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Un poco de Garnacha

Nunca he sido, como otras personas que conozco, un enamorado de esta variedad, pero, actualmente, mi visión ha cambiado y creo que se ha ganado a pulso estar entre mis favoritas, especialmente en algunas de sus expresiones. Pero sobre todo creo que merece el reconocimiento o resarcimiento de muchos años en las que fue infravalorada.

Hay variedades que necesitan pocas presentaciones. Otras, en cambio, llevan décadas demostrando su enorme capacidad para hacer grandes vinos y, sin embargo, siguen necesitando ser reivindicadas. La Garnacha pertenece, curiosamente, a este segundo grupo, aunque en los últimos años esto viene corrigiéndose a pasos agigantados..

Una uva capaz de dar vinos mediterráneos, frescos, profundos, elegantes, minerales, potentes o sutiles. Una variedad que puede sobrevivir en viñedos viejos, soportar condiciones de sequía, adaptarse a diferentes suelos y altitudes y ofrecer resultados extraordinarios tanto en vinos jóvenes como en elaboraciones de larga crianza.

Y, sin embargo, durante demasiado tiempo ha sido considerada poco más que una variedad “de mezcla”, una uva generosa en producción y alcohol, o simplemente el complemento perfecto para otras castas consideradas más nobles. 

Quizá esa fue una de las grandes injusticias del vino español.

Una uva que nunca necesitó pasaporte

La Garnacha tiene una extraordinaria implantación en España. Aragón, Navarra, Rioja, Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Madrid, Sierra de Gredos, Calatayud, Campo de Borja, Cariñena, Priorat, Montsant, Terra Alta…

Pocos territorios pueden presumir de haber interpretado la variedad de formas tan diferentes.

Y ahí aparece una de sus grandes virtudes: la Garnacha no tiene un único rostro.

En las zonas más cálidas puede ofrecer vinos maduros, carnosos y generosos, con fruta roja y negra, especias y una marcada sensación mediterránea. En altura, especialmente procedente de viñas viejas y rendimientos bajos, puede transformarse en algo completamente diferente: vinos fragantes, tensos, frescos y extraordinariamente elegantes.

En suelos pobres y pedregosos puede mostrar una dimensión mineral. En suelos pizarrosos puede alcanzar profundidades sorprendentes. En terrenos graníticos, especialmente en las zonas de montaña, aparece una Garnacha mucho más aérea y delicada.

¿No es esto precisamente lo que buscamos cuando hablamos de una gran variedad?

El problema: durante años confundimos potencia con calidad

Durante buena parte de las últimas décadas, la Garnacha quedó asociada a una viticultura que buscaba rendimiento y vinos fáciles de entender. Era una variedad productiva, resistente y capaz de alcanzar graduaciones elevadas y ahí comenzó parte del problema.

Mientras el Tempranillo construía su imagen de gran variedad española asociada a Rioja y Ribera del Duero, la Garnacha quedaba muchas veces relegada a un segundo plano.

El consumidor empezó a identificar calidad con determinadas variedades y estilos, y la Garnacha tuvo que cargar con una imagen que no hacía justicia a sus posibilidades. Pero quizá el problema no estaba en la uva sin omás bien en cómo la cultivábamos.

Una Garnacha de altos rendimientos y vendimiada en condiciones poco adecuadas puede producir un vino sencillo, alcohólico y falto de definición.

Pero una vieja Garnacha de montaña, plantada en suelos pobres, con rendimientos muy bajos y una vendimia bien ajustada, puede producir vinos de una enorme complejidad. La misma variedad, dos mundos completamente diferentes.

Las viñas viejas: el gran tesoro de la Garnacha

Si existe una variedad que merece especialmente la conservación de sus viñedos viejos, esa es la Garnacha. Muchas de estas cepas fueron plantadas hace décadas en zonas que hoy vuelven a despertar el interés de los elaboradores. Son viñas que sobrevivieron porque nadie encontró rentable arrancarlas.

Y resulta paradójico que aquello que durante años se consideró una desventaja se haya convertido hoy en uno de sus mayores valores. Cepas viejas, rendimientos reducidos, raíces profundas y adaptación al territorio. Todo aquello que ahora buscamos cuando hablamos de vinos de parcela y de terroir, la Garnacha ya lo tenía.

De Aragón a Gredos: una misma uva, diferentes acentos

Probablemente uno de los aspectos más fascinantes de la Garnacha sea comprobar cómo cambia cuando cambia el paisaje.

En Campo de Borja, Calatayud o Cariñena, encontramos algunas de las expresiones más interesantes de la Garnacha aragonesa, con viñedos viejos y altitudes que permiten conseguir un equilibrio que hace años parecía difícil de imaginar.

En Priorat y Montsant, la variedad se encuentra con la pizarra, las pendientes y un clima mediterráneo que puede ofrecer vinos profundos, estructurados y longevos.

En Terra Alta, la Garnacha vuelve a demostrar su capacidad de adaptación, tanto en tintos como en blancos y especialmente en la tradicional Garnacha Blanca.

Y después aparece Gredos.

