Dio a “Enviar” y salió a la calle. Mientras apretaba el paso en dirección al coche le vibró el teléfono en el bolsillo:
 
“¿Pulpo y albariño?”
 
“No, estoy un poco saturado de delicias gallegas. ¿Croquetas y tempranillo?”
 
“Uummm…”
 
“Te llamo al llegar. Un beso”
 
“Un beso”

© Mara Funes Rivas -  Junio 2013   Leer más

La Sala de Espera del Depósito: Capítulos 44 y 45

Resumen capítulos 42 y 43

El Rubio le desvela a Eusebio el origen de la droga que mató a Paula. Con esta y otras informaciones Eusebio marcha para Galicia...
 

44.

Eusebio había iniciado la operación de encender su móvil -no tenía sentido llevarlo conectado si no había cobertura- cuando se dio cuenta de que el Nino seguía enfrente de él en actitud expectante. “Maldito cotilla” se dijo a sí mismo y haciendo un vago gesto de despedida se introdujo de nuevo en el coche.
 
Mientras marcaba su número de seguridad vigilaba al Nino por el rabillo del ojo y pudo comprobar que iniciaba la maniobra de retirada con expresión sombría “Te has quedado con las ganas ¿eh?” pensó Eusebio con la sonrisa bailando únicamente en sus ojos.
 
-Hola Teresa- sólo se había mostrado su nombre en la pantalla y ya había contestado el teléfono.
 
-Hola Eusebio ¿qué tal se presenta la cosecha de este año?
 
-Todavía queda mucho para eso Teresa- sin poder evitar un tono de irritación por el desvío en el tema que les incumbía.
 
-Bueno, ya veo que quieres ir al grano. Para hacerlo no te va a quedar más remedio que ir al locutorio de tu amigo el cacique porque la noticia la debes ver con tus propios ojos pero como tenía que avisarte pues ya te adelanto un poco, si quieres.
 
-Sabes que sí Teresa.
 
-Encontrarás tres cosas, un documento escaneado, un vídeo y una noticia de la prensa digital- pausa para hacer una respiración honda -El documento es la copia de la orden de detención que me ha facilitado un colega del juzgado donde se interpuso la denuncia anónima por corrupción policial y tráfico de estupefacientes- Nueva pausa para imprimir un tono más fuerte a su voz -Primera y última vez Eusebio.
 
-Sé que te has arriesgado mucho por mí y además de agradecértelo, que no te quepa la menor duda de que te lo devolveré.
 
-No, si no me cabe y además, la verdad es que yo también tengo ya un interés personal en que se aclare todo este berenjenal pero me temo que una vez más los auténticos responsables no van a pagar por ello.
 
-¿Qué me dices Teresa?
 
- Por favor, mira los archivos y me llamas. Es posible que esté equivocada, tú tienes mucha más experiencia que yo en estas cosas.
 
-Lo haré inmediatamente. Por cierto ¿cómo va el tema de Andy?
 
-Pues creo que razonablemente bien. Estoy trabajando con un colega psiquiatra para darle fundamento a la teoría de “la enajenación mental transitoria” y es posible que los cargos pasen de asesinato a homicidio. Depende de la fiscalía y ahora mismo están muy ocupados con el nuevo caso que se esta convirtiendo en mediático, pero no quiero contarte más, quiero que lo veas tú mismo.
 
-¿Y de ánimo?
 
-Pues es curioso pero está de buen humor y no para de decir que se ha quitado un peso de encima. No le importa estar en la cárcel pero es porque hemos tenido suerte con Instituciones Penitenciarias y no le ha tocado en un módulo homófobo.
 
-Seguro que algo tuviste que ver tú en eso.
 
-Bueno Eusebio, estas cosas ya se sabe, se solicitan pero no tienes nunca la seguridad de que te las vayan a conceder. El caso es que se ha juntado con una especie de grupo de teatro y están preparando un show del tipo del Born
 
Carcajadas a ambos lados de la línea.
 
-Bueno Teresa, me voy a ver lo que me has mandado que estoy muy intrigado. Luego te cuento.
 
-¿Volverás Eusebio?
 
-¿Vendrás tú Teresa?
 
La_Sala_de_Espera_del_Deposito
 

45.

Dejó el coche aparcado frente a la iglesia, aunque Puente Velho era el pueblo más importante de la comarca se iba perfectamente andando a todos sitios.    Leer más

La Sala de Espera del Depósito: Capítulos 42 y 43

Resumen capítulos anteriores:

Tras el inesperado giro de la semana pasada, Andy ingresa en el calabozo y Eusebio recaba información privilegiada antes de irse de "vacaciones".

42.

El coche de Pablo era un deportivo, como no podía ser de otra manera. Eusebio se acomodó ágilmente y tras un rápido apretón de manos, cerró los ojos y se dejó mecer por los acordes del piano de Bill Evans.
 
Pablo respetó su introspección y en menos de veinte minutos paró el coche enfrente de un aparcamiento público. Debían de conocerle bien puesto que inmediatamente le recogieron las llaves y se lo llevaron para aparcarlo.
 
Salieron a una de esas pequeñas callejuelas del Madrid de Los Austrias y en menos de cinco minutos estaban cruzando el umbral de un restaurante con decoración muy discreta en el exterior. Nada más entrar te recibía una minúscula barra y a la derecha de quien acaba de traspasar la entrada se encontraba una angosta escalera de caracol. 
 
