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Paisaje del Viñedo: Patrimonio y Recurso (II)

Paisaje del Viñedo: Patrimonio y Recurso (II)

El Paisaje como patrimonio

En la Carta del Paisaje Mediterráneo promulgada en Sevilla en 1992 se dice que el paisaje “es la manifestación formal de la relación sensible de los individuos y las sociedades en el espacio y en el tiempo con un territorio más o menos modelado por los factores sociales, económicos y culturales. El paisaje es así el resultado de la combinación de los aspectos naturales, históricos, funcionales y culturales.”

A partir de esta definición en la que se integran en el espacio geográfico los matices culturales podemos muy bien comprender como en la nueva concepción del patrimonio, el paisaje sea un importante recurso. Tradicionalmente el turismo ha aprovechado el paisaje como atractivo, y son de nuevo los románticos, tanto escritores como viajeros, los que ponen la nota de atención en el paisaje. De esa preocupación nos habla la nominación de los primeros Parques Nacionales en Estados Unidos en 1871, y la creación de la Red de Parques en 1917.

El interés por los temas de la naturaleza, por lo tanto viene de antiguo, y en 1947 ya se organiza la Primera Conferencia Internacional para la Protección de la Naturaleza, y en ella ya se promueven la creación de las Reservas y Zonas Protegidas. En España, la Ley de Parques Nacionales es del año 1916, existiendo Decretos proteccionistas desde 1962:” podrán clasificarse como Sitios Naturales, además de los parajes agrestes, los elementos o particularidades del paisaje en extremo pintorescos y de extraordinaria belleza o rareza tales como peñones, piedras bamboleantes, árboles gigantes, cascadas, grutas, desfiladeros, etc.” (1)

Pero desde estos primeros esbozos de protección hasta las actuales propuestas de aprovechamiento de los paisajes como recurso turístico, ha transcurrido un importante periodo(2).

Hoy se considera el paisaje cultural como las diferentes manifestaciones de la interacción entre el hombre y el medio ambiente. Y dentro de esto se deben clasificar los diversos paisajes y evaluarlos de cara a una perfecta utilización turística. Pero las definiciones del paisaje son muy diversas y unas insisten más en los caracteres físicos del paisaje y su morfología, otras por la variedad de las especies de flora y fauna que guardan; pero a estos aspectos hemos de añadir también las huellas humanas que la actividad a lo largo de la historia ha dejado en ese espacio físico. De ahí el componente cultural, dinámico y complejo que posee el paisaje como patrimonio, y por lo mismo la necesidad de protección.

El paisaje no es lo que observa el visitante, eso es la imagen, es la foto. Y esta debemos llenarla de las interacciones que se producen entre todos los elementos naturales y humanos que en este territorio conviven y además debemos ser capaces de comprenderla a lo largo del tiempo como proceso sucesivo y continuado. Por eso el paisaje es un documento que nos explica la cultura de un territorio, como manifestación geográfica de la vida de los pueblos que lo transforman.

El paisaje es una muestra más de la identidad cultural de una región y muchas veces nos explica formas de vida y costumbres de las gentes de esa zona. Así el paisaje nos habla de la propiedad de la tierra, de la herencia, de la tipología de cultivos, de la red de comunicaciones, de las devociones , nos explica la arquitectura y nos hace entender la alimentación.

Es el espacio lleno de las manifestaciones humanas, el que distingue a los habitantes de esa tierra, de los de otro paisaje. Muchas veces un paisaje nos explica más de sus habitantes que la lectura de muchos libros; un paisaje boscoso ofrece unas características en la cultura de sus habitantes, que no tendrá una zona de humedales u otra de llanuras cerealísticas.

Como definición podemos aplicar la expuesta en la Carta del Paisaje Mediterráneo, que dice ser “la manifestación formal de la relación sensible de los individuos y las sociedades en el espacio y en el tiempo con un territorio más o menos modelado por los factores sociales, económicos y culturales. El paisaje es así el resultado de la combinación de los aspectos naturales, históricos, funcionales y culturales.”

El paisaje es el libro que explica la cultura de muchos pueblos y su identidad cultural estará en relación con él. De aquí que el paisaje sea un elemento patrimonial más y que además su comprensión sea una herramienta importante para conocer a los pueblos que se visitan; de aquí la importancia que tiene el paisaje de cara al turismo, y en general el viaje como educación.

La imagen de la transformación de la naturaleza por el hombre constituye el paisaje, y en la actualidad el paso siguiente es que ese paisaje que posee valores culturales sea reconocido por las distintas administraciones, tanto por su valor en si mismos como en su posterior utilización de aquel como recurso turístico.

Esta misma evolución del uso del paisaje está dentro de su propia característica de dinámico, sus usos cambian en función de la demanda, tanto de sus propios habitantes como de sus visitantes. Por esta razón, los paisajes europeos cambiaron con la introducción de nuevos plantaciones, posteriormente por las modificaciones en las técnicas y herramientas de cultivo y en la actualidad por el abandono de muchas zonas, que de ser agrícolas van a convertirse en terrenos forestables, con un gran cambio cualitativo relacionado con todos los procesos de emigración y de alternativas a la agricultura.

