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Las otras uvas: Trepat, mucho más que una uva para rosados y espumosos

Una variedad autóctona de la Conca de Barberà reivindica los vinos frescos mediterráneos, ligeros y expresivos .

En el mundo del vino, durante muchos años, la calidad de un tinto pareció medirse por la intensidad de su color, la concentración de su fruta, su graduación alcohólica y la presencia de la madera. Sin embargo, los gustos evolucionan y cada vez hay más interés por vinos que apuestan por la frescura, la fluidez y la expresión de la variedad y del territorio. En este contexto, la Trepat merece una atención especial.

Poco conocida por buena parte de los aficionados, esta uva tinta encuentra en la Conca de Barberà, en Tarragona, su territorio de referencia. Durante décadas estuvo vinculada principalmente a la elaboración de rosados, pero en los últimos años ha recuperado protagonismo como protagonista de tintos con personalidad propia. Vinos que no necesitan una gran concentración para resultar interesantes y que reivindican una forma diferente de entender la elegancia. Otra variedad mediterránea delicada que merece mucha atención.

Una variedad profundamente ligada a su territorio

La Trepat es una de las variedades autóctonas más representativas de la Denominación de Origen Conca de Barberà. Aunque también se cultiva en otras zonas, como el entorno del río Corb y la Conca de Tremp, es en esta comarca tarraconense donde ha encontrado su principal espacio de expresión.

La Conca de Barberà presenta un paisaje vitícola marcado por la influencia de las sierras que la rodean, especialmente la de Prades, y por una combinación de suelos en la que predominan los materiales calcáreos. La altitud de los viñedos y las diferencias entre parcelas contribuyen a generar matices que conviene descubrir sin caer en generalizaciones.

Históricamente, la Trepat se destinó sobre todo a la elaboración de rosados y espumosos, una elección coherente con sus características naturales: una intensidad de color moderada, buena acidez y un perfil afrutado. Su presencia en los vinos espumosos rosados también ha contribuido a mantener viva la variedad.

El cambio llegó cuando algunos elaboradores comenzaron a explorar sus posibilidades para elaborar tintos monovarietales. La recuperación de este perfil se inició a finales del siglo XX y fue ganando impulso durante los primeros años del XXI, hasta convertirse en una de las señas de identidad de la viticultura de la Conca de Barberà.

También hay que citar la recuperación de la variedad que se ha iniciado en Castellón y especialmente en Valencia, con vinos interesantes. En estas zonas la Trepat es conocida como Bonicaire.

Trepat y espumosos: una relación con historia

Antes de que los tintos monovarietales despertaran el interés de los aficionados, la Trepat ya desempeñaba un papel importante en la elaboración de vinos rosados y espumosos. Su perfil aromático, su frescura y su moderada intensidad colorante la convierten en una variedad especialmente interesante para elaborar vinos en los que se busca fruta, viveza y una expresión delicada.

Su vinculación con los espumosos se aprecia especialmente en los rosados elaborados mediante el método tradicional, en los que la segunda fermentación en botella y la crianza sobre lías pueden aportar complejidad sin necesidad de ocultar el carácter varietal. La Trepat puede contribuir con notas de fruta roja fresca, una acidez que aporta tensión y un color atractivo, aunque el resultado final dependerá también del momento de vendimia, el ensamblaje y el tiempo de crianza.

En Cataluña, su presencia en los espumosos rosados forma parte de una tradición que convive con la utilización de otras variedades. Su interés no reside únicamente en aportar color: bien trabajada, puede ofrecer una base expresiva y fresca, capaz de mantener el equilibrio entre la fruta y la evolución que aporta la crianza.

Esta doble vertiente resulta especialmente interesante. La misma variedad que permite elaborar rosados y espumosos de perfil vivo y delicado puede dar lugar a tintos ligeros, aromáticos y con personalidad. 

La Trepat demuestra así que una variedad no tiene por qué quedar encasillada en un único estilo. Su futuro pasa tanto por seguir perfeccionando su expresión en los espumosos como por explorar las posibilidades de los tintos que respetan su frescura y su carácter.

¿Cómo es la uva Trepat?

Desde el punto de vista vitícola, la Trepat presenta un vigor considerable, racimos grandes y compactos y bayas de tamaño generoso. Es una variedad de brotación temprana y maduración tardía, sensible a las heladas primaverales y a la sequía, por lo que la disponibilidad de agua y las características del suelo tienen importancia en su cultivo.

Estas particularidades condicionan el trabajo en la viña. La gestión de la producción, el seguimiento de la maduración y la elección del momento de vendimia resultan fundamentales para obtener uvas equilibradas, con una madurez fenólica adecuada y sin perder la frescura que caracteriza a la variedad.

La Trepat no pretende competir con las variedades tintas más pigmentadas. Su interés reside precisamente en otro lugar: en la posibilidad de elaborar vinos donde la fruta, la acidez y la textura tengan más protagonismo que la potencia.

Un tinto de capa ligera y mucha personalidad

En la copa, los tintos de Trepat suelen presentar una intensidad colorante moderada, con tonalidades que pueden recordar al rubí o a la cereza. La nariz acostumbra a moverse en el terreno de la fruta roja fresca —fresa, frambuesa, cereza—, acompañada, según el vino y su elaboración, de matices florales, especiados o balsámicos.

