Masdevinos

Gotas de Historia: Manuel Quintano

A modo de introducción

Me gustaría, de vez en cuando, aprovechar la mirilla de este Blog para asomarme a la Historia más reciente del vino, sin más interés que seguir aprendiendo y darle la oportunidad, a quien le apetezca leerlo, de conocer un poco más los cimientos de los grandes vinos que podemos disfrutar hoy.

El primer capítulo de este recorrido por el pasado no podía tratar de otra persona que no fuese Manuel Quintano, el primer gran "enólogo" de lo que hoy conocemos como Rioja. Y no podría comenzar esta andadura sin dar las gracias a Adolfo Soto, gran profesional del sector y gran aficionado a la Historia en general y a la de su tierra en particular, y que tanta información ha ido recopilando con los años.

 

Manuel Quintano

 

Manuel  Esteban Quintano Quintano nace en Labastida el 2 de enero de 1756. Es el tercer hijo de una familia acomodada que se dedica, como no puede ser menos en este pueblo, al cultivo de la vid y a la elaboración de vino. Como segundo hijo varón, siguiendo la tradición familiar y de la época, su destino será la iglesia. Joseph, el cuarto hijo, tendrá el mismo destino, mientras que el primogénito, Diego, se hará en el futuro cargo de la hacienda, la bodega y los viñedos familiares. La mayor de todos los hermanos es Lorenza,  a quien no habría de faltarle pretendientes…

El tío de Manuel, Manuel Quintano Bonifaz, fue el todopoderoso Arzobispo de Pharfalia-Grecia, Inquisidor General de todos los Reinos y Señoríos de S.M., y  durante varios años confesor del rey Borbón Fernando VI.

Cuando tan sólo cuenta con dos años de edad, muere su padre, Diego Quintano Ramírez de la Piscina, dejando a su madre, Vicenta Quintano, al frente de la hacienda familiar. A pesar de esta desgracia la infancia de Manuel es dichosa entre los viñedos de su pueblo.

Muy joven abraza la carrera eclesiástica, continua sus estudios en Bayona y finalmente  viaja a Madrid para residir en la corte con su tío. Mientras tanto, su hermano mayor, Diego, cansado de la monotonía del pueblo ingresa como cadete en el regimiento de Reales Guardias Españolas.

En la bodegaEn Madrid la vida del joven Manuel cambia por completo. Es una gran ciudad de más de ciento cincuenta mil habitantes  y él no deja de añorar en ningún momento la vida en Labastida, el trajín de la época de vendimia, el frescor de la bodega. Poco antes de la Navidad de ese mismo año (1774) muere su tío y con dieciocho años se queda sólo en la capital. Continúa la carrera eclesiástica, pero sin la tutela de su influyente tío las posibilidades de alcanzar un alto cargo desaparecen por completo.

Una vez ordenado, ingresa en el Santo Oficio. Para su tranquilidad y conciencia, la Santa Inquisición no era ya lo que había sido en épocas anteriores. Además, su posición de relator -encargado de resumir los procesos- le permitía mantenerse al margen de las decisiones que allí se tomaban. Aun así, por su talante “liberal”, no era un tipo de vida del agrado de Manuel. Menos aún le gustaban los mentideros del Madrid y la Corte de la época.  Echaba de menos la vida en Labastida, el olor del vino al fermentar, y cómo no, la familia.

Consigue aprovechando una buena oportunidad una plaza como canónigo de la catedral de Burgos. El cargo le permitía, a pesar de sus lógicas obligaciones, disponer de una considerable renta anual y, sobre todo, tiempo disponible para dedicarse a su auténtica pasión: el vino.

 

A la muerte de su tío el Arzobispo, las cosas mejoraron bastante en la hacienda familiar. Toda la familia recibió una considerable suma de dinero en herencia lo que en el caso de su hermana Lorenza atrajo a más de un pretendiente. En  1775 se casa con Andrés de Thosantos y Paternina,  abogado de Laguardia. Con él y su hermano Diego -licenciado tras una grave herida en una pierna durante el sitio de Gibraltar-  decide tomar las riendas de la bodega familiar de manos de su madre Vicenta, quien desde que enviudó había estado al frente de los negocios. Corre el año 1783. Manuel cuenta entonces con 27 años.

