Dementes por un tubo, diablos y un cartabón para la miel.
“I ate sausages with you at the feast.
I ate sausages, and across the street
the butcher counted his daugther´s feet!”
No se si leía a Corso, era una cita en mi libro de verano o simplemente una mala pasada de la piel del hígado.
Puede que esté sobrevalorado, o que le hayan dicho a Sherlock que la alianza de culturas enologicas debe desterrar el principio de los gustos y amoldarse a las estanterias y los social wine consultants para presentarnos productos, modas y diseños que mejoren nuestra vida a este lado de la barra.
La tarde era de sol, almendras y sal. El Palo Cortado #34 deslumbró. Los mosaicos brillaban tanto que los rasgos de oro del vino se perdían entre los instantes que duraban, se iban como el agua entre los dedos y era preciso gesticular intranquilo buscando un lado de la copa sin el testigo detrás. Daba igual porque los mirlos te ayudaban con el buchito de brioche, fondo de chocolate negro e incluso texturas blancas de bombón suizo. Subía en boca y casi te irritaba. De escándalo y de jerga de mirlos.
Maravillosa tarde para un spätlese de Marienburg activo y floral con notas amieladas, cereales y un retrogusto denso, acariciador, buena acidez que vamos disfrutando...
En un instante la luz casi se acaba con el dulce ácido del vendimia tardía, suave y muy largo. Hasta que el frio entró por la dorsal. Un shiraz/pinotage Lyngrove del mundo octavo o con otros detalles puede que anime. Pero menudo batacazo. Color casi de un San Asensio o un St. Julien genérico que busca la foto de su añada imposible o dejar de beber para toda la tarde.

El vino Demencia tiene un color muy bonito, parece del pantone® a tiras, maquillado con finura pero dejando el barniz de las cosas nuevas muy brillante. Asi que insistiendo desgastamos los momentos y desgarramos las gargantas con la aspereza, la pulcra madera, el extracto de belleza y la interminable búsqueda de un sabor que no tiene, que no llega. Algo así debe impresionar, dejarte boquiabierto, decir hasta aquí hemos llegado o no pedir piedad al diablo. En el paladar carece de algo de carne y tensión, resulta flexible, pero aparece poca potencia, con taninos firmes pero sólo de longitud modesta.
El Jesús Madrazo Selección es impulsivamente granate silenciado con delicada iluminación y acompañado por una expresiva mineralidad de la que sale un espectro complejo de sabores, hay aromas intensos y llenos de humo de tabaco negro, cedro fino, laurel, notas de carne ahumada y un final de compotas y mentolados con gran retronasal. Vuelan los toques de algun higo, algo de azafrán...Una belleza.
Hubo un blanco pero el terror ya estaba superado y lo pondremos otro dia, como siempre.
