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Las Enovelas: Literatura de ficción en torno al vino

Las Enovelas: Libros relacionados con el vino


¿Un estilo o una invasión? Supongo que Don Quijote también le preguntaba a Sancho por qué se habían puesto de moda los libros de caballerías. Algunos siglos después y con diferente intención yo me cuestiono por qué se han puesto de moda las novelas sobre el mundo vitivinícola, lo que hemos dado en llamar, con clara intención de que aparezca en las Historias de la Literatura Universal de finales del siglo XXI: "Las Enovelas".

La primera pregunta de este rosario de sorpresas es si este tipo de literatura ocupará un espacio entre las páginas de los tratados escolares, como ocurrirá con los Programas de prestigiosas universidades con los "masters" de Turismo del Vino, que para los próximos cursos académicos deberán especializarse en turismo del vino blanco, rosado o incluso del vino de hielo, para los amantes del consumo con riesgo.

Es evidente que en los últimos años han aparecido en librerías y salas de exhibición, libros y películas relacionados con el vino. El éxito del mundo del vino ha llegado a los cines y a las librerías mientras el consumo sigue cayendo y luchamos para conseguir subvenciones para arrancar viñedos.

A la vez que los escritores presentan sus bien redactados libros, los agricultores de Denominaciones de Origen se manifiestan ante las bodegas centenarias que pagan una de las mejores uvas de España a 0,38 €

Está claro que es mejor leer que beber, y en vez de ir a la vinoteca a donde nos debemos dirigir es a las librerías. El plagio en los libros va a ser más evidente, aunque también los vinos se copian y se imitan, y por supuesto que se falsifican.

Otro medio para propagar el producto ha de ser también la pequeña pantalla, y en mi pueblo llevan meses grabando una serie de televisión con el original tema de las familias de bodegueros enfrentados, con chica guapa entre viñedos y productor luchador que medra entre las espalderas. Mientras tanto los viticultores que suben a la plaza de mi pueblo y ven el despliegue de medios, artilugios y artistas, dicen ¡tiene narices la cosa!

Indudablemente en el mundo del vino la ficción siempre ha superado a la realidad, y el retrogusto crece por encima de los sabores de las uvas, y los hacedores viajeros del vino lo hacen mejor que los cultivadores locales. A un producto básico y elemental, sencillo y anónimo le pusimos marcas, etiquetas, creadores, espacios protegidos, arquitectos y diseñadores, y sobre todo un alto precio, y acabamos con el alimento para convertirlo en sacramento, para tomarlo en celebraciones y fiestas de guardar.

Como el laicismo se apodera del mundo y estamos para pocos ritos, el consumo de vino en España ha llegado a 17 litros por habitante y año, y que si lo traducimos a grados alcohólicos, es poco más de los que se meten al cuerpo los de la movida nocturna y el botellón en cuatro fines de semana.

Así las cosas, la literatura ha ocupado el espacio del consumo y además el libro se lo puedes prestar a la vecina, cosa que debiéramos hacer con una botella de rosado.

Enovelas, ¿desde cuando?

A comienzos del siglo XX un escritor valenciano, conocedor de la situación social española más por observador que por político, se atrevió a contar un hecho importante, como fue el levantamiento de los jornaleros jerezanos de 1892.

Vicente Blasco Ibáñez escribe La Bodega, años después de aquella acción que acabó con la vida de varios agricultores, y otros ejecutados para sofocar la rebelión. Es una novela social, que nos recuerda a las obras de Emilio Zola, y que describe la situación de los obreros de los viñedos jerezanos, mientras pone el contrapunto de los beatos propietarios y de algunos garbanzos negros de las familias prominentes del lugar.

Blasco Ibáñez conocía el tema, tenía información y valoraba un método que había aprendido de los escritores franceses, y además estaba relatando un hecho histórico que había ocurrido hacía pocos años, al que le aportaba también su ideología. Su libro nos cuenta historias de personas, tragedias de familias, enfrentamientos entre grupos, y la verdad que del vino da pocas impresiones. Yo llegaría a decir del autor que la postura abstemia de quien aparece como impulsor del movimiento revolucionario jerezano, Fernando Salvatierra, se trasmite en el texto. Curiosamente manifiesta el consumo del vino como alegre y apetecido por los propietarios y dañino y enervante para los jornaleros, que traicionados por el vino, sobre todo por su escasa costumbre de consumirlo, perdían los tradicionales valores del campesinado, particularmente la sumisión.

