Vinos para compartir

Buscando oro entre los vinos premiados con BACCHUS.

El concurso BACHHUS, organizado por la UEC, cumplió este año su décimo aniversario. El amplio número de muestras candidatas, los noventa catadores, entre los que se encontraban en este certamen tres Master of Wine, entre ellos el único español, nos dan una idea del prestigio que se va labrando, con mucho esfuerzo, y buen hacer.

A pesar de todo, yo no soy muy de concursos, y en el tren voy dándole vueltas a mis motivaciones para acudir a esta cata. La primera de ellas es obvia para todo el que me conozca, mi curiosidad, mi avidez de saber más, me lleva a no discriminar demasiado. No necesito un gran impulso para acercarme al vino.

Por otra parte, me anima la esperanza de encontrar algo que me emocione. Supongo que las bodegas, en busca del prestigio de un premio que animaría sus ventas, enviarán aquellos vinos que hayan cuidado de una forma más especial, para darlo a conocer. Espero encontrar en alguna de sus joyas algo de ese “oro” que le ha hecho merecedora de medalla.

En medio de estas cavilaciones, un mazazo. En una llamada de teléfono me comunican que la cata programada en La Tintorería con vinos de Overnay se ha cancelado, probablemente como en otras ocasiones por falta de interés de los aficionados al vino. Mi ánimo refleja el del ambiente, y me quedo mirando las gotas de lluvia golpeando el cristal de la ventana, ensimismado.

Corriendo, como siempre, para tratar de llegar a tiempo a la sala de catas de la UEC, vuelvo a mis pensamientos. Ya se ha cubierto el cupo de malas noticias, seguro que encuentro el “oro” que busco. No hay demasiada gente cuando llego, la cata se demora, y un cuarto de hora tarde, cuando empieza, somos unas quince personas. A mi derecha se sienta una chica muy linda, con un perfume muy dulzón. La cosa pinta mal, casi anulada mi nariz, pienso en moverme a otro sitio. No obstante, no quiero ofenderla, las personas son más importantes que los vinos.

El coordinador de la cata, José Casal del Rey, empieza a contarnos las particularidades del concurso haciendo hincapié en su imparcialidad, su pertenecía a la Organización Internacional del Vino, su oficialidad. Nos incluyen en el folleto habitual una ficha de análisis de las utilizadas por los jurados en el concurso. Me llama especialmente la atención que 59 de los 100 puntos son absolutamente subjetivos, y en palabras de José dependen de los gustos personales del jurado, como por ejemplo la importancia que den a la tipicidad, o a la colaboración de la madera en  el proceso de producción del vino, por poner dos ejemplos antagónicos.

Después de 45 minutos de paciente espera, llegamos a los vinos. Estoy realmente impaciente, estoy deseando encontrar el oro que busco. Vamos a  catar quince vinos, once “Bacchus de Oro”, y cuatro “Grandes Bacchus de Oro”.

En la primera atacada dos blancos, un chardonnay de Costers del Segre alegre y sencillo, correcto, y un ribeiro que me guiña:

ADEGA DO MOUCHO 2010. Bodegas Francisco García Pérez. (85% treixadura, y el 15% restante repartido entre caiño, loureira, albariño y godello). DO. Rias Baixas. El vino tiene una crianza de unos 8 meses en barricas nuevas de roble francés y húngaro. De entrada se perciben con claridad notas lácteas y de maderas nobles, que oscurecen la fruta. Al airearlo el aroma crece y se hace más complejo, mucho más interesante, los tonos de confitura de albaricoque, balsámicos y de monte bajo se mezclan armoniosamente con el bollo de leche que permanece, resistiéndose a salir. En boca es un vino que entra con timidez en la boca y va ganando volumen, dejando una paleta completa de recuerdos frutales maduros, sobre un fondo de acidez cítrica bien estructurada. Bien hecho, correcto. Lo califico con un  Muy Bueno.

Sin llegar a emocionarme, no ha sido un mal comienzo, a ver que nos dice la siguiente tanda. Cuatro vinos tintos, el primero es un bobal de manchuela, con fruta madura abundante, promete en nariz, pero no dice mucho en  boca. En este turno hay dos vinos interesantes, un priorat (se está convirtiendo en una de mis denominaciones talismán), y un vino de Madrid:

GALENA 2008. Domini de la Cartoixa. (35% de garnacha negra, 25% cabernet sauvignon,  25% merlot y 15% cariñena). DO. Priorat. El productor realiza agricultura ecológica, fermenta cada variedad por separado, y somete al coupage final a una crianza de 12 a 15 meses en barricas de roble francés y americano. Su aroma es intenso y limpio, con mucha fruta negra licorosa, chocolate negro, que se mezclan con algunas sutiles notas de lavanda. Sorprende en boca, ya que la potencia prometida en nariz se ve relevada por suavidad y armonía. Bien estructurado, fresco, con acidez suficiente. Su posgusto es largo, con un final frutoso y un amargor elegante. Realmente no está mal, correcto. Vale los 15€ que cuesta. Lo califico Muy Bueno.