Pablo había sido recibido con alegría y afabilidad por quien resultó ser el mâitre del establecimiento quien los guió escaleras arriba hasta llegar a un pequeño comedor que sin embargo resultaba espacioso y cálido gracias al baño de luz natural que recibía de los ventanales en los que estaba convertida la pared del fondo.
 
Les dirigió hacia una de las mesas pegadas a la cristalera y tras acercarles la carta de vinos se alejó. 
 
-Curioso que nos den la carta de vinos sin habernos dado la de comida.
 
-Es que ya me conocen, jeje... Elige, creo que no tendrás queja de la selección.
 
-Concisa pero contundente y con algunas joyas ¿Qué tipo de comida dan aquí?
 
-Cocina de mercado con tradición mediterránea, eso dice su página web. Traducido: guisos de toda la vida, legumbres, arroces, ensaladas curiosas, pescado muy fresco… pero yo creía que eras como yo, que elegías primero el vino y después comida para maridarlo.
 
-Me encuentro con muy poca gente como nosotros y estoy acostumbrado a hacer lo contrario pero veo que hoy me voy a poder permitir ese lujo, de hecho creo que de ahora en adelante voy a permitirme más lujos en general.
 
-Me tienes que contar eso de que dejas la policía.
 
-Primero me interesa lo que me tienes que contar tú, luego me tocará a mí.
 
-Me parece correcto y si me permites me gustaría sugerirte un vino.
 
-Será un placer, estoy seguro de que me sorprenderás.
 
-Eso lo veo difícil pero creo que si lo has probado ya, estarás de acuerdo conmigo. Es la añada de un vino que no está en carta porque Joan guarda las pocas botellas que le quedan como oro en paño, es un Pecado 2006.
 
-¡Joder!!!! Si llevo años buscándolo ¡la añada que lanzó a Raúl Pérez al estrellato!
 
Pablo sonrió maliciosamente disfrutando cada segundo del asombro de Eusebio.
 
-Es un vino tan hermoso y complejo en nariz que no me importa no catarlo, además lo haré luego en casa que todavía tengo alguna botellita.
 
-Me parece perfecto para brindar por una nueva vida para los dos- exclamaba no sin cierta euforia mientras no podía dejar de preguntarse que hacía Pablo con todo el vino que no se bebía tras olerlo y paladearlo. No podía paladear toda una botella ¿no?
 
Tras hacer una pequeña seña a Joan éste apareció con la botella -que obviamente ya tenía preparada y abierta- y con dos copas tipo Borgoña. 
 
Se decidieron por una Ensalada de Canónigos, queso de cabra y jamón ibérico, un platito de Pulpo a la Gallega, un Arroz Caldoso de Chipirones y Ajetes y unas Carrilladas Estofadas a Fuego Lento, todo para el centro de la mesa.
 
-Bien Eusebio, te cuento. Ya te comenté que me ofrecieron esa partida de caballo, la que mató a Paula, y que la rechacé. Lo hice porque quien me la ofrecía no me merecía confianza, era extranjero, del este, y no me gusta como funciona esa gente. El caso es que lo ofrecía un 25% más barato que el precio al que cotizaba el caballo entonces y el chico que había tomado mi plaza enfrente del Born no se lo pensó dos veces y compró un paquete.
 
Hizo una pausa para respirar aprovechando que la ensalada vestida de vinagre balsámico de Módena era depositada sobre la mesa y prosiguió:
 
-Paula fue la única que le compró caballo esa noche, era entre semana y el negocio estaba flojo fundamentalmente porque yo me había llevado a toda la clientela a quien sirvo por encargo a través del móvil. Después de enterarse de su muerte y sobre todo, de quien era Paula, no se atrevió a vender más y abandonó la plaza. Cuando me enteré de lo de Paula fui a buscarlo pero ya no lo encontré. Decidí retomar mi plaza y hacer averiguaciones sobre su paradero.
 
Antes-de-ayer tuve noticias de que estaba puliendo en San Blas* por eso ayer te prometí en el Born que daría con quien le había vendido esa droga. Pues bien, después de despedirnos me fui para allá y tras un tira y afloja en el que le mostré razones muy contundentes me confesó que todavía tenía la droga que no había vendido porque estaba esperando a que se calmara el lío para colocarla. Casi lo mato a hostias, le llamé de todo, cabrón, asesino, hijo de puta, de todo, pero antes de dejarlo inconsciente me enfrié y le pedí que me la diera. 
 
Lo tuve que llevar a prácticamente a rastras a la especie de zulo donde malvivía en ese mismo barrio. Era minúsculo y estaba lleno de mierda. Tropezándose con ropa sucia y botes de cerveza tirados por el suelo llegó al cuarto de baño conmigo pegado al trasero no fuera a hacer ninguna tontería.
 
Del mugriento armario debajo del lavabo sacó un paquete de tamaño mediano que ya en un primer momento me llamó la atención por el envoltorio. Le dije que me lo diera, se negó, levanté la mano en ademán de volver a calentarle y temblando como un bobo me lo acercó. Habían intentado borrarlo pero todavía se podía leer claramente una fecha impresa con un sello térmico especial que tú conoces muy bien y algunas letras se podían advinar, “sado”
 
-De “requisado”- musitó Eusebio
 
Pablo asintió con la cabeza.
 
-Entiendo que tienes pruebas ¿Me las puedes enseñar?
 
-¿No pensarás que lo he traído aquí conmigo? Toma- le dijo pasándole el móvil.
 