No obstante se hace una brillante descripción del trabajo agrícola en los diferentes cortijos de las familias propietarias y nos podemos hacer una idea a través de la lectura de la obra de las penosas condiciones del trabajo agrícola de un momento cercano a la mecanización del campo. El utópico viñedo salpicado de colores y cambiante en sus estaciones se torna trágico y rudo para los campesinos que lo trabajan y posee ese atractivo estético para sus propietarios que acuden en escasas ocasiones, y con motivos más lúdicos o religiosos que laborales.

En la literatura española, que habían sido abundantes la referencias al vino, a las tabernas y a su consumo, es la primera obra que narra el proceso y la actividad laboral, en la sórdida bruma de un decadente final del siglo XIX, en una sociedad clasista que deberá transformar sus hábitos y comportamientos, en poco tiempo.

Una enovela: Un Viñedo en la Toscana

Comencé a leer este libro a mi regreso de la Toscana. Había acudido a Italia a estudiar paisaje de viñedo, pero la comarca de Siena parecía Lugo, y llovía como en Bretaña, todo un paseo geográfico por la Europa húmeda. Los vinos de la región, excelentes y caros, como es la tónica habitual.

El paisaje lo observe en los calendarios, las postales y toda la parafernalia comercial que transporta imágenes de viñedo bastante artificiales a todos los rincones y consumidores del mundo. Es lo que yo llamo el paisaje tópico.

Al llegar a casa, en el invierno riojano, el libro se prometía como un relato de un constructor de viña y casa, y por los primeros capítulos parecía una descripción de las revistas de finales de los años 1970, en los que una sencilla familia con tendencias hippies abandonaba la ciudad para recuperar el virgiliano espacio rural, descrito en novelas y canciones.
El reto del autor-constructor-plantador es convencer al lector de que el neorrural con escasos medios y conocimientos puede llegar a poseer una casa extraordinaria y a crear un viñedo de excepción.

Yo tuve sensaciones diversas en la cata de este libro, ya que en mi vida he realizado algunas acciones que el escritor me contaba. Sentí pena por su desconocimiento del medio rural, admiración por su tenacidad, respeto por su cariño hacia los vecinos y me causaba cierta intranquilidad el que decidiera emprender una aventura tan arriesgada como reconstruir una vieja residencia y plantar unas terrazas de viñedo. En alguna página del relato, con el que me encontraba cómodo e identificado, empecé a sentir una sensación que jamás había obtenido en la lectura de un libro. Por los síntomas, que descubrí consultando un manual de autoayuda, me di cuenta de que padecía o disfrutaba de "envidia", sensación que anteriormente no había soportado.

Yo había reconstruido alguna casa en lugar más o menos bello y exótico, había plantado mis árboles, mis verduras, hacía mis conservas, práctica el trueque con mis vecinos, vamos que era como un hippie de manual salido de los textos del 68.

Mi admiración al autor, a su abnegado trabajo, al apoyo de su compañera y a la paciencia de su hijo, se convirtió en una tremenda envidia. Yo nunca había tenido esa sensación mientras leía, e incluso puedo decir que en mi vida en escasas ocasiones había sufrido esa situación.

La elección del lugar, la orientación de la construcción de la vivienda, el empleo de los materiales, me causaba admiración. La casa poco a poco iba creciendo bajo mi atenta mirada, pensando en el humilde "ocupa", que con supremo esfuerzo había adquirido aquella ruina abandonada.

La elección del lugar, el diseño de las parcelas, en análisis de la localización eran la base de la plantación de un pequeño, casi ridículo viñedo. Pero todo eso me causaba envidia, y sentía los fracasos del autor y sufría sus problemas, pero algo no me cuadraba.
Yo pensaba que esos sencillos ocupantes de la ruina carecían de medios y luchaban contra viento y marea para pagar los sacos de cemento de lo que sería la pequeña bodega. Pero a la vez tenían un velero, esquiaban en el Tirol y poseían un discreto apartamento en Roma.

Mientras trabajaban y encargaban análisis de suelos, o adquirían valiosas barricas, algo escapaba a la realidad del común de los mortales. El encanto no lo rompía la lectura continuada del relato, este cuadraba y era coherente, pero acudir a Internet fue el error que mató a mi héroe.

