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Visita a La Rioja Alta y CVNE-Haro

2.1 La Rioja Alta: La historia, de otro modo

La visita a  La Rioja Alta S.A. fue producto de las gestiones de mi buen amigo Juan Carlos Somalo. Juan Carlos es uno de esos tipos polifacéticos que crea la industria del vino, los que saben exactamente donde ir y a quien llamar para todo. Es consultor de vinos, educador, distribuidor y propietario de tienda... Durante un par de meses antes de mi partida a España estuvimos discutiendo los pormenores de una “Histórica cata vertical” que tendría lugar en la antedicha bodega. Los astros se alinearon perfectamente y estaba yo en Haro ese 10 de noviembre. Teníamos cita a mediodía, a la que yo, tratando de recobrar mi identidad latina, luché por llegar con algunos minutos de retraso.

La helada llovizna que comenzara a caer la noche anterior no daba señales de querer parar. Caminábamos el breve trecho desde el aparcamiento hasta el edificio principal de La Rioja Alta cuando Camilo me dijo: “Imagínate lo bello que debe ser esto con el sol afuera”. Yo, ni corto ni perezoso, le respondí: “Es bellísimo tal y como está. ¿Cuantas veces has visto fuego debajo del agua?”

El otoño es mi estación preferida, especialmente cuando estoy en una región vitivinícola. El cambio de color de las hojas, para alguien que creció en el brutalmente eterno verano del Caribe, me llena de emociones maravillosas. Y en efecto, alrededor de la bodega, los árboles parecían antorchas. La lluvia añadía lustre al efecto; el cielo gris era el fondo neutral perfecto para acentuar los cobres, naranjas y amarillos de la vegetación.

El grupo de gente que nos encontramos en la recepción de la bodega era bastante mayor de lo que yo esperaba. Estaba Juan Carlos, claro. Pero también había individuos con cámaras de apariencia muy profesional. Resultó que lo que yo creí que sería una tranquila visita con cata se había convertido en un evento mediático que de pequeño tenía poco. A cargo de guiarnos en la visita y dirigir una cata vertical de “Gran Reserva 904” estaría Julio Saenz, uno de los directores de control de calidad de La Roja Alta. Una vez establecido sin lugar a dudas que el recién llegado cubanito medio calvo y barrigón no era otro que Manuel Camblor, se inició la visita.

Algo que se hace notar instantáneamente en las instalaciones de La Rioja Alta es que si bien los señoriales edificios que ocupan son más o menos contemporáneos de los de López de Heredia, el “feeling” en La Rioja Alta es muy diferente. Donde en López de Heredia encontrase yo un ambiente decimonónico congelado en el tiempo, en La Rioja Alta me sentía como en un club campestre muy de ahora, construido en una antigua mansión, pero con todas las amenidades del siglo XXI.

Esta impresión mía no era injustificada, según comprobaría en las explicaciones ofrecidas por Julio. La bodega de La Rioja Alta en Haro ha sido convertida en una especie de lujosa sede social de la compañía, pero en ella se hace muy poco—si algún—vino. La producción ha sido mudada a bodegas más cercanas a los viñedos, en Labastida, Briones y Elciego. En la bodega de Haro se guarda vino en barricas y botellas. Y se recibe a los visitantes...

“Tradición” es una palabra a la que se da muchísimo uso en Rioja. Todos los paquetes de prensa y anuncios de bodegas con los que me crucé durante mi gira por la región habían sido creados alrededor de esa palabra. Por ello, no fue ninguna sorpresa que en nuestra visita a La Rioja Alta oyésemos bastante sobre tradición. La bodega fue fundada en 1890 por cinco familias que desde entonces no han flaqueado en su compromiso con la más alta calidad de vinos. La enología en La Rioja Alta honra un buen número de tradiciones centenarias  (uso exclusivo de barricas de roble americano fabricadas en su propia tonelería, cuidadosa trasiega artesanal, largas crianzas en madera y vidrio...), pero a la vez se mantiene a la más absoluta vanguardia de la tecnología enológica actual. Etc.. etc., etc.

Habiendo presenciado la estricta interpretación de lo que es "tradición” en López de Heredia, yo sentía gran curiosidad por enterarme como estos vecinos negociaban la reconciliación entre sus propias tradiciones y el manejo de una bodega en el siglo XXI.

