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Las garnachas de Clos de Lôm revolucionan los tintos valencianos

Los dos vinos de la bodega de Fontanars dels Alfonrins elaborados con garnacha suman en un año doce medallas en concursos internacionales.

Esta variedad autóctona se cultiva en las parcelas más viejas y elevadas de la finca de Clos de Lôm, a 55 kilómetros del Mediterráneo pero con un pie en la meseta que provocan amplitudes térmicas de hasta 40 grados.

Clos de Lom Garnacha

 

La garnacha se ha puesto de moda en el mercado internacional y su ascenso no parece tener fin todavía. Comienzan a abundar vinos elaborados con esta autóctona típicamente mediterránea, pero sin duda es en su terruño natural donde mejores resultados está dando. Y si no, que le pregunten a Clos de Lôm, el joven proyecto de Fontanars dels Alfonrins que en menos de un año ha logrado nada menos que doce reconocimientos internacionales con vinos de garnacha.

Clos de Lôm Garnacha 2019, un vino de añada, e Isidra 2018, un vino de doce meses de crianza en roble, han contribuido a elevar el listón de los vinos tintos DOP Valencia elaborados en el suroeste de la provincia.

El tinto de añada ha sumado desde marzo de 2020 hasta hoy siete medallas, destacando los Baco de Oro y una medalla de oro en Mundus Vini (Alemania). A ello se suman las platas logradas en Inglaterra (Decanter e IWSC), en Corea del Sur en el Asia Wine Trophy, el Bacchus de Plata en España y otra plata en el concurso más importante de la Comunitat, Proava.

Las puntuaciones también han sido altas en las revistas especializadas, destacando los 96 puntos en la guía de la Semana Vitivinícola, toda una marca para un vino que no lleva crianza en barrica.

A esta referencia se une un novísimo, Isidra 2018, un tinto con base de garnacha y con un aporte de tempranillo, y que lleva apenas medio año en el mercado, pero tiempo suficiente para sumar 5 medallas, dos de ellas de oro, una en el mercado alemán en Mundus Vini en septiembre, apenas acababa de presentarse la añada, y otra en el Asia Wine Trophy.

En Alemania también logró una plata en el Berliner Wine Trophy, que se une a la lograda en Francia en Grenaches du Monde, el certamen que reúne a los mejores vinos de garnacha elaborados en cualquier lugar del mundo.

El mercado británico también aporta reconocimiento, en este caso un bronce en el IWSC, y aunque llegó tarde a algunas guías nacionales porque su presentación se realizó al terminar el verano, le dio tiempo a estrenarse con 95 puntos en la SEVI, todo un logro si tenemos en cuenta que las guías suelen ser un tanto escépticas con los vinos en su presentación y gustan de darse un tiempo y poder ver la comparación de más añadas para estirarse. Aún así, 95 puntos en un estreno está al alcance de muy pocos.

El secreto de estos doce reconocimientos en menos de un año está claro para la bodega: el viñedo. Las parcelas de las que se ha seleccionado esta garnacha, de las 55 que componen la finca, son idóneas para tintos poderosos, las más elevadas y las más viejas.

Estamos a medio centenar de kilómetros del mar pero a caballo de la meseta y la costa, con amplitudes térmicas que alcanzan los cuarenta grados (de -2 en invierno a 42 en verano), algo que conjugado con una pluviosidad muy rigurosa sacan adelante una uva tinta de garnacha ideal para hacer vinos de altísima calidad y que no se arrugan en la barrica como la crítica ha reconocido en el último año.

El reto, ahora, es seguir subiendo el listón con la siguiente añada. Pero para eso habrá que esperar todavía ya que el tiempo, o mejor, la paciencia, es la otra clave del éxito de Clos de Lôm.


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