En la página web del escritor me enteré de su trayectoria, de su currículo, de sus excelentes fotos, y todo eso reflejaba la copiosa cuenta corriente de Ferenc Máté, hecho este que no hubiera debido alterar mi opinión sobre el autor y su obra.

El talante desenfadado, y seudohippie habían movido en mi corazón recuerdos de épocas de carencias y de intentos de reconstrucciones de edificaciones y construcciones no siempre exitosas; y el autor se me aparecía como un héroe de la reconstrucción y además hacía un excelente vino.

La envidia se disipó pero la admiración continuó y sobre todo la valoración que se debe de otorgar a alguien que sin proceder de la actividad vitivinícola, ni conocer el medio, haya logrado hacer uno de los mejores vinos de Italia.

Lo cierto es que se describe la experiencia de realizar un vino de pago, con pequeña superficie, sin tener ni idea ni de viñas, ni de bodega. Sólo algunos dólares, cariño, trabajo y asesores.

El vino pone en cuestión el valor de la tradición, o la necesidad de una formación previa y valora más la voluntad y el trabajo que los conocimientos, nos habla más del terroir que del savoir.

El respeto y la admiración se acrecientan cuando ves la residencia que el autor se construye y cuando se prueba el vino que elabora, y además de todo esto escribe. Mi única desilusión y además no se de donde surgió, fue que en la lectura de la obra consideraba que su proyecto surgía del trabajo diario, la lucha constante y el sacrificio rural, y no contaba con los derechos de autor...

 

La Bodega de Noah Gordon: El tributo de un escritor a nuestro país

Así, se publicita otra enovela de la cual se han vendido miles de ejemplares en 2007. Y tenemos que hablar de libros como de millesimes. Una excelente cosecha.

Según reza en los agradecimientos, la obra de Noah Gordon es "la carta de amor a un país."

Lo que no he sabido hacia que país se dirigía la carta, ya que al comenzar el libro, se lee: "La Rioja no es Burdeos, pero allí se hacen algunos vinos aceptables." Como esta cita se refiere a la época de las guerras carlistas y al momento del asesinato del general Prim, que es uno de los temas centrales de la obra, creo que va hacia otras zonas su referencia, y el amor se orienta hacia zonas más orientales y mediterráneas.

El resto es un viñedo del Penedés en el que no se sabe muy bien si se elaboraba vino o vinagre, hasta que el protagonista aprendiz de viticultor en Francia, decide "hacer vino de verdad", y elige la tempranillo, la garnacha y la cariñena, que para ser finales del siglo XIX es bien moderno como coupage del Penedés. Al producto le dio una marca simple y actual:"Vides de Joseph 1877".
La obra refleja el desconocimiento del tema que el escritor reconoce en su texto, pero el aprendizaje estamos seguros que le ha aficionado a la tierra y a su producto, y le habrá proporcionado pingües beneficios.

No obstante las mayores cantidades de botellas no mejoran el vino, y 250.000 libros nada más aparecer la obra hacen dudar de la añada. Como siempre la publicidad de este libro del Noah Godon beneficia a ciertos productos y a otros los empobrece.

La situación del pequeño pueblo de Santa Eulalia está bien reflejada en la obra, y sobre todo nos ha interesado la visión que al autor le han trasmitido, sus asesores, de la realidad paisajística del viñedo, en el momento en el que la filoxera hace su aparición en Cataluña. También tiene interesantes referencias etnográficas que relatan la vida tradicional de un pueblo mediterráneo, y el desarrollo político histórico, como en el resto de las obras citadas, está presente en la obra.

Para los aficionados a la cultura del vino su lectura es una manifestación de humildad y de perdón hacia una persona con más cariño que conocimientos sobre el mundo de la viña, pero que con el esfuerzo de sus informantes, ha logrado hacer una alabanza al trabajo y a la constancia, que termina como novela de amor y con vino de autor.

 

Enovelas a la riojana

 

La Rioja ha sido el territorio escogido para desarrollar dos novelas que se localizan prácticamente en el mismo espacio y en semejante momento histórico.

