Cabernet Franc: ¿una uva francesa con raíces vascas? El misterioso origen de una de las grandes variedades del mundo

¿De dónde procede realmente la Cabernet Franc?
El origen de una de las grandes variedades del mundo sigue escondiendo una historia en la que aparecen Burdeos, el Loira, los Pirineos y, sorprendentemente, la Hondarrabi Beltza.
Hay variedades de uva cuya historia parece escrita de antemano. La Cabernet Sauvignon sería una de ellas: Burdeos, Médoc, grandes crus, longevidad y fama mundial. Pero cuando retrocedemos una generación y preguntamos por su progenitora, la historia se vuelve mucho más interesante.
Durante mucho tiempo se consideró una variedad esencialmente bordelesa. Hoy sabemos que es una de las grandes variedades antiguas del suroeste europeo y que su historia genética podría estar estrechamente relacionada con el País Vasco y el ámbito pirenaico-atlántico.
No podemos afirmar categóricamente que la Cabernet Franc sea "vasca". Pero sí podemos decir que existen suficientes evidencias genéticas para que la hipótesis resulte extraordinariamente atractiva. Y aquí aparece una protagonista inesperada: Hondarrabi Beltza.
Cabernet Franc, mucho más que la madre de la Cabernet Sauvignon
La primera gran revolución en el conocimiento de esta variedad llegó en 1997, cuando los investigadores John E. Bowers y Carole Meredith demostraron mediante análisis de ADN que la Cabernet Sauvignon procede de un cruce natural entre Cabernet Franc y Sauvignon Blanc. La hipótesis obtuvo un respaldo genético extraordinariamente elevado. El descubrimiento cambió la jerarquía histórica.
La Cabernet Sauvignon, una de las variedades más famosas del planeta, no era una variedad primitiva de la que hubiera surgido la Cabernet Franc. Era, en realidad, una hija de Cabernet Franc.
Pero las investigaciones posteriores han revelado que la importancia genética de Cabernet Franc es todavía mayor. También intervino en el origen de Merlot y está relacionada con la genealogía de Carménère y otras variedades bordelesas. La que durante mucho tiempo consideramos una variedad "secundaria" resulta ser, por tanto, uno de los pilares del patrimonio genético de Burdeos.

El origen: aquí empieza el misterio
La Cabernet Franc aparece históricamente con numerosos nombres.
Bouchet en Saint-Émilion y Pomerol, Bouchy en Madiran y Béarn, Breton en el Loira, Vidure en Graves o Achéria en el País Vasco francés, son algunos de los nombres que se han relacionado con ella. Esta diversidad resulta reveladora. No estamos necesariamente ante una variedad que nació en un lugar concreto y fue posteriormente distribuida de forma ordenada.
Estamos probablemente ante una antigua población varietal que se desplazó, mutó, fue seleccionada y recibió diferentes nombres a lo largo de los siglos.
Y existe un detalle especialmente interesante: algunos de sus nombres históricos aparecen precisamente en el área pirenaica y vasca.
En Irouléguy, en el País Vasco francés, se documenta el nombre Achéria para Cabernet Franc. También encontramos numerosos nombres históricos relacionados con la variedad en Béarn, Landes y Pirineos Atlánticos. La frontera política entre Francia y España, evidentemente, no existía para la vid.

La pista vasca: Hondarrabi Beltza
Aquí es donde la historia adquiere una dimensión especialmente interesante.
La Hondarrabi Beltza es una de las variedades autóctonas del Txakoli y una de las principales castas tintas del País Vasco. Está presente en las tres denominaciones de origen del Txakoli y tiene una personalidad muy marcada, con frutos rojos, notas herbáceas y, cuando la madurez lo permite, recuerdos vegetales y de pimiento. Pero su importancia para nuestra historia no reside únicamente en el vino que produce.
Los análisis genéticos han establecido una relación de parentesco directo entre Hondarrabi Beltza y Cabernet Franc. El problema está en determinar la dirección exacta de ese parentesco. Y aquí conviene hacer una precisión importante.
Durante años se ha divulgado de manera simplificada que Hondarrabi Beltza es hija de Cabernet Franc. Sin embargo, los estudios de parentesco no permiten siempre establecer cuál de las dos variedades es progenitora y cuál descendiente cuando se trabaja con determinados marcadores.
De hecho, los árboles genealógicos de Cabernet Franc elaborados a partir de los estudios genéticos han mantenido abierta la posibilidad de que Hondarrabi Beltza y Morenoa sean progenitores de Cabernet Franc, y no necesariamente sus descendientes. Jancis Robinson señala expresamente esta incertidumbre en su reconstrucción genealógica.
Esta diferencia parece pequeña, pero históricamente es enorme, porque abre una pregunta apasionante:
¿Y si la Cabernet Franc no hubiera nacido en Burdeos, sino en algún punto del antiguo espacio vasco-pirenaico?
Morenoa: la otra pieza del rompecabezas
La Hondarrabi Beltza no aparece sola en esta historia.
Los estudios genéticos han encontrado también una relación de parentesco entre Cabernet Franc y Morenoa, una antigua variedad vinculada al País Vasco.
Las fuentes especializadas sitúan, por tanto, a Cabernet Franc en una especie de árbol genealógico en el que aparecen variedades antiguas del ámbito vasco-pirenaico. La interpretación más sugerente es que Morenoa y Hondarrabi Beltza podrían ser los dos progenitores de Cabernet Franc, aunque la dirección de esas relaciones no debe presentarse como definitivamente resuelta.
Esta hipótesis es la que ha llevado a algunos especialistas a situar el origen probable de Cabernet Franc en el País Vasco español o en el entorno occidental de los Pirineos.
No es una cuestión puramente teórica: también encontramos referencias históricas a Cabernet Franc, o a poblaciones consideradas próximas a ella, en el espacio vasco y pirenaico.
Por eso resulta mucho más prudente hablar de origen vasco-pirenaico probable o posible que de "origen vasco demostrado".

