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Vinos y lacres: Crónica mesurada de una cata descomunal

1. Introducción:

La crónica que acaba de comenzar es puramente personal. No pretendo hacer una descripción objetiva de lo que sucedió realmente el pasado día 26 de noviembre de 2002 en el Hotel Westin Palace de Madrid ni de los vinos que allí se cataron, sino más bien ofrecer un relato de la percepción que tengo de un evento del que disfruté en la compañía de un verdadero enovirtuoso, don Juan Ferrer Espinosa, muchas de cuyas observaciones habrán influido inevitablemente en mi criterio. Se dejará de mencionar a personas que sin duda han debido de desempeñar un papel fundamental en la organización y en la brillantez general con que, a mi juicio, se desarrolló la cata, como sin duda debe de ser el caso de los responsables de Todovino, la empresa que promovió el evento. También estarán ausentes referencias a importantes enólogos y bodegueros que estuvieron allí y a quienes tampoco tengo el gusto de conocer.

En cuanto al procedimiento de la cata en sí, los participantes recibíamos a la entrada un cuaderno con información básica sobre las más de treinta bodegas y vinos seleccionados, así como una copa Riedel, creo que Zinfandel de la serie Vinum, aunque hay quien la identificó como Chardonnay. A lo largo de las más de ocho horas que duró la cata, era posible cambiarla de vez en cuando por una igual limpia. Hay que decir que la copa no era muy adecuada y a veces daba la sensación de que hacía resaltar en exceso los aromas y olores terciarios. Los responsables de cada una de las mesas ofrecían o accedían a la petición de envinar adecuadamente las copas.

La iluminación era difusa, de tonos cálidos y poca intensidad y la temperatura de la sala era bastante alta, de modo que, sobre todo por la tarde, muchos tintos se cataban en torno a los 21ºC (así lo medimos, incluso con apuesta de por medio que perdí por un grado de diferencia). Se trataba en no pocos casos de vinos con mucha botella por delante y que no daba tiempo a jarrear convenientemente, por lo que es comprensible que las percepciones olfativas no fueran lo más sobresaliente de la cata. Yo particularmente me dejé guiar más bien por la impresión retronasal, estructura en boca y persistencia a la hora de valorar los vinos.

Todo esto queda consignado no con afán crítico (reconozco que esta clase de reuniones no pueden prescindir de una cierta dimensión social ni puede exigirse que se celebren en perfectas condiciones de cata), sino a fin de dejar constancia de las circunstancias para relativizar las conclusiones obtenidas, cuestión en la que el lector deberá asimismo tener muy en cuenta que quien esto relata es un simple aficionado. A pesar de ello, me he atrevido a reproducir las puntuaciones que los vinos me sugirieron, a fin de dar una impresión directa de cada uno y de evitar que esta crónica se haga interminable.

A priori, todos los indicios eran excelentes, teniendo en cuenta que se anunciaban las treinta y pico bodegas merecedoras de la mejor valoración en la edición 2003 de la Guía de los Lacres. Para hacer honor a la verdad, no es exacto que todos los indicios fueran esperanzadores; había uno que me hacía desconfiar un tanto: el hecho de que yo estuviera entre los invitados. Por suerte (como se demostró a la postre), atribuí mayor peso a los datos a favor, así que trasladé a otro día los compromisos profesionales, me tomé libre el martes 26 de noviembre y, faltando quince minutos para la hora oficial de inicio de la cata (las 13:00), nos encontramos en el hall del hotel. Esos quince minutos los entretuvimos comprando algunas fruslerías, de ésas que contribuyen a hacer la vida más llevadera la vida del pobre: que si un reloj IWC, que si una tarjeta AMEX Platinum para que no se sienta sola la que, como cualquier mortal, ya tengo en la cartera... Era particularmente atractivo un potente automóvil Porsche todoterreno que nos ofrecían unas agradables señoritas. Pero no acabé de decidirme entre el modelo más deportivo y el más lujoso y, al final, se nos echó el tiempo encima. Lo dejaremos para el año que viene.