Estos cambios en el paisaje tradicionalmente eran lentos, y decididos por los habitantes de cada territorio y en la actualidad son fruto de corrientes comerciales y del intervencionismo de los gobiernos con sus directrices, por esta razón es de especial urgencia el proteger los paisajes que posean características particulares (3)

Y en relación con esto surge un importante tema, muy en debate por el cambio de función de estos paisajes. ¿De quién es el paisaje? Y quién debe gestionarlo, protegerlo y aprovecharlo.

En cuanto que la naturaleza es transformada por la acción del hombre, y no es el hecho de una persona aislada sino de la pervivencia de la labor humana, el paisaje es un producto comunal, fruto de la acción continuada de sus habitantes. Por el hecho de ser de la totalidad de la población y de ésta a través del tiempo, debemos decir que el paisaje es de propiedad comunal, aún en los casos en que el uso del territorio sea privado.

En los cambios de uso del paisaje, y sobre todo en la transformación de los espacios productivos del sector primario en espacios protegidos por su valor medioambiental o por su interés turístico, se ha de considerar este tema. Este cambio de uso va afectar enormemente al paisaje y se debe regular, ya que se pueden producir impactos diferentes a los que ocurrían en su época de uso agrícola, ganadero o forestal.

Podemos decir que el paisaje es un bien social aunque los usos de la tierra puedan ser privados o comunales. Y es necesario controlar también la intervención de los agentes externos que aparecen necesariamente a “regular” estos nuevos usos del paisaje.

Nos referimos a las instituciones gubernamentales del Medio Ambiente, que a partir del reconocimiento de este por su valor medioambiental, estético o turístico llega a intervenir en esos espacios y muchas veces equivocadamente por ignorar que los verdaderos propietarios del paisaje, son los grupos humanos que viven en él.

Este error que a menudo cometen las autoridades que regulan la naturaleza ha sido causa de muchos enfrentamientos entre los habitantes de “las zonas protegidas” y “las autoridades protectoras”. Es el caso de las luchas entre los habitantes de los Parques Naturales europeos y sus guardianes, por la prohibición de la actividad ganadera en ciertas zonas, o la negación de talas forestales y otras conductas extractivas.

Para evitar este problema en la gestión de los paisajes y por lo tanto de las Áreas Naturales Protegidas deben intervenir representantes de las comunidades que viven en esos medios naturales y que por lo tanto son sus verdaderos propietarios.

En el caso del aprovechamiento del paisaje como recurso turístico se debe organizar su gestión para que los beneficios repercutan en las poblaciones que residen en la zona. Esta ordenación de cara a la gestión, es más fácil cuando el espacio es comunal que si es privado. Cuando se trata de territorios privados es más bien una imposición de las reglas que una aceptación de las mismas. De ahí que muchos Gobiernos tratan de adquirir los terrenos en los que se asientan espacios de interés medioambiental.

Lo mismo ocurre en la toma de conciencia ya que en las comunidades propietarias de espacios de interés se produce una identificación entre el hombre y su territorio, al valorarlo, cuidarlo y haberlo protegido durante siglos. El paisaje, es por lo tanto, el espacio vital de las comunidades y refleja su patrimonio y su identidad, por eso estas deben estar implicadas tanto en su gestión, como en la participación en los beneficios que produzcan. Y esto es válido tanto para actividades extractivas como para “los usos culturales del paisaje”.

La conservación del paisaje a lo largo de los siglos ha sido tarea de las comunidades, por lo que también debe serlo la gestión a partir de su delimitación y la estructuración de las tareas de protección necesarias para prever y evitar los impactos que pueden traer los nuevos usos del territorio.

Lamentablemente en la mayor parte de los casos esto no ocurre, por lo que el turismo si no se organiza conveniente para proporcionar beneficios para las comunidades autóctonas, no cumple su verdadera función social.


(1) Decreto del Ministerio de Agricultura, 1962. Citado por Fernández Fuster, Luis. Teoría y Técnica del Turismo

(2) Con respecto al análisis de la normativa sobre paisaje, se debe consultar el artículo de Askasibar Bereziartua, Miren, en la Revista Lurralde, nº 21 de 1998. www.ingeba.euskalnet.net/lurralde

(3) Una importante bibliografía sobre paisaje es la obra conjunta:

Martínez de Pisón, Eduardo
Estudios sobre Paisaje.
Colección de Estudios, nº 67
Universidad Autónoma de Madrid- Fundación Duques de Soria. Madrid 2002
  1. #1

    David Lopez

    Esto es muy interesante. Hay sitios donde lo tienen clarísimo, por ejemplo las Costwolds en Inglaterra. Hablo de paisaje y patrimonio de un modo amplio. Conozco un tío que cobra una libra por pasear por su finca agrícola, y de ahí, todo lo demás....

    En España, como siempre, por detrás, y mira que aquí hay para rascar. Ahora sí, sólo mirando a laS VIÑAS. Si lo cogemos todo, nos salimos de la escala.


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