Masia Vila-rasa, un pequeño “château” en la catalana comarca del Osona
Jordi_Melendo
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En la década de los 80 Enric Riera compro la finca Masia Vila-rasa, la reformó y la equipó con todo lo necesario para producir vino y ver así cumplido el sueño de su vida, al mismo tiempo que recuperaba el cultivo de la vid en un lugar que esta tradición se había perdido desde hace un siglo.
La casa está rodeada por dos hectáreas de viña plantadas durante los años 1989 y 1990. Dos tercios del terreno los ocupa la variedad Pinot Noir, originaria de la Borgoña, poco habitual en España, que se caracteriza por su extremada delicadeza y que es la variedad preferida de Enric Riera, quien dice que le apasiona ese grano pequeño y delicado que has de cuidar como si fuera una criatura, que ofrece un bajo rendimiento y con la que se pueden obtener unos vinos con una gran personalidad y complejidad. En el tercio restante de la finca está cultivada la variedad Merlot, más resistente y productiva que proporciona más grado y color al coupage.
En 1994 se embotellaron las primeras botellas del vino Masia Vila-rasa, un tinto que tiene un mínimo de 18 meses en barricas de roble francés y americano, con una posterior crianza de tres años en botella. La producción de cada cosecha varía según las condiciones climatológicas de cada año, siempre con el concepto de una producción muy limitada pero de la más alta calidad. Desde hace dos años una pequeña parte de la uva se destina a elaborar un vino rosado que está dando muy buenos resultados.
En 1994 se embotellaron las primeras botellas del vino Masia Vila-rasa, un tinto que tiene un mínimo de 18 meses en barricas de roble francés y americano, con una posterior crianza de tres años en botella. La producción de cada cosecha varía según las condiciones climatológicas de cada año, siempre con el concepto de una producción muy limitada pero de la más alta calidad. Desde hace dos años una pequeña parte de la uva se destina a elaborar un vino rosado que está dando muy buenos resultados.
