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Un día en Champagne

Aprovechando una estancia laboral relativamente cerca de Champagne , decidimos mi esposa y yo ir a pasar un día en aquella región. Saliendo de Amiens y hasta unos 50 Km de Reims niebla cerrada que casi te impedía conducir, atraviesas Reims y siguiendo la D9 al poco, y tras una colina te encuentras de forma repentina con extensos campos de viñedos, impecablemente cuidados, aunque ahora ya teñidos por el color ocre y marronoso que les proporciona el otoño. Día soleado y sereno. Una gran pancarta que dice: Moet et Chandon “Vigne Tryssy”, nos indica claramente que acabamos de entrar en la Champagne.

Suaves colinas, todas cubiertas de vides perfectamente alineadas, la carretera serpentea y ondula entre ellas, paisaje lleno de armonía y belleza. A lo largo de la carretera van pasando pequeños pueblos , Sillery, Verzenay,Verzy, Bouzy, Ambonnay, Epernay. etc.

Se advierte enseguida que estamos en una región rica, no hay castillos al estilo Burdeos, sino chalets o casas de pueblo todas muy bien cuidadas, pero no ostentosas, hay pueblos en los que cada casa produce champagne y múltiples carteles te invitan a entrar y a probarlo. La riqueza que se advierte en la zona destaca en el pueblo de Le Mesnil sur Oger, casas preciosas y cuidadísimas y un ayuntamiento precioso que preside la plaza principal.

Comimos en Gionges muy cerca de Le Mesnil sur Oger, pequeño pueblo donde predomina el bosque frente a la vid y en donde la camarera que nos atendió no sabía descorchar la botella de champagne que pedimos. Cosas un poco incomprensibles. Por cierto tomamos un excelente rosado Paul d’Echaly Brut Rosé producido por una cooperativa local y disfrutamos de una buena comida a base de canard.

Situación curiosa en aquel pequeño restaurante, sólo había tres mesas ocupadas y todos éramos fumadores con lo cual los comensales salían a fumar al patio dejando las mesas y la sala vacías.

Después de la comida pasamos por Oger, Cramant, Cuis y Choully hasta desembocar en Epernay. Sigue el paisaje idílico, con viña cuidadísima, y pequeños pueblos acogedores. En los campos grandes cruces indican el reparto de la tierra, parece que en algunos lugares la propiedad está muy dividida. Ves pasar nombres ilustres ya que cada parcela indica quién es su propietario: Salon, Krug, Mumm etc ... .

Epernay es una ciudad grande, saliendo de ella y tras un recodo apercibimos el famoso “Clos des Goisses” de Philliponnat, situado a la salida de la ciudad pero todavía en casco urbano. Se trata de una colina muy empinada, allí debe ser difícil vendimiar, al estar al lado de la carretera y solo protegido por un “clos” más simbólico que nada entramos en la propiedad y visitamos la viña un momento.

Visitamos algunas bodegas, Lilbert en Cramant donde no pudieron atendernos ya que los dueños habían salido, y luego Camile Savés en Bouzy y J. Lassalle en Chigny Les Roses, por cierto pueblo encantador de precioso nombre. En todas partes nos atendieron de maravilla, dándonos a probar sus productos. Son gente muy amable y acogedora, están acostumbrados a recibir visitas, esto se nota, enseguida te introducen en su casa, te hacen visitar las cavas, te tratan como si los conocieras de toda la vida, te presentan a su familia y te hablan de su champagne con verdadero entusiasmo, como debe ser.

Para acabar una conclusión bastante triste, y en relación con los vinos de pequeños productores (en cuanto a los grandes no lo se, aunque imagino que debe ser igual,) y es que estamos pagando precios muy excesivos en relación con lo que valen en bodega estos vinos. Sin embargo creo que esta reflexión es aplicable a cualquier otra zona vinícola .


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