Blog de Álvaro Moreno

Cumal 2005, pedazo de vino.

Cuando comencé a olfatear y adentrarme en este mundillo del vino, una de las primeras referencias en bodegas que se cruzo en mi camino fue Dominio de Tares, se trataba de una bodega nueva, había comenzado su andadura en el año 2000 y me ofreció la posibilidad de descubrir una concepto distinto a los habituales Riojas y Riberas. Era una bodega ubicada en el Bierzo, una D.O. que empezaba a sonar fuerte y que a mí personalmente a través de su Cepas Viejas me presento, junto con el Tilenus de Bodegas Estefania, el potencial, la singularidad y la elegancia de la uva Mencía.

Con el tiempo y como de un noviazgo se tratase fui conociendo y enamorándome de otros de los vinos de la bodega, sobre todo de su hermanos mayores el Bembibre y el Tares P3. Pero como ocurre con la mayor parte de las relaciones de amor, la pasión se fue mitigando, al mismo ritmo que la bodega iba cosechando éxito tras éxito y adquiriendo cada vez más volumen. Siempre ha sido y estoy seguro que será una de mis bodegas de cabecera, pero últimamente me ha faltado al descorchar una botella de Tares esa magia que siempre ha existido entre nosotros.

Pero este año una vez más me he rendido ante un producto elaborado por esta empresa. Como la mayoría conoceréis Dominio de Tares ha emprendido un nuevo proyecto con la creación de una nueva bodega también en la provincia de León, en palabras de la propia bodega es “su apuesta por la variedad Prieto Picudo”. En el municipio de Pajares de los Oteros, cuna antaño del clásico “clarete de aguja leones” (se elaboraba a través del denominado “madreado”, al añadir racimos enteros al mosto lo que provocaba una segunda fermentación), Tares ha llevado a cabo una minuciosa identificación y adquisición de viñedos de cepas viejas de Prieto Picudo, con una antigüedad de entre 80 y 110 años de esta variedad poco extendida y conocida en España, de la que sólo hay cultivadas una 1.500 ha. entre las provincias de León y Zamora.

Cumal por tanto surge de unos viñedos muy antiguos con una edad media de 90 años, enclavados en una zona de páramo con una altitud media 800 metros, con suelos pobres arcisollo-calcáreos con cantos rodados (con una producción media de 1.500 Kg. por hectárea), un clima continental, con veranos muy calurosos y días extraordinariamente fríos en invierno y grandes contrastes térmicos entre el día y la noche durante el periodo de maduración.
Para su elaboración se efectuó una maceración pre-fermentativa de 3 días a 12º y la fermentación alcohólica duro 12 días, todo ello en depósitos de acero inoxidable. Posteriormente paso a barricas francesas y húngaras con tostado medio y medio + donde se llevo a cabo 3 meses de crianza sobre lías con bâtonage cada 48 horas, la fermentación maloláctica y una crianza total de 15 meses.

El resultado es este Cumal 2005, un vino que a la vista se muestra con un color rojo picota intenso, muy profundo de color, con ribetes amoratados. La nariz es compleja, de buena intensidad, donde en un primer momento aparecen aromas propios de su crianza en madera, tostados de café, notas especiadas, chocolate negro y que tras una pequeña aireación va dando paso a una fruta madura, negra, delicada que se ensambla perfectamente con los iniciales aromas de crianza. En cuanto el vino entra en la boca nos damos que cuenta que es un vino potente, con volumen, con un gran peso de fruta, fantástica acidez, equilibrado, con taninos dulces aun marcados, muy largo, que a mí personalmente me deja un sensación en boca que me recuerda al sabor del último trozo de un chocolate negro.

En resumen, un gran vino, con el que el que he disfrutado y creo que he hecho disfrutar a muchos de mis amigos. Quizás puedo decir que ha sido el vino tinto español que más me ha gustado en lo que llevamos de año. Su precio en tienda unos 21 euros.



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