2. Primera etapa: de Marcos Eguren a René Barbier Sr.:

Llegada la hora y armados del cuaderno de catas y de la copa Riedel, comenzamos la faena. Dentro de un ambiente muy calmado aún, había cierto ambientillo alrededor de la mesa de Señorío de San Vicente y allá nos fuimos. Saludamos a Marcos Eguren, Jesús Sáez y Jesús Madrazo, quien estaba allí en ese momento. Después se acercó Miguel Ángel de Gregorio. Un rato de charla con buen humor. Los tres primeros vinos: Sierra Cantabria Colección Privada 2000 (frutal con algo de cuero fresco y pelo mojado, buena persistencia, 8.5 pt), San Vicente 1999 (más hecho en nariz, pimienta, vainilla, mediterráneo, persistente, 9.1 pt) y Numanthia 2000 (nariz fragante con algo de humedad, boca potente y dura aún, persistente, 9.2 pt). Alguien alude a una supuesta campaña de desprestigio contra Numanthia. Sin estar dentro de ese mundillo y, por tanto, desconociendo los detalles del asunto, mi opinión es que, en general, si uno tiene un buen producto, lo fundamental es que se hable de él, aunque sea mal, ya que así se despierta cierta curiosidad; las personas que lo descubren por sí mismos suelen ser al cabo los mejores propagandistas.

Don Tomás Postigo nos atiende personalmente en la mesa de Pago de Carraovejas, donde ofrecen su Vendimia Seleccionada 1999, ahora identificado como Cuesta de las Liebres, el nombre del viñedo, dejando atrás la anterior marca Cum Laude por falta de acuerdo con su dueño. Un gran vino, con algo de queso en nariz, buena madera, taninos dulces y fuerte persistencia de vainilla muy fina: 9.4 pt.

En la mesa de Mas Martinet están la propietaria y su hijo. Presentan Clos Martinet 2000, un vino con poderosa nariz mineral y frutal (de hueso), entrada en boca acentuadamente dulce, algo secante y persistente; parece quedarle una buena temporada en botella: 8.7 pt.

Alguien nos pronostica un cadáver para nuestro siguiente vino: Gran Reserva 904 de 1994 (La Rioja Alta). Siento tener que decir que, en mi modesta opinión, el augurio se cumplió en buena parte, pues la fruta estaba casi laminada por el cuero húmedo, el pelo mojado; no obstante, la persistencia era de buena calidad: 7.9 pt.

Pasamos un buen rato charlando de whiskies y rones con los representantes de Torres que estaban en la mesa de Jean León. Lástima que el vino que catamos no se prestase a mucha conversación, máxime teniendo en cuenta los demás vinos excelentes que por allí había. El Jean León Cabernet Sauvignon Gran Reserva 1994 se presentaba desequilibrado, con acidez de acético y presencia de tabla mojada: 7.8 pt.

La siguiente mesa era la de Finca Allende, en la que Mercedes de Gregorio y su hermano Miguel Ángel –éste, a ratos- ofrecían Allende 99, Calvario 2000 y su vino estrella Aurus 99, con un carácter mediterráneo en nariz y boca, con buena integración de la fruta y la madera, potente retronasal y buena persistencia (9.2 pt). Calvario lo encontré, a la vez que con una amplia gama aromática y pronunciada golosidad y largura, un pelín secante –esto último no lo había apreciado en una cata anterior del mismo vino- (9.0 pt). Allende 99 me pareció extraordinario en atención a su precio, con una impresión también en el entorno de los 9.0 pt, bien que no tomé apenas notas de él; sé que repetiré con alguna frecuencia.

Saltamos a la mesa de enfrente, Contino, donde Jesús Madrazo ofrece Viña del Olivo 99, un vino sumamente equilibrado, de elegantes aromas lácticos que reaparecen en boca y persistencia en consonancia; para mí, 9.7 pt; vino para meditar. También nos sirve a catar Graciano 2000 (9.1 pt) y 2001 (9.4 pt), dos vinazos a mi juicio especialmente el segundo.

La siguiente parada había de ser Dehesa del Carrizal, con su Colección Privada 1999 (volvimos más tarde a catarlo: 8.3 pt, en una percepción quizá especialmente perjudicada por el exceso de temperatura), pero había algunas personas siendo atendidas allí, y observamos que don René Barbier estaba solo delante de la mesa de Clos Mogador, con toda la apariencia de no ser un entusiasta de esta clase de eventos sociales. Ocasión, pues, que ni pintada para acercarse a él y catar su Clos Mogador 2000, lo que hicimos mientras nos explicaba muy amablemente las claves de su modo de entender la viticultura y la elaboración del vino. Mogador 2000 es, para mi gusto, un vino de gran complejidad aromática, seco, armonioso y largo (9.8 pt) y la conversación con el Sr. Barbier resulta sumamente agradable e interesante.

