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Las otras uvas: Nerello Mascalese, la elegancia volcánica del Etna.

Hay variedades de uva que parecen haber nacido para un territorio concreto. No es que simplemente se adapten bien a él: forman parte de su paisaje, de su historia y de su identidad. Es el caso de la Nerello Mascalese, una de las grandes variedades tintas autóctonas de Sicilia y, probablemente, la que mejor representa la singularidad vitivinícola del Etna. 

Como ya habréis adivinado por el tipo de uva y los vinos que da, personalmente me encanta y considero sus vinos muy adecuados para disfrutar y también para sentir la identidad de su origen.

A primera vista puede sorprender, sus vinos no suelen tener un color especialmente intenso, tampoco buscan la potencia ni la concentración que asociamos a muchas de las grandes uvas mediterráneas. Sin embargo, detrás de esa apariencia aparentemente delicada encontramos una variedad de gran acidez, tanino, capacidad de envejecimiento y, sobre todo, una extraordinaria capacidad para expresar el lugar donde crece.

Estamos ante una uva que ha conseguido convertir las laderas de un volcán activo en uno de los territorios más fascinantes del vino italiano.

Una uva con nombre propio

La Nerello Mascalese está estrechamente vinculada a la zona oriental de Sicilia y, especialmente, a las laderas del Etna. El propio nombre parece relacionarse con la antigua Contea di Mascali, territorio situado en el entorno de Catania y de las vertientes orientales del volcán. El Consorzio Etna DOC la considera la principal variedad autóctona de las laderas del Etna y la protagonista de sus vinos tintos, rosados y espumosos.

Es una variedad de maduración tardía, otro de los rasgos que permite establecer una cierta comparación con la Nebbiolo. En el Etna, la vendimia puede prolongarse hasta octubre, algo que resulta especialmente significativo si tenemos en cuenta que estamos hablando de Sicilia.

La planta presenta un ciclo vegetativo largo, racimos alargados y relativamente compactos y bayas de piel gruesa y color azul oscuro. Tradicionalmente, las cepas viejas se han cultivado mediante alberello, la clásica formación en vaso bajo que permite proteger la planta de los fuertes vientos y trabajar en terrenos donde la mecanización resulta prácticamente imposible.

Y aquí aparece una de las características que hacen tan especial a la viticultura del Etna: muchas de sus mejores parcelas están formadas por pequeñas terrazas construidas con piedra volcánica, donde trabajar una hectárea puede convertirse en una auténtica labor artesanal.

El volcán como territorio vitícola

Hablar de Nerello Mascalese es hablar necesariamente del Etna. El volcán genera un paisaje vitícola extraordinariamente complejo. Las diferentes erupciones que se han sucedido a lo largo del tiempo han creado una auténtica superposición de suelos, con arenas volcánicas, cenizas, lapilli, basaltos y materiales procedentes de coladas de distintas edades.

A esto hay que sumar la altitud. Los viñedos del Etna se encuentran a diferentes alturas y algunos de los más interesantes superan ampliamente los 800 metros. En determinados casos se acercan a los 1.000 metros, una altitud extraordinaria para Sicilia.

En las zonas más elevadas, las temperaturas nocturnas son considerablemente más bajas y la amplitud térmica favorece una maduración lenta y la conservación de la acidez. Estudios realizados sobre viñedos de Nerello Mascalese en diferentes contrade del Etna han mostrado precisamente cómo la altitud, la orientación y las características particulares de cada parcela contribuyen a modificar la expresión aromática de la variedad.

Por eso en el Etna se habla cada vez más de contrade, pequeñas unidades territoriales que permiten distinguir la procedencia de los vinos. No estamos solamente ante una cuestión de altitud: dos viñedos separados por unos pocos kilómetros pueden presentar diferencias importantes debido a la exposición, los materiales volcánicos y el microclima.

Una paradoja mediterránea

Quizás la principal sorpresa de la Nerello Mascalese sea que estamos ante una variedad mediterránea que produce vinos con una personalidad casi de clima fresco.

El color suele ser rubí de intensidad media o incluso relativamente pálida, especialmente si lo comparamos con otras variedades sicilianas. Pero esa aparente ligereza visual no debe llevarnos a engaño.

En nariz encontramos habitualmente cereza, frambuesa, frutos rojos, violetas y hierbas aromáticas, junto con recuerdos especiados, notas de tierra y una característica sensación mineral y volcánica. Con la crianza y el tiempo pueden aparecer matices de tabaco, cuero, especias, regaliz y notas balsámicas.

En boca es donde la variedad muestra todo su carácter. La acidez es elevada, los taninos pueden resultar firmes en su juventud y el alcohol, aunque puede ser importante, queda normalmente compensado por esa frescura. El resultado son vinos de cuerpo medio, tensos, largos y con una capacidad de evolución notable.

Es precisamente esta combinación la que ha llevado a compararla frecuentemente con la Nebbiolo y, por su delicadeza aromática y su transparencia territorial, también con la Pinot Noir. Pero las comparaciones tienen un límite. La Nerello Mascalese tiene una personalidad propia y, cuando procede de una buena parcela del Etna, resulta perfectamente reconocible.

Las contrade, pequeñas piezas de un gran mosaico

Una de las grandes transformaciones que ha experimentado el Etna durante las últimas décadas ha sido el paso de considerar la denominación como un territorio relativamente homogéneo a entenderla como un mosaico de pequeñas zonas.

Las contrade del norte del volcán, por ejemplo, han alcanzado una enorme reputación. Allí encontramos viñedos viejos, pendientes importantes, suelos pobres y abundante presencia de arena y materiales basálticos.

