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Reservas de Rioja, recompensa a la paciencia

El reserva representa la nobleza del vino riojano, por su estructura, equilibrio y larga vida.

Los vinos de rioja con categoría reserva son los que tienen que madurar al menos un año en barrica de roble y luego se afinan hasta los tres años en botella antes de salir al mercado, aunque muchas veces los consumidores los disfrutan a partir de los cinco años desde la fecha de la vendimia. Son vinos de excepcional calidad, los más representativos de esta emblemática Denominación de Origen Calificada pero, a su vez, los reservas son poco consumidos en los restaurantes debido a una crisis que hace que se mire mucho más el precio del mismo, donde le gana la partida su hermano menor, el crianza, así como por una falta de percepción de su esmerada elaboración y arrebatadora personalidad.

         

 

María Barúa, directora técnica de Bodegas LAN desde 2007, considera que en los últimos años ha perdido importancia como categoría de vino, al encontrarse entre los afrutados crianzas y los novedosos vinos de finca, de pago o de autor, que tanta curiosidad despiertan. “La palabra reserva carece de significado para el consumidor -afirma Barúa- o tal vez no se ha sabido transmitir la calidad de un vino que hace una larga crianza en barrica y en botella hasta llegar a su mejor momento”. Son vinos que suenan a viejo, a obsoletos y al “ya lo bebía mi padre”, pero que poseen un gran equilibrio y una personalidad distintiva.

Uno de los factores más importantes para obtener un reserva de calidad, según Diego Pinilla, director técnico de Bodegas Bilbaínas (barrio de la Estación de Haro), es: “disponer de uvas equilibradas, con un tanino perfecto, pues mientras en un crianza se busca aromas frutales y primarios (son fáciles de beber), en un reserva es más importante su estructura y potencial para envejecer, para que se vaya puliendo en la botella”. Por todo ello, las mejores uvas suelen proceder de viñas viejas (más de 20 años), que son las que suelen tener unos rendimientos más bajos y por lo tanto una mayor concentración de sabores. También suelen hacer maceraciones más largas, de unas tres semanas, para  tener mayor cuerpo y color, que permita una mejor evolución del vino en la barrica, alcanzando la redondez y finura.

         

Este es otro punto clave en su elaboración: la calidad de las barricas de roble donde va a madurar el vino. Matías Calleja, director técnico de Bodegas Beronia, de Ollauri, considera: “para hacer un buen reserva lo primero es una buena selección de uvas, y después las barricas de roble. Nosotros cada año hacemos experimentos con el mismo vino que madura en barrica de distintas procedencias, con diferente nivel de tostado y tamaño de los poros, de forma que valoramos que tipo de barrica se adapta mejor a cada añada”. Desde hace ya varios años apuestan por las barricas de roble mixto, con las duelas de roble americano y las tapas de roble francés, para que aporten una mayor complejidad aromática al vino. En general,  la mayoría de las bodegas riojanas destinan las mejores barricas, muchas veces nuevas, a sus mejores vinos de reserva.

El consumidor rara vez es consciente de la gran inversión en tiempo y dinero que supone mantener el vino un mínimo de tres años criándose en barricas y madurando en la botella. Una bodega como LAN posee unas 20.000 barricas de roble (a un precio medio de 300 € la de roble americano, y más del doble la de roble francés), y en Beronia se acercan a las 30.000 barricas. Es muy singular en España y en concreto en el rioja que realice una crianza tan larga y alcance una vida tan longeva. Hay pocos vinos en el mundo con estas peculiaridades, y su tiempo de vida media varía: un vino de crianza, de consumo rápido, donde prima la fruta, se suele disfrutar a los cinco años, un reserva puede durar, bien conservado, al menos una década y, si es de buena añada, hasta 15 ó 20 años para alcanzar su plenitud.

         

En muchas bodegas riojanas los vinos de reserva suponen un 40% de su producción anual y en caso de Marqués de Riscal, la bodega más antigua de rioja, su seña de identidad. Pedro Aznar, actual director comercial nacional del grupo bodeguero y antes elaborador de los vinos de Rueda, considera que no siempre se han valorado en su justa medida. Y si algo tiene mérito, es producir varios millones de botellas de reserva con una amplia frutosidad, buena estructura y redondez de sensaciones, pero con la misma consistente calidad, año tras año.

Sin embargo, mientras en España se ha ralentizado el consumo de los reserva (por la interminable crisis y los descabellados precios de los restaurantes), en exportación funcionan muy bien y son los vinos más representativos de rioja. Diego Pinilla insiste en que el reserva es un vino pensado desde sus orígenes para soportar una larga crianza en barrica y que madura largos años en botella, hasta alcanzar su plenitud. Y afirma: “algunos consumidores desconocen que por mucho tiempo que se guarde una botella de un vino de crianza, éste no se convierte en reserva; en algunas catas de vinos de la misma añada de ambas categorías de vino, los crianza siempre evolucionan más rápido y esto se ve reflejado en su color y su frutosidad”.

 

        

 

Son, por lo tanto, vinos con distintos potenciales de vida, y presentan diferente evolución en botella. Aunque Diego se muestra esperanzado con el futuro de esta categoría: “el consumidor al final prefiere lo vinos más auténticos, y el reserva de rioja es el que transmite una mayor identidad de terruño. Ahora notamos una vuelta a los vinos más complejos y satisfactorios, muy bebibles y perfectos para la mesa. Los reservas son los vinos fundamentales en una bodega de rioja: son su seña de identidad”.

Esta opinión positiva sobre el futuro del consumo y disfrute de los reserva riojanos es compartida por María Barúa que afirma: “se va a volver a los vinos de antes en los próximos años; vinos más ligeros, de un paso más fácil, no súper concentrados ni densos; y por ello, los reservas, que han madurado unos cinco años en botella poseen gran finura y son idóneos para beber y disfrutar, al ser muy placenteros en la mesa”. Y concluye su apasionado alegato: “es un vino unido a la tierra, con madurez y equilibrio. Y este es el mejor momento para reivindicar los reservas”. Matías Calleja también defiende su estilo: “a mí personalmente me gusta mucho el reserva por su estructura y equilibrio, mientras que el crianza es un vino más afrutado, de consumo inmediato, el reserva tiene mayor empaque y personalidad, y además aguanta mejor la crianza en la barrica.”

 

         

Los reservas de rioja son los vinos de vanguardia de esta región, toda una recompensa a la paciencia, por su larga crianza en barrica y botella, que podemos disfrutar a precios moderados en su plenitud de sensaciones.

Aquí os dejamos dos de las video catas de los vinos de Reserva de Rioja por Jesús Bernad

 

 

 

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