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Hay variedades que viven allí donde nacieron y otras que, después de viajar, terminan encontrando su verdadera identidad lejos de su lugar de origen. Es el caso del Melon de Bourgogne, una antigua uva borgoñona que hoy asociamos inevitablemente con el extremo occidental del Valle del Loira y, sobre todo, con los blancos del Muscadet. Una variedad aparentemente discreta que, cuando encuentra el suelo adecuado y el trabajo preciso del viticultor, es capaz de ofrecer vinos de enorme personalidad, frescura, profundidad y una sorprendente capacidad de envejecimiento. Una uva borgoñona que acabó mirando al AtlánticoEl nombre Melon de Bourgogne ya nos proporciona una pista sobre su origen. Se trata de una variedad blanca procedente de Borgoña,... |
Hay variedades de uva que parecen haber nacido para un territorio concreto. No es que simplemente se adapten bien a él, forman parte de su paisaje, de su historia y de su...
Hay variedades que necesitan pocas presentaciones. Otras, en cambio, llevan décadas demostrando su enorme capacidad para hacer grandes vinos y, sin embargo, siguen necesitando...
Hay variedades que no necesitan grandes concentraciones, mucho color ni una elevada graduación alcohólica para resultar fascinantes. La Poulsard es una de ellas.
Cuando se habla de variedades blancas canarias, nombres como Malvasía Aromática, Listán Blanco o Marmajuelo suelen ocupar el primer plano. Sin embargo, la Vijariego que ha...
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