Blog de Verema.com

La segunda vida de la cariñena: el Priorat redescubre una de sus grandes variedades de futuro

He percibido en los últimos tiempos, entre otros cambios importantes producidos en el Priorat, el renacimiento de la variedad cariñena (samsó) y por ello me ha parecido interesante escribir sobre el tema. Cada vez disfruto más los vinos que tienen esta variedad como mayoritaria. 

Durante décadas, el renacimiento del Priorat tuvo una protagonista indiscutible: la garnacha. Su capacidad para expresar la austeridad de la licorella, la profundidad de las viejas viñas y el carácter de un paisaje extremo la convirtió en el emblema de una comarca que pasó de ser una región prácticamente olvidada a situarse entre las grandes zonas vitivinícolas del mundo.

Sin embargo, mientras toda la atención se centraba en ella, otra variedad permanecía en los bancales más escarpados y en las viñas más antiguas. La cariñena —conocida localmente como samsó— nunca dejó de formar parte del ADN del Priorat. Lo que sí ha cambiado es la forma de entenderla.

Hoy, la cariñena vive uno de los momentos más interesantes de su historia reciente. No se trata únicamente de una recuperación sentimental ni de una moda pasajera. Cada vez son más las bodegas que la sitúan en el centro de sus proyectos, aumentan las nuevas plantaciones y, sobre todo, se protege un patrimonio vitícola que hace apenas dos décadas corría el riesgo de desaparecer. Todo apunta a que esta variedad será una de las grandes protagonistas del Priorat del futuro.

Una variedad histórica durante demasiado tiempo infravalorada

La cariñena llegó al Priorat hace siglos y encontró en los suelos de licorella y en el clima mediterráneo continentalizado un lugar donde desarrollar una personalidad única. Durante buena parte del siglo XX compartió protagonismo con la garnacha y constituyó una parte esencial del viñedo tradicional.

Sin embargo, su reputación no siempre fue la mejor. En muchas zonas mediterráneas quedó asociada a altos rendimientos y vinos de perfil duro o excesivamente tánico cuando procedía de viñedos jóvenes y productivos. En los años del resurgir del Priorat, además, muchas nuevas plantaciones se orientaron hacia la garnacha o incluso hacia variedades internacionales como cabernet sauvignon, merlot o syrah, que respondían mejor a las tendencias del mercado de finales del siglo pasado.

Mientras tanto, las viejas cepas de cariñena sobrevivían discretamente en algunas de las laderas más difíciles de trabajar, especialmente en municipios como Porrera, Poboleda, Torroja del Priorat o Gratallops.

Con el paso de los años, muchos elaboradores comprendieron que precisamente esas cepas viejas escondían una personalidad extraordinaria y ahí comenzó un cambio muy interesante.

El cambio de paradigma

La evolución del Priorat en la última década ha estado marcada por una búsqueda constante de mayor precisión, frescura y autenticidad. Los vinos musculosos, muy maduros y dominados por la barrica que definieron parte de la producción de los años noventa y principios de los 2000 han dado paso a elaboraciones donde el paisaje pesa más que la técnica.

En ese nuevo contexto, la cariñena ha encontrado su momento. Las viejas plantas ofrecen rendimientos naturalmente bajos, una enorme profundidad radicular y una capacidad excepcional para mantener la acidez incluso en añadas cálidas. Sus vinos poseen una energía difícil de encontrar en otras variedades mediterráneas: muestran tensión, verticalidad, notas balsámicas, florales, fruta negra fresca, recuerdos minerales y una estructura firme.

Muchos viticultores afirman que, cuando procede de viñas viejas sobre licorella, la cariñena expresa el Priorat con una precisión única.

Más plantaciones y, sobre todo, más recuperación

Hablar del crecimiento de la cariñena no significa imaginar una expansión masiva del viñedo. El Priorat dispone de poca superficie cultivable y los elevados costes de trabajar sus pendientes hacen inviable cualquier crecimiento importante.

El verdadero cambio, afortunadamente, está siendo cualitativo.

Cada vez más bodegas deciden conservar viejas parcelas que anteriormente podían haber sido arrancadas. Otras recuperan viñas abandonadas que conservan un material vegetal de enorme valor genético. Paralelamente, las nuevas plantaciones recurren con mayor frecuencia a selecciones masales procedentes de antiguas cepas locales en lugar de material clonal más homogéneo.

Este movimiento supone también un cambio de mentalidad. Durante años, muchas viñas viejas fueron consideradas un problema por su escasa producción. Hoy representan uno de los mayores activos del Priorat.

Una respuesta al cambio climático

La recuperación de la cariñena no responde únicamente a criterios históricos o patrimoniales. También tiene una explicación agronómica.

El cambio climático está modificando profundamente la viticultura mediterránea. Las temperaturas medias aumentan, las olas de calor son más frecuentes y las precipitaciones se concentran cada vez más en episodios intensos.

En este escenario, la cariñena presenta varias ventajas que explican el creciente interés que despierta entre los viticultores.

Su ciclo vegetativo relativamente largo retrasa ligeramente la maduración respecto a otras variedades. Sus viejas raíces exploran grandes profundidades en busca de agua y muestran una notable resistencia a la sequía. Además, conserva mejor la acidez natural incluso cuando alcanza una madurez fenólica completa.

Todo ello permite elaborar vinos con mayor equilibrio, menor sensación de sobremadurez y perfiles más frescos sin necesidad de realizar vendimias excesivamente tempranas.

No resulta extraño que algunos elaboradores la definan como una de las variedades mejor preparadas para afrontar el Priorat de las próximas décadas.

La nueva identidad de los vinos

La transformación también se percibe en la bodega.

