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El futuro del vino español depende de una generación: la nuestra

Trabajo en el sector del vino y tengo menos de 35 años.

Y, precisamente por eso, hay una conversación que llevo tiempo escuchando y que cada vez me preocupa más: los jóvenes ya no beben vino y, además, tampoco quieren dedicarse a él profesionalmente.

Durante años, ambas cuestiones se han tratado como problemas independientes, pero desde mi punto de vista forman parte de una misma realidad. El futuro del vino español se está jugando en una sola generación: la nuestra.

España es una de las mayores potencias vitivinícolas del mundo. Tenemos historia, cultura, territorios únicos y una diversidad extraordinaria. Sin embargo, el sector se enfrenta a una pregunta que, aunque pueda resultar incómoda, es imprescindible abordar: ¿qué estamos haciendo para que los jóvenes quieran formar parte de este mundo?

Y no hablo únicamente de consumir vino. Hablo también de querer trabajarlo, elaborarlo, comunicarlo, venderlo y construir el futuro del sector.

 

Los jóvenes no han dejado de disfrutar, han cambiado su forma de hacerlo

Es una frase que escucho con frecuencia: “Los jóvenes ya no beben vino”. Pero quizá la pregunta correcta debería ser otra: ¿El sector del vino está sabiendo conectar con los jóvenes de hoy?

Las nuevas generaciones hemos crecido en un contexto completamente diferente. Tenemos acceso a una oferta inmensa de ocio, buscamos experiencias, priorizamos el bienestar y nos relacionamos con las marcas de una forma mucho más emocional y cercana.

El problema no es que no nos interese el vino. El problema es que, en muchas ocasiones, el vino sigue comunicándose como si estuviera dirigido a generaciones anteriores.

A veces se percibe como un producto demasiado técnico, complejo e incluso exclusivo, reservado únicamente para expertos. Y la realidad es que la mayoría de los jóvenes no quieren que les den una lección magistral sobre taninos, fermentaciones o descriptores aromáticos. Quieren disfrutar, compartir y vivir experiencias auténticas.

Porque, al final, el vino siempre ha sido eso: una forma de reunir a las personas alrededor de una mesa.

Pero hay una preocupación aún mayor: ¿quién continuará con los viñedos?

Mientras intentamos recuperar a los jóvenes como consumidores, hay otra cuestión que me inquieta especialmente: cada vez son menos los jóvenes que quieren dedicarse profesionalmente al sector.

Muchas bodegas familiares se enfrentan a un escenario complicado. Hijos e hijas que han crecido entre viñedos y barricas deciden buscar su futuro en otros sectores, lejos del campo y de las bodegas.

Y es comprensible.

La incertidumbre económica, la dificultad para emprender, la despoblación rural, la elevada inversión necesaria y la dureza del trabajo hacen que muchos jóvenes no contemplen el vino como una opción profesional.

Pero aquí surge una reflexión importante: ¿cómo vamos a pedir a los jóvenes que construyan el futuro del vino si, al mismo tiempo, les transmitimos un mensaje de preocupación constante sobre el presente del sector?

 

 

Son dos problemas, pero tienen una misma solución

Cada vez estoy más convencida de que la pérdida de consumidores jóvenes y la falta de relevo generacional están íntimamente relacionadas.

Porque un joven difícilmente querrá continuar un proyecto vitivinícola si siente que el vino está perdiendo relevancia social. Para que alguien quiera quedarse en un pueblo, hacerse cargo de un viñedo familiar o emprender un proyecto enológico, primero debe percibir que existe un futuro ilusionante por delante. Y ese futuro pasa, inevitablemente, por modernizar la forma en la que contamos el vino sin perder su esencia.

No se trata de abandonar la tradición. Se trata de reinterpretarla.

 

El vino necesita dejar de ser solo un producto para volver a ser una experiencia

Creo sinceramente que tenemos una gran oportunidad delante. El vino posee algo que pocas industrias pueden ofrecer: territorio, cultura, gastronomía, historia, sostenibilidad y una enorme capacidad para generar experiencias. Y ahí está una de las claves.

El enoturismo, las catas dinámicas, los festivales, la gastronomía, la música y las experiencias inmersivas están demostrando que existe una nueva forma de acercar el vino a las personas.

Los jóvenes no buscan únicamente consumir un producto. Buscan sentirse parte de una historia. Y el vino tiene miles de historias que contar.

 

 

Como joven que trabaja en este sector, soy optimista

A pesar de los desafíos, soy optimista.

Porque conozco a muchos jóvenes que están haciendo las cosas de manera extraordinaria. Jóvenes enólogos, viticultores, comunicadores, sumilleres y profesionales que están aportando una mirada diferente al sector. Personas que entienden que la tradición y la innovación no son incompatibles, sino complementarias. Pero también creo que ha llegado el momento de abrir un debate necesario y honesto.

El futuro del vino español ya no dependerá únicamente de la calidad de sus vinos. Dependerá de nuestra capacidad para emocionar a una nueva generación.

Porque el gran reto ya no es producir más. El gran reto es conseguir que quieran beber vino, hablar de vino, trabajar en el vino y, sobre todo, construir el futuro del vino.

Y, como joven que forma parte de este sector, hay una pregunta que no dejo de hacerme:

¿Quién será el próximo consumidor y quién será el próximo viticultor?

 

  1. #1

    Javierpozo

    Buen articulo, gracias por compartirlo! Saludos

  2. #2

    jlleo

    Un artículo muy interesante y que remueve muchas cosas.
    Te doy la razón en lo de “vuestra generación”, pero yo lo haría más amplio, ya que el problema viene de lejos, de generaciones anteriores también.
    Es cierto que en España hay una tradición histórica y cultural entorno al vino, pero hasta no hace muchos años no se ha apreciado la calidad del mismo. No hay una cultura del consumo como un producto de disfrute, sino que ha sido una acompañante de la gastronomía.
    Y los problemas son varios y se juntan varios factores.
    Sobre la viticultura estamos muy acostumbrados a oír que se paga mal la uva, que el precio del gasoil, etc, y como pasa en otros sectores de la agricultura, la gente no se anima a dedicarse a ello.
    En los productores también se puede escuchar el mismo eco de los mismos problemas como el coste de producción, bajada del consumo, etc.
    Pero hay un factor muy importante en esta ecuación que es el consumidor. Sin el consumidor el resto no puede funcionar.
    Se ha comentado muchas veces que la gente se ha tirado al consumo de la cerveza y otros productos porque son más económicos, pero no creo que sea solamente por eso.
    Yo que no pertenezco al sector del vino, sino que soy un mero aficionado/consumidor, he visto siempre que se ha hecho un gran esfuerzo por intentar acercar el vino al la gente con experiencias muy variadas y atractivas con música, naturaleza, pintura. Pero sigo viendo que en general que el sector del vino es muy exclusivo. Muchas de esas nuevas experiencias no llegan al nuevo o futuro consumidor, sino que están orientados a gente que ya es consumidora y conocedora del mundo del vino. Hay que hacerles ver que el mundo del vino no es solamente para el que entiende, que todos podemos asomarnos por esa ventana tan apasionante que es el mudo del vino y que no se van a llevar una bofetada con palabras sobre aromas, denominaciones, variedades de uva, terruño, y que se pueden centrar más en unas palabras tan sencillas como “me gusta”.
    Entiendo que no es sencillo, pero vamos a intentarlo. Yo también soy optimista.


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