Lo del “siglo XXI” se manifiesta a muchos niveles en la bodega. Primero está el nivel del diseño y el lujo de materiales dedicados a las instalaciones. Segundo es el hecho de que La Rioja Alta no es una sola bodega, sino todo un grupo corporativo que comprende bodegas en tres zonas muy distintas de España (La Rioja Alta y Barón de Oña en Rioja, Lagar de Cervera en Galicia y Aster en Ribera del Duero).  Lo tercero es el grado de constante experimentación que ocurre en la bodega para mejorar el producto. Es evidente que se valora la tradición. Pero también es evidente que no hay miedo a jugar un poco con lo tradicional. “Siempre se puede mejorar” bien podría ser el lema que inspira todo el proceso.

Uno de los primeros salones que vimos está destinado a almacenar “cuvées experimentales” para potenciales nuevas marcas o para “mejorar” las marcas existentes. Aunque tradicionalmente La Rioja Alta ha utilizado sólo barriles de  roble americano hechos en su propia tonelería, Julio nos mostró algunas barricas fabricadas por toneleros franceses de prestigio, cuyos atributos están siendo considerados actualmente por la bodega.  Aparte del roble francés, otra materia de interés para La Rioja Alta es una mayor adición de la aromática variedad graciano a los vinos.

Las areas de almacenamiento de la bodega en Haro albergan unas 46,000 barricas y 9,000,000 de botellas. Son cifras impresionantes, como quiera que se lean. Pero tras el primer impacto del puro volumen, me dí cuenta de un par de cosas que me hicieron reflexionar.

El promedio de vida de las barricas en La Rioja Alta se está acortando. Esto no quiere decir que estén contemplando la implementación de 100% roble nuevo a ningún plazo en particular, o por lo menos eso espero. Pero no puedo dejar de pensar en que el uso de barricas más nuevas (o, si se quiere, “menos usadas”) vaya a provocar cambios en los perfiles de vinos clásicos de la bodega como los  “Gran Reserva 904” y “Gran Reserva 890”.

Otra cosa me extrañó cuando pasaos a ver los botelleros. Al entrar al impecablemente sanitario calado de la bodega, es difícil no sentirse sobrecogido por la mera cantidad de vidrio que se ve en los nichos. Claro, mantener tal volumen en u parque de botellas es la norma de las bodegas históricas de Rioja. Lo que me chocó fue una ausencia. La Rioja Alta no tiene un gran “cementerio” de vino de añadas antiguas. EN la bodega de Haro, el haber de botellas viejas no va muy allá en el pasado y la cantidad es cantidad de botellas es relativamente pequeña. Lo que pueda haberle pasado a todo el vino viejo de esta histórica bodega es un misterio para mí. Lo que sí tengo claro es que debieran tener mucho más que lo que tienen.

Terminada la visita a las instalaciones, fuimos dirigidos a una moderna y elegante sala de cata, con la mesa puesta para acoger a nuestro grupo. Probaríamos varias añadas de La Rioja Alta “Gran Reserva 904”, desde 1964 hasta 1995—un vino que aún no ha salido al mercado. El “904” es un vino hecho con 85-90% tempranillo, siendo el resto del “coupage” una combinación de graciano y mazuelo. El vino pasa cuatro años en barricas de roble americano y por lo menos otros cuatro en botella antes de salir a la venta. Esto explica por qué el “904” del 95 aún sigue en bodega tras nueve años. El “904” no se hace en todas las añadas. Sólo proviene de cosechas excelentes (los criterios de selección de añada son aún más estrictos para la gama más alta de La Rioja Alta, el “Gran Reserva 890” y el “Marqués de Haro”). Esa es la razón por la que solamente hay seis copas en cada puesto de la mesa.

Empezamos por el 1989, un vino que me resultó absolutamente espectacular cuando lo probé por primera vez en Puerto Rico, hará unos siete años, pero que se cerró a cal y canto poco después de esas primeras botellas. Uno tuvo que haberlo bebido en aquel momento de esplendor inicial o resignarse a esperar que el vino se dignase a cantar de nuevo...

