El Alma del Vino

Martínez lacuesta crianza 2006.


Tempranillo, graciano y mazuelo se unen para construir este crianza 2006 de las Bodegas Martínez Lacuesta, unidad de la que nace un vino dotado de ciertos puntos de modernidad que alejan la leyenda típica de los vinos finos de Rioja, eslogan tan presente en la historia de la localidad riojalteña de Haro, y que cuelga de algunos rescatados viejos carteles publicitarios colgados de las paredes de otros tantos bares de tapeo de La Herradura, templo riojano de la gula y el buen beber.
El Crianza 2006 de Martínez Lacuesta no es precisamente fino, entendiendo como tal carente de fortaleza. Su potencial es evidente, no ya por su grado alcohólico desarrollado hasta trece, sino más bien por la sensación de que da de estar bebiendo un vino más aconsejable para acompañar un buen plato de carne roja, que para aventuras en solitario. Yo detecto en este crianza riojano toda la fuerza necesaria para agradar a quienes buscan en un vino una calidez y un final fuerte por encima de otros fuegos de artificio. No es un vino para perder el tiempo. Potencial no le falta.
El descorche y posterior servicio en copa me aporta un color rojo cereza oscuro con bordes violetas. En nariz es fruta roja madura, con bastantes notas de madera que tienden al chocolate negro y a la canela. Boca con impacto inicial, taninos fuertes y sin complejos. No resulta astringente a pesar de tener un recorrido intenso, sin espacio para terciopelos. Persistente y prolongado, en su epílogo gustativo encuentro brotes de nuevo frutales y especiados, ahora más marcada la canela y un amargor controlado que recuerda a un regaliz negro de cierta intensidad.
La simpleza no está presente en este crianza, capaz de bailar de mil amores con un buen chuletón ó un lechazo asado.
Recomendable.


"La comida es la parte material de la alimentación; el vino, la parte espiritual" (Alejandro Dumas).
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