Pronto se dan cuenta de la adversa situación por la que atraviesa el sector vitivinícola en la zona y especialmente en Labastida, donde tras años en los que se ganaba más dinero con las viñas que con el cereal, prácticamente todas las tierras se han dedicado al monocultivo de la vid. La realidad es que se produce más vino del que se puede vender. Además son vinos ordinarios para un pronto consumo, ya que llegado el verano se avinagran. Por esto mismo son vinos incapaces de soportar largos viajes y el mercado potencial se reduce mucho,  a pesar de las enormes posibilidades que ofrecen ya los mercados extranjeros y las colonias, abiertos tras los permisos de Libre Circulación de Mercancias.

Las posibilidades se reducen al consumo local y como mucho, a vender vino en Vitoria y el resto de provincias vascongadas, pero en la época no hay grandes núcleos urbanos y en estas zonas también se bebe txakoli, vino blanco elaborado a partir de uvas poco maduras.

Manuel se reúne con su hermano Diego y su cuñado Andrés. Son tres jóvenes con una cultura muy superior a la media de la época y buscan soluciones. Éstas, en su opinión, no pasan por arrancar las viñas y dedicar las tierras a otro tipo de cultivos, sino a hacer un nuevo tipo de vino, al estilo francés. Un vino que pueda ser embarcado y permita abrir nuevos mercados. Para ello deciden que Manuel, en su calidad de clérigo de cierto rango, viaje a Burdeos a “espiar” la forma de elaboración al estilo francés.

Burdeos

En 1785 en plena época de vendimia para tratar de pasar más desapercibido, Manuel Quintano realiza su primer viaje a Burdeos. Pronto descubre la gran diferencia que existía entre los vinos franceses, finos, elegantes y de no demasiado color, y sus vinos, ordinarios y bastos.

Empieza a estudiar los métodos de elaboración en el lugar donde comienza todo el proceso: en el viñedo. Le sorprende en primer lugar el terreno. Enormes extensiones de suelos de grava y cascajo. Las variedades no eran muy diferentes a las que ellos cultivaban en Labastida (las que llamaban “gracianas”). Con las uvas tintas elaboran vinos destinados a la exportación a Inglaterra y otros países mucho más lejanos, y con las uvas blancas vinos para exportar a los mercados holandeses, donde gustaban mucho este tipo de vinos blancos. Interesado en saber cómo envían los vinos en esos largos viajes, se sorprende al saber que lejos de avinagrarse o coger gusto a pez (con el que en España se recubrían los pellejos para hacerlos impermeables) pese a los calores del trópico los vinos llegaban a su destino con incluso mejor sabor que cuando salían de Burdeos.

En el puerto comprueba que envían el vino en toneles, grandes cubas de madera de roble. Admirado por todas las novedades que ha visto y un poco abrumado por no saber si será capaz de trasladar todo lo aprendido a su bodega familiar, Manuel vuelve a Labastida pero con intención de volver pronto a Burdeos a seguir aprendiendo de los bodegueros franceses.

El siguiente año, en 1786, vuelve para tratar de asimilar ciertas prácticas que en el primer viaje le pasaron desapercibidas. Aprende entonces el uso racional del azufre para evitar el avinagramiento y otras enfermedades de los vinos. Descubre también que allí no fermentan los racimos enteros como siempre habían hecho ellos, sino que colocan los racimos en unos lagares de madera en los que pisan la uva y separan el escobajo. Después fermentan el mosto en grandes tinas de madera con los hollejos y las pepitas que pasan. Estos hollejos pronto empiezan a flotar sobre el mosto y una o dos veces al día, con una palo largo con un plato de madera en su extremo, los mecen en el vino. A los pocos días, menos de una semana, sacan por debajo el vino dejando en el depósito los hollejos y las heces de la fermentación.

