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El pasado martes tuvimos la suerte de vivir una de esas catas que superan lo

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EuSaenz

Gran cata vertical de Viña Real: un mucho de viña y…un poco de real

El pasado martes tuvimos la suerte de vivir una de esas catas que superan lo meramente vinícola. Gracias al trabajo de Luis Gutiérrez, a la generosidad de Víctor Urrutia (director general de CVNE) y por supuesto a los hermanos Laredo y su equipo (la cata tuvo lugar en su exitosa taberna) pudimos vivir una sesión de grandes vinos y mejores amigos de esas que no se olvidan.

Viña Real es una de las referencias más importantes del vino que existen en nuestro país, marca que data de 1940 y cuyo origen viene de la viña que había en el camino real en los aledaños de Elciego. Si Imperial es el vino de la Rioja Alta, Viña Real lo es de la Rioja Alavesa y siempre se embotelló en botella borgoñona, resultando curioso que en Rioja, los vinos de estilo borgoñón eran más poderosos y alcohólicos y los bordeleses de un estilo más fino y delicado. En su día era un vino fermentado en hormigón y con largas crianzas en barricas especialmente americanas, ahora se utiliza inox y las crianzas son más cortas, además se utiliza un porcentaje mayor de madera francesa. En su época se agregaba un buen porcentaje de garnacha en el coupage, algo que ha desaparecido con los años y que, bajo nuestro punto de vista, resulta sin duda un punto de inflexión en la historia de este excelente vino, al que esa garnacha otorgaba una identidad y una capacidad de envejecer espectaculares.

Vayamos con los vinos:

-Viña Real Gran Reserva 2005: limpio, expresivo, redondo, elegante, moderno pero sin perder identidad de Rioja Alavesa. Seguro que irá mejorando. [8,7/10]

-Viña Real Gran Reserva 1996: complejo, especiado, directo, fino en boca, muy fresco, largo y elegante, se bebe de maravilla. Buena evolución. [8,9/10]

-Viña Real Gran Reserva 1991: perfil más clásico y fresco, humedades, fruta madura, hojarasca, frescura en boca, acidez y ligereza. Mucha finura. [9,2/10]

-Viña Real Gran Reserva 1988: año fresco y complicado, mucha lluvia. Vino muy interesante, maduro y serio, esquivo pero con profundidad. Misterioso. [9/10]

-Viña Real Gran Reserva 1981: un espectáculo de vino, joven, intenso, aromático, compleja mineralidad, paso por boca amplio y elegante, con gran persistencia. Todo un clásico en plena forma. [9,6/10]

-Viña Real Gran Reserva 1976: nuestra botella estaba más apagada, pero probamos de la otra y mucho mejor. Perfil clásico, de toques animales y especiados con un paso por boca de gran elegancia y distinción. [9/10]

-Viña Real Gran Reserva 1968: solo con ver el color ya nos imaginamos el resto. Entero, intenso, frutal, joven, eterno. En la onda de nivel del Único 68 que probamos hace poco. ¡Menuda añada! [9,8/10]

-Viña Real Reserva Especial 1962: prácticamente igual que el 68, quizá con un poco menos de pegada pero más elegancia en boca. Fino, redondo, una delicia. Entre las grandes añadas de la casa. [9,7/10]

-Viña Real Reserva Especial 1954: fino, especiado, mineral, entero y elegante. Destaca su portentosa acidez en boca que hace salivar tras su paso, incluso con fuerza tánica. Un portento que probablemente llegue a los 100 años. [9,6/10]

-Viña Real Reserva Especial 1949: en su punto de consumo, un vino que ya llegó a su cénit. Elegante y distinguido, profundo y sutil, redondo. ¿Qué más podemos pedir con 64 años? Pues poco más. [n.c.]

-Corona Blanco Semidulce 1939: una suerte volver a encontrarnos con esta maravilla para finalizar la cata, un vino que forma parte de la historia de CVNE y de España, una joya irrepetible con una nariz de ensueño y un paso por boca sencillamente magistral. Bebemos algo más que un vino, bebemos historia. [10/10]

Nuestro pódium particular fue 1968, 1962, 1981 y 1954, indudablemente las añadas que más gustaron igualmente a nuestros compañeros de cata, con algún cambio en el orden pero no en la lista. Vinos de marcado carácter de su zona, limpios, elegantes, portadores de una clase y de una distinción que hacen de esta marca una referencia. ¿Los actuales? Pues otro perfil, pero lo cierto es que el 2005 tiene buena pinta, con identidad y fuerza, un vino que tiene todos los visos para envejecer de maravilla.

La tarde finalizó con una cena en la que fueron desfilando, además de los siempre apetecibles bocados que cocinan David Laredo y su equipo (las patatas a la riojana y el revuelto de alubias con butifarra geniales), una serie de vinos formidables aportados por los asistentes entre los que citamos joyas como el mineral y directo Pierre Peters Chetillons 2002 en mágnum, el personal Macle Côtes de Jura 2007, un maduro y ligeramente graso Piuze Chablis 1er Cru Montee de Tonnerre 2009 en mágnum, el joven y profundo Bonneau du Martray Corton-Charlemagne 2008 en mágnum, un Vouvray demi-sec de 1950 espectacular (no recordamos el productor), un mágnum de Pommard Clos de Epeneaux 1985 de Comte Armand elegante y señorial, el siempre fino Champagne Leclapart L’Amateur 2009, un maduro y complejo Gaisböhl 1998 de Bürklin-Wolf en doble mágnum, el frutal, potente y definido Dal Forno Valpolicella Superiore 2000, un rico y elegante mágnum de Olarra Gran Reserva 1973, un equilibrado y complejo Palo Cortado Viejo CP de Valdespino, el siempre arrasador Fino Tres Palmas de González Byass, el original Don PX 1979 de Toro Albalá, en fin, mucho para un martes, jeje.

Sin duda una gran cata y una gran noche para recordar. Los clásicos son los clásicos y Viña Real es uno de ellos. A disfrutar.

Gran vertical 2005-1949

Gran vertical 2005-1949

Saludos, Eugenio
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