Cinco rincones del vino español poco conocidos
A veces se nos olvida que existen muchas zonas vinícolas por descubrir, hoy se me ha ocurrido poner en el foco alguna de esas regiones, aunque sea con una breve reseña.
España posee cerca de un centenar de denominaciones de origen e indicaciones geográficas protegidas, pero la realidad es que la inmensa mayoría de los consumidores concentramos la atención en apenas una docena de ellas. Incluso entre los aficionados más inquietos, nombres como Rioja, Jerez, Priorat, Bierzo, Ribeira Sacra o Gredos monopolizan buena parte de las conversaciones.
Sin embargo, el verdadero espíritu del descubrimiento sigue vivo en lugares donde el vino continúa siendo una actividad casi artesanal, alejada de las grandes cifras y del foco mediático. Son territorios donde la producción es mínima, las variedades son desconocidas para la mayoría y cada botella transmite la sensación de haber encontrado un pequeño tesoro.
He aquí cinco regiones, elegidas de entre muchas otras que trataré próximamente de poner en valor también, que merecen un hueco en la agenda de cualquier enófilo curioso.
Betanzos (A Coruña): el regreso de un blanco histórico
Pocos saben que, durante siglos, los vinos de Betanzos gozaron de un enorme prestigio en Galicia. La expansión urbana, el abandono del viñedo y la emigración redujeron la superficie cultivada hasta dejarla al borde de la desaparición.
Hoy un reducido grupo de viticultores está recuperando este patrimonio, trabajando principalmente con blanco lexítimo, una variedad que estuvo a punto de extinguirse y que ofrece vinos vibrantes, con una extraordinaria acidez natural, delicados aromas florales y un marcado carácter atlántico.
La producción sigue siendo muy pequeña, lo que convierte cada botella en una rareza.
Un vino para descubrirla: Val do Ceo de Pagos de Brigante
Muy recomendable el hilo que @Miguel-Crunia abrió en el foro de vinos de Verema, enlazado aquí, que amplía mucho más la información de la zona y que recomiendo.
Laujar-Alpujarra (Almería): viñedos donde nadie imagina que exista vino
Cuando se piensa en Almería, la imagen suele ser la de un paisaje árido. Sin embargo, en las laderas de Sierra Nevada aparecen viñedos situados entre los 900 y los 1.300 metros de altitud.
Las fuertes oscilaciones térmicas permiten elaborar vinos sorprendentemente frescos pese a la latitud. Garnacha, tempranillo, cabernet sauvignon o chardonnay conviven con una viticultura de montaña que poco tiene que ver con la imagen tradicional del sureste español.
Es uno de esos lugares que desmontan prejuicios.
Un vino para descubrirla: Cortijo El Cura Crianza (Bodega Cortijo El Cura), un tinto elegante y equilibrado que refleja el potencial de esta altitud.
Valtiendas (Segovia): la Ribera del Duero desconocida
Mientras localidades como Pesquera, Roa o La Horra concentran el prestigio de la Ribera del Duero, muy pocos aficionados conocen la pequeña denominación de origen de Valtiendas.
Aquí sobreviven numerosos viñedos prefiloxéricos plantados en pie franco sobre suelos arenosos, un patrimonio excepcional dentro de Castilla y León.
Las producciones son mínimas y el estilo suele apostar por la finura antes que por la potencia.
Un vino para descubrirla: Cárdaba Selección de Bodegas Cárdaba, elaborado con viñas viejas de tempranillo que muestran un estilo diferente a la Ribera del Duero.
El Hierro: la isla que hace vino en el fin del mundo
Es la más pequeña y occidental de las Islas Canarias, y también una de las menos conocidas desde el punto de vista vitivinícola.
Los viñedos crecen sobre laderas volcánicas azotadas por los alisios y conservan variedades históricas como listán negro, listán blanco, verijadiego o baboso negro.
La combinación entre océano, altitud y suelos volcánicos produce vinos de enorme personalidad, donde la salinidad y la frescura conviven con una gran pureza aromática.
Un vino para descubrirla: Viña Frontera Baboso Negro (Sociedad Cooperativa Frontera), probablemente la mejor introducción a los vinos herreños.

Ibiza: mucho más que playas y ocio nocturno
Pocas personas relacionan Ibiza con grandes vinos. Sin embargo, la isla conserva una tradición vitícola documentada desde época fenicia.
En los últimos años varias bodegas han recuperado variedades locales como monastrell, malvasía, moscatel y giró, elaborando vinos que expresan claramente el carácter mediterráneo sin renunciar a la frescura.
El reducido tamaño de las producciones hace que muchos de ellos apenas salgan del mercado balear.
Un vino para descubrirla: Ibizkus Tinto (Ibizkus Wines), uno de los proyectos que mejor ha contribuido a situar el vino ibicenco en el mapa de la calidad.
La próxima gran región quizá aún no tenga fama
El mundo del vino vive una paradoja constante. Mientras millones de aficionados buscan las etiquetas más famosas, algunos de los proyectos más apasionantes nacen lejos de los focos, en pequeños territorios donde la identidad pesa más que la notoriedad.
Quizá el futuro del vino español no consista en descubrir una nueva Rioja o un nuevo Priorat. Tal vez esté en recuperar pequeñas comarcas que nunca debieron desaparecer, proteger variedades casi olvidadas y valorar el trabajo de quienes cultivan viñedos que apenas ocupan unas pocas hectáreas.
Porque descubrir una región desconocida no consiste únicamente en probar un vino diferente. Es comprender un paisaje, una historia y una forma de entender la viticultura que aún permanece al margen de las tendencias. Afortunadamente en España nos quedan muchas regiones por explorar.
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Me ha sorprendido Ibiza, no tenía ni idea, en breve estaré por allí, y si tengo ocasión probaré algún vino de la zona. Por otra parte estoy de acuerdo contigo en; “Porque descubrir una región desconocida no consiste únicamente en probar un vino diferente. Es comprender un paisaje, una historia y una forma de entender la viticultura…..”
Muy interesante, gracias @josep_gallego -

