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Enoturismo con bebés: Ribeira Sacra

Con la llegada de una nueva cara a nuestra vida, todo cambia: nuestras costumbres, hábitos, humor… La llegada de un bebé es un grandísimo cambio: a la hora de disfrutar de nuestros placeres, viajes, planes… hay que contar que tenemos un pequeñín o pequeñina que nos modificará todo.

Por ello, los amantes del vino que quieran realizar enoturismo, se ven frenados por este nuevo rumbo que ha cogido nuestra vida.
Pero con organización, paciencia y adaptando nuestra hoja de ruta, poder disfrutar de una o unas jornadas enoturísticas es posible y plenamente disfrutable.

Os contaré la experiencia que tuvimos mi mujer, el pequeño (de 4 meses y medio) y un servidor en la Ribeira Sacra después de 10 horas de viaje.

Cañon Sil

Salida hacia Ribeira Sacra

  • Primer punto: salir de noche. Hay que salir de noche para que el bebé no modifique sus hábitos de sueño (si duerme de día, pues a la inversa) y el viaje le sea lo menos incómodo y traumático, porque los capazos o sillitas del coche no son lo más cómodo.
  • Dos: planificar bien lo que se quiere hacer y no frustrarse si no podemos alcanzar todo lo que queremos visitar (hay que ser conscientes y realistas que no podemos hacer jornadas maratonianas, porque aunque sean bebés, se cansan y requieren atenciones.
  • Y tres y lo más importante: disfrutar en familia.

Después de este rollazo, vamos al lío.

Primer día: toma de contacto y descanso

Nos alojamos en la Rectoral de Anllo, una casa / hotel rural con mucho encanto cerca de Sober, que tiene a Javi y a Nacho como anfitriones y te harán sentir como en casa. Adoran a los niños y el trato es excelente.

La casa es cómoda, pero requiere que los desayunos y cenas los hagas en ella, ya que los alrededores no tienen mucha oferta gastronómica.

Pero la casa tiene su encanto vinícola porque tienen sus propias viñas y embotellan su vino: mencía para el tinto y godello para el blanco. Dar una vueltecita es entrar en contacto con el mundo del vino. Además nos alojamos en la habitación llamada Cuarto da Viña ¡toda una señal!

Vistas hotel


Segundo día: el plato fuerte

Cogimos el coche y nos acercamos al cañón del Sil para contemplar su majestuosidad y sus viñedos, que en noviembre tienen un colorido espectacular.

No había visto nada igual. Aquí el nene se vino a la mochila, algo importante para poder moverte con más soltura fuera del coche.

Padre e hijo

Bodega Adega Algueira

Recorrimos la carretera y a menos de media hora nos encontramos en Adega Algueira, donde Fernando nos recibió con los brazos abiertos. Como llegamos pronto nos recomendó dar una vuelta por un bosque de castaños milenarios mientras se secaba la sala de catas, que habían tenido un pequeño percance desatascando una tubería del restaurante el día anterior y habían estado fregando la sala toda la mañana.

Después de un breve paseo, nos acercamos y Fernando lo tenía todo listo. Nosotros estábamos nerviosos porque no sabíamos cómo se comportaría el nene, pero Fernando nos hizo sentir muy cómodos al ver de forma natural que hubiera algún pequeño llanto, que tuviéramos que darle el bibe, y ciertas ventosidades, con las que nos echamos unas risas ¡jajaja!

Supo adaptarse muy bien a las circunstancias, a que nos tuviéramos que levantar de vez en cuando para mover al nene y que no se aburriera (estuvimos dos horas catando y charlando y acabamos al final de pie todos, jejeje) y no paró de preocuparse de que el bebé no cogiera frío, con lo que nos ganó… Y sus vinos y explicaciones nos acabaron de enamorar.

Fernando es un apasionado y lo notas en cada una de sus palabras, en el amor que pone en cada explicación… Y sus vinos son un fiel reflejo suyo y de la tierra que los ha visto nacer.

Nos explicó cada vino de una forma cercana, mostrándonos todo el trabajo, la dedicación y el sacrificio que supone. Pero con la recompensa de ver el trabajo bien hecho.

