Descubramos el vino

La Cata del Vino. La Vista

Una vez que ya tenemos una idea muy general de como se elabora un vino, podemos empezar a sentar las bases de como apreciar las características que hacen que sea de verdad bueno. Me dirás que el gusto es tremendamente subjetivo, y que hacer una valoración objetiva es casi imposible, y no puedo dejar de darte la razón. Sin embargo, hay factores que nos pueden ayudar a apreciar que es lo que hace que un vino nos guste. Esto puede hacernos menos dependiente de las modas comerciales, y restar influencia a lo que opinen otras personas. Incluso nos hará menos dependientes de la etiqueta. Bueno, sólo algo menos.

En esta entrada, primera de una serie en la que iremos desgranando la cata de un vino, empezaremos por su apsecto visual. Aparte de su color, hay una cualidad del vino que nos permitirá tener una idea de en que consición se encuentra, su brillantez. No nos importa que sea blanco o tinto, geberoso o espumoso, un vino que muestra un color muy apagado es que se está muriendo, incluso es posible que ya no sea apto para consumirse en condiciones óptimas.

El siguiente factor a tener en cuenta a la hora de catar un vino es su transparencia. Si me hubieras preguntado hace unos años, te hubiera dicho que es un factor muy a tener en cuenta. No es que hoy me parezca que no debe valorarse, pero ya no me parece tan importante, especialmente si tenemos entre manos un vino natural, o uno sin filtrar, que pueden tener algunas partículas en supensión. Esto no debería suponer óbice para que sea considerado un buen vino. Bueno, todo dentro de un orden, si tenemos que andar escupiendo trocillos de uva, puede resultar algo molesto. Realmente, un filtrado mu agresivo que consigue que un vino quede completamente transparente, pero mucho me temo que además de las partículas en suspensión retiran componentes que forman parte de la identidad del vino, haciéndolo más plano.

La vista también nos proporciona una característica del vino que no por evidente es menos importante, su color, que nos dará pistas muy importantes. En un vino blanco, por ejemplo, si nos encontramos con un color muy claro, un amarillo con irisaciones que pueden ser verdosas, nos está diciendo que se trata de un vino muy joven. Si, por el contrario, vemos un amarillo más intenso, tirando casi hacia tonos ambarinos, será un blanco más añejo. No por eso hay que despreciarlo, hay blancos que envejecen realmente bien, incluso aunque no tengan crianza en madera, pero eso será tema para otra entrada.

Si  nos encontramos ante un tinto, te sugiero que hasta esta prueba: Inclina la copa sobre un fondo blanco y observa el menisco, el borde del vino. Si el color de este borde es violáceo, se trata de un vino joven, de esta cosecha o como mucho de la anterior. Si el color es rojo intenso, el vino tiene crianza, que podría ser de hace tres o cuatro cosechas. Si es anaranjado, estamos ante dos opciones, o es un vino que se ha “picado” o un vino viejo.

El color del menisco evoluciona por una sustancia presente en el vino, los antocianos, que originalmente son de color azul, y al irse oxidando llegan a ser anaranjados o  amarillos, de ahí que el vino con el tiempo vaya cogiedo ese color violáceo cuando es joven o anaranjado si va siendo más viejo.

Además de tintos y blancos, hay vinos rosados, que aunque en España estén algo hechos de menos, pueden darnos grandes alegrías, especialmente en estos tiempos veraniegos. Déjame compartir contigo un rosado que es un fijo en mi bodega. Amanda, de Alfredo Maestro, es un vino que en nariz es pleno de fruta roja fresca. Encontramos con facilidad grosellas y arándanos muy frescos que alegran el olfato y hacen difícil no llevarlo a la boca con rapidez. Al paciente le gratifica con notas de manzana verde. Es hora de llevarlo a la boca donde lo encuentras fresco y crujiente, con un final muy agradable de limón con cerezas rojas. Agradable y fresco. Larga vida a los rosados.

En la próxima entrega empezaremos a hablar de los aromas, pero eso será otra historia.

Si aún eres capaz de leer más, prueba en mi blog. Vida entre Vinos.

 


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