¿Qué tal se estaba portando al final del 2004? Pues aún bastante reticente, con aromas de hoja de tabaco, chocolate, cassis y ciruela susurrando reservada, pero prometedoramente. Dejándolo airearse, notas de arcilla y lavanda seca comienzan a emerger. Pero éste va a tomarse su tiempo para soltar toda la belleza que tiene dentro. Al paladar es vivaz, con vibrante acidez. Frambuesa y mora en un paso de boca opulento, mullido. Final muy largo que se estrecha gradualmente.

El segundo vino fue el 1985, de una belleza más madura, redonda y directa que el anterior. Perfumado, con el elemento de chocolate característico de los “904” cediendo protagonismo a notas de sotobosque, tabaco y ciruela negra. Hay también algo placentero de savia en la nariz. Con aire, se suaviza y endulza el perfume, haciéndose sumamente amigable y hasta goloso. En un principio, la boca da algo completamente opuesto a la nariz: Agresivo, de taninos bastante masticables y con un golpe de calor, el vino se muestra algo arisco de entrada. Pero un rato e la copa lo calma y hace que salgan sabores a chocolate, arándano y frambuesa negra. Muy largo. El toque de calor persiste, pero al irse abriendo el vino surgen otros elementos que distraen de él.

El número 3 fue el 1982. El más bonito color de la capa: Granate medio con borde cobrizo y destellos de un violeta brillante. Un golpe de volatilidad se desvanece rápidamente, dando paso a aromas de hojas secas, cerezas, ciruelas, pasas y la ya esperada nota de chocolate. Con aire emergen elementos salados y térreos y la fruta da un viraje inesperado hacia frambuesa negra, en vez de la cereza y ciruela del principio. Dulce y amplio en boca, con acentos de nuez moscada y grano de cola. Etéreo en el posgusto, con los sabores de fruta bailando deliciosamente en torno a un centro firme de acidez y taninos. Un vino sumamente atractivo.

Seguimos con el 1981. Una fascinante sorpresilla borgoñona en éste... Nariz perfumada, con notas de arbusto, flores silvestres y caramelo (que sustituye al chocolate acostumbrado). Un toquecito de soya, otro de humo y otro más de polvo; luego un aroma de cofre de especias donde llama mucho la atención la canela. Es el más aromáticamente interesante de los “904” hasta el momento, precisamente por lo diferente que es de los demás. Vivaz, grácil y muy preciso en boca, con un elemento salado de carnes curadas y ecos florales que acentúan lso sabores a frutas rojas. Posgusto largo y muy detallado. Un vino bello, vibrante y con al menos dos décadas de desarrollo positivo en botella por delante. Lo distinta que estaba esta botella a la que probara unas semanas antes en Manhattan con John Gilman, Gerry Dawes yJosh Raynolds me dió mucho que pensar.

NUestro retroceso en el tiempo concluyó con el 1964.  Inicialmente, el vio se mostró muy reductivo, pero se le pasó eventualmente con un poco de aire. Comienza delicado, con etéreos aromas de caramelo, hojas secas, cerezas en licor, boletus, cuero, cedro y el más sutil acento de violetas. Pero pronto los aromas adquieren amplitud y se autoafirman con una fuerza sorprendente. El vino va “llenándose” fantásticamente. SI alguna duda había en el grupo acerca de “cansancio” en este vino de cuarenta añitos, poco pudo durar.  De “cansado” nada. Fabulosamente sedoso en boca. Un centro de ciruela roja, cereza y frambuesa negra, envuelto en detalles de chocolate, tabaco, tierra y heno. Posgusto larguísimo que se presenta en capas, con pequeñas explosiones de tabaco y arcilla al final.

Julio nos pidió que catásemos el 1995 hors concours y que no lo juzgásemos de la misma forma que a sus hermanos mayores, pues no es un vino completamente “terminado”. Este 95 es, por el momento, todo fruta. Poderosa, explosiva fruta que por momentos se muestra un poco torpe. Pero el vino es sumamente largo y se puede discernir en él una estructura impecable, así como excelente sustancia. Este tendremos que vigilarlo cuando salga al mercado...

Cuando salíamos del salón de cata para ir a almorzar en uno de los comedores de la bodega, se me acercó un individuo alto. Se me había presentado al principio de la visita como Alberto Gil. Me dijo que era periodista del Diario de la Rioja. Ahora me preguntaba si me parecía bien que me entrevistara para el suplemento de vinos de su periódico. 