3. Segunda etapa: de Ex Ex 1 a Cirsion 2001:

En este punto (debían de ser las tres y media de la tarde aproximadamente), hicimos un breve descanso y, apenas quince minutos después, comenzó la siguiente tanda. Para variar, nos encontramos con un sabroso vino, de gran concentración, en la mesa de Castillo de Perelada: Ex Ex 1 1998 (9.4 pt), al que escoltaban Gran Claustro 99 (9.1 pt), Reserva 99 (8.5 pt) y Finca Malaveïna, que me abstuve de catar pues ya creo conocerlo bien y desde luego me parece un vino muy recomendable.

Compartían mesa Alión 99 y Valbuena 98. El primero me decepcionó un poco, pues su potencia y su complejidad aromáticas se vieron contrarrestadas por una cierta falta de carácter en boca, al menos así me lo pareció (8.7 pt). Valbuena 98, aun no siendo todavía un vino redondo y adoleciendo de cierta dureza en boca, me produjo mejor impresión (9.0 pt).

En la mesa de Vall Llach, que anteriormente estaba vacía, atendía un señor cuyo aspecto no se correspondía con ninguna de las fotos que aparecen en el cuaderno de catas, aunque me pareció oír por encima su apellido, similar al de un famoso dirigente anarquista. A lo mejor, se trataba de Lluis Llach camuflado, no lo sé; el caso es que casi todos parecían conocer a esta persona y se dirigían a él jovialmente con un apodo alusivo a su peculiar peinado. Catamos Vall Llach 2000, que me pareció un gran vino, muy mineral y mediterráneo, concentrado, persistente (9.4 pt). Carlos Díez, el enólogo de Roda, había pasado por allí para sugerir a Juan Ferrer que nos pasáramos por su mesa antes de que hubiera demasiado jaleo, así que nos saltamos provisionalmente Carmelo Rodero Vendimia Seleccionada 1999 (después volvimos, ¡cómo no!: nariz golosa de buen ribera, 8.7 pt).

Como Carlos no estaba, nos entretuvimos catando un excelente Muga Selección Especial Reserva 1996: rioja clásico y fino, equilibrado entre fruta y madera, cerezas en licor, cuero elegante, gran persistencia, 9.2 pt. Seguimos por Mauro Vendimia Seleccionada 1998, que no se limita a compensar poderío y distinción, sino que los fusiona en un vino de enorme elegancia (9.5 pt). Alberto García nos atendió con cierta sorna y nos dio a probar igualmente una muestra de barrica de un vino de la Ribera del Duero al que aún le faltan unos meses para terminar de madurar y que comercializarán con el nombre de Astrales 2001; muy sorprendente e interesante en el mejor de los sentidos. Habrá que estar atentos.

La siguiente parada, con Joan Asens y su Finca Dofí 2000, también excelente en nariz (mineral y regaliz) y buen final tostado (9.4 pt). Parece mentira que un tipo al que le gustan poperos blandengues como Suede pueda hacer un vino tan cojonudo (perdón, pero es que ya tengo muy sobados los adjetivos correctos); seguro que su corazoncito también tiene algo de power-guitarrero. También muy bueno Grandes Añadas 2000 (goloso y algo dulzón en el ataque, pero con un tremendo final de café y cacao negro, 9.3 pt), mejor para mi gusto que un Viña El Pisón 2000 menos goloso, algo astringente, y cuyo alcohol se hacía presente, probablemente perjudicado un tanto por la temperatura excesiva (8.9 pt). No obstante, el mismo problema de exceso de temperatura era manifiesto en Blecua 2000, a pesar de lo cual me encantó (9.3 pt).

Puesto que Carlos Díez estaba de nuevo en su mesa, pasé a catar Cirsion 2000, el seleccionado, un vino impresionante (9.5 pt) que abrió camino para otro de los puntos culminantes de la cata, a mi juicio: una botella recién descorchada de Cirsion 2001 que, a pesar de su esperable cerrazón, producía una explosión de sensaciones en el paladar. En una percepción personal, un vino que apunta a los 9.8 pt y que espero poder catar con más reposo en otro momento. Son las seis y algo de la tarde, la hora adecuada para tomarse otro breve respiro de unos quince o veinte minutos.