Y probamos todo lo que tenía disponible, pues muchos de sus vinos están agotados y enseguida descubres por qué:

Adega Algueira


Empezaremos por los vinos blancos:

  • Brandán: es un vino godello joven, mineral y muy fresca. Manzana, toques salinos y herbáceos que te invitan a beber... Muy buen blanco
  • Cortezada: repleto de fruta blanca, pera,  cítricos... y ese toque mineral
  • Escalada: vino untuoso y denso, con un gran cuerpo pero una excelente frescura. Destaca la fruta blanca con unos toques ahumados deliciosos. Este vino me recordó a un chablís.

Pasamos a los vinos tintos:

  • Mencía joven: después del Escalada, se quedó en un segundo plano y Fernando ya nos lo advirtió, porque después de esa bomba, esta mencía joven no iba a destacar tanto. Se notaba la fruta roja, un toque mineral y ahumado más marcado, con herbáceos muy presentes.
  • Carravel: frutos silvestres, ahumados, fescura, acidez... excelente Mencía.
  • Madialeva: sus notas más características son la fruta roja, los ahumados,la mineralidad, los balsámicos y su frescura. Muy buena garnacha.
  • Brancellao: una variedad autóctona que tenía ganas de probar junto con la merenzao. Fruta roja, recuerdos vegetales, la mineralidad tan presente en los vinos de Fernando, esos toques ahumados... Muy rico;
  • Fincas: con su caiño y sousón: flores, fruta roja muy fresca, balsámicos, acidez y ese toque mineral tan característico.
  • Pizarra: empezamos a disfrutar ya una nueva dimensión mineral: fruta roja, pedernal, ahumados, herbáceos y, aunque lo repita de nuevo, mineralidad a raudales...

Y me quedé con las ganas de probar el merenzao, pero sí que me pude llevar una botella que Fernando, husmeando por bodega nos encontró y propuso catar, pero como ya estábamos con la comida y prefería probarla en casa, me la pude llevar (junto con unas cuantas botellas más, jejeje). ¡Seguro que me gusta!

La comida fue también un homenaje enogastronómico, con unos mejillones de un gran calibre, pero una textura y sabor espectaculares ¡que no había probado en mi vida!

Seguimos con un jarrete con castañas asadas y salsa de vino tinto y un chuletón de ternera vieja gallega que estaban espectaculares. Mención especial al jarrete que se deshacía y las castañas que estaban increíbles.

Todo regado con una botella de Brancellao 2012 que estaba muy disfrutable a pesar de su juventud. Eso sí, en la comida nos tocó ir jugando con nuestro hijo, porque sino no habríamos podido comer, y esa es una de las cosas que se ha de tener presente, ya que hay que cansarlos un poco para que puedan descansar

Antes quiero hacer un inciso, porque Fernando se volvió a acercar a nuestra mesa y se puso a jugar con el nene, lo cual nos pareció la mar de tierno y un detallazo, además de preguntarnos qué tal todo y que habíamos tenido buen ojo con los mejillones (gracias a vuestros comentarios).

La visita a Fernando, de 10.

Como se hacía tarde y aunque nos ofrecieron unos licores, teníamos que llegar a nuestro siguiente destino: Guímaro.

Paisaje

Bodega Guímaro

Después llamamos a Pedro para decirle que salíamos hacia su bodega y quedamos con él para llegar, pues no es sencilla de encontrar.

Pedro tenía prisa porque debía preparar un pedido antes de las 17:30 y luego recoger a sus hijas y a nosotros nos vino bien porque el nene empezaba a cansarse y nosotros teníamos que estar más pendientes… De hecho nos íbamos turnando para poder atender las explicaciones, aunque al final acabó enganchado a su madre y me dejaron “solo ante el peligro” con Pedro ¡que es un crack!

En Guímaro probamos todas sus barricas, las del vecino, las de Ponte da Boga…. Nos ofreció a catar absolutamente todo, explicándote cómo han ido evolucionando su proyectos. Al principio empezó tímido, pero luego se cogió y nos hizo sentir como en casa, perdiendo todos la noción del tiempo y teniendo que irse a toda prisa porque ya llegaba tarde.

Probamos tanto sus vinos blancos como sus tintos jóvenes, mostrándonos las diferencias entre unos que estaban aún en pañales con otros como Pombeiras, Capeliños y Meixeman, que ya estaban más hechos. Estos tres  últimos, a pesar de su juventud, espectaculares y con un gran potencial de crecimiento a mi parecer.

