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Bodegas Garzón, el amanecer del vino uruguayo

Aterrizando en el Edén

La llegada a la Bodega Garzón parece extraída de un paseo por el Edén, de aquellos parajes idílicos donde ahora incide un rayo de sol, ahora despunta un jardín cuidado a
la luz de la mañana, y ahora planea, majestuosamente, un gavilán.

Viñedos Garzón al amanecer

Viñedos Garzón al amanecer

La delicadeza y la fuerza se combinan en este entorno agreste excepcionalmente acicalado del este de Uruguay, donde apenas se ve alguna casa entre acres de tierra, y donde los tonos tostados del sol del hemisferio sur se desparraman por prados, arroyos y hectáreas de olivares.

Al ascender un cerro, la geometría impecable de una estructura de piedra contrasta con lo rústico del campo: estamos en la entrada de la Bodega Garzón, elegida Mejor Bodega del Nuevo Mundo 2018 por la prestigiosa revista estadounidense Wine Enthusiast, una publicación líder del sector por cuyo galardón compiten cada año cientos de proyectos enológicos.

 

Historia de la bodega

Con apenas diez años de andadura, -la primera cepa fue plantada en 2008-, este proyecto del empresario argentino Alejandro Bulgheroni camina hacia delante disparado como un tiro.

¿Lo mejor que tiene Garzón? Dijo el año pasado su gerente, el chileno Christian Wylie, hablando en radio Millenium. Sin duda: el futuro. Lo más interesante está por venir. Todavía somos un embrión, nos explica el director de exportación, Alec Griffith.

La estrategia está montada, tenemos el modelo de negocio, el potencial del lugar y reconocimientos internacionales de nuestros parámetros de sustentabilidad.

Imagen de la Bodega Garzón, en Uruguay


El Wine Star Award es el premio más importante del mundo que puede recibir una bodega, lo llaman El Óscar del Vino y lo concede cada año nada menos que Wine Enthusiast, la revista más influyente del sector, cuya versión en papel alcanza a 800.000 personas y cuya edición online tiene más de un millón de seguidores.

El neoyorquino Michael Schachner, uno de los periodistas más relevantes de la revista, cuando dieron el premio a Garzón, destacó que lo que se necesita para ganar una Wine Star es, entre otros atributos, energía, coraje, visión innovadora y agudeza empresarial.

 

Entrada de la Bodega Garzón, con la mención del premio

 

Y ser la mejor bodega del Nuevo Mundo no es fácil. La categoría engloba a países considerados nuevos productores como Argentina, Australia, Chile, China, México, Nueva Zelanda, Uruguay o Sudáfrica, y en los premios participaban unos diez mil proyectos. Además de una altísima calidad y un potencial directo, valoraron la diferencia.

Un vino oceánico

Los viñedos están a 20 kilómetros del océano Atlántico, expuestos a su brisa limpia y fresca, a veces agitada. En el invierno austral el clima es frío, lo que hace que sea más difícil producir, pero se consiguen uvas de alta calidad que dan origen a un producto que contiene el viento del océano.

Además del aire marino, las vides crecen sobre un suelo generoso con un alto componente mineral porque el sustrato es de balasto, un tipo de granito meteorizado que da mucha mineralidad.

Las raíces de las vides absorben esos minerales, y esto
aporta complejidad, energía y vibrancia al vino, explica Wylie.

Por si fuera poco, las uvas son cosechadas a mano y los racimos se  seleccionan cuidadosamente para garantizar una buena fermentación.

Franco, el guía de la Bodega nos hace ver y apreciar que el 95% de lo que se ve en la botella es el campo. Y el entorno, además de ser terreno de vides y de olivos, es hogar de fauna que permanece intocable: armadillos, zorros, conejos, rapaces. Al estar en el lugar se siente perfectamente el origen, no solo de la uva, sino del territorio.

 

Rácimo de uva Tannat de la Bodega Garzón


La primera cepa se plantó en 2008 pero la inauguración de la bodega data de apenas dos años. Construida con una inversión de 85 millones de dólares, actualmente tiene más de 1.000 parcelas diseñadas de forma escalonada, pensando en la funcionalidad y el cuidado de los recursos naturales, y un edificio de 19.050 m² con capacidad para 2,2 millones de litros.

Impresiona su pulcritud y su mantenimiento. Tiene tres sectores de fermentación y uno
de crianza, recipientes de acero inoxidable, piletas de hormigón, cubas troncocónicas
de roble… y todo impecablemente cuidado.

En la región llueve de 1.200 a 1.500 mm al año, pero al ser granito, la roca drena mucho (el terreno se empapa menos) y se lava. El clima a veces es extremo, pero también muy limpio, lo que hace que la fruta madure perfectamente y de al vino una robustez característica.

 

La cosecha del triunfo

Haciendo honor a su suelo, la bodega Garzón creó un vino y lo llamó Balasto. A pesar de ser muy joven, ya ha conseguido honorables reconocimientos como formar parte de la exclusiva Place de Bordeaux, donde fue lanzada su cosecha de 2016. Esto no tiene precedentes en la historia de los vinos uruguayos, ya que por segundo año consecutivo fue el primero en ser distribuido en este mercado de altísimo nivel donde solo hay tres productores de Sudamérica.

 

Laboratorios de la Bodega Garzón


Balasto 2015 estuvo en el ranking Top 100 de Wine & Spirits, y el Tannat Reserva,
otra joya de la casa, figuró en el Top 100 de la revista Wine Spectator.

