Blog de Álvaro Moreno

Bendita Vendimia

Con los últimos coletazos del verano y los primeros días grises del otoño se van acercando los días más importantes del año para todo viticultor y bodeguero castellano que te precie, llega la tan ansiada y esperada Vendimia. El duro trabajo desarrollado durante toda la campaña, horas y horas mimando la viña, agua, frío y largas horas bajo un sol de justicia pueden verse recompensadas con una voluminosa y destacable recolección.

Hemos tenido un año en lo que a lo meteorológico se refiere un tanto especial para lo que estamos acostumbrados por estas tierras de la meseta castellana (¿Se estará cristalizando el tan aludido “Cambio Climático”?), apenas hemos tenido precipitaciones durante el inverno, primavera y verano, y este último ha sido largo y cálido (aunque afortunadamente sin grandes cotas de calor extremo), no se han producido los habituales contrastes de temperatura entre el día y la noche, pocas veladas de “rebequita” y “biruji” han acontecido durante la época estival. Esto evidentemente ha repercutido en el estado y evolución del viñedo y por extensión de su fruto.

La falta de lluvia se ha traducido en una sanidad de la planta espectacular que apenas se ha visto afectada por las acostumbradas plagas de oídio, mildiu, botrytis,… Por el contrario la ausencia de agua ha provocado que la uva no haya alcanzado su tamaño normal, la planta ante la ausencia de agua sobre todo durante los últimos días de maduración se ha visto obligada a echar mano de las reservas que tiene almacenadas en las bayas y esto ha provocado que la uva incluso reduzca su ya limitado tamaño y no haya recibido el alimento necesario para completar su maduración. Esto para el viticultor al que le pagan su trabajo por los kilos de uva entregados puede suponer una mengua importante en sus ingresos, sin embargo para el bodeguero que tenga como objetivo la consecución de vinos de calidad este año puede tener una gran materia prima, seleccionada directamente en el viñedo, para esculpir grandes obras enológicas, siempre y cuando hayan sabido interpretar y trabajar la planta desde el comienzo del ciclo vegetativo y ahora ante los días de vendimia sepa aguantar (simulando la temeridad de Jose Tomás ante el toro) a recoger la uva en su momento óptimo de maduración.

Estos días el nerviosismo asalta al viticultor, comienzan las prisas, la uva parece estar lista, cuanto antes se vendimie antes se evaporan los temores y los riesgos de una inesperada tormenta de pedrisco o una temprana helada pre-otoñal que eche por tierra largas jornadas de sudor y alguna lágrima. Aquí volvemos a encontrarnos con esa dicotomía entre viticultor y bodeguero, en el caso de que ambas papeles no sean interpretados por el mismo actor. El bodeguero no querrá que entre en su lagar una uva que no alcance los parámetros de calidad que le exija el perfil del vino que quiera elaborar, por muy sana y aparentemente madura que este. Uno se está jugando el trabajo realizado en el pretérito más cercano y el otro el trabajo y el prestigio futuro.

No podemos olvidar que además de la maduración alcohólica de la uva (entendida como concentración suficiente de azucares para su posterior transformación en alcohol) está la maduración fenológica que se alcanza cuando la uva es capaz de aportar cualidades tan necesarias para elaborar un buen vino como el color, la estructura (tanino) o los aromas típicos varietales. Ambas maduraciones difícilmente se manifiestan en la misma fecha y desgraciadamente la mayoría de viticultores se olvidan de la última, y lo que es peor, muchos elaboradores también.

¡¡Bendita Vendimia, días de nervios y alegrías compartidas!!
Foto extraida de lamentededavid.wordpress.com

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