¿A mí? ¿Para qué querría alguien entrevistarme a mí?

La razón del interés de Alberto era una serie de discusiones bastante duras sobre el estado actual de Rioja en foros de internet, en las cuales yo había participado muy animadamente. De ellas ya les hablé al principio de esta saga. Mis posiciones en esas discusiones habían sido, por así decirlo, explosivamente controvertidas. Mi voluntad de hablar sobre vino parecían haber creado en este gentil caballero la noción de que yo era una especie de—¡horror!—“crítico de vinos”. Quería escuchar una opinión proveniente de Norteamérica que desafiara el puntismo chapapótico y el etiquetismo fetichista de las publicaciones dominantes en el mercado de EEUU.

Pues bien, lubricado con unas cuantas copas de vino y llena la panza con delicioso cordero asado, le dije a Alberto lo que pensaba de Rioja y del mundo del vino en general... Lo que le conté, más o menos, apareció recientemente en la revista del  Diario de la Rioja. Quienes tengan tiempo y la dosis de masoquismo que es requisito para dispararse mis tabarras, pueden ver el artículo en http://servicios.larioja.com/vino/2004/camblor.html. NO hay que decir que ya llamé a mi madre para decirle que no debía perderse estos quince minutitos de notoriedad que me cayeron.

Con la comida bebimos vinos de La Rioja Alta y sus bodegas hermanas en el resto de España. Comenzamos con el 2Lagar de Cervera, Albariño, Rías Baixas 2003, un blanquito fácil, afrutado y sin pretensiones. Considerando el bárbaro calorazo que aquejó a toda Europa ese año, este albariño resulta sorprendentemente ligero y fresco.

Acompañamos el cordero con el Bodegas Aster, Reserva, Ribera del Duero 2000, un vino que acaba de salir al mercado español. Este  proyecto de La Rioja Alta en Ribera del Duero se fundó en 1988, pero no fue hasta el 200 que la bodega se vió ante una añada que considerara digna de s primer lanzamiento comercial. El vino es de  100% tempranillo procedente de viñedos propios. La crianza es en barricas de roble francés y americano que, según nos explicara Julio Saenz, “no son necesariamente nuevas”. Esto iba en contradicción a lo que pone el paquete de prensa de la bodega sobre el vino: “Aster es un tinto reserva envejecido en barricas nuevas de roble americano y francés”.  Pero lo que yo tenía en mi copa tendía a dar la razón a Julio. Un vino recio y potente, térreo y con un bello corazón de fruta roja madura. Bien estructurado y largo en boca. No hay excesos. 13% de alcohol es bastante bajo, considerando los niveles que se llevan habitualmente en vinos de toda España hoy día. Y la madera no intenta robarse el escenario en ningún momento. Este Aster es un vino que quiero volver a probar en diez años, cuando no dudo que estará magnífico.

Bebimos además un La Rioja Alta, “Viña Arana” Reserva, Rioja 1996. El Viña Arana se convirtió en uno de mis vinitos “de diario” durante la época que pasé en Madrid cuando era estudiante aún (de lo que hace toda una pila de años). Excelente tinto a un excelente precio. ,uy pulido y con evidente casta. Siempre me ha entristecido no verlo más en las tiendas norteamericanas. Aunque eso está cambiando desde hace poco y puede que lo tenga mucho más disponible. Claro, siendo las cosas lo que son ahora, probablemente me pidan por el Arana $20, que dista mucho de lo que yo pagaba en España a finales de los ochenta o principios de los noventa. Pero volviendo al almuerzo... Este vino se portó muy bien. Aromas de cereza negra, ciruela y frambuesa entrelazados con especias, chocolate y hojas de tabaco. En boca es redondo y sedoso, con un largo, suave y especiado final. Uno de esos tintos que te invitan a servirte otra copa. Y otra... 

Nuestro último vino en La Rioja Alta fue de una de aquellas “cuvées experimentales” que viésemos al principio en la bodega. 70% de tempranillo, 20% de graciano y 10% de garnacha, envejecido en roble americano completamente nuevo. Aromas térreos y de mora dulce. EL roble se entromete un poco, impartiendo un toque leve de coco. Un vino más “moderno” y rimbombante que lo que yo jamás hubiera esperado de  La Rioja Alta. Corpulento, con mucho gusto a uva y notas herbáceas en boca. Taninos granulosos. Acaba demasiado pronto. Donde quiera ir a parar este experimento es algo sobre lo que no voy a especular aquí.