Para rematar la secuencia de recompensas, la optimización de los recursos energéticos del entorno a través de una combinación de mecanismos antiguos y modernos, le han hecho merecedora de la certificación de sosteniblilidad LEED (Leadership in Energy & Environmental Design), lo que la convierte en la primera con esta mención fuera de Estados Unidos.

En 2016, el New York Times publicó una lista con los 52 lugares que ningún viajero debería dejar de visitar y en el número 21 estaba la Bodega Garzón. El mismo año Bloomberg y la CNN le dedicaron sendos espacios, y hace apenas una semana Forbes dijo que, desde su Tannat viñedo único hasta un Marselan Reserva de 2016 o el viñedo único Albariño, sus vinos son para morir.

 

¿Cómo es posible todo esto en solo 10 años?

Según Christian Wylie, el ascenso meteórico se debe al lugar, a la experiencia empresarial de Bulgheroni y a la vinícola de Antonini.

Bulgheroni, de 74 años y el hombre más rico de Argentina, es el empresario que se
encuentra detrás de esta gesta. En 1999 fue a visitar una parcela de 2.200 hectáreas
que vendían al norte de Punta del Este, el resort uruguayo donde veranea y quedó
prendado.

Era un atardecer de verano y el paisaje le recordó a la Toscana. El lugar tenía magia. Tenía que comprarlo. Explicó años después en una entrevista a Bloomberg.

Mi mujer estaba disgustada por que los almendros de los campos de su padre se estaban muriendo, así que plantamos almendros para ella y olivos para mí.

 

 

En 2007 añadió viñas, el primer paso de su imperio vinícola que hoy incluye 21 viñedos en todo el mundo. 

Si el capital y la experiencia en negocios los aportó Bulgheroni, la excelencia de la
técnica es mérito de Alberto Antonini, un enólogo italiano con décadas de experiencia
y cuya filosofía radica en dejar hablar al terreno: no intervenir en el lugar, sino implantarse en el paisaje respetando su naturaleza y su morfología, sin influir en la biodiversidad.

 

Escuchando a la tierra

El terreno de esa zona de Uruguay es sutilmente accidentado: lomas, cambios de
nivel, diferentes exposiciones al viento, pero – magias de la sostenibilidad y el trabajo
bien hecho -, en Garzón las viñas (hay 16 variedades diferentes) están adaptadas al relieve
y a los accidentes del terreno y no al revés, lo que genera una gran variabilidad de
pequeños ecosistemas en un espacio relativamente pequeño.

La exposición al sur, hacia la playa, permite excelente Sauvignon Blanc, Albariño y
rosé, mientras la ladera hacia al norte, más protegida de la brisa y expuesta al sol,
permite madurar Tannat, Cabernet Franc, Petit Verdot y Merlot.

La Bodega está al altitud de las famosas bodegas de Mendoza, en Argentina, y en la
misma latitud que el valle mendocino de Uco, Apalta Colchagua en Chile y los grandes
viñedos de Australia, unos parámetros excelentes en horas luz y frío.

Por último, la excelencia en la cocina, - el restaurante de la bodega está comandado
por uno de los mejores cocineros del hemisferio, Francis Mallman-, pone la guinda del
pastel Garzón que, no solo ofrece un vino joven con un origen a la vista, sino la
posibilidad de maridarlo in situ con una de las mejores cocinas de esta franja de
continente elaborada a base de productos locales.

 

¿Y después?

Hoy los viñedos más antiguos tienen apenas diez años, y un viñedo entra en un régimen de equilibrio después de los 20, así que si hoy tiene estos reconocimientos, tenemos mucha esperanza por lo que pueda pasar dentro de diez o quince años, señala Wylie. La Bodega se abre al futuro, pues, con la garantía del buen producto en marcha y el sello de una infraestructura infalible. No obstante, y estando de acuerdo con lo que señala Griffith, también hay que tener en cuenta el mercado y el clima.

Con los ojos puestos en diferentes mercados mundiales, y muy especialmente en el chino, el director de exportaciones destaca las dos direcciones del proyecto: hacia dentro y hacia el exterior.

Hacia el interior una integración con el entorno natural y social cuyas pautas ya han
sido establecidas y han empezado a rodar: enoturismo, sostenibilidad, molinos para
producir energía eólica, creación de puestos de trabajo, - por ahora 1.200 -,
compromiso con el medio ambiente, conservación.

 


Hacia el exterior un club exclusivo, The Garzón Club, de dimensión internacional con sede en Uruguay, y un plan de mercado con la mirada puesta en los cinco continentes.
El Club cuenta con una bodega y cava especial donde los miembros pueden elaborar sus propios vinos, un acceso directo al lujoso hotel y al spa próximos a la playa y un campo de golf propio; la expansión cuenta con estrategas, un producto formidable y una red que se va diversificando.

Entretanto las continuas ideas y los planes de Bulgheroni se siguen abriendo hacia el horizonte: parece que sueña con hacer el primer vino helado de Patagonia y que
podría estar buscando un viñedo de Tempranillo en España.

Quiero hacer cosas que queden detrás de mí dijo en 2016 tras la inauguración de la bodega. Sólo importan los vinos que hablan de su origen, dijo el mismo año su enólogo Antonini, poniendo el énfasis en la Tierra, en los tiempos del campo y en las generaciones venideras.

 


Christian Wylie deja la puerta abierta a un mundo de posibilidades: "Garzón es un gran
experimento, un ensayo", señala. Y suma a las buenas expectativas de la bodega, la
magia del suspense de lo que está por llegar.

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