¿Una Cabernet Franc vasca que acabó en Burdeos?
Imaginemos el escenario. En algún momento anterior a la documentación moderna de la variedad, una población de vid del ámbito pirenaico-atlántico habría dado lugar, mediante cruces naturales, a la Cabernet Franc.
Desde allí podría haberse extendido hacia el norte y el este.
País Vasco → Béarn → Landes → Burdeos → Loira.
No sabemos si ocurrió exactamente así. Tampoco conocemos el momento preciso. Pero la hipótesis tiene una lógica geográfica considerable. Y existe un elemento adicional que merece atención: el antiguo Camino de Santiago.
No significa que podamos afirmar que los peregrinos "llevaron la Cabernet Franc hasta Burdeos y después al Loira". Eso sería convertir una hipótesis atractiva en una certeza histórica que no tenemos. Las rutas de comunicación medievales favorecieron durante siglos el intercambio de plantas, material vegetal, productos agrícolas y conocimientos. El Camino pudo formar parte de ese entramado de circulación. La idea es sugerente; la demostración histórica, todavía inexistente.
¿Y la antigua Biturica romana?
Aquí aparece otro de los grandes misterios. Durante mucho tiempo se intentó relacionar la Cabernet Franc con la Biturica, una vid mencionada por autores romanos y vinculada a los Bituriges, pueblo asentado en el entorno de la actual Burdeos. La hipótesis es atractiva porque proporcionaría a Cabernet Franc una antigüedad extraordinaria en Aquitania. Pero hay que separar la tradición de la genética.
No existe una identificación genética que permita afirmar que Cabernet Franc y Biturica son la misma variedad. Por tanto, podemos hablar de una posibilidad histórica, pero no de una certeza.
Y quizá el problema sea precisamente que estamos intentando poner nombre moderno a variedades antiguas que desaparecieron, cambiaron o participaron en nuevos cruces.
El Loira: donde Cabernet Franc encontró su verdadera expresión varietal
Si Burdeos convirtió a Cabernet Franc en una pieza esencial del ensamblaje, el valle del Loira hizo algo todavía más interesante: la convirtió en protagonista.
En Chinon, Bourgueil, Saint-Nicolas-de-Bourgueil y Saumur-Champigny, Cabernet Franc se expresa como variedad única y permite comprobar hasta qué punto puede cambiar dependiendo del suelo y del clima.
En los vinos encontramos: frutos rojos y negros, violetas, grafito, especias, hierbas aromáticas, tabaco, pimienta y, cuando la madurez es insuficiente, las características notas de pimiento verde y vegetal.
Precisamente esa faceta vegetal ha condicionado durante décadas la reputación de la variedad. Una Cabernet Franc excesivamente verde puede resultar áspera, herbácea y poco atractiva.
Pero una Cabernet Franc madura y bien elaborada puede ofrecer algo completamente diferente: perfume, tensión, frescura, elegancia y una extraordinaria capacidad de envejecimiento.

Burdeos: la gran arquitecta
En Burdeos su papel ha sido diferente. La Cabernet Franc no necesita necesariamente ser la variedad dominante para resultar fundamental. En Saint-Émilion, por ejemplo, participa en los grandes ensamblajes junto a Merlot, aportando frescura, perfume, estructura y longevidad.
En determinados terruños calcáreos puede alcanzar una expresión extraordinaria.
Y aquí encontramos otra paradoja: la variedad que pudo tener un origen en el extremo occidental de los Pirineos terminó convirtiéndose en una de las grandes responsables de la identidad de algunos de los vinos más prestigiosos de Burdeos.
Cabernet Franc y cambio climático
Hay además una razón para pensar que la variedad puede adquirir todavía más importancia en el futuro.
Cabernet Franc brota y madura antes que Cabernet Sauvignon. En un clima atlántico como el bordelés esto ha sido históricamente una ventaja: permite asegurar una maduración razonable incluso en añadas en las que la Cabernet Sauvignon tiene dificultades.
Pero con el calentamiento global esa característica adquiere un nuevo significado. En zonas donde Cabernet Sauvignon puede acumular demasiada madurez, alcohol y pérdida de acidez, Cabernet Franc puede ofrecer un perfil más equilibrado.
No es casualidad que haya despertado interés en regiones relativamente frescas de Europa y América del Norte, y que su desarrollo haya sido particularmente llamativo en Argentina.