Eusebio lo cogió y vio en la foto que aparecía en la pantalla el detalle del paquete del que le había hablado Pablo. El plástico que envolvía la droga aparentemente era el que utilizaba la Guardia Civil para sus aprehensiones, en cualquier caso el laboratorio confirmaría lo del plástico y que el sello térmico era idéntico al que imprimía la Policía Nacional al recibir droga para su custodia antes de ser destruida.
 
-¿Cómo sabías lo del plástico y lo del sello?
 
-En este mundo Eusebio hay que tener amigos hasta en el infierno y un cliente mío era guardia civil antes de engancharse.
 
Eusebio torció el gesto con expresión de asco
 
-¿Me darás el paquete cuando te lo pida? Mi futuro está cambiando y va a depender de ello.
 
-Eso me imaginaba; te lo daré cuando tenga garantías de que no me salpicará.
 
-Pablo, sabes perfectamente que dependo de ti para seguir adelante con este caso que nos interesa tanto a ti como a mí. Al principio sólo era una historia triste más, pero ahora hay alguien inocente en prisión, aunque haya matado, y los culpables están sueltos, y sí, sé perfectamente que eso ocurre en el 80% de los casos, pero no sé por qué, esta vez me está afectando. Curioso después de tantos años.
 
-Nadie es 100% impermeable Eusebio.
 
-Te debo mucho a ti y soy hombre de palabra, no te salpicará, además el único que podría implicarte es el camello y si se diera el caso, como no va a presentar parte de lesiones, le ofreceré algo a cambio de que no te delate. Pero ahora tengo que pensar, mucho. Los próximos pasos que dé pueden cambiar mi vida y quizás las de vosotros también.
 
-¿A quién más te refieres?
 
-A Andy y a Kimi.
 
-Tenemos que cuidarles.
 
A Eusebio no le molestó ese plural.
 
 

 

 

43.

 
Había bajado al pueblo principal del valle, Ponte Velho, la aldea donde se encontraba la finca que había heredado de su tío no tenía cobertura de móvil ni mucho menos posibilidad de acceso a Internet.
 
El avispado dueño del estanco de Ponte Velho había visto venir la primera ley anti-tabaco y reconvirtió su negocio en un locutorio que fue todo un éxito puesto que ofrecía llamadas a móviles a precio de fijos permitiendo así a los abuelos de las aldeas circundantes estar en contacto con sus hijos y nietos a los que ya sólo podían localizar en sus móviles puesto que las líneas fijas se habían convertido en caras piezas de anticuario.
 
Con el advenimiento de la segunda ley anti-tabaco se le ocurrió montar unos puestos de Internet sufragando el coste de acercar las líneas ADSL a la comarca de su propio bolsillo. La inversión le salió redonda porque hasta el alcalde le rendía pleitesía puesto que gracias a él el propio alcalde tenía Internet en su casa y en el ayuntamiento, y hasta estaba en negociaciones para crear una página web municipal.
 
Al estanquero-cacique de nombre Saturnino, “El Nino” para todo el pueblo, le gustaba Eusebio. Había mantenido ese diminutivo de la infancia sin preocuparse de que poco casaba con el hombretón de anchas espaldas que era, moreno casi zaíno, con profundas arrugas en la frente pobladas cejas negras y nariz aguileña. 
 
Se consideraba por encima de sus paisanos a nivel intelectual y Eusebio para él era alguien de su nivel. Eusebio por su parte, no le podía tragar y no soportaba sus aspavientos cada vez que lo veía pero tenía muy desarrollado el olfato y sabía que le podía ser muy útil en las circunstancias en las que se encontraba por lo que haciendo uso una vez más de su auto-control, no dejaba traslucir en su rostro la profunda antipatía que sentía por él.
 
Normalmente bajaba todos los miércoles en cumplimiento de la promesa hecha a Teresa antes de irse de que estaría en contacto con ella una vez por semana a través del locutorio del pueblo. Ella a su vez se había comprometido a mandarle un sms al Nino si había algo urgente. Pero hoy era lunes.
 
El Nino le había mandado recado vía la furgonetilla que abastecía de lo básico (leche, huevos, pan, algo de verdura…) a la aldea todas las mañanas:
 
-Sr. Eusebio, de parte del Sr. Nino que la Srta. Teresa quiere hablar con usted- le había dicho en el camino donde se habían encontrado.
 
Eusebio salía a caminar todas las mañanas nada más levantarse, al despuntar el día. Se lavaba la cara, se vestía y andaba unos treinta minutos, a ratos pausadamente, a ratos llegaba a correr un poco. Se empapaba de los olores del monte, el arbusto, las ramas de los árboles, las piedras de los arroyos, el manto de hojarasca que enmoquetaba la tierra mojada en otoño, la fruta fresca en temporada... “Quiero que mi vino huela a todo esto” solía repetirse, y deseaba y temía al mismo tiempo el momento en que probara su propia creación, pero se encogía de hombros y se decía “queda más de un año para eso”.
 
Después volvía a casa, se daba una ducha y se preparaba un importante desayuno, intentaba llevar a rajatabla aquello de “Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo” y de esa manera se mantenía ágil y delgado, pero hoy no sería así.
 
Torció imperceptiblemente el gesto al oír las noticias
 
-Gracias Antoliano. ¿Tienes algo por ahí caliente que me pueda meter al cuerpo? Me urge bajar al pueblo y no soy persona sin haber calentado el estómago.
 
Antoliano se fue hacia el asiento del copiloto y sacó un termo del que sirvió una generosa taza de café humeante.
 
