Blog de Álvaro Moreno

Can Ràfols dels Caus, el sueño de Carlos Esteva

Cuando uno comienza a introducirse en el mundo del vino en nuestro país difícilmente encuentra algo más allá de la Rioja, la Ribera y los vinos de su entorno más cercano. Cuando vas profundizando, regiones como el Penedes te pueden sonar vinculadas al Cava. Pero el Macizo del Garraf y Can Ràfols del Caus a muchos le suenan a chino después de haber descorchado muchas botellas en su vida. Sin embargo nos encontramos ante una de las más grandes bodegas de nuestro país.

Llevaba tiempo escuchando hablar de esta particular bodega, pero no cate el primero de sus vinos hasta hace unos tres años durante un gran homenaje disfrutado en el estrellado restaurante madrileño Diverxo, cuando abrimos un La Calma 2005. Desgraciadamente en aquella ocasión descorchamos 2 botellas y en ambos casos encontramos claros síntomas de oxidación, en un vino elaborado sin duda para evolucionar más y mejor ¿defecto de conservación?. A pesar de ello dentro de esas botellas defectuosas había algo que no se encuentra todos los días, personalidad. Eso me hizo tratar de ahondar más en el origen de esos vinos hasta que hace unos días tuve la fortuna pisar Can Rafols dels Caus.

Aprovechando una visita al Priorat decidimos llamar a la puerta de Can Rafols (¿o fue al revés?). Sin duda alguna es una de las fincas vinícolas más espectaculares de toda España, ubicada como decía en el Penedes, concretamente en el Macizo del Garraf, que por sus particulares características geo-climáticas está pidiendo a gritos al menos la calificación de subzona dentro de Penedes.

Nada más pisar la finca y saludar a D. Carlos Esteva tuve la sensación que Can Rafols es sin duda el sueño de Carlos, es como esa gran pieza de mármol que poco a poco se ha ido cincelando a lo largo de una vida y que ahora comienza a mostrar la imagen que algún día visiono su creador. Se trata de una finca de casi 800 ha. 100 de las cuales se encuentran plantadas de viñedo, con más de 20 variedades de uva diferentes. Las viñas, de pequeño tamaño, donde la de mayor tamaño no supera las 2 ha, aparecen salpicadas dentro de un entorno conmovedor, se abren paso entre el monte bajo, los olivos (de los que elaboran su propio aceite), los almendros, los pinos, las encinas,… Como dice Carlos, el Garraf es una gran piedra con muy pocas parcelas cultivables y un terroir de origen calcáreo, fue muy curioso el encontrar fósiles marinos entre los escombros de las obras de la nueva bodega. No olvidemos que el Mediterráneo está apenas a 15 kilómetros de la finca, aportando con el efecto de sus brisas marinas unas características particulares que hacen tan especial este enclave.    

                                     

Cuando Carlos a finales de los 70 desembarco junto con un buen amigo jardinero en esta propiedad familiar con orígenes vitivinícolas allá por el siglo XI (que sus hermanos pretendían vender) no sé si llegaría imaginar lo que ha sido capaz de conseguir. Los viñedos prácticamente abandonados en su momento, hoy en día gozan de una impecable salud gracias al empleo de un cultivo totalmente ecológico  y han visto crecer en sintonía variedades de uvas autóctonas y otras traídas de distintos orígenes. La masía prácticamente en ruinas se ha ido restaurando constituyendo, además de la residencia familiar, un lugar de acogida para el visitante auténticamente espectacular. La última vuelta de tuerca, sin duda la más importante y costosa de todas, ha sido la construcción de una faraónica bodega, increíblemente mimetizada en su entorno, escavada en la roca (de modo simbólico la puerta de la misma es una gran piedra de 3 toneladas), que permite trabajar por gravedad en cada fase de elaboración y que conjuga de forma perfecta modernidad y tradición; acero, hormigón y piedra. Imponente la sala de barricas, lugar de meditación, en la que se puede observar a modo de altar el corte de una falla tectónica.

                                       

La visita a Can Ràfols es uno de esos de momentos enófilos, y que coño también personales, que uno tardará tiempo en olvidar. La cercanía y hospitalidad con la que nos recibieron algunos de los integrantes de esa gran familia Silvia, Marc y Albert, y sobre todo la fortuna de pasar algunas horas con el gran creador de esta aventura, fue un auténtico deleite. Pasear por las cercanías de la masía, pisar los viñedos que dan origen a mi deseado Rocallis, sentir la pasión y el orgullo con el que D. Carlos Esteva nos mostraba el fruto del trabajo de toda una vida es una fortuna que me hace sentir privilegiado. Sentarse al calor del fuego de una de las chimeneas de la masía al abrigo del maestro, mientras nos cuenta los orígenes de su andadura a la vez que cocina unas butifarras de la zona, disfrutar de una improvisada cata de vinos en la antigua cocina de la instancia, haciéndote sentir como si estuvieras en tu propia casa, sin duda quedará grabado en mi memoria.