Aquí la Garnacha adquiere otra personalidad. La altitud, el granito, las laderas y un clima diferente permiten elaborar vinos mucho más finos, verticales y perfumados. Una Garnacha que puede recordar que la elegancia no está reñida con el carácter mediterráneo.

¿Y si el problema hubiera sido nuestro?

Quizá deberíamos hacernos una pregunta incómoda. ¿Hemos infravalorado la Garnacha porque la propia viticultura española no supo interpretarla?

Durante años arrancamos viñas viejas porque producían poco. Buscamos rendimiento. Uniformizamos los viñedos. Apostamos por variedades consideradas más comerciales y ahora estamos intentando recuperar precisamente aquello que habíamos despreciado.

Viñas viejas.

Bajos rendimientos.

Variedades autóctonas.

Parcelas singulares.

Altitud.

Suelos pobres.

Identidad.

Resulta casi irónico.

Una variedad internacional cada vez más reconocida

Hay otro aspecto todavía más curioso. La Garnacha no es exclusivamente española, está presente en Francia, Italia, Australia, Estados Unidos y otros países productores.

En el Ródano es una pieza fundamental de grandes ensamblajes. En el sur de Francia forma parte de algunos de los grandes vinos mediterráneos. En Australia y otros países también ha encontrado su lugar.

¿Fuimos injustos con la garnacha?

Probablemente no sea que la Garnacha haya sido olvidada, sería injusto, la Garnacha está muy presente, la verdadera injusticia es no haberla considerado durante mucho tiempo una de las grandes variedades españolas por derecho propio.

Hemos hablado de ella como acompañante, como uva de mezcla, como variedad mediterránea potente , como cepa productiva, y hemos tardado demasiado en reconocer que también puede ser una variedad de parcela, de altura, de suelo, de viña vieja y de enorme longevidad que ya está haciendo grandísimos vinos que, además, son diferentes, lo cual en un mundo en el que cada vez buscamos más identidad y menos uniformidad, debería ser una virtud extraordinaria.

Siempre me viene a la mente un proyecto Riojano, "La Maldita", que pone en valor esta variedad tras años de ser denostada y arrancada.

El futuro es suyo

Quizá la Garnacha esté viviendo ahora una segunda juventud y ha venido para quedarse.

El interés por las variedades autóctonas, la recuperación de viñedos viejos, la búsqueda de vinos menos alcohólicos y más frescos y la necesidad de encontrar soluciones frente al cambio climático pueden jugar a su favor.

Pero hay algo todavía más importante, cada vez existen más elaboradores que están demostrando que la Garnacha puede hablar de territorio con una precisión extraordinaria y cuando una variedad consigue eso, deja de ser simplemente una variedad. Se convierte en patrimonio.

Por eso, quizá ha llegado el momento de dejar de hablar de la Garnacha como una de las grandes uvas españolas que más futuro tiene. Con ella hace tiempo que se hacen grandes vinos. 

Quizá lo que ha faltado no era calidad. Quizá lo que ha faltado era que nosotros la mirásemos con otros ojos.

Algunas Garnachas que merece la pena buscar

Para comprobar que todo lo anterior no es solamente teoría, merece la pena acercarse a diferentes interpretaciones de la variedad: Garnachas de Campo de Borja y Calatayud, viejas cepas de Cariñena, grandes Garnachas del Priorat y Montsant, expresiones de Gredos y vinos de Terra Alta. Y hacerlo, si es posible, comparando territorios.

No hace falta citar vinos de estas zonas, en cualquiera de ellas conocemos grandes vinos elaborados con esta variedad. La mejor manera de descubrir la verdadera grandeza de esta variedad: poner varias Garnachas en la mesa y comprobar que, aunque todas hablen el mismo idioma, cada una tiene su propio acento.

  1. #1

    Wineandlove

    Gracias por la información, me llama mucho la atención lo distintos que pueden ser los vinos elaborados con la variedad, tras leer entiendo que es una virtud que la hace grande

  2. #2

    Javierpozo

    Gracias por el artículo, muy interesante! Saludos

  3. #3

    pepecano

    Me quedo con la garnacha de Chateaunef du Pape y con la catalana del Priorat y Montsant.

  4. #4

    Josep_Gallego

    A mi últimamente alguna de Gredos y también de Rioja me han llamado mucho la atención, aparte de las dos zonas que citas claro. Lo interesante es como da vinos tan diferentes la misma variedad

  5. #5

    Juansanroman

    Sin ser mi uva favorita sí que disfruto mucho de los Chateauneuf du Pape y de muchas de las Garnachas españolas (mucho más ligeras y especiadas, casi borgoñonas). La duda que siempre tengo es sobre la longevidad de estos vinos por comparación con la que sí es mi favorita tinta: la Cabernet. Esta semana tuve el placer de beber un Clos des Papes 2007 con un amigo y estaba delicioso, pero creo que más evolucionado de lo que están los Burdeos equivalentes con esos años. No es un gran problema, la verdad, sino más bien lo contrario porque así me puedo beber las Garnachas jóvenes sin tener que esperarlas tanto.


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