El Alma del Vino

Artículos propios : la educación del vino.


Mi primera experiencia con el vino, al menos que yo recuerde; tuvo lugar cuando a los catorce años mi abuelo quiso compartir conmigo un vaso de peleón violeta en esa hora en la que los vizcaínos de caserio detienen sus labores de huerta y reponen fuerzas, a la vez que disfrutan de un corto bocadillo regado por un pequeño trago. Amaiketako, el de las once de la mañana.
Desde entonces ha llovido mucho vino por mis papilas, no tanto como para comenzar a preocuparme, porque siempre he sido un bebedor responsable, y nunca compulsivo. La educación con el vino es como todo en esta vida. Hay que priorizar en que las nuevas generaciones logren dar al vino el lugar justo que se corresponde con sus vidas presentes y futuras. Fácil decirlo, no tan sencillo lograrlo. Hace años, tantos como tiene mi hijo mayor, me propuse enseñarle como amar al vino sin caer en la trampa. Todo en esta vida, más cuando tenemos a jovenes e infantes delante, depende de la capacidad que tengamos los adultos de esculpir su responsabilidad. Amar el vino no depende de la cantidad, sí de la calidad. Existen cada vez más pequeños gourmets que no levantan ocho palmos desde el suelo, pero que por simple costumbre saben diferenciar a simple golpe de entrada en boca, un aceite de arbequina de otro de piqual. O que se permiten echar atrás un pescado porque es congelado en vez de fresco. O que esbozan una amplia sonrisa cuando les intentas engañar con una tortilla de patata de esas de la sección de congelados del supermercado. La superación de los tiempos pasados, que digan lo que digan no fueron traumáticos para quienes por cuestión de edad no conociamos otras cosas; ha traído un caldo de cultivo inimaginable en cuestiones de paladar, para nuestros abuelos. Aquellos hombres y mujeres que pasaron las penurias de una guerra estaban acostumbrados a cualquier cosa, a croquetas con las sobras del día anterior, a caldos hechos con huesos de misteriosa procedencia. Hoy en día, en muchos hogares ni siquiera saben hacer croquetas, y no precisamente por falta de medios.
La sociedad del consumo y disfrute gastronómico ha evolucionado de tal manera que nuestros jovenes parecen perros de caza sentados delante de un plato. Detectan lo indetectable.
Puede que haya una parte de exceso de vicio en estas conductas. Pero lo cierto, es que detrás de ellas también hay un estilo bon vivant innegable.
Introducir el buen uso del vino en las escuelas,(al menos a partir de ciertas edades pre ó adolescentes), sería un bombazo. Positivo, eso sí. Para evitar el peligro de la adicción malsana no siempre es buena la prohibición. Las extraescolares tan de moda en nuestros días pueden aportar con clases de cata unas experiencias maravillosas. Se potencian los sentidos cuando abres los ojos a colores, cuando llenas tu nariz de aromas maravillosos (sigo intentando convencer a varios amigos míos incrédulos, de que en efecto un vino puede oler a violetas, rosas ó peras limoneras) ó cuando ensanchas el interior de tu boca con una mágica garnacha.
El vino en pequeñas dosis da una sensación alquímica pura. Puro placer.
Y es a partir de esa propuesta donde entra en juego el deseo de atacar los botellones, de evitar que nuestros jovenes pasen horas muertas bebiendo sólo para perder la noción del tiempo y el espacio.
El vino es una expresión artística, comparable con la literatura, la pintura ó el cine. Un ejercicio creador con personalidad propia.
Todo lo demás,lo negativo; pertenece al mundo del abuso. Y todo en esta vida, tomado con abuso, es nocivo.
Logremos entre todos difundir la auténtica cultura del vino, por encima de catetos puritanos prohibicionistas y libertinos cretinos estrafalarios. Justo enmedio de los dos, con criterio y con la verdad que nos asiste y defiende.
  1. #1

    Miguela

    Juan,
    ¡¡¡BRILLANTE EXPOSICION!!! Todo un ejemplo de como enseñar a los jóvenes a degustar el vino.Ojalá el gobierno se guiase por la lógica igual que tú en lugar de dedicarse a prohibirlo todo, ¿no crees? Saludos.

Herramientas del blog



"La comida es la parte material de la alimentación; el vino, la parte espiritual" (Alejandro Dumas).
Este sitio web usa cookies para analizar la navegación del usuario. Política de cookies.
Cerrar