-No hombre no, no del tuyo, yo creí que como llevas de todo en la furgoneta a lo mejor tenías algo pero que te pudiera comprar.
 
-Cómo dice esas cosas Sr. Eusebio, aquí lo mío es suyo. Tome, tome, o me va a ofender.
 
Y Eusebio sabía que se ofendería.
 
Muy poco habían cambiado las cosas en esas tierras en sus años de ausencia, lo de todos era para el cacique, lo del cacique todo para él, y se pusiera como se pusiera a él le colocaban en categoría “cacique” o “señorito”, no sabía qué era peor. 
 
El café era solo y debía llevar un kilo de azúcar, pero era potente y Eusebio no necesitaba otra cosa.
 
-¿Quiere algo más? ¿Algún bollo, unas galletas, una barrita de pan?
 
Eusebio iba a responderle que no, que ya desayunaría en el pueblo pero se lo pensó mejor
 
-Dame unas galletas- No pensaba comérselas, ya que iba al pueblo prefería desayunar allí pero era por hacerle una compra a Antoliano, le sabía  mal no compensarle de alguna manera por el café.
 
-Son muy buenas, son de aquí del horno del pueblo, vienen de toda la comarca
 
-Antoliano- le interrumpió Eusebio -¿Me puedes acercar a casa a que coja el coche?
 
-No faltaba más Sr. Eusebio, si quiere le llevo al pueblo.
 
-No hombre no, que luego tendrías que subir otra vez.
 
-Que no me importa Sr. Eusebio- pero Eusebio no quería porque necesitaba autonomía para moverse, por lo que endureciendo su mirada ya de por sí acerada:
 
-¿Me llevas a casa Antoliano?
 
-Claro Sr. Eusebio.
 
En veinte minutos se encontraba aparcando el coche frente a la iglesia.
 
Nada más salir se vio abordado por El Nino a un par de metros de distancia:
 
-La Srta. Teresa, Eusebio, que es muy urgente que la llame- le decía a voz en grito.
 
Eusebio le obligó a bajar el tono con un gesto sutil de la mano derecha
 
-Enséñame el texto.
 
El Nino sacó su teléfono del bolsillo interior de la chaqueta pero lo quiso hacer tan rápido y tan torpemente que se le escurrió de las manos y Eusebio tuvo que cogerlo al vuelo.
 
-¿Lo tienes en tu teléfono particular? Creía que había llegado al general del locutorio- le interrogó Eusebio con expresión de desagrado en el rostro.
 
-Todo lo que llega al general llega a mi móvil, je,je…
 
Eusebio tomó nota mental de comprobar si aquello era legal.
 
“Avisen a Eusebio urgentemente, hay novedades que le interesan. Gracias, Teresa”
 

© Mara Funes Rivas -  Junio 2013   Leer más

La Sala de Espera del Depósito: Capítulos 40 y 41

Resumen capítulos anteriores:

La historia da un giro inesperado que hace que Eusebio posponga su viaje a Lugo y tenga que poner rumbo a El Escorial...
 

40.

Eusebio tenía claro que no podía dormir esa noche y no estaba de humor para rodar de un lado al otro de la cama. Entre una cosa y otra se había puesto en las cuatro de la madrugada, para cuando llegara al centro de Madrid serian más de las cuatro y media por lo que si se tomaba un café bien cargado estaría entrando en su despacho sobre las cinco.
 
A esas horas sólo se encontraría con el cuerpo de guardia y difícilmente se habrían enterado todavía de sus vacaciones forzosas, confiaba tener el tiempo suficiente para averiguar quién custodiaba el alijo de heroína adulterada que mató a Paula y dónde. Después llamaría al Rubio para que le diera más detalles aunque desgraciadamente el asunto ya desprendía un olor putrefacto.
 
Sentado en la barra de una de esas cafeterías de la Gran Vía que no cierran en toda la noche, recordaba la entereza de la reacción de Kimi a las noticias, al fin y al cabo acababa de perder a sus dos mejores amigos, que probablemente también eran sus seres más cercanos, había respirado hondo y sólo preguntó cuándo podría visitarlo en comisaría y si se podía encargar ella de conseguirle asesoramiento legal.
 
***
 
La comisaría llamaba la atención por la intensa iluminación de los focos que colgados de la pared encima de la entrada iluminaban la puerta de acceso produciendo un fuerte contraste con la oscuridad de los edificios colindantes.
 
Saludó al joven oficial en prácticas que le franqueó la entrada y se dirigió a su despacho.
 
Encendió el ordenador y tras iniciarse Windows abrió el programa de la intranet policial, mas cuando éste le solicitó la contraseña tecleó la que le identificaba como administrador y no como a Eusebio López Bravo, Inspector Jefe de la Comisaría Centro.
 
Él, al igual que todos los inspectores jefes de las comisarías del territorio nacional, y desde ese cargo para arriba, tenía acceso a esta contraseña para poder acceder a la intranet desde cualquier ordenador -su contraseña particular sólo podía utilizarse desde el equipo de su despacho-. Era una manera de controlar los accesos al ordendador central que a Eusebio le venía muy bien justo ahora puesto que le proporcionaba una pantalla opaca temporal dado que si no ocurría ninguna incidencia no se investigaban los accesos de administradores aunque el protocolo fuera hacerlo cada 24 horas. Este extremo había sido comprobado por Eusebio en el pasado.
 