Que durante años a nadie se le hubiera ocurrido plantear una novela en esos enclaves, era sorprendente. No obstante recuerdo una etílica reunión con Santiago Tabernero, experto en hacer cine, en la que planteamos una película a desarrollar en Haro a finales del siglo XIX, y con Rafael López de Heredia y Landeta como protagonista, pero se nos acabaron las ideas a la vez que las botellas.

Conocí a Gonzalo Gómez, autor de El Hijo de la Filoxera, hace algunos años buscando datos en archivos y bodegas para documentar una novela que se desarrollaría en Haro en la época del esplendor ocasionado por el abundante comercio de vino desde esa localidad hacia Francia. Me pareció más un historiador que un literato y aprecié la abundante documentación que poseía, Manejaba con soltura el territorio de La Rioja Alta en los momentos del alza económica del vino, y además conocía los entresijos de la sociedad jarrera de entre dos siglos. Se notaba que leía los periódicos de la época, estaba lo que se dice al día, pero de hacía un siglo.

Me sorprendió su conocimiento de la viticultura de aquel tiempo, que entonces yo estaba estudiando en los archivos de la bodega R. López de Heredia Viña Tondonia; y además se sabía chismes y chascarrillos....decimonónicos; y no era ajeno al proceso de elaboración del vino tanto al tradicional como al aportado por "los negociants" franceses, y sabía bien quién era quién, en la sociedad de Haro de esa gloriosa época, desde las clases dominantes a los usuarios de las tabernas que describe a la perfección.
Al tiempo, me confió la lectura del manuscrito y me volvió a sorprender la coincidencia entre su descripción ficticia y literaria y la realidad que yo conocía por los archivos en los que trabajaba.

En alguna ocasión me sorprendían ciertas coincidencias fruto del excelente conocimiento que Gonzalo poseía de la sociedad de Haro. El hecho de que toda la obra se desarrolle en esa localidad riojalteña hace que la descripción no se disperse geográficamente y describa perfectamente el cargado ambiente de esa pequeña ciudad provinciana.

La abundancia de datos hace que el momento descrito se presente como real y la situación social, y los conflictos locales se acomoden al hecho histórico.

En muchos pasajes hay una intencionalidad de denuncia histórica que nos recuerda a la descripción jerezana de Blasco Ibáñez. Lo curioso es que en la siguiente novela que vamos a describir aparece también el conflicto social y el enfrentamiento entre el poder establecido y las clases agrícolas emergentes que gracias al trabajo logran ascender económica y socialmente. Hecho este que no ocurre en el relato jerezano.

El hecho de que tres de las obras analizadas coincidan en la narración de las desigualdades sociales en el mundo del viñedo, nos debe hacer pensar como ha surgido la viticultura contemporánea que lógicamente es fruto de aquella época, y también analizar que poco tiene que ver el mundo del vino actual, con aquellos oscuros momentos. La narración sobre la Toscana nos habla de la llegada de alguien foráneo al cerrado mundo del vino, y como escala a los más altos puestos sin el esfuerzo sobrehumano que hubieron de hacer los protagonistas de finales del siglo XIX.

Hermanos de distinto padre: El hijo de la vid.

En los primeros meses del 2010, surge un nuevo libro poco tiempo después de haber visto la luz el otro hijo de la viña, pero en aquel caso atacada por el insecto fatal que recuerda la coplilla riojana:
Maldito sea el francés
Que trajo la filoxera
Desde que no bebo vino
La mujer se me apodera.

