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L'escaleta: Gran Apat Château Haut Brion

L’escaleta | Cocentaina | 4 de Febrero de 2008

Pocas veces tenemos en la vida tenemos la oportunidad de probar en una única sesión, 9 de las 10 mejores añadas de los últimos 40 años de una de las bodegas de referencia a nivel mundial, Château Haut Brion (Pessac-Leognan, Burdeos). El pasado dia 4 en L'escaleta un pequeño grupo de amigos fueron parte de una pequeña fiesta alrededor de los vinos de esta mítica propiedad.

Flight 1: Château Haut Brion Blanc 2001

Flight 2: Château Haut Brion 2005, 2000 y 1998

Flight 3: Château Haut Brion 2003, 1995 y 1990

Flight 4: Château Haut Brion 1982 y 1970

El pasado día 4 como señal premonitoria y tras semanas de viento, nieves y lluvias amaneció soleado, uno de aquellos días perfectos de invierno. Poco a poco fueron llegando los participantes, un núcleo muy heterodoxo, bodegueros, aficionados, comerciantes de vinos, sumilleres; con un solo punto en común, su pasión por el vino, cosa necesaria para asistir a un almuerzo digamos excepcional, recordemos que algunas botellas superan los 1000 € en el mercado y abandonar durante toda una tarde trabajo, familia y demás compromisos sociales por una cata/almuerzo con en algunos casos desconocidos, que eso si, con el transcurso del almuerzo se convirtieron en amigos. Nos fuimos disponiendo tal y como íbamos llegando por la terraza esperando a que llegaran el resto de asistentes, unas copas de un Nicolas 1996 de Billecart Salmon terriblemente joven y unos platos de jamón nos hicieron más liviana la espera.

Una vez que teníamos a todos los asistentes, se pasó a la mesa, los vinos abiertos y decantados unas horas antes nos esperaban con impaciencia, o tal vez éramos nosotros los impacientes. Los vinos fueron apareciendo en la mesa a la vez que lo iban haciendo los platos preparados por Kiko, una Ostra con una soda espárragos y flor de pimienta Sechuan Button acompañó al Château Haut Brion Blanco 2001, un blanco que durante la comida atravesó diversas fases que nos llevó por momentos a compararlo con la grandeza de los mejores Montrachets borgoñones y a proclamarlo unánimemente como uno de los mejores vinos del almuerzo.

Sin solución de continuidad aparecieron los tintos en la mesa, servidos en 3 servicios, confirmaron la grandeza de los vinos del Château, su legendario potencial de envejecimiento y la capacidad de crecer, de hacerse mas grandes con el transcurso de los años, ejemplificador fue que todos los vinos a partir del 2000 fueran tomados tal y como iban apareciendo en la mesa como ejemplos perfectos de lo que es un Haut Brion maduro, pero claro, al aparecer el siguiente cambiábamos de parecer hasta que llegó el último vino del almuerzo, 1970, con el que dijimos, “esto si que es un Haut Brion maduro”, quien sabe que hubiera pasado si hubiéramos tenido un 1961 o 1959 o …. bueno, creo que todos lo sabemos.

Como decíamos, iban apareciendo los vinos y con ellos los platillos, a la primera tanda de tintos, 2005,2000 y 1998, acompañaron a un Bocadillo de Botifarrra de cebolla elaborada en casa con Trufa negra y Cacao, y a un Salmón grillado con una infusión de Limón e hinojos. En esta primera tanda 2 vinos brillaban con luz propia, un 2005 excepcional,  fuera de la tipicidad del Cru y de la zona, una añada con unos merlots excepcionales que sembró la primera discordia del almuerzo, parte de los comensales creía en un cambio de estilo y otros, entre los que me suscribo, opinábamos que la riqueza y la textura, que ya se intuían en nariz, enmascaraban a un vino inmenso. El otro vino que brillaba era el 2000, un vino que podríamos calificar como perfecto, o casi,  todo en él impresionaba sin dejar por ello de ser un vino sumamente placentero a día de hoy, que además, nos dejó la sensación de que podía durar 100 años; el 1998 por su parte, era un ejemplo perfecto de lo que es un gran Haut Brion, con su bouquet de cafés, especias, ahumados, gomas, potente pero delicado, graso pero fresco, solo tuvo un problema, compartir tanda con los dos vinos precedentes y que le obligaron a quedarse en un segundo plano.

La siguiente tanda fue 2003,1995 y 1990, con el 2003 llegó la polémica, la añada de la canícula nos traía un vino complicado, difícil, con sus 14º era desconcertante, tánico, austero, tensionado, sin los atributos habituales del Cru en las añadas cálidas como son la grasa, la textura cremosa y el dulzor, si no fuera por el matiz balsámico que intuíamos en nariz y por el final ligeramente ardiente que presentaba al servirlo, con el tiempo este matiz se atenuó, nadie hubiera pensado que estábamos ante un 2003, solo el tiempo nos dirá si es o no uno de los grandes. El 1995 como el 1998 salió perjudicado en la tanda, el 2003 creó demasiada polémica y el 1990 creó admiración, él, que representa a los Haut Brion finos, elegantes y hechos para durar décadas, era demasiado discreto como para llamar la atención, el 1990 por el contrario, es todo un monumento, en el momento que llegó a la mesa estaba un poco reducido, llevaba abierto tres horas, una de ellas decantado!!! Poco a poco se fue deshaciendo de la pátina de lo recubría y comenzó a aflorar la grandeza del Cru, la calidad del tanino, el grano finísimo, la textura impresionante, el dulzor, las especias, los cueros, ….. enorme, sin duda uno de los grandes. Por su parte Kiko iba a la suya y nos propuso un Arroz de callos de Atún que por supuesto nosotros aceptemos de buen grado, carácter y sabor.

La última tanda del día nos trajo los vinos maduros, 1982 y 1970, servidos con un solomillo de Jabalí glaseado con un jugo de anguila ahumada; creo que los dos quedarán en el recuerdo de todos los que asistimos, junto con 2005, 2000 y 1990, ambos vinos representan a la perfección lo que es y representa Château Haut Brion, grandeza y clase con mayúsculas, cada uno sirve de ideal de lo que es Haut Brion en sus dos vertientes, 1970 representa las añadas finas, toda la elegancia del Cru, con un final fresco, terpénico, salino, como un gran borgoña blanco; el 1982 por otro lado y aunque la sensación que se me quedó es que a este 82 todavía hay que esperarlo un poco, representa la madurez, la complejidad, las notas de cacao, de tabaco rubio y marrasquino, las especias, los ahumados, las gomas, todo en perfecta armonía … en boca, todo es remarcable, la madurez, la presencia y la calidad de un  tanino dulcísimo de un vino de 26 años al que todavía le quedan unos cuantos por delante, peso, amplitud, densidad, profundidad y persistencia, … dos copas para el recuerdo.

Por cierto, una Barrita helada de chocolate con caramelo y vainilla puso fin al ágape, que no a la animada tertulia. 

  1. #1

    Arcillo Calcareo

    Que maravillosa cata!!
    por como estan descritos los vinos, debió resultar una experiencia única.
    saludos y enhorabuena

  2. #2

    Daniel P.Whitaker

    Fantástico, no hubo desperdicio. Y con un 1989, la cosa hubiera sido (si cabe) todavía mejor.

  3. #3

    Javier46

    Enhorabuena por una cata de tan alto nivel


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