Siguiendo las recomendaciones le pregunté por su Niepoort, un vino muy muy interesante, que tiene visos de que será un vino muy grande. Y su nuevo proyecto de vino fortificado del que tiene sólo dos barricas y ¡¡¡ promete ser una bomba!!!!

Esta visita, como estuvimos de pie, el nene pudo jugar y curiosear con los depósitos de Inox, que al ser brillantes, le llamaban mucho la atención. Además Pedro no paró de preguntarnos por el nene, creando un clima cálido y de confianza que nos hizo sentir muy cómodos, a pesar de estar el nene cansado.

Si tengo que resumir la visita de Guímaro sería con las siguientes palabras:

¡Gracias Pedro!!!!

Final de la jornada

Fueron casi 6 horas catando vinos y disfrutando de una jornada enológica en familia, algo que no se puede describir, porque es compartir tu pasión con los que más quieres.

Ya después nos marchamos al hotel a descansar, eso sí, recorrimos el cañón, para poder ver el poderío del Sil y los viñedos que pelean por escalarlo.

Tercer día

El día siguiente lo dedicamos a una jornada más lúdica visitando monasterios y llevando un ritmo más tranquilo, para que el bebé estuviera más relajado, aunque por allí hay que moverse bastante en coche debido al clima.

Para rematar en los días posteriores fuimos a Santiago, donde visitamos el Singulario, donde Diego nos dio a probar muchas referencias de la zona y un riesling de aupa.

A la vuelta, para no darle tanto tute al nene, hicimos parada en Segovia, donde no desaprovechamos la ocasión de visitar a Jose María y comer su famoso cochinillo, regado por Pago de Carraovejas y Ossian.

Este viaje va a estar en mi memoria para siempre, por la espectacularidad de los paisajes, el trato de Fernando y Pedro y por haber tenido el privilegio de disfrutarlo en familia.

¡El enoturismo con bebés es posible!

Sólo dos recomendaciones: llevar más de una muda para el bebé, un cargamento de pañales y ¡no os olvidéis la cámara en las visitas a las bodegas como yo!
 

Los usuarios también visitaron

  1. #1

    Kintiman

    Pues enhorabuena por tan grata experiencia, grandes recuerdos me has traído de nuevo a la memoria, incluido lo de viajar con enanos, jajaja.
    Un abrazo.

  2. #2

    Swinsword

    en respuesta a Kintiman
    Ver mensaje de Kintiman

    Eso de viajar con pequeñufos sí que es toda una aventura!!!! :D

  3. #3

    Kintiman

    en respuesta a Swinsword
    Ver mensaje de Swinsword

    Y a partir de ahora con otra mas, que el domingo volví a ser papi, jajaja.

  4. #4

    Swinsword

    en respuesta a Kintiman
    Ver mensaje de Kintiman

    ENHORABUENA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    Eso sí que es un notición!

    Este finde descorcharé algo a tu salud y a la de tu nena ;)

  5. #6

    FPardo

    Qué envidia!!! Yo he estado tres veces en la Ribeira y el año pasado no me dejo me mujer precisamente por el bebe. Este año que es más mayor yo creo que me dejará...

    Has ido a lo más interesante, a los que sumaría Régoa, Ronsel do Sil y Ponte da Boga, junto al precioso paisaje de Belesar que puedes ver desde Via Romana. Yo siempre que puedo vuelvo hay mucho más por descubrir.

    En la ida siempre paro en Astorga (o Castrillo) que además de bonita tiene el cocido maragato que es religión para mí.

    Enhorabuena por el peque y el viaje!!!

  6. #7

    Alberto.Freire

    Me alegro de que el viaje saliese tan bien. A veces tenemos un clima un tanto complicado pero creo que vale la pena hacer una visita ;-)
    Saludos!!

  7. #8

    Swinsword

    en respuesta a Alberto.Freire
    Ver mensaje de Alberto.Freire

    Quien vaya a Galicia y no tenga claro que va a llover, lo tiene jod**o :D

    Está claro que nos hubiera gustado pasear más por la Ribeira, pero es lo que hay!.

    Un saludo y muchísimas gracis por tus recomendaciones y ayuda, que has sido parte muy importante de este viaje.

  8. #9

    Alberto.Freire

    en respuesta a Swinsword
    Ver mensaje de Swinsword

    A Galicia hay que quererla como es, para lo bueno y para lo malo ;-)
    No te preocupes que ya te pediré recomendaciones cuando esté por tu tierra.
    Saludos!

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