Se dirigió a “Operaciones de Tráfico”, de allí a “Tráfico de Estupefacientes”, de allí a “Operaciones Combinadas con Otros Cuerpos“ y finalmente a “Aprehensiones” En el calendario que se le desplegó escribió las fechas desde seis meses antes hasta el día de la muerte de Paula, respectivamente, poniendo el filtro de “Colaboración con la Guardia Civil”.
 
Seleccionó el grupo que en el apartado de "Detalles" indicaba Decomisado por G.C., custodiado por P.N. Entre esas dos fechas sólo había habido tres operaciones.
 
Su visión periférica le avisó de un movimiento en la pantalla de las cámaras. A su izquierda, y camuflado dentro de un mueble de madera que pasaba totalmente inadvertido al visitante, había un monitor desde el cual Eusebio podía controlar las imágenes procedentes de todas las cámaras de video-vigilancia que había en comisaría.
 
En este caso, el movimiento provenía de la cámara de entrada a las celdas de primer ingreso, celdas dentro de las cuales los detenidos eran retenidos el tiempo que fuera preciso hasta poder ser puestos a disposición judicial.
 
Vio a Fernando Moreno empujando suavemente hacia delante a un visiblemente abatido Andy, curvado sobre sí mismo, con la cabeza casi pegada a su delgado pecho. 
 
Bien, ya estaba aquí. Podía llamar a Kimi para que el abogado que estaba buscando para él pudiera establecer contacto. Si no había encontrado ninguno, él mismo le pondría en contacto con uno especializado en “casos difíciles” que a pesar de que siempre había estado en el campo contrario a Eusebio, se había ganado su respeto al conseguir desbaratar operaciones de corrupción policial que de no haber sido destapadas por dicho letrado habrían encerrado a inocentes.
 
Pero eso ya lo haría desde el móvil. Tenía la información que necesitaba en un discreto USB y no quería que Fernando conociera sus movimientos, al menos de momento. Así no tendría que mentir si alguien le preguntaba y Eusebio estaba seguro de que habría preguntas. Muchas.
 
La_Sala_de_Espera_del_Deposito_celda
 

41.

Al sentarse al volante de su Toyota el cansancio acumulado hizo presa de él. Tentado estuvo de dejar el coche e irse a casa en taxi pero no quería que ninguna de las personas que sabían que estaba de “vacaciones” lo viera y tras hacerlo, hiciera conjeturas y sacara conclusiones.
 
Haciendo un esfuerzo de concentración consiguió llegar a su casa y se dejó caer en el sofá tal cual había llegado.
 
El móvil le despertó a las 12:30. Miró la pantalla, vio que era Pablo e inmediatamente se despejó.
 
-Hola Pablo.
 
-Me temo que te he despertado.
 
-Sí pero no importa, dime.
 
-Tengo las pruebas que me pediste.
 
-Pues teniendo en cuenta que hablamos casi a las cuatro de la mañana no se puede decir que tú hayas dormido mucho.
 
-No lo necesito, estoy acostumbrado, gajes del oficio.
 
-Oficio que me prometiste plantearte abandonar.
 
-Y mantengo la promesa. Bien Eusebio ¿Dónde nos vemos? ¿Te apetece comer algo?
 
Eusebio se dio cuenta de que hacía muchas horas que no comía nada y asintió.
 
-Sí, la verdad es que sí.
 
-Hay un sitio donde me aprecian mucho, dan muy bien de comer y el vino es excelente.
 
-¿El vino?
 
Se oyeron risas al otro lado del teléfono
 
-¿No te he contado que soy sumiller?
 
-¿Qué? ¿Con tu hepatitis crónica?
 
-¿Y qué hacen los sumilleres cuando tienen que catar cuarenta vinos en una sesión? 
 
-Lo escupen…- replicó Eusebio pensativo -pero no vas a escupir en un restaurante ¿verdad?
 
-¿Piensas que sería capaz? Claro que no, cuando voy a un restaurante me gusta elegir el vino, decantarlo, olerlo, servirlo…
 
-¡¿Y con eso tienes suficiente?!!!!!!
 
-Sí, tengo suficiente, luego en casa me empapo bien el paladar y la lengua- la sonrisa de su cara se había reflejado en su voz.
 
-Si tú lo dices…- respondió un dubitativo Eusebio preguntándose si algún día este Pablo dejaría de sorprenderle.
 
-¿Te viene bien que te recoja en media hora?
 
-Pero si no sabes donde vivo.
 
-Yo lo sé todo Eusebio ¿no te acuerdas?
 
-Cuando te reformes te voy a fichar para la policía, eso si todavía sigo allí.
 
-¡Qué me dices Eusebio!
 
-Ya te cuento en la comida.
 
-Vale, pues en media hora te espero en el portal.
 
-Nos vemos.
© Mara Funes Rivas -  Junio 2013
  Leer más

La Sala de Espera del Depósito: Capítulos 38 y 39

Resumen capítulos anteriores:

Conocimos la teoría de Kimi sobre la relación de Paula con su marido y El Rubio nos contó los detalles de su segunda separación mientras la trompeta de Miles Davis desgranaba su "Kind of Blue"...
 

38.

Se dirigía al parking a recoger el coche cuando sintió la vibración del móvil en el bolsillo interior de la americana. Lo sacó y antes de contestar miró la pantalla para ver quien le llamaba a esas horas: era Fernando Moreno así que le dio a la tecla verde.
 
-Hola Fernando.
 
-Eusebio- había nerviosismo en su voz que el ruido del tráfico no ocultaba del todo, Fernando conducía su coche y hablaba a través del “manos libres”.
 