4. Tercera etapa y final: de Rías Baixas a Valenciso:

La tercera y definitiva tanda comienza por un repaso de los blancos presentes en la cata: dos jóvenes, uno envejecido en madera y un cava. Decepcionantes, a mi juicio, los albariños, quizá condicionados por la compañía de tantos tintos poderosos: Pazo de Señorans 2001 con intensos aromas frutales, pero una boca demasiado dulzona (7.8 pt), lo cual se repetía en su hermano mayor Pazo de Señorans Selección de Añada 1999, el cual presentaba además olor de col hervida. Fillaboa Selección de Familia 2001 me pareció en cambio aromático y equilibrado, aunque quizá falto de carácter en boca (8.1 pt). Muy diferente es el blanco de Chivite Colección 125 Chardonnay F/B 2000, con una nariz compleja de pipas de girasol y frutos secos tostados que se hacen presentes de nuevo en retronasal y larga persistencia (9.3 pt); llevaban también un tinto que dejamos para más tarde, pero al final se nos olvidó. En la mesa de Agustí Torelló atiende uno de los hermanos de la familia, donde ofrece el vino seleccionado Kripta 1997 (nariz sutil y amable de manzana, redondo, sin aristas, 8.8 pt), así como su Reserva de Barrica (8.1 pt) y el Gran Reserva 98 (8.4 pt).

En la mesa de Pesquera está don Alejandro conversando con un grupo de personas mientras otro señor nos atiende amablemente. Además del representante oficial en la cata: Pesquera Gran Reserva 1996 (notas destacadas de pelo mojado y yogur, a pesar de lo cual resulta un vino atractivo: 8.7 pt), presentan Condado de Haza, Dehesa la Granja y El Vínculo, que por ser conocidos obviamos en esta ocasión (he de señalar, no obstante que son vinos, en sus añadas de 1999, que a mí personalmente me gustan bastante y que considero tienen una buena relación calidad precio, aunque no es el caso de muchos de mis amigos enófilos). Además, catamos Pesquera Millenium Reserva 96 en obligado mágnum: vino muy serio y tostado al que desequilibra una nota de queso de oveja demasiado presente (8.6 pt).

Pago Valdebellón 1999 de Abadía Retuerta se veía perjudicado notoriamente, a mi juicio, por la elevada temperatura: medicamentoso, mineral, pimiento (9.0 pt). Ánima Negra 2000 me confirma la impresión metálica de una cata anterior (8.3 pt). Cráter 2001 presenta una nariz con notas de pino en un entorno muy aromático y sabroso, aunque un punto alcohólico (8.3 pt). También catamos Malleolus 1999 (buena nariz, impresión mediterránea, 8.8 pt), Pérez Pascuas Gran Selección Gran Reserva 1996 (falto de carácter, delgado en boca, 8.2 pt), Viña Pedrosa Reserva 1998 (cuero húmedo, algo desequilibrado, buen final, 8.4 pt) y un rico y bien conocido Enrique Mendoza Santa Rosa 1998 (9.0 pt), antes de terminar espléndidamente la cata con la siguiente serie:

De Remírez de Ganuza probamos su Reserva 1999 (buena nariz de monte y una boca excelente donde se hacen presentes el regaliz y la fruta, un pelín astringente, 9.4 pt); también catamos Hombros 2001, que creo era una prueba de barrica, con nariz joven mineral y de melocotón, bastante astringente aún. De Marqués de Murrieta, atendidos por la directora técnica María Vargas, me pareció muy bueno también Dalmau 1999, con un acertado equilibrio entre lo clásico y lo moderno de la Rioja (9.3 pt). Por último, Valenciso 1999, un vino que yo no había catado aún en ninguna de sus añadas y que me sorprendió muy favorablemente (9.3 pt): un nuevo caso de aplicación de criterios modernos al concepto clásico de Rioja, aromas lácteos elegantes y bien integrados, regaliz, fina vainilla, quizá le faltaría algo de carácter en boca para ser sublime, aunque es sólo la percepción subjetiva de un modesto aficionado. Estuvimos un buen rato charlando agradablemente con los autores del vino, Sra. Enciso y Sr. Valentín, en lo que constituyó el punto final de la cata, pasadas sobradamente las nueve de la noche. Era cosa de irse, porque un buen amigo nos esperaba para cenar (¿quién se podía haber acordado antes de comer aquel día?) y para disfrutar de un festival de vinos que no es el caso relatar ahora.

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