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Paisaje del Viñedo: Patrimonio y Recurso (III)

DEFINICIÓN DE PAISAJE CULTURAL

Veamos diversas definiciones de paisaje cultural, tal como lo interpreta la documentación evolutiva de UNESCO.(4)

En el año 1972 en la Convención para la Protección del Patrimonio Cultural y Natural se decía que “paisajes culturales eran los conjuntos que combinan el trabajo del hombre con la Naturaleza. Representan la evolución de la sociedad y el uso del espacio a lo largo del tiempo, bajo la influencia del medio ambiente y de los colectivos sociales y culturales.”

En el año 1995 en la reunión para la Conservación de Sitios Culturales integrados a las políticas del paisaje, se dice que este es: “La expresión formal de las múltiples relaciones existentes en un periodo determinado entre el individuo o una sociedad y un espacio topográficamente definido, donde el aspecto resulta de la acción en el tiempo de factores naturales y humanos y de sus combinaciones.” Y se conoce como “paisaje cultural “a “la unidad en la que se integran las actividades humanas y el medio natural estableciendo una interacción dinámica que se manifiesta en hechos y rasgos físicos, testimonios del transcurso de una sociedad sobre un determinado territorio.”

Según estas definiciones la Convención del Patrimonio Mundial define tres categorías de paisaje culturales.

La primera es la de los paisajes creados por el hombre y definidos claramente, ya que son espacios construidos para el deleite y la contemplación, podemos hablar de jardines y parques que en muchos casos están unidos a otros monumentos o espacios monumentales. El caso del Parque de Chapultepec, en la ciudad de México, es un buen ejemplo de este tipo de paisaje.

La segunda clasificación de paisajes son los evolutivos que se han ido transformando por la acción colectiva y mantienen los recuerdos del pasado en su intervención sobre el territorio, manifestando su aspecto dinámico, y que son característicos y definitorios.

Son los paisajes agrícolas, forestales y ganaderos y responden a la evolución social, técnica y económica de esas tierras.

Estos paisajes se clasifican como “paisaje vestigio” en cuanto representan un espacio fósil transformado que ya ha concluido su modificación. Un ejemplo de esto podrían ser las zonas mineras que rodean algunas poblaciones y que reflejan el uso del territorio para un proceso extractivo y su incidencia en la orografía, los caminos, la arquitectura y que hoy son solo un vestigio de esa acción en el pasado.

El otro tipo de paisaje evolutivo es “el paisaje activo” que es el que mantiene la actividad y sufre la evolución continuada debido a las acciones de sus habitantes en sus formas de vida tradicional. Son modelos en este paisaje los terrenos de producción de uva de los que hablaremos posteriormente, y que son el eje de este trabajo.

Por último, se conoce como “paisaje cultural asociado” aquel en el que se encuentran manifestaciones religiosas, rituales o culturales asociadas al territorio, y que su población es consciente de ellas. Nos referimos por ejemplo a todos los centros ceremoniales de los grupos indígenas.

Este sistema clasificatorio del paisaje lo hace el Organismo Internacional de cara a su Declaración de esas zonas relevantes, como Patrimonio de la Humanidad, como paisaje cultural.

Pero como interesados en el tema del paisaje no debemos quedarnos solamente con aquellos paisajes que poseen un valor extraordinario a nivel mundial, sino que tenemos que reflexionar sobre los paisajes culturales de carácter nacional, estatal o local, que por el valor de reflejar la transformación del territorio por el trabajo del hombre a través del tiempo, han de ser protegidos.

Primeramente respetados por sus propios habitantes, tanto en su uso controlado y no exagerado que a la larga transformarán ese paisaje haciéndole perder sus características tradicionales. El caso de la corta exagerada de maderas o todo el proceso de destrucción de la Selva, la extracción de áridos para la construcción y otras tareas de obtención de materiales, están destrozando paisajes de interés y por lo tanto están destruyendo un patrimonio al que debieran tener derecho nuestros descendientes. En estos casos la corta de árboles inmoderada, va a acabar con la actividad forestal y además impedirá en el futuro la posibilidad del desarrollo turístico, por haberse destruido el atractivo natural que poseían esos territorios.

Debemos ocuparnos por lo tanto de “nuestros paisajes”, aquellos territorios que no poseen una belleza extraordinaria, pero que han sido los habituales y tradicionales de cada zona y además han sido valorados por sus habitantes y por sus vecinos.

El crecimiento desmesurado de las ciudades y una nueva concepción de la naturaleza unidos a otras razones tan diversas, hacen que los paisajes próximos a las grandes ciudades adquieran un importante valor para el ocio y el descanso.

Es interesante destacar la abundancia de áreas naturales protegidas cercanas a las grandes ciudades como lugares de reposo y pulmones para la urbe

Por esta razón, es imprescindible el cuidado del paisaje y su protección contra incendios, impactos visuales, basuras, destrucción y cambios de cultivos. Y esto precisa de un proceso de formación importante a las comunidades propietarias de esos terrenos. De su cuidado y beneficio controlado actual, va a depender su vigencia en el futuro y su posibilidad de evolución. El concepto de sostenibilidad tiene en relación al paisaje un valor especial, ya que la naturaleza ha de ser mantenida para ser disfrutada y siga proporcionando sus beneficios para generaciones venideras. Y por lo tanto el paisaje correrá la misma suerte por su estrecha vinculación a la naturaleza y a las actividades del hombre sobre ella.

Es interesante que tomemos conciencia de la importancia de cualquier paisaje y no solo de los que tienen un renombre universal. Partiendo del cuidado de nuestros paisajes próximos, podremos valorarlos y disfrutarlos; y nos llevará a admirar al resto de ellos como expresión de la identidad y de la cultura de cada pueblo.

El área del desarrollo de gran parte de las nuevas formas de turismo, como es el caso del turismo del vino, ha de ser la naturaleza y por lo tanto la concepción que el hombre tiene de ella debe ir cambiando. Tanto la percepción de los habitantes de las zonas a visitar, como por parte de los viajeros que deben interpretar esa naturaleza y sobre todo han de saber respetarla evitando los impactos que puedan producir.

La naturaleza, el campo, la tierra, tienen una nueva función que completa a las tradicionales de proporcionar alimentos y ofrecer materias primas. Estas actividades extractivas deberán continuar pero con un criterio sustentable, y además se incorporan otras funciones “culturales” de la naturaleza, basadas en la educación , la visita, el turismo, en definitiva la admiración de sus valores y de sus bellezas. Pero esta nueva concepción precisa de un proceso formativo importante tanto a los residentes, como a los visitantes y a los técnicos que van a hacer posible la relación turística.

(4) Rossler, Mechtild
La categorie des paisajes
culturels dans le cadre de la convention du patrimoine
UNESCO, Bruselas 27/01/ 1999

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