En boca, la frescura y la ligereza pueden convertirse en sus principales virtudes. La acidez aporta viveza, mientras que una estructura tánica generalmente contenida favorece una sensación de fluidez. Esto no significa que todos los Trepat sean iguales: el viñedo, el grado de maduración, la extracción durante la fermentación y la crianza pueden dar lugar a perfiles bastante distintos.

En definitiva, la Trepat permite disfrutar de tintos que invitan a beber con atención, pero sin exigir una estructura excesiva. Vinos que pueden resultar especialmente atractivos para quienes buscan alternativas a los perfiles más maduros, alcohólicos o marcados por la crianza.

La elaboración: respetar la delicadeza

La personalidad de la Trepat plantea un reto interesante en bodega: cómo extraer lo suficiente para construir un vino con identidad sin perder su delicadeza.

Las maceraciones excesivamente prolongadas, una extracción demasiado intensa o el uso de madera nueva dominante pueden desplazar el protagonismo de la fruta y modificar el perfil que hace singular a la variedad. Por el contrario, una elaboración cuidadosa, con una extracción ajustada y una crianza bien integrada, puede preservar su carácter fresco y expresivo.

No existe una única receta. Algunos productores optan por depósitos de acero inoxidable u hormigón, mientras que otros recurren a la madera, con distintos tiempos y formatos. También hay elaboraciones que buscan una mayor complejidad mediante el trabajo con racimos enteros o fermentaciones espontáneas.

Lo importante no es convertir la ligereza en una obligación estilística, sino entender qué puede aportar cada parcela y decidir cómo expresarlo. Un buen Trepat puede ser delicado sin resultar simple, fresco sin ser delgado y ligero sin carecer de profundidad.

Carles Andreu: de la tradición espumosa a los tintos de Trepat

Si hay una bodega que permite entender la evolución reciente de la Trepat, esa es Celler Carles Andreu, en Pira, en plena Conca de Barberà. La familia mantiene una larga tradición vitícola, documentada desde el siglo XVIII, aunque fue en 1991 cuando Carles Andreu inició la elaboración de vinos y espumosos en la bodega que lleva su nombre.

La Trepat ha encontrado aquí un espacio privilegiado para mostrar su versatilidad. Por un lado, continúa siendo la protagonista de un cava rosado elaborado íntegramente con esta variedad, una expresión que conecta con la tradición de la comarca. Por otro, la bodega ha apostado por elaborar tintos monovarietales que permiten descubrir una faceta menos conocida de la uva.

Su cava rosado de Trepat resulta especialmente interesante para comprender la relación entre la variedad y los espumosos. La fruta roja, la frescura y su color característico encuentran continuidad en una elaboración mediante el método tradicional, con segunda fermentación en botella y crianza sobre lías. La bodega ofrece distintas interpretaciones, incluida una versión con crianza en barrica y una crianza en botella más prolongada. 

En sus tintos, la Trepat cambia de escenario sin renunciar a su personalidad. Las notas de frutos rojos, los matices especiados y la frescura constituyen elementos fundamentales de su expresión. El resultado permite alejarse de los perfiles más concentrados y reivindicar una manera de entender el vino tinto basada en el equilibrio y la identidad varietal.

La aportación de Carles Andreu va más allá de elaborar vinos interesantes. Su trayectoria ayuda a comprender cómo una variedad históricamente asociada a determinados estilos puede ampliar sus posibilidades sin perder sus raíces. La Trepat no necesita renunciar a su tradición espumosa para demostrar que también puede ofrecer tintos con carácter propio.

Otros vinos para descubrir la Trepat

Otros vinos y elaboradores para acercarse a esta variedad:

Vinos tintos: Josep Foraster Trepat, Julieta de Josep Foraster, Abadia del Poblet La Font Voltada, Cara Nord Trepat, Succès Vinícola El Mentider.

Vinos rosados: Cara Nord rosat Trepat, Josep Foraster Els Nanos Rosat, Portell Secrets Trepat Pàl·lid.

Espumosos: Kripta Rosat Trepat, Mestres Elena Gran Reserva Rosé (donde se une a garnacha y monastrell).

Las referencias permiten comprobar que hablar de Trepat no significa hablar de un único estilo. Incluso dentro de una misma bodega, el origen de la uva y las decisiones de elaboración pueden construir vinos con perfiles diferentes. 

Una alternativa a la uniformidad

La recuperación de variedades minoritarias tiene interés más allá de la curiosidad ampelográfica. En un mercado donde muchos vinos han tendido a compartir perfiles de madurez, concentración y crianza, las variedades locales pueden contribuir a diversificar la oferta y reforzar la identidad de las regiones productoras.

Tampoco conviene idealizarla: su cultivo tiene condicionantes y su expresión depende del viñedo, la añada y el trabajo del elaborador. Pero precisamente por eso resulta interesante. Su futuro no pasa por convertirla en una moda, sino por seguir profundizando en sus posibilidades y encontrar el público que valore su personalidad.

Quizá su mayor virtud sea esa capacidad para ofrecer una experiencia diferente: tintos frescos, aromáticos y amables, pero con suficiente carácter para expresar su origen y despertar la curiosidad del aficionado.

En la Conca de Barberà, esta variedad ha pasado de ocupar un lugar discreto, muy ligado a los rosados, a convertirse en una de las protagonistas de la recuperación de los tintos autóctonos. Un recorrido que merece ser conocido y que invita a mirar con otros ojos las variedades menos habituales.

 


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