En algunas parcelas las cepas tienen varias décadas e incluso superan el siglo de edad. Las condiciones son difíciles y los rendimientos reducidos, pero a cambio los vinos pueden alcanzar una profundidad y una capacidad de envejecimiento extraordinarias.

Un buen ejemplo es Guardiola, uno de los vinos de Tenuta delle Terre Nere. Sus viñedos se encuentran entre 900 y 1.000 metros de altitud, sobre suelos volcánicos pobres de arena y material basáltico, con cepas de entre 90 y 120 años. El propio productor destaca la elevada acidez y el marcado carácter tánico que proporciona este emplazamiento.

Es precisamente esta diversidad de lugares la que convierte al Etna en un territorio especialmente interesante para quienes disfrutan buscando diferencias entre vinos elaborados con la misma variedad.

Una uva para vinos de guarda

La Nerello Mascalese también desmonta otro tópico: que un vino de color relativamente claro debe consumirse joven.

Los mejores ejemplos pueden evolucionar durante muchos años. La combinación de acidez, tanino y concentración fenólica permite que los vinos desarrollen con el tiempo una extraordinaria complejidad.

En su juventud pueden resultar austeros, tensos e incluso algo cerrados. Con unos años en botella aparecen notas más terrosas, especiadas, balsámicas y de frutos secos, mientras el tanino se integra y el vino adquiere una mayor sensación de profundidad. Es una variedad que agradece la paciencia.

Y también una cierta prudencia con la madera. Los mejores elaboradores suelen buscar que la crianza acompañe al vino sin ocultar la expresión del viñedo. Grandes fudres, botas o barricas usadas son habituales en muchos proyectos del Etna.

¿Con qué vinos podemos descubrirla?

La mejor forma de acercarse a una variedad es probar diferentes interpretaciones. En el caso de la Nerello Mascalese, recomendaría empezar por algunos vinos que permitan comprender tanto la variedad como la diversidad del Etna:

Tenuta delle Terre Nere – Etna Rosso
Un magnífico punto de entrada para comprender el estilo del Etna y la importancia de las diferentes contrade. La bodega ha sido una de las grandes impulsoras de la recuperación de la identidad territorial de la zona.

Tenuta delle Terre Nere – Guardiola
Un escalón más arriba en complejidad. Procedente de uno de los viñedos situados a mayor altitud de la denominación, es un vino de carácter más austero, mineral, tánico y longevo.

Passopisciaro – Passorosso
Un vino que permite acercarse a la interpretación más elegante y territorial de la variedad, con la fruta roja, la frescura y la mineralidad como protagonistas.

Pietradolce – Barbagalli
Procedente de cepas viejas del Etna, es uno de esos vinos que muestran cómo la Nerello Mascalese puede alcanzar profundidad y longevidad sin perder delicadeza.

Benanti – Etna Rosso
Una buena referencia para comprobar la capacidad de la variedad para combinar fruta, frescura, estructura y carácter volcánico.

Versante Nord – Eduardo Torres Acosta
Una alternativa especialmente interesante para una primera aproximación y que para mi también tiene un componente especial por la presencia de Eduardo Torres Acosta, un joven enólogo de las Islas Canarias, comenzó a trabajar en Tenerife, donde su padre (un cartero local) tenía una pequeña parcela de tierra. En 2012 Eduardo se mudó a Sicilia, donde hizo una pasantía con Arianna Occhipinti. Poco tiempo después consiguió un trabajo como enólogo en Azienda Passopisciaro. A pesar del estatus de "forastero" de Eduardo, se las arregló para alquilar varias parcelas en Etna a los lugareños. Vino ecológico, metodo natural y biodinámico.

En este momento hay muchos elaboradores y mucha calidad en los vinos de la zona.

¿Y fuera del Etna?

Aunque el Etna es, sin discusión, el gran territorio de la Nerello Mascalese, la variedad no está exclusivamente vinculada a esta denominación. También aparece en otras zonas de Sicilia y en pequeñas proporciones fuera de la isla.

Sin embargo, es difícil encontrar un lugar donde alcance la personalidad que consigue en las laderas del volcán. Y quizá esa sea una de las mejores virtudes de esta uva: no necesita conquistar el mundo para demostrar su grandeza.

Al contrario que variedades internacionales que han conseguido adaptarse a numerosos países, la Nerello Mascalese parece alcanzar su máxima expresión cuando mantiene un vínculo estrecho con el territorio etneo.

Una uva que merece ser descubierta

Durante mucho tiempo, Sicilia fue asociada casi exclusivamente con vinos cálidos, mediterráneos, maduros y de elevada graduación. El Etna ha cambiado esa imagen.

Sus vinos muestran que una isla mediterránea puede producir tintos de enorme frescura, elegancia y capacidad de envejecimiento. Y en el centro de esa revolución está la Nerello Mascalese.

Una variedad de color aparentemente delicado pero de estructura firme; mediterránea pero fresca; tánica pero elegante; austera en su juventud y extraordinariamente compleja con el tiempo.

Quizás por eso, cuando se prueba un buen Nerello Mascalese del Etna, la comparación con Nebbiolo o Pinot Noir aparece casi inevitablemente. Pero después de unas cuantas copas, uno acaba llegando a la misma conclusión:

la Nerello Mascalese no necesita parecerse a ninguna otra uva. Tiene suficiente personalidad para ser, sencillamente, Nerello Mascalese.

  1. #1

    jlleo

    Interesante artículo. Si hubiese sabido esto cuando estuve allí........

  2. #2

    Josep_Gallego

    en respuesta a jlleo
    Ver mensaje de jlleo

    Pues a volver pronto!

  3. #3

    jlleo

    en respuesta a Josep_Gallego
    Ver mensaje de Josep_Gallego

    Ya me gustaría, ya.


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