Masdevinos

El Batán

Era un coche de gama alta, grande, cómodo, con asientos de cuero… el coche que sólo puede permitirse alguien con buenos ingresos. Pero ya tenía unos años y se le notaban  a pesar de estar bien cuidado. Seguramente su dueño podría permitirse cambiarlo, pero a lo largo de una mañana de amena conversación en la bodega se percibía también que él no era de esos que cada pocos años lo cambia. Seguramente le gusten los coches, sí, pero si éste le lleva y le trae… ¿para qué cambiarlo?


Desde el asiento posterior yo participaba en la conversación mientras dejaba ir la vista detrás de los viñedos que desfilaban a los lados de la carretera. Cepas viejas y retorcidas abiertas en vaso como manos tendidas para recoger la lluvia. Rioja Alavesa. Dejamos atrás la bonita localidad de Laguardia que parecía seguir nuestra marcha con su mirada infinita.


La visita a la bodega fue más rápida de lo que me hubiera gustado, pero el motivo de la misma era más comercial que otra cosa. A pesar de todo mereció la pena. Me hubiera encantado poder probar algún vino allí, pero bueno, otra vez sería. Además, más tarde ya tendríamos la oportunidad de catar alguno de ellos durante la comida. Destacaría de la bodega que no hay nada especial que destacar. Todo muy similar al resto de bodegas de la zona. Bueno, sí. Me gustaron mucho los enormes tinos de madera de roble en los que se elaboran los vinos de gama más alta y en los que se siguen haciendo pissages diarios. Sobre todo uno, el 227, con unos preciosos cinchos de acero inoxidable.

Tinos de madera

Pero Juan Carlos tenía interés en llevarnos a la viña y yo personalmente aún más en verla. Antes de subir al coche ya nos contó que estaba llevando a cabo, de forma autodidacta, una pequeña “excavación arqueológica” – lo dijo entrecomillándolo con un enarcamiento de cejas - y nos picó aún más la curiosidad. Salimos de la carretera principal y nos metimos por  otra bastante más estrecha y de firme irregular. Lo único que no cambiaba era el paisaje: viñedos y viñedos. Tierras pardas en un entorno privilegiado, cuna de tantos buenos vinos. Enseguida paramos a un lado y nos bajamos.


 La viña de “el abuelo” estaba cerrada por un muro bajo de piedra y una antigua verja de hierro que no podría ofrecer mucha resistencia a quien quisiera entrar por la fuerza. Verdaderamente no era esa su función. Simplemente la puso allí el abuelo y allí seguía, irguiendo su monotonía, recibiendo a las visitas que llegan de todas partes del mundo…

Verja de entrada a la Viña

La viña es impresionante. Cruzas la verja y sientes que has entrado en un lugar especial, mágico. Protegido del viento y de las heladas por un muro natural de roca caliza, son prácticamente dos hectáreas y media de viñedo con orientación suroeste. Un camino lo divide en dos y conduce a una vieja edificación de piedra, casi en el centro de la viña. Desde fuera no es más que una vieja chabola, pero allí dentro está el batán. Mejor dicho, los restos del batán. La familia siempre había pensado que era un antiguo molino, pero nadie en la zona, ni siquiera los más ancianos, recordaba haberlo visto en funcionamiento. Por debajo del viñedo pasa un río subterráneo (Juan Carlos piensa que quizá sea esa una de las razones que lo hacen tan especial) y se cree que era éste el que movía el árbol de levas del batán.
No es difícil imaginar la cara que pondrán muchos de los ilustres visitantes de esta bodega cuando quedan con Juan Carlos para comer y en vez de llevarles a un restaurante, que dependiendo de la ocasión bien podría ser de lujo, los trae aquí, al viñedo, y prepara unas chuletillas asadas con los sarmientos de estas cepas viejas. Allí mismo, bajo el amplio alero del porche aledaño al batán. Lo cuenta con esa ilusión con la que parece vivirlo todo y parece que los rescoldos de las brasas aún arden en su mirada. No puedo imaginar un lugar mejor para beber un buen vino y cerrar un