Blog de Verema.com

L'Escaleta

Ociosos y con el verano dando sus últimos coletazos, decidimos darnos un último capricho antes de iniciar nuestro período laboral, por eso de evitar el famoso estrés postvacacional. Para ello acudimos al restaurante L’Escaleta, situado en una pequeña urbanización de Cocentaina (Alicante). El restaurante está ubicado en una casa solariega de cuidados jardines, con una terraza exquisitamente acondicionada. Unas grandes lámparas de pie de estilo modernista, unas sencillas mesas y unas sillas color burdeos configuran un entorno apacible donde disfrutar de una magnífica velada.

Sin embargo las altas temperaturas del mes de agosto no nos permitieron disfrutar de esta terraza, así que pasamos al interior de la casa. Desde un amplio distribuidor se accede a distintas salas privadas y a una pequeña bodega donde se guardan los vinos con mayor rotación. El jefe de sala nos acompaño hasta nuestra mesa, ubicada en una de las salas, de estilo clásico, con antiguas cómodas y vitrinas de madera. La mesa sin embargo estaba montada de forma sencilla, un bajo plato amplio, una copa de vino y un pequeño florero con una rosa roja, contrastando el minimalismo del montaje con los paneles de madera de la estancia y el mobiliario clásico.

Leímos detenidamente la carta, cocina de autor con raíces mediterráneas, a primera vista destaca el afamado turrón de foie de la casa y una ostra marinada en ginebra Citadelle. Pasamos largo y tendido leyendo la enciclopédica carta de vinos y al final optamos por el Gran Menú maridado plato a plato.

Empezamos con un gazpacho de remolacha con berberechos. Atractivo el color rojo de la remolacha, con un granizado de berberechos pasados por la Pacojet. Bueno, de sabor, fresco y con los sabores perfectamente matizados. Para acompañarlo un Masía Serra INO, un vino curioso, 100% garnacha elaborado por el método de soleras.

El segundo plato en llegar fue el citado turrón de foie, sencilla presentación para el que es un plato representativo del restaurante. La textura perfecta, entre la cremosidad del foie y la consistencia del turrón pero, para mi gusto, el predominio del sabor dulce aportado por la miel y el preparado de turrón paliaban el sabor del foie, que tan solo se percibía muy tímidamente en el postgusto. El vino seleccionado por Alberto Redrado, ducho sumiller de L’Escaleta, fue el Do Ferreiro Cepas Vellas 2005, que por su acidez y carácter proporcionó frescura al plato.

El tercero en llegar fue la ostra marinada con Citadelle Gin y ensalada de apio, servida en un plato hondo con una base congelada sobre la que se depositaban un par de ostras excelentes. Lástima el exceso de ginebra, incluso para mí, amante de este destilado, que acababa dejando en segundo plano el sabor marino de la ostra. Aquí cómo no, una manzanilla, en este caso la Manzanilla pasada de Emilio Lustau. Poco que decir de la perfecta armonía del plato con este vino.

Seguimos con la yema de corral con pan de especias, anchoa y trufa, una trufa poco aromática que no desentonó con el conjunto, la yema de huevo bien cocida y la combinación con la ancho interesante. Aquí seguimos con la manzanilla de Lustau, que ni brilló ni chirrió con este plato.

Colosal fue el mero con algas marinas y locales, por su perfecta cocción a baja temperatura en el Roner, un punto perfecto al que las algas le daban un toque salino excelente. En este caso fue René Barbier y su Clos Nelín 2004 quien nos acompañó perfectamente, la mineralidad y esos hidrocarburos potentes matizaban los sabores del pescado y potenciaban los yodados de las algas.

El segundo pescado, rape asado con tierra de aceitunas y sal de naranja, quedó algo eclipsado por el nivel que el mero asumió, sin embargo era un plato exquisito, bien presentado, con su punto de cocción perfecto y bien armonizado con un Tonel 71 2001, un riesling del Dr. Bürklin Wolf de uno de sus mejores pagos (Pechtein) calificado de Gran Cru. Combinación soberbia de este gran vino con el rape.

Tras los dos pescados salió el arroz seco de caza y setas, una fina película de arroz adosada al plato y secada al horno. El sabor era ciertamente muy bueno, pero la primera vista del plato no es del todo atractiva, no obstante se trataba de un plato de “raíces” y tal vez cualquier pompa en la presentación hubiera desvirtuado el plato. Sabor profundo de la caza con esos aromas delicados de los hongos y para acompañar un Château Pradeaux 2000, un Bandol suave y elegante elaborado con garnacha. Buena acidez y elegancia para este arroz sabroso y consistente.

La carne consistió en una pieza de presa de ibérico con polvo de cebolla, nabo asado y rancio de jamón. Buen punto de cocción de la carne y muy sabrosa la ligera salsa que lo acompañaba, además el nabo aportaba un sabor amargo muy rico. Para esta carne tomamos Le Sereine Noire 1999, un Rotie elaborado principalmente con shiraz que nos sorprendió por su viveza y estructura, potente pero elegante y perfectamente en sintonía con los aromas y sabores de la presa y ese final amargoso y largo que inundó la boca.

Llegó la degustación de quesos artesanos, una amplia selección de un total de diez quesos perfectamente explicados y ordenados según el grado de curación, todos exquisitos. Nos ayudaron a acabar con lo Le Sereine Noire que nos quedaba en las copas.

Pasamos ya al apartado de los dulces, empezando por un prepostre de melocotón en almíbar con fruta de la pasión y helado de su hueso, fresco y con los sabores bien matizado. Lo acompañamos con un Viña Costeira Tostado, un vino dulce elaborado con treixadura, interesante por su originalidad y de buena calidad, con buena acidez y bastante equilibrado de azúcar.
Y por fin llegó el postre, una barrita helada de chocolate, caramelo y vainilla, bonita presentación y sabor exquisito, no excesivamente dulzona, bien equilibrada de sabores y con un recuerdo a los pastelitos que tomábamos de pequeños. Para este plato Alberto eligió el Moscaltel Emilín de Lustau, más interesante que bueno, pero perfecto para estos postres con chocolate y caramelo.

Tras la pantagruélica comida tomamos unos cafés acompañados de unos petit fours¸de los que destacaría el bombón de arrop. Y tras los cafés vinieron los gin-tonics y los habanos que pusieron la guinda a una experiencia gastronómica inolvidable por el servicio que nos atendió, los magníficos vinos que tomamos, la compañía y la cocina de L’Escaleta.

(C) Dani Cervera

  1. #1

    PacodeMadrid

    Estuvimos este mes de Agosto, también como despedida estival, tomamos el mismo menú y el maridaje fue prácticamente calcado.
    Comparto y coincido con todo lo escrito, incluso con exceso de ginebra.
    Paco de Madrid

  2. #2

    juanfra

    Excelente crítica, quizas el problema de la ginebra pueda solucinarse reemplazando el Citadelle por The London Gin, de sabor más sutil que el usado

  3. #3

    Dani C.

    Gracias a los dos.

    Juanfra, respecto a The London Gin podría ser una solución, algo menos aromático que esa Citadelle, aunque creo que el problema radicaba en la cantidad de ginebra, más que en la calidad de la misma.

    Saludos
    Dani

Herramientas del blog


Este sitio web usa cookies para analizar la navegación del usuario. Política de cookies.
Cerrar