Gota a gota en Verema

Sólo en España, en España solo (II)

Sólo en España, en España solo. (II parte)

El segundo día de visita a bodegas portuguesas nos acompañó Joan Pedro Mendes residente de Vila Viçosa, forero de verema y escritor entusiasta del vino. Visitamos varias bodegas entre ellas: Quinta Do Mauro, Joao Portugal Ramos y Adega Seis Reis con su excelente Syrah 2003. Todas muy interesantes, donde nos recibieron con mucha calidez ya que Antoliano y Pedro son asiduos visitantes. De Zambujeiro probamos en barrica el 2003, una mezcla de Cabernet y Touriga Nacional, muy floral con buen equilibrio, además de otros vinos de la bodega el Terra de Zambujeiro 2002 de Aragonés, Trincadeira, Alicante Boushet y Castelao, con dos años de roble es un vino goloso de tanino dulce y granuloso.

En Quinta Do Mauro sirven las muestras de vino en Riedel. Probamos el 2002, vinificado con Aragonés, doce meses de barrica; un vino frutal redondo y con bastante potencial para envejecer. Ya en la sala de fermentación sacaron de la barrica una muestra de Tempranillo 2005, cuyo "mosto" no era ya tan dulce, con ligeras notas de alcohol con 6 o 7 días, estaba casi al final de la fermentación.
Algo que me quedó claro en este viaje es que a Antoliano no le tiene mucho aprecio a la uva periquita ni tampoco a beber agua, por más que insistía que es buena para los riñones, no hubo manera de que la bebiera.

Algún día, no recuerdo si fue ese mismo o al siguiente, no por falta de sobriedad sino por falta de orden al escribir. Antoliano se lució en su casa con un buen número de botellas Premium; Aalto 2002, Numanthia 1999, oscuro muy volátil al principio con mucha fruta negra, Lan 2001, 100% tempranillo, edición limitada de 13 mil botellas; algo de laca, fruta roja y cacao, potente y goloso en boca, Leda Viñas Viejas 1999 y un Pintia 2002 cuya complejidad y fruta en sazón me encantaron, así como la manera de mostrarse accesible a sus tres años. Otro gran detalle fue la exquisita comida preparada por su santísima suegra, como él la llama. Una señora encantadora que sin ninguna reserva me dictó la receta de patatas con bacalao, que mi madre se había llevado en secreto a la tumba. Sin duda uno de los momentos que no olvidaré de éste viaje, así como el magnífico queso originario de estas tierras; Torta de la Serena, como para llevarse un vagón lleno. Después de cruzar no sé cuantas veces a Portugal y compartir la sal y el vino con el gran anfitrión de Antoliano y su familia, llegó el tiempo de partir rumbo al norte en autobús por toda la parte oeste de España, paralelo a la frontera con Portugal. Saliendo de Badajoz, pasé por Mérida, Cáceres, Plasencia, Béjar para llegar a comer a Salamanca.

Un paseo por su histórica Universidad es obligado, el recorrido a pie no era muy largo desde el hotel donde me hospedé, muy cerca de la Plaza Mayor. Una exquisita tarde de otoño con el sol poniéndose y la gente caminando por los entornos de la Universidad. No muy lejos de allí se encuentra el extraordinario restaurante El Candil, cuyo propietario Mario Estevez acababa yo de conocer en el Encuentro. Por desgracia no coincidimos esa noche, cene solo. Empecé con una Manzanilla en Rama de la saca de verano 2005 de Barbadillo; color oro viejo, aromas punzantes a yodo, ahumados y almendras tostadas, seco hasta la médula, largísimo y fresco en al paladar. Al lado un poco de Guijuelo y pan. Seguí con un soberbio Albariño, Do Ferreiro 2002, muy frutal y equilibrado. El restaurante de corte clásico, me inspiró a pedir una ensalada de pimientos con ventrisca y un lechazo asado de Castilla y León, bañado con un Matarromera crianza 2002. Para rematar este banquete pedí una mistela "Vi de licor" de Terra Alta con sus 15% de alcohol pasó de maravilla, aunque le falta algo de acidez para mi gusto.