                                        

Es difícil hablar de sus vinos catados en estado de excitación, con los antecedentes que os he detallado en las líneas previas es difícil ponerte ante una copa y decir que los vinos no te emocionan. Como adelantaba al inicio de este artículo si hay algo que destaco y percibo en los vinos de Can Ràfols es sobre todo y ante todo, Personalidad (tan difícil de encontrar hoy en día) extraída del ideólogo y creador de los mismos, así como del terruño tan especial donde tiene su origen.

Hasta 15 vinos componen la gama de la bodega, apoyándose (económicamente) supongo en los de mayor tirada como son el Gran Caus y Petit Caus, en sus versiones de blanco, tinto y rosado, siendo todos ellos de gran interés para integrarse en la carta de vinos de cualquier establecimiento hostelero, muy disfrutables desde el primer momento, ya que una de las grandes ventajas que tiene esta bodega y que la diferencia de la mayoría, es que saca los vinos al mercado con años de reposo, con la fase de crianza en botella realizada en la bodega en condiciones idóneas de conservación.

                                         

Pero esta bodega cuenta además con grandes tesoros, vinos de pequeña tirada de los que apenas se embotellas algunos miles de botellas, comenzando por un cava, Parisad, uno de esos cavas que pueden codearse con más un champagne, combinación perfecta entre la frutosidad, crianza y cierta evolución, fantástico en su añada 2003.

Los blancos para mi son la joya de la corona de esta bodega, desde el Xarel-lo Pairal elaborado con la variedad autóctona de la región proveniente de una pequeña viña de 60 años, un vino redondo en boca, mineral, fresco, idóneo para acompañar en la mesa. La Calma, chenin blanc 100 %, variedad autóctona del Loira perfectamente adaptada al terruño del Garraf nos regala un vino voluminoso, graso, cremoso en boca, mineral. El Rocallís, uno de esos vinos especiales para mi, mi nexo de unión con Can Rafols, sin duda uno de los mejores vinos blancos de este país, un vino elaborado con la escasísima variedad italiana Incroccio Manzoni, cruce de Riesling y Pinot Blanco, que Carlos conoció a través un amigo en Verona y decidió plantar unas cepas detrás de la masía donde residen, en una zona muy rocosa donde la planta va penetrando sus raíces en la roca. El resultado es un vino singular, subido de color (como todos los blancos de la casa) que conjuga una aromática floral, muy mineral y con ciertos aromas evolutivos que le dotan de gran complejidad. En boca es un vino estructurado, con volumen, fantástica acidez, profundo, adictivo, bufff, me gusta mucho este vino, se nota??

Algunas bodegas nacionales cuenta con un gran vino blanco, pero una selección de blancos como la ofrece Can Ràfols es difícilmente igualable en nuestro país.

En cuanto a los tintos, lo que si podemos decir es que son muy personales, se salen del prototípico vino español, además de estar elaborados con variedad principalmente foráneas, su concepción en más bien de estilo francés, buscando la frescura y la elegancia. Destacar el Caus Lubis, un monovarietal de Merlot, que nos permite descubrir el verdadero potencial de esta variedad que tanto cuesta encontrar en nuestro país en perfecto estado de maduración (normalmente por exceso o por defecto). Sinceramente es un vino que ningún aficionado al mundo del vino debería perderse. Son vinos que salen al mercado con al menos 10 años de crianza, dispuestos hacerte disfrutar, a no dejarte indiferente. Otro de los vinos especiales es el Ad Fines, un 100 % pinot noir, quizás el mejor de los elaborados con esta uva en nuestro país que yo haya probado, cargado de aromas primarios, aderezado de mineralidad y ligeros toques especiados. Un vino que invita a beber, de paso ligero, de gran frescura, que a pesar de mostrar algunos defectos reconocibles, es una apuesta segura para sorprender a alguien.

Muchas gracias Carlos por hacernos partícipes de tu sueño.

                                        

No puedo concluir el relato de la visita a Can Ráfols sin mencionar el fantástico colofón a la misma, la comida que disfrutamos en “U Restaurant”, un pequeño y coqueto restaurante ubicado en Les Gunyoles (próximo a la bodega) donde Raimon Olivella, lleva a cabo una cocina creativa basada en recetas de origen medieval y en la calidad del producto. Muy interesante y totalmente recomendable dejarse caer por allí, disfrutaréis.

 

  1. #2

    EuSaenz

    Gran tipo Carles y mejores vinos, me gustan más los blancos que los tintos, aunque ese Caus Lubis sea de los pocos merlot aceptables que hay en España. Rocallís es uno de nuestros “top” y ese Parisad es una cava de nivel, en efecto.

    Curiosamente gané el concurso del blog de Jordi Melendo acertando uno de sus vinos, un varietal de sumoll. Hablamos hoy o mañana para organizar la “rieslingada”.

    Saludos,
    Eugenio.

  2. #3

    alvaro-sg

    en respuesta a EuSaenz
    Ver mensaje de EuSaenz

    Genial mañana comentamos la jugada, la verdad es que ya me estoy relamiendo soñando con la sesión de riesling que nos espera.

    Un abrazo fuerte.



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