-¿Qué ocurre Fernando?
 
-Antes de nada coge el coche y ponte en dirección a El Escorial.
 
-Bien, ya estoy subido. Suéltalo ya.
 
-El día que fui a casa de Ángel Iglesias antes de volverme para Madrid le hice una visita al jefe de la policía local. Le expliqué sin darle muchos detalles que teníamos alguna sospecha sobre Ángel Iglesias por lo que le pedí que si veía cualquier cosa rara en su casa o por los alrededores me llamara, sin menoscabo de que tuviera que actuar.
 
Él consintió pidiéndome tan sólo que hablara bien de él para que le concedieran el traslado al Ayuntamiento de Madrid, a lo que yo también accedí, es un hombre relativamente joven y ambicioso.
 
Eusebio no pudo evitar que un sonido de apremio se le escapara de la garganta
 
-Perdona Eusebio. Me acaba de llamar hace dos minutos para decirme que se habían oído tiros provenientes de la casa de Ángel Iglesias y que él se iba para allí en ese mismo instante. 
 
-Pues nos vemos allí Fernando, yo calculo que tardaré unos veinte minutos.
 
-¿Veinte minutos? ¿Estás loco o andas por allí cerca?
 
-No, estoy saliendo del Parking de Fuencarral.
 
-Ten cuidado Eusebio.
 
-Soy policía Fernando o ¿es que se te ha olvidado?
 
-Ya... policía, pero de vacaciones.
 
-Las vacaciones no empiezan hasta mañana, de momento éste sigue siendo mi caso.
 
-Tú sabrás…
 
-Efectivamente- sin poder evitar que la sequedad que sentía en boca y garganta se trasladara a su tono de voz..-Nos vemos allí.
 
A pesar de que pisó el acelerador de su Toyota tan fuerte que rozaba el asfalto, a Eusebio le pareció que pasaron horas antes de llegar a la pobre réplica de la Puerta de Alcalá que daba la bienvenida a la “Leal Villa de El Escorial”.
 
Desde allí se veían las luces giratorias del coche-patrulla aparcado en la Avenida de la Constitución donde tenía Ángel Iglesias su casa. Aparcó a unos 25 m de allí, salió del coche y buscó el de Fernando. Lo encontró aparcado detrás de un patrulla, sacó el móvil y marcó su número.
 
-Ya he llegado Fernando ¿dónde estás?
 
-En el camino que lleva al garaje de Ángel Iglesias, pasada la verja. Voy y te abro.
 
-¿Es lo que yo me temo?
 
-Depende de lo que te temas, si es suicidio o asesinato, pues sí, Ángel Iglesias está muerto.
 
-Ahora te veo- y colgó.
 
En menos de dos minutos estaba esperando en la verja y casi al llegar ésta empezó a moverse para hacerle paso. Otro coche patrulla más una ambulancia estaban aparcados en el camino entrecruzando las luces de diferentes colores en la oscuridad de la noche. 
 
Fernando se dirigió hacia él:
 
-Eusebio, le han disparado, le han matado.
 
-¿Se sabe quién? ¿Se le ha podido coger?
 
-Sí, está en el coche patrulla…, le conoces.
 
En dos zancadas se puso a la altura del patrulla y miró por la ventana. A pesar de estar doblado sobre las rodillas con las manos esposadas delante de él Eusebio no tuvo ninguna duda, el cráneo rasurado que veía pertenecía a Andy.
 
Por una vez en la vida sintió ganas de vomitar, y no había visto un cadáver.
 
Sala_Espera_Depósito_ambulancia_nocturna

 

39.

Eusebio se dio media vuelta sin advertir a Andy de su presencia, dirigiéndose hacia la ambulancia. Sacando y abriendo la cartera para mostrar su credencial de policía a los paramédicos, se identificó:
 
-Soy Eusebio López Bravo, Inspector Jefe de la Comisaría Centro de Madrid. Estoy llevando la investigación de la muerte por presunta sobredosis de la mujer de la víctima de hoy ¿Qué me pueden decir?
 
-Que no parece haber sido una pareja con suerte… Soy Javier González, jefe del Servicio de Asistencia Inmediata del Hospital de El Escorial.
 
Tras una pausa prosiguió:
 
-La víctima ha recibido dos tiros a bocajarro, a poca distancia, menos de un metro, que le han impactado en la frente y en el pecho. El de la frente ya lo mató y pareciera que el del pecho lo recibió estando ya caído en el suelo, vamos, que lo remató. Pero todo esto se confirmará durante la autopsia.
 
-¿Habían recibido llamadas provenientes de esta dirección antes?
 
-Lo tendría que comprobar pero creo que es la primera vez que veníamos por aquí.
 
-¿Y qué me puede decir de la persona detenida?
 
-Cuando llegamos estaba de pie junto a la víctima, con la pistola en la mano, mirándola inmóvil. La policía se echó sobre él para desarmarle, pero no opuso la menor resistencia, estaba totalmente ido.
 
No sé mucho de estas cosas pero no me dio la impresión de ser un asesino profesional, ni siquiera un chorizo cogido “in fraganti”.
 
-Muchas gracias Dr. González- y mientras le entregaba una tarjeta -Cualquier cosa relacionada con este caso me interesa por lo que llámeme si recuerda algo más.
 
-Entiendo que le harán llegar el informe de la autopsia.
 
-Así será pero me refiero a cualquier cosa que pueda haber visto por aquí en relación con el incidente.
 