LICINIA 2008. Bodegas Licinia. (syrah, tempranillo y cabernet sauvignon). DO. Vinos de Madrid. Otro vino de cultivo ecológico, con una crianza de doce meses en barrica de roble francés. Lo primero que llama la atención a la nariz son las notas de chocolate y menta, seguidas de fruta negra madura, y de chocolate negro. Aroma intenso y limpio. Amplio en boca y con buena acidez, se le aprecian taninos maduros, y un posgusto largo, muy frutal. Algo más que correcto. Lo califico Muy Bueno plus.

En la siguiente tanda de cuatro tintos hay un monastrell de Jumilla, un coupage de monastrell y garnacha valenciano, y un extraño petit verdot castellano, que siendo vinos correctos no me dicen demasiado. En el último de la serie, sí que encuentro algo con chispa:

PALACIO DE OTAZU ALTAR 2005. Señorio de Otazu. (90% cabernet sauvignon, 5% tempranillo, 5% merlot). Pago de Otazu. Tiene una producción de 8000 botellas de un vino con crianza de 18 meses en barricas nuevas de roble francés. Destacan en él  los aromas de fruta negra madura, con notas de maderas nobles y minerales, a tinta y tierra mojada. Es un aroma limpio e intenso, muy agradable. En boca lo aprecio muy joven y fresco, amplio y sabroso, con los taninos aún por domar. Yo lo guardaría un par de años. Lo califico Muy Bueno minus.

Llegamos a la última serie, estoy un poco aburrido, muchos chocolates, especias y frutas sobremaduras, líneas de vino muy comerciales, pero con escasa tipicidad. Cuento lo que he escrito hasta ahora y la palabre que más se repite es correcto. ¡Que  pocas emociones! Llegan los Grandes Bacchus de Oro, les miro con algo de escepticismo, pero llega la primera sorpresa:

MARQUES DE PEÑAMONTE COLECCIÓN PRIVADA 2009. Bodegas Torreduero. (100% tinta del país). DO. Toro. Su aroma no llama especialmente la atención, repitiendo el patrón que hemos apreciado en la cata. Inicialmente, a copa parada, se le aprecian aromas de especias, vainilla y canela. Con la aireación aparecen frutas negras maduras, con una buena intensidad y limpieza. En boca destaca su muy buena estructura con una acidez relevante, bien compensada por un tanino maduro que proporciona un amargor elegante. Buen volumen y largo recuerdo a chocolate amargo y frutas. Excelente minus.

Espero casi con ansiedad lo que me van a decir los dos generosos de PX, y desde luego no defraudan:

SELECCIÓN ROBLES 1927 PEDRO XIMENEZ. Bodegas Robles. (100% Pedro Ximenez). DO. Montilla Moriles. Un vino con aroma potente, en el que destacan  la miel y los frutos secos tostados, para desplegar al moverlo una paleta de una gran complejidad, destacando la piel de naranja, y fruta negra pasificada. En boca es un vino dulce sin llegar a serlo en exceso, aún cuando le aprecio cierta falta de acidez. Buen volumen, ligero para lo que la nariz te preparaba. Posgusto largo y placentero. Excelente minus. ¡Qué pena de ese puntito más de acidez! Perdona paisano.

PEDRO XIMÉNEZ TRADICIÓN V.O.S. Bodegas Tradición.  (100% Pedro Ximenez). DO. Jerez-Xeres-Sherry y Manzanilla de Sanlúcar. Me quedo un buen rato deleitándome con esta nariz. Excelente intensidad, aroma muy complejo y limpio. Destacan las especias dulces, mezclándose con chocolate negro, notas de torrefacto, arrope y dulce de higos. En boca es untuoso, suave, con una acidez excelente, dulce pero muy bien compensado. Un poema que permanece en la boca sin querer marcharse. Excelente.

¡Al final encontré el oro prometido! Una pena no tener más tiempo para deleitarme con estos grandes vinos que quedaron para el final, pero el tren no espera, y he tomado como norma no volver a casa en coche después de las catas. Me marcho con el sabor agridulce del Pedro Ximenez, con la alegría de al final  poder contar esta historia, y la pena de la cancelación de la cata de Overnay, que por no poder ser vivida, no será contada, ni disfrutada.

  


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