La noche ya había caído cuando nos marchamos de La Rioja Alta. Mi amigo Camilo y yo teníamos otra cita, a la que pensábamos que llegaríamos sólo con la más mínima de las tardanzas...


2.2 CVNE, de noche

Cuando Jesús Madrazo me dijo que había hecho cita para que Camilo y yo visitáramos  CVNE, hubiera jurado que la hora acordada era las 6:30 de la tarde. Me parecía una excelente hora para una visita y cata pre-cena. 

La lluvia había arreciado cuando llegamos al portón de la bodega de la Compañía Vinícola del Norte de España en Haro. El guardia de seguridad salió a ver qué queríamos. Le informamos que estábamos citados a las 6:30 de la tarde para conocer al insigne enólogo de CVNE,  Don Basilio Izquierdo y visitar la bodega. El guardia nos miró con expresión confundida. Y un pelín molesta. Dijo que tenía que llamar adentro e instruyó a Camilo a aparcar el carro a un lado de la puerta. Lo vimos al teléfono, hablando animadamente con alguien. Me hizo señales de que me bajara del carro y fuera a hablar yo también con su interlocutor.

Al teléfono, escuché la inconfundible voz profunda de Jesús Madrazo. “Se ha marchado todo el mundo,” me dijo. “Creían que ya no vendrías”.

“¿Que qué? Pero si tú me dijiste que estuviera aquí a las seis y media y ahora son sólo las y cuarenta y dos,” respondí.

“No,” replicó Jesús, “te dije que a las 16:30. Llevas un par de horas de retraso. Pero no te preocupes, que alguien va a recibirte y enseñarte la bodega rápidamente. No será lo mismo, pero por lo menos es algo. Ah, y no te sientas tan mal. Basilio no pudo estar a las cuatro y media. Llamó para cancelar, así que de todas formas no le hubieras conocido”.

El guardia nos dejó entrar. Dos horas tarde. Me sentía avergonzado. Pero también, muy adentro, sentía mi latinidad volver a brillar. El destino me estaba devolviendo mi  impuntualidad de siempre. Un par más de éstas y habría compensado por mi totería en López de Heredia...

El atentísimo caballero que salió a nuestro encuentro era del departamento de relaciones públicas de CVNE y se había quedado en la bodega específicamente para servirnos de guía. Le estaré eternamente agradecido por tanta atención y, sobre todo, por esmerarse en hacernos sentir que no le estábamos importunando. Encendiendo luces aquí y allá, nos mostró, con más lujo de detalles del que merecíamos, las instalaciones de la bodega.

CVNE es otra bodega riojana de cuyos vinos antiguos disfruto inmensamente. Botellas de Viña Real e Imperial hechos en los cuarentas, cincuentas, sesentas y setentas me han dado gran causa de goce y meditación en los últimos veinte años. Disfruto también muchísimo de los CVNEs “sencillos”. El “CVNE Quinto Año” es de frecuente beba en casa de mis padres, allá en Santo Domingo—lo que tomamos un lunes por la noche, con una pizza. Incluso se me ha oído alabar el experimento de CVNE en el campo de la “alta expresión,” el Real de Asúa. En las añadas del 95 y el 96, es un vino que demuestra para mí como puede maridar perfectamente la tradición con la modernidad, presentando fruta muy madura y roble nuevo, pero de forma elegante e intelectualmente estimulante.

Entrando en la sala de fermentación utilizada por la bodega para el Real de Asúa, nuestro gentil cicerón comenzó a explicarnos que el estilo del vino ha pasado recientemente por algunos cambios. Siguen buscando elegancia, pero en estos días el enfoque está en mayor madurez de la fruta y mayor redondez del vino. Y gradualmente van a cambiarse a 100% roble francés nuevo.  No quería yo pensar en las implicaciones de esto para aquel vino que tanto me había gustado. CVNE es ahora, por lo menos en parte, una compañía cuyas acciones se tasan en bolsa. Si cambian el estilo del Real de Asúa y provocan así un aumento en las ventas, pues, tremendo para los accionistas. Pero a mí siempre me ha costado trabajo aceptar el lucro como razón válida para andar metiéndose con algo que ya estaba muy bien. Claro, como dice Josie, para lo del dinero yo soy un perfecto idiota...