-Con el asesinato querrá usted decir.
 
-Con el presunto asesinato. Gracias.
 
Y se apartó de la ambulancia mientras sacaba el móvil del bolsillo y marcaba el número de Teresa que no tardó en contestar más de tres timbrazos
 
-Ya sé que no son horas.
 
-Y yo sé que no llamarías a estas horas si no tuvieras una buena razón.
 
-La tengo: Andy, el amigo de Paula Reinoso, se acaba de cargar a Ángel Iglesias.
 
-¡Dios Santo! Eso se avisa, menos mal que no estaba de pie.
 
-¿Estabas ya acostada?
 
Teresa ignoró la pregunta
 
-¿Y qué necesitas de mí? Porque me imagino que para simplemente contármelo me habrías llamado mañana y no leas reproche en mis palabras.
 
-Y te imaginas bien. Mira Teresa, conozco a Andy y sé que estaba atravesando una profunda depresión desde la muerte de Paula. Desde la primera vez que lo vi estaba intentando encontrar un culpable, alguien sobre quien descargar su frustración e ira por la muerte de su amiga.
 
-Una amistad muy profunda y curiosa.
 
-Sí porque no había nada sexual entre ellos. Eran como hermanos, qué digo yo hermanos, como deberían ser los hermanos pero no son en la mayoría de los casos.
 
Fernando se plantó delante de él haciéndole gestos que señalaban a su teléfono móvil, indicándole que tenía una llamada urgente. Eusebio juntó las dos manos en forma de T pidiéndole tiempo.
 
-Teresa, no me puedo entretener mucho, Fernando tiene una llamada para mí y no hace falta ser adivino para saber que es Álvaro Castro. Necesito que vayas preparando un buen argumento basado en conocimientos empíricos para intentar que Andy no tenga que pasarse el resto de su vida en la cárcel.
 
-Eusebio, estás siendo totalmente parcial.
 
-Lo sé y me da igual, es mi último caso.
 
Un suspiro hondo precedió a la respuesta de Teresa:
 
-A pesar de que no le conozco personalmente con lo que me has contado y mi experiencia en juicios puedo preparar un caso provisional a la espera de poder entrevistarme con él en persona
 
-Si no me surgen imprevistos lo podrás hacer mañana. Muchas gracias Teresa.
 
-Para eso estamos Eusebio. Te llamo por la mañana cuando lo tenga listo.
 
-Si no te he llamado yo antes para confirmarte la hora de la entrevista. Un beso Teresa.
 
A Teresa le gustó esa despedida.
 
-Otro para ti Eusebio.
 
Eusebio miró interrogante a Fernando que había colgado ya el teléfono:
 
-¿Y bien?
 
-Al final no le dije que estabas aquí.
 
-¿Ah no?
 
-No.
 
-Pues gracias.
 
-No me las des, hubiera sido un marrón para mí.
 
Eusebio no quiso discutir más pero sabía que Fernando le había echado un gran cable.
 
Se apartó unos pasos en dirección a la verja dejando a Fernando gestionar la recogida de datos y muestras, al fin y al cabo, en teoría se suponía que él no estaba allí.
 
Tras rechazar la idea de llamar a Kimi directamente al móvil, marcó el número de Pablo, suponía que él siempre estaba pendiente del teléfono por la cuenta que le traía.
 
…Ring, ring, ring
 
-¿Si?
 
-Pablo, soy Eusebio.
 
-Dime, yo también iba a llamarte pero iba a dejarlo para mañana.
 
-Ahora me lo cuentas pero primero necesito que me hagas un favor.
 
-Lo que sea.
 
-Necesito que me pongas con Kimi urgentemente, sé que si la llamo al móvil no lo oirá.
 
-No estoy lejos del Born, voy andando hacia allí. ¿Sería demasiado pedir preguntarte por qué?
 
-No, te enterarás más pronto o más tarde y prefiero que lo hagas por mí pero no le digas tú nada a Kimi, quiero ser yo quien le dé la noticia.
 
-¿La noticia? Por supuesto, en cuanto llegue le paso el teléfono.
 
-Estoy en El Escorial, han asesinado a Ángel Iglesias.
 
-¡Hostia! Perdón. Me alegro.
 
-No debería decirlo pero yo también.
 
-Ya sabes que tus secretos están tan seguros conmigo como los míos contigo.
 
-Dentro de muy pocas horas dejará de ser un secreto.
 
-¿Y quieres darle la noticia personalmente a Kimi para alegrarla?
 
-Ojalá Pablo, la noticia que le tengo que dar a Kimi es que Andy fue encontrado en el lugar del suceso con el arma del crimen en la mano
 
-¡Hostia! Perdón.
 
-Deja de pedir perdón o de decir “hostia”, Pablo.
 
-Perdón, es decir, olvídalo. Uff, pobre Andy.
 
-Ya… Entre tú y yo, voy a intentar ayudarlo lo más posible pero no tiene muy buena pinta el asunto. En fin cosas más raras se han visto.
 
-Supongo…
 
-¿Y tu noticia?
 
-¿Estás sentado?
 
-No, pero no me hace falta, estoy curado de espanto.
 
-Ok. La partida de heroína adulterada que mató a Paula proviene de un alijo decomisado por la Guardia Civil que estaba siendo custodiado por la Policía Nacional.
 
-¿Y eso cómo lo sabes?
 
-Hay mucha gente que me debe favores.
 
-Para hacerte caso necesito más que tu declaración.
 