La última escala de mi viaje fue Haro en Rioja. El año pasado visité este paraíso de enófilos pero no pude conocer a Ma. José López Heredia, ya que se encontraba muy ocupada con la vendimia y enseñando la bodega a unos alemanes. Este año sería diferente, me planté en la bodega, y no pensaba moverme hasta lograrlo. Hacía tiempo que establecí contacto con ella al pedir unas cajitas de Bosconia, ya que en México no se comercializa, gracias a su intervención llegaron cinco cajas y pude hacerme de tres. Una anécdota que todavía recuerda. Mi espera tuvo su recompensa, no sólo pude platicar con ella largo rato sino que brindamos por su aniversario, que sin haberlo planeado era precisamente ese día, así que saco un Bosconia 1968, jabugo y quesos.
Después de dos horas salí de la bodega con un presente que nunca olvidaré, digno de contárselo a mis nietos. En mi bolsa llevaba nada menos que dos botellas un Bosconia y un Tondonia, ambos de la mejor añada del siglo: 1964, el año de mi nacimiento. Todavía esperan la hora, que seguro será cuando cumpla mis 50 primaveras.

Junto a López de Heredia está Roda, la bodega cuyo símbolo es el cardo, Gracias a mi amigo Gonzalo Lainez, pude conocerla de una manera VIP. Llegué a la sala de espera un poco desorientado, donde pregunté por Agustín Santolaya. No tenía idea de quién se trataba, después de unos minutos pregunté quién era, pues nada menos que el Presidente de Roda. Llegó a la sala muy amable a mostrarme la bodega, pero al ver que era un poco tarde, prefirió primero invitarme a comer. El lugar, uno de esos donde nunca llegan los turistas, La Recala es un sitio muy tranquilo, donde se respira la calma de una ciudad pequeña como Haro, pude ver varios formatos mágnum de Roda. Las carrilleras de ternera acompañado con un vino de cosechero, muy frutal y fresco, grosellas, fresas silvestres... vendido a granel, ¡delicioso!, de postre una compota hecha de ciruelas, orejones, pasas, canela y vino. Después de una charla y este banquete. Don Agustín me llevó a los viñedos de Roda, me explicó varias cosas sobre el desniete, la poda en verde así como diferentes procesos en la maloláctica y la franja roja de las barricas para que no se vean las manchas de vino que surgen por los trasiegos. Una bodega que contrasta con la de López Heredia, pero que ambas tienen un encanto muy especial. Por último me enseñó el área donde la gente puede comprar vino después de visitar la bodega. Allí pude catar algunos vinos de la casa como el Roda I 2001, y el Cirsion 2003, potente con mucha fruta negra, balsámicos y notas minerales, El Roda II, ya desaparecido el nombre por cuestiones de mercadotecnia, ya que ese "II" podía sonar despectivo, hoy en día es sólo Roda.

Agradezco a Don Agustín el tiempo que dedicó a mi visita, y el trato amable en todo momento, espero corresponder algún día que visite México.

Para estas horas la bodega Muga, estaba cerrada. No se puede hacer todo en un día, y es buen pretexto para volver a Rioja. De regreso a mi hotel y con la escasez de taxis en Haro, bajé hasta un lugar donde servían vino por copeo, en realidad fue una escala para tomar fuerzas y subir una cuesta muy empinada.

En esta ocasión no pude visitar Contino, en la Serna, pero sí visité a mi buen amigo Jesús Madrazo. Con todo y que era plena vendimia lo pude ver en dos ocasiones, la primera me llevó a Logroño, donde caminé por el centro haciendo algunas compras para la familia. Después esa misma noche me invitó a cenar con su familia en su departamento. Desde México, mi esposa le había mandado un regalo a su hija, una sonaja de plata, un recuerdo más que un juguete, hecho por artesanos de Taxco.

Esa noche probé un Rueda muy sabroso, en la etiqueta aparecía Veracruz, de bodegas Aldial, no anoté la añada pero era muy fresco y sabroso. Esta fue la despedida de Haro y también de España, al otro día tomaría una avioneta que me llevaría a Madrid y posteriormente el avión que volaría a México. Una gran experiencia hedonista, donde conocí a gente maravillosa y tuve la oportunidad de volver a ver amigos que ya conocía. Hoy después, de cuatro años y el euro por los cielos, me temo que pasará mucho tiempo antes de volver a esa tierra maravillosa.

 

 

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