Este vino lo pasan entonces a barricas de roble de poco más de 200 litros, de las que en un mes más o menos, lo extraen para pasarlo a otra limpia y azufrada, limpiando los posos que quedan en la primera. Esta operación la realizan varias veces al año. También pudo observar como antes de una de estas trasiegas baten claras de huevo con  parte de este vino y luego lo añaden de nuevo a la barrica. Lo dejan reposar uno o más días y lo trasiegan limpio y brillante.

Otra práctica que pudo aprender y que le era absolutamente desconocida hasta entonces, era la de cocer en unos grandes calderos de cobre parte del mosto con azúcar, añadiendo el resultado de esta cocción en diferente grado a los mostos, dependiendo de si eran más o menos dulces. Con esto mejoraban el grado y el paladar de sus vinos.

 

Labastida

Ese primer año, de vuelta a Labastida, a pesar de ser un año de lluvias muy abundantes -y mostos flojos-, elaboran el primer vino al estilo francés. Muy poco, simplemente una pequeña cantidad para experimentar. Para ver cómo se comporta después de un largo viaje deciden enviarlo por barco a Londres, para que unos amigos de la familia lo prueben y les den su opinión. Es muy favorable, lo que estimula más a Manuel, Diego y Andrés.

Vendimia

La siguiente cosecha, mejor preparados y con una uva de más calidad, elaboran una considerable cantidad de vino al estilo francés. Una de las prácticas que empiezan a aplicar es una esmerada limpieza de la bodega y de cuantos utensilios tenían algún contacto con el vino. No se olvidan del uso moderado del azufre para la desinfección de tinas y barricas y de clarificar al final del proceso. Para este “nuevo” estilo de vinos no utilizan la prensa, y dejan su uso para los vinos de año del gusto local que siguen elaborando.

Estos nuevos vinos los envían a varios puertos del norte, Bilbao, Vitoria y también a Madrid.

Los siguientes años continúa con la elaboración de vino por el nuevo método. La Sociedad Bascongada, creada para estimular la agricultura, la industria y el comercio entre otras funciones, le otorga a Manuel un premio consistente en una medalla de plata y patente de socio benemérito por sus aportaciones para dar salida a la abundante cosecha de vinos. La Sociedad publica “Recetas para hacer el vino de Burdeos” siguiendo el método introducido por Manuel Quintano, para que el resto de bodegueros pueda beneficiarse de los nuevos avances.

En 1790 Manuel obtiene permiso del  rey Carlos IV para enviar vino a Centroamérica. Se embarcan con destino a Veracruz, México y La Habana 10 toneles y por primera vez, 1200 botellas de vino encorchadas y envueltas en paja.

Poco a poco otras familias cercanas deciden utilizar el que ya se iba conociendo como “Método Quintano”, aunque la mayor parte de los bodegueros siguen siendo partidarios de hacer el vino a “la antigua usanza”.

Las cosas parece que marchan bien por algunos años pero en 1794 España es invadida por las tropas francesas que controlan el norte peninsular a lo largo de la orilla izquierda del Ebro. En 1795 se firma la paz a cambio de la entrega de la Isla de Santo domingo y los franceses se retiran, por lo que la familia Quintano puede volver a dedicarse por completo al cultivo de las viñas. Pero la situación sigue estando complicada para dar salida a los nuevos y mejorados vinos. Inglaterra ataca los navíos españoles que van y vienen de América, por lo que pocos son los que arriesgan a embarcar su mercancía por el considerable riesgo de perderla.

En 1800, recién estrenado el siglo XIX, Manuel Quintano alcanza la dignidad de Deán de la Catedral de Burgos.  Pronto los nuevos vinos empiezan a conocerse  por el sobrenombre de “vinos del Deán”.