Las maceraciones suelen ser más delicadas, las extracciones buscan preservar la finura antes que la potencia y el uso de madera nueva ha disminuido considerablemente. Cada vez es más habitual encontrar grandes foudres, depósitos de hormigón o ánforas como herramientas para respetar la identidad de la fruta.

En este estilo de elaboración, la cariñena despliega todas sus virtudes. Su estructura natural permite prescindir de una crianza excesiva y ofrece vinos donde predominan la pureza, la tensión y la expresión del terruño.

No sorprende, por tanto, que aumente el número de vinos donde la cariñena deja de ser un componente del ensamblaje para convertirse en protagonista absoluta. Hace apenas veinte años eran excepcionales; hoy constituyen una categoría en claro crecimiento.

El papel de las nuevas generaciones

Buena parte de este cambio está impulsado por una nueva generación de viticultores que ha heredado viñas históricas y las interpreta desde una sensibilidad diferente.

Sin renunciar al prestigio internacional alcanzado por el Priorat, muchos de estos productores buscan una expresión más ligada al origen que al estilo de elaboración. Recuperan antiguos bancales, preservan cepas centenarias y trabajan con una filosofía donde el paisaje ocupa el primer plano.

La cariñena encaja perfectamente en esta visión porque representa continuidad, identidad y adaptación al territorio.

Mirando hacia el futuro

Todo indica que la superficie de cariñena seguirá creciendo, aunque probablemente de forma moderada. La verdadera evolución no se medirá tanto en hectáreas como en prestigio.

Es previsible que aumenten las elaboraciones monovarietales, los vinos de parcela y las selecciones procedentes de viñas muy viejas. También continuará la recuperación de material vegetal histórico, un aspecto fundamental para conservar la diversidad genética de una variedad que durante demasiado tiempo permaneció en segundo plano.

Paradójicamente, el futuro del Priorat podría apoyarse cada vez más en una de sus variedades más antiguas.

La revolución que comenzó hace cuarenta años situó al Priorat entre las grandes regiones vinícolas del mundo. La que está teniendo lugar ahora es más silenciosa, menos mediática y quizá mucho más profunda. Es la recuperación de una identidad construida desde las viñas históricas y desde una manera diferente de entender el equilibrio.

En ese nuevo relato, la garnacha seguirá ocupando un lugar esencial. Pero la cariñena ya no será un simple complemento. Se está convirtiendo, paso a paso, en una de las voces más elocuentes para explicar el presente y, sobre todo, el futuro del Priorat.

Algunos grandes vinos elaborados con cariñena total o mayoritariamente que recomendaría, a la espera de las propuestas de los que leáis el artículo:

  • Mas Doix – 1902 Carinyena Centenària
  • Terroir al Límit – Les Tosses
  • Ferrer Bobet – Selecció Especial Vinyes Velles
  • Cims de Porrera – Classic
  • Sangenís i Vaqué – Selecció Carinyena
  • Mas Martinet – Camí Pesseroles
  • Marco Abella – Clos Abella
  • Buil & Giné – El Samsó
  • Celler Devinssi - Rocapoll.

Algunos de los vinos más caros, más escasos y más buscados del Priorat actual están elaborados con cariñena. No penséis que es una tendencia, es un cambio profundo en la forma de entender el Priorat.

 

Los usuarios también visitaron

  1. #1

    pepecano

    Buen artículo Josep, totalmente de acuerdo, sabes que soy también de cariñenas, lo que no sabía es que la cariñena aguanta bien la sequía, recuerdo hace unos años a un viticultor quejarse de la variedad se le quemaba con la sequía.
    Los que tenemos una edad recordamos que había quien decía que con la cariñena no era adecuado elaborar monovarietales, está claro que se equivocaban.

  2. #2

    Josep_Gallego

    en respuesta a pepecano
    Ver mensaje de pepecano

    Ya lo hemos comentado y estamos de acuerdo, últimamente se están haciendo magníficos vinos monovarietales de cariñena en el Priorat. Parece que la edad del viñedo y una vinificación sin excesos le sienta muy bien.

  3. #3

    Javierpozo

    Me encanta el artículo, muy interesante y formativo gracias por compartirlo! Saludos

  4. #4

    Agarcigal

    Excelente artículo sobre los vinos de "cariñena" delos que soy un buen aficionado y seguidor. Variedad difícil de trabajar, según comentan varios viticultores del Priorat.
    Sin olvidar a otros elaboradores, posiblemente menos conocidos, pero que elaboran unos vinos también excelentes como el Gran Cruor de la casa Gran de Siurana, Les Aubages, vi de paratge de Xavi Pallejà, El Pedra de Foguera y por supuesto, las Viñas viejas de Carinyena del Celler Tane, de la familia Borrás. Y alguno más que se nos quedará en el tintero.
    Gracis Josep por tu artículo.

  5. #5

    jlleo

    Un artículo muy interesante Josep. Yo no soy muy conocedor de la zona y de la variedad Cariñena pero he de decir que los que hemos catado me han sorprendido muy gratamente.

  6. #6

    Cirerer

    Interesante articulo, gracias. Me ha hecho reflexionar sobre los vinos con gran aportacion de cariñena que he catado ultimamente y encajan con el perfil que comentas.
    Me ha gustado especialmente el Esclafit 2018 de Gallina de piel wines.

  7. #7

    Miryam777

    Muy buen artículo. Siempre aprendiendo. Gracias

  8. #8

    Josep_Gallego

    Abundando en el tema, hoy me han mandado una reseña de Viñedos del Valle del Ródano que se publicó el año pasado bajo el título, el segundo nacimiento de Carignan. Una zona donde parece que también tiene un futuro prometedor


Cookies en verema.com

Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.

Personalizar
Rechazar todas
Aceptar