-Tendrás pruebas.
 
-Bien.
 
-Ya estoy llegando.
 
-Gracias Pablo, siempre un placer.
 
-Gracias a ti por partida doble.
 
Eusebio no podía perder tiempo para preguntarle porqué pero hizo una nota mental para no olvidarse:
 
-Te paso a Kimi, Eusebio.
 
-Gracias, te llamo mañana.
 
-Espero tu llamada.
 
-Hola Kimi…
 

© Mara Funes Rivas -  Mayo 2013   Leer más

La Sala de Espera del Depósito: Capítulos 36 y 37

Resumen del capítulo anterior:

"Los trenes de la vida sólo paran una vez en cada estación, el nuestro paró dos veces..." le dice Paula al Rubio en su carta de despedida.

36.

 

Saliendo del garaje vio que estaba lloviendo a cántaros: 
“¡Joder! No recuerdo un otoño con tanta lluvia en Madrid” y se sonrió pensando que mejor se fuera acostumbrando con vistas a su futura residencia en Lugo.
 
Milagrosamente, para cuando salió del Parking de Fuencarral el cielo había decidido darle una tregua y tímidos rayos de sol se colaban entre las oscuras nubes de un cielo que anunciaba el crepúsculo.
 
Al llegar a la puerta del Born le sorprendió la música que se escapaba por la rendija de la puerta: el “Kind of Blue” de Miles Davis, Eusebio no era un gran aficionado al jazz pero ciertas obras maestras del género formaban parte de su biblioteca musical. Leer más

La Sala de Espera del Depósito: Capítulos 34 y 35

Resumen del capítulo anterior:

El Rubio le cuenta a Eusebio cómo se separaron Paula y él la primera vez. Ángel Iglesias le amenaza a través de Teresa.

 

34.

Teresa encendió la radio de su “máquina”, un Ford Fiesta de color rojo vibrante que inmediatamente conectaba con su teléfono móvil mediante el sistema bluetooth. Mientras atravesaba Madrid desde su despacho en la calle Arturo Soria hasta los alrededores de la Gran Vía, fue dirigiendo a la voz metálica que le ofrecía diferentes opciones hasta llegar a la lista de contactos. Con voz firme y decidida dijo: “Eusebio“ y a los pocos segundos se pudo escuchar el tono de llamada:
 
-Hola Teresa, qué alegría recibir una llamada amiga esta mañana- la voz de Eusebio sonaba abatida, Teresa nunca lo había escuchado así en sus casi ocho años de relación profesional.
 
-Hola Eusebio, a mí me alegra que reconozcas mi llamada- risita de Teresa acompañada de un amago de Eusebio. -Mira, voy en el coche hacia tu barrio. Leer más

La Sala de Espera del Depósito: Capítulos 32 y 33

Resumen del capítulo anterior:

El Rubio le cuenta a Eusebio cómo y en qué circunstancias conoció a Paula. Son capítulos de gran intensidad así que absteneos si sois propensos a las lágrimas...

 

32.

Los cubitos de hielo del gin-tonic de Eusebio se habían deshecho y al fondo del vaso de tubo (otra entelequia del local que se resistía a adoptar la moda actual del copón de cristal con multitud de cubitos) sólo quedaba menos de un dedo de líquido transparente. 
 
Pablo no había tocado su tetera y ambos habían permanecido durante minutos en silencio.
 
-No duramos mucho juntos. Paula era todavía muy niña pero tenía mucho carácter. Yo necesitaba a una mujer que me centrara y porqué no decirlo, que me cuidara- hizo una pausa para respirar hondo -Paula necesitaba que alguien cuidara de ella y me lo reclamaba insistentemente. Tres o cuatro veces acabamos en una fuerte discusión, nos gritábamos y nos jurábamos que no nos volveríamos a llamar pero a la semana o al mes uno de los dos volvía a llamar, normalmente yo. No sé que tenía esa niña que aunque me sacara de quicio cuando estaba con ella no podía soportar el vacío que dejaba a mi alrededor cuando no estaba. A ella le debía pasar algo parecido porque nunca decía que no a volver. Hasta que un día, en uno de esos periodos en los que no salíamos juntos, me llamó para decirme que su padre la enviaba con unos tíos a terminar el bachillerato en California.  Leer más

La Sala de Espera del Depósito: Capítulos 30 y 31

Resúmen capítulos anteriores:

Ángel Iglesias le pide un favor a Teresa y Andy descubre algo en el ordenador del "Born"

30.

En cuanto terminó de hablar con Teresa una idea que había ido germinando en su cerebro creció hasta asentarse con fuerza, hablaría con “El Rubio” esa misma noche.
 
Llamó a Kimi y le pidió que hiciera de intermediaria entre ambos, Eusebio estaba convencido de que El Rubio adivinaría su profesión, si bien no su cargo, y no quería que se le escapara; por lo poco que sabía de él era intuitivo e inteligente, de alguna manera se parecían aunque obviamente no en el plano físico.
 
Quedó con ella en que estaría a las doce y media en el Born si antes ella no le llamaba para informarle de que no había podido establecer el contacto. No olvidó indicarle que por favor le transmitiera que su intención era aclarar las circunstancias que rodeaban la muerte por sobredosis de Paula y no investigar sus “posibles transacciones comerciales...  Leer más

Herramientas del blog


http://www.verema.com/blog/puck/
Este sitio web usa cookies para analizar la navegación del usuario. Política de cookies.
Cerrar