Hicimos una excursión relámpago a los fascinantes calados de CVNE, repletos de viejas barricas  botellas y con una “microflora” que no tiene absolutamente nada que envidiar a la de López de Heredia.  Me complació muchísimo ver la gran cantidad de vino viejo que guarda la bodega para el disfrute de generaciones presentes y futuras. Noté además la presencia de algo cuya ausencia en López de Heredia me había afectado: Secciones enteras del calado de CVNE están destinadas a botellas de formato grande. Creo que ya les he contado lo maravilloso que puede ser un Imperial de magnum, ¿verdad?

Algo muy curioso de esta bodega es una gran jaula de rejas ricamente ornamentadas donde los fundadores de CVNE colocaron botellas de sus mejores grandes reservas. Se supone que esas botellas no sean tocadas, preservándolas así para la posteridad. Una cápsula enológica del tiempo, por así decirlo... Cuenta una leyenda que cuando la jaula fue construida y llenada, fue cerrada con llave. La llave, se dice, fue tirada al Ebro para asegurarse de que algún curioso no fuese algún día a despojar la jaula de su preciado contenido. Fue Camilo quien se dió cuenta de que la leyenda no tiene mucho sentido. Dentor de la jaula, tras las rejas de hierro, hay bombillas para iluminar las botellas, todas cubiertas de hongos y telarañas. Si no hay modo de entrar a la jaula, ya que la llave fue a parar al río, ¿cómo se las arregla el personal de mantenimiento de CVNE para cambiar las bombillas cuando éstas se funden?  

Aunque nuestro guía se desvivía por darnos la impresión de que no causábamos ninguna molestia, Camilo y yo nos sentíamos mal. Mis preguntas sobre lo que está pasando actualmente en CVNE tendrían que esperar a otra visita. Insistí que el “tour” recortado de la bodega era mucho más de lo que yo merecía. Este señor seguramente tenía una familia que le esperaba en casa.

Pero de aceptar que nos marcháramos no quería oir. No sin que antes catásemos algunos vinos.

Eso hicimos, comenzando por el sabroso  CVNE, Crianza, Rioja 2001. Aromas bien enfocados de ciruela roja, frambuesa y humo, con una leve nota de caza. Jugoso en boca, largo y especiado. Taninos masticables. Mi única queja es de un poquito de calor en el posgusto, que resta algo de frescor al vino.

Siguió el CVNE, Reserva, Rioja 1999, que es el vino que usualmente toma mi padre los miércoles, con el bistec de la noche. Nariz tímida con notas de sotobosque, canela, sándalo, frambuesa y ciruela. Según se airea el vino, el elemento especiado adquiere protagonismo. En boca es limpio y muy directo, con fruta regordeta y simpaticona. Buen largo y excelente definición, con agradables aspectos térreos al final.

El CVNE, “Imperial” Gran Reserva, Rioja 1996 que [robamos a continuación estaba muy bueno... Aromas térreos, de cuero y frambuesa negra con acentos balsámicos. Frutos negros en boca, con un énfasis goloso. Posgusto largo con notas de hojas secas y taninos aterciopelados.

Quizás mi juico se vió afectado por las explicaciones sobre una “nueva dirección,” porque el CVNE, “Real de Asúa” Reserva, Rioja 1999 me pareció sustancialmente más aparatoso en cuanto a fruta y madera que sus antecesores del 95 y 96. Grande y un poco torpe bajo su severa carga de roble, dice lo que tiene que decir con voz ronca. Fruta roja muy madura a raudales, sí, y un final bastante largo... Pero echo en falta la gracia y sutileza de los Real de Asúa que había probado antes. No puedo discernir ningún defecto particular en este vino, pero me desencanta la pesadez con que se mueve.

La lluvia no tenía intenciones de parar. Tras agradecer repetidamente las atenciones de nuestro guía nos montamos en el carro y arrancamos hacia el hotel. Mordía el frío y algo estaba a punto de ocurrirme que yo ni esperaba, ni deseaba...

Continuará...


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