La coincidencia en el título, la época y la comarca, podría anunciar algo de espurio en la filiación de alguno de los dos "hijos de....". La verdad es que entre ambas narraciones existe la misma coincidencia que entre los vinos de Rioja.
En la obra de Carlos Clavijo, publicada por Editorial Planeta el espacio refleja un entorno de La Rioja Alta, imaginario y sin precisar que se encuentra a las orillas del Ebro, cercano a las localidades de Briones y San Vicente de la Sonsierra.
El tiempo en el que se desarrolla la acción es largo y complejo. La verdad que el lector está sumergido en un devaneo temporal que va desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, recordando en extensión aquella obra sin par de Bertolucci que fue Novecento.
La dualidad y el enfrentamiento entre un campesino que llega a bodeguero de prestigio, y un cacique dedicado a la misma profesión es la trama argumental de la novela. En esa línea se cruzan sobre todo tragedias que van desde la pérdida de las propiedades familiares, el fracaso profesional, la cerrazón juvenil, el ataque de la filoxera, la muerte de la esposa, los hijos en el frente y otras adversidades que dan un tinte pesimista a la obra. Pero el espíritu de trabajo, el sacrificio, la superación pueden contra la tragedia que planea a lo largo del dilatado periodo temporal de su desarrollo.
Otra constante en la obra es la del enfrentamiento ideológico que surge en la juventud del protagonista, con la disputa por una joven de la burguesía local cuya familia termina arruinada. Lo que comienza siendo una discordia amorosa concluye con un odio profesional que deshace a la propia familia del protagonista.
Su relación con el poder es cambiante, desde su aversión al cacique local quien le engaña en una venta de tierra salitrosa, hasta su enfrentamiento con un corrupto militar franquista. Todos sus esfuerzos se orientan a sacar adelante su proyecto vital: La bodega.
Familia y bodega son los soportes de la novela, y en esto coincide con muchos empresarios de la Rioja Alta de la época. Doblete que se repite en el resto de las novelas que analizamos.
En esta obra aparece también un guiño a un bodeguero singular que fue Rafael López de Heredia quién tenía sus oficinas en Madrid en el singular edificio de la Equitativa en la calle Alcalá, esquina a Sevilla, espacio que frecuentaba el protagonista de esta novela. "Pero el seguía a lo suyo, salía del antiguo edificio de la Equitativa, con su mensuras grabadas en piedra y con forma de cabeza de elefante", sede de la bodega jarrera en la capital de España.
Entre las instituciones muy presentes en estas obras, hemos de destacar a la Iglesia que en la versión jerezana es el acompañamiento constante de la familia Dupont. Sus representantes están presentes en sus rituales, bendicen campos, garantizan cosechas y la salvación de sus propietarios, mientras consuelan a los afligidos campesinos; gracias a ella se mantiene la paz social ya que el empleo, en definitiva el jornal, es la fórmula máxima de la caridad cristiana. La iglesia y no las organizaciones laborales ni sindicales, es la garante de una actividad laboral justa y equitativa, regida por las clases dominantes, que además son más beatas y piadosas que los ignorantes campesinos de las gañanías.
En los casos riojanos, en la obra de Clavijo aparece la parroquia del lugar de San Esteban regida por dos clérigos de diferente ideología. El primero, enfrentado con el poder del cacique y por tanto amigo y protector del protagonista, termina dejando el lugar por el amplio poder de la autoridad local. Su sustituto más proclive a las veleidades del poder, tendrá la continuidad en las épocas posteriores a la guerra, alcanzando en ese tiempo mayor protagonismo.
La novela de Clavijo termina con el éxito del vino elaborado a orillas del Ebro, en la ciudad de Burdeos, como cerrando un circulo iniciado con la llegada de los franceses a La Rioja.

 


CONCLUSIÓN

Moda, estilo literario, oportunidad. Podemos incluir todavía varias obras más como las que se han desarrollado en Francia con estilo policiaco alrededor de la famosa botella de Petrús.
En este paquete no podemos incluir a Blasco Ibáñez, que había conocido la trágica situación de los jornaleros jerezanos y el levantamiento de 1892, ya es un trabajo histórico y nada oportunista. Esta obra trataba de denunciar el enfrentamiento entre la clase propietaria de la bodega y los asalariados del campo. A ese grupo social se le adscriben los tópicos vinculados al flamenco, a los caballos a su estancia en restringidos casinos y sobre todo el distanciamiento de una realidad que tenían tan próxima y además por ese colectivo generado.
Describe el trabajo vitícola con minuciosidad y conocimiento, relatando la vida en el viñedo, los trabajos de cava y la recolección. Con la actividad de la bodega es menos conciso, aunque narra algunos trabajos, explicando sobre todo las funciones directivas de los propietarios.

La obra de Máté es una bella descripción de la envidiable labor de reconstruir una casa y plantar un viñedo, contando con la asesoría y los medios suficientes. La novela trasmite un cariño hacia el medio rural y una admiración hacia un territorio tan bello como es la Toscana.
No se trata de una obra de ficción sino la narración de una etapa importante de la vida de un novelista que se convierte en viticultor y termina siendo uno de los bodegueros de moda en Italia, con una reducida superficie de viñedo.
La cálida y cariñosa descripción, el minucioso trabajo de construcción y la actividad de jardinero en el viñedo garantizan que el vino por el escritor realizado sea bueno. En el resto de las novelas leídas no podemos compararlas con el vino elaborado por sus autores, no lo hacen, y se lo hemos preguntado a los que hemos conocido.