Vendimia

 

Los últimos años 

Cuando todo parece que marcha bien después de la salida de las tropas francesas, de la nueva apertura de los mercados americanos, vuelven a surgir los problemas, esta vez entre sus propios vecinos.  Los cosecheros de Labastida, contrarios a los nuevos vinos y a los que los elaboraban, aprueban unas nuevas normas sobre elaboraciones y precios con el único fin de terminar con los vinos al estilo francés. Algo incomprensible, porque en ningún caso estos vinos hacían competencia a los vinos de año. Es más, permitía que un excedente, cada año mayor, saliera de Labastida sin saturar los mercados cercanos de vinos jóvenes. Manuel había hecho todo lo posible por ayudar al resto de bodegueros, no sólo a elaborar vinos de “crianza”, lo cual resultaba realmente más caro y no todos podían permitírselo, sino también a mejorar la calidad de sus vinos jóvenes. Pero como tantas veces ocurre, la gente adelantada a su tiempo no es entendida.

Pasaron tres años hasta que el Consejo de Castilla puso fin a esta injusticia y dio la razón a Manuel Quintano, entre aprobaciones y recursos del resto de bodegueros. Para entonces el bloqueo inglés había arruinado el comercio de España, quien forzada por Napoleón declara la guerra a Inglaterra.

Los últimos años de la vida de Manuel  Quintano no son sencillos. En 1808 Napoleón invade España y son momentos muy duros para toda la nación. La familia de Quintano, contraria a los intereses franceses, es incluso denunciada por sus vecinos.  Son años muy duros, hasta que en 1813 se derrota definitivamente a las tropas napoleónicas en la batalla de Vitoria. Todas las esperanzas se ponen en el nuevo rey. Fernando VII “El Deseado”, pero pronto se vieron truncadas cuando declara ilegal la reunión de las Cortes de Cádiz y su constitución.

En 1815 Manuel se ve obligado a dejar su cargo de Deán y a abandonar Labastida para ir a LLodio (Álava). Un destierro en toda regla. Allí, lejos de su pueblo, de sus viñas, de su vida al fin y al cabo, muere el 16 de junio de 1816.

Un adelantado a su tiempo. Un pionero. El primer gran “enólogo” de la Rioja Alavesa. Después de él, poca gente siguió elaborando vino al “nuevo” estilo. Tuvieron que pasar muchos años hasta que alguien recogió el testigo de Manuel y se volcó en hacer vinos de calidad. Pero esa es ya, otra historia…

 

Raúl Bello Rodríguez.

  1. #1

    Goxo Goxo

    Muy interesante y me quedo con ganas de más, ya te preguntaré cosas. Por cierto la semana del 12 al 16 me interesaría probar ciertos vinos q espero sean auvados y vinosos y aunque no son tan viejos como lo sería Manuel Quintano si son más viejos que el que escribe.
    Hablamos.
    Un saludo.

  2. #2

    Riaul

    en respuesta a Goxo Goxo
    Ver mensaje de Goxo Goxo

    Pregunta lo que quieras que sí tengo una respuesta te la daré, Jeje...
    Ya me contarás lo de esos vinos, pero del 13 al 16 no estoy. Hablamos.

  3. #3

    Selecta

    Estupendo crónica histórica y además muy bien documentada...Raúl, sería interesante que nos ilustrases un poco más, indicándonos la bibliografía que has consultado, seguro que daría aún más realce (si cabe) a tu escrito y así de paso el que quiera conocer un poco más sobre estos temas, tiene posibilidad...

  4. #4

    Riaul

    en respuesta a Selecta
    Ver mensaje de Selecta

    Hola Teresa! Perdona que no te haya contestado antes pero es que ni había visto tu post. Tienes razón en lo que dices y prometo hacerlo en cuanto tenga tiempo. Pero desde ya te adelanto que la labor de investigación es de Adolfo Soto. Publicado hay muy poco, prácticamente nada sobre la figura de Quintano. Yo tengo un par de viajes pendientes al archivo de varios ayuntamientos (entre ellos el de mi pueblo, donde murió) para tratar de averiguar alguna cosa más y tratar de documentar un poco más la interesante vida de este hombre.
    Ya te contaré. Tengo pendiente de subir un par de capítulos más sobre la Rioja en el siglo XIX que considero tambien interesantes.
    Dos abrazos

  5. #5

    Selecta

    en respuesta a Riaul
    Ver mensaje de Riaul

    Ok, estaremos pendientes.
    Un beso.


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