En relación a las coincidencias entre las descripciones de ficción y la realidad histórica que conocemos, si hemos encontrado algunas, en particular con la vida de la bodega R. López de Heredia de Haro, sobre la que se toman algunas referencias históricas, en las dos novelas riojanas.

Con respecto a las copias o plagios entre estas dos obras hemos de decir que no encontramos más similitud, que la espacio-temporal y que cada una ha desarrollado su descripción según los criterios de sus autores, sin signos de ningún tipo de plagio.

Varias de las obras citadas hacen referencias a problemas laborales y conflictos sociales en el entorno vitivinícola, cuya resolución tiene mucho que ver con estas palabras finales de
Blasco Ibáñez: "Beba su mercé, y no se haga mala sangre queriendo arreglar lo que no tié arreglo. En el mundo no hay de verdá más que esto. Los amigos unos falsos; la familia....buena pa comérsela con patatas. Toas esas cosas de rivoluciones y repartos, mentiras, palabras pa engañar a los pimplis. Esto es la única verdá:¡el vino! De trago en trago nos lleva entreteníos y alegres hasta la muerte".

Referencias

Noah Gordon
La Bodega
Roca Editorial. Barcelona 2007

Carlos Clavijo
El hijo de la vid
Temas de Hoy. Ed. Planeta Madrid, 2010.

Gonzalo Gómez
El hijo de la filoxera
Edición del autor. Madrid, 2009.

Vicente Blasco Ibáñez
La bodega
Ed. Cátedra, Madrid, 2008.

Ferenc Máté
Un viñedo en la Toscana
Ed. Seix Barral. Barcelona 2009.

Luís Vicente Elías Pastor
Primavera 2010, Briones

 

 

  1. #2

    Álvaro Cerrada

    Siempre interesante conocer tu opinión, Luisvi. Pero te veo algo combativo... :-)

  2. #3

    Arrutzi_Najera

    Sin palabras, impresionante he leído el articulo de un tirón enganchado como en la mejor novela. Voy a por el siguiente.
    Estoy contigo sobre todo lo que has dicho, de lo oportuno, aprovechando el tirón del vino y la paradoja del poco consumo,
    de las novelas actuales.
    De las descritas, solo he leído la de Gordon, y francamente deja mucho que desear, entretenidilla, sin cuerpo. Salud.

  3. #4

    G-M.

    Excelente artículo. Enhorabuena.

    Precisamente hace unas semanas abrimos un post sobre el mismo tema:

    https://www.verema.com/foros/foro-vino/temas/723217-novelas-con-tematica-vinos

    Hace poco terminé la novela de Maté (deliciosa) y próximamente comienzo la "riojana".

    Saludos cordiales

    Aurelio G-M.

    P.D.: En el post que te adjunto verás que también, como precedente, podríamos citar a Poe.

  4. #5

    Luzzet

    Vino y literatura son dos artes íntimamente relacionados. Ambos pueden describirse mediante las palabras, y ambos nos producen los mismos tipos de emociones. Gracias por el artículo.

  5. #6

    Jose Contreras

    Muy buen artículo recopilatorio de tus ideas críticas sobre todas las novelas que citas. Me ha encantado y coincido bastante en buena parte de los comentarios que haces sobre las novelas que me he leído de ese lilstado. No conocía la referencia de la novela de Clavijo pero voy a intentar conseguirla y leérmela lo antes posible. Será interesante comparar su estilo con el de Gonzalo Gómez.

    Felicidades

  6. #7

    Jose_J

    Yo leí el de "un viñedo en la toscana" hace unos años, en ingles, comprado en Amazon.
    Lo encontré en la web mientras buscaba viñedos para comprar en la Toscana, en un ejercicio de enología-ficción(tengo 200€ en la cuenta bancaria..).
    aparte de la exaltación algo exagerada de las comidas y alimentos, realmente, lo de comprar una casa en la Toscana con un viñedo es uno de mis sueños, y el autor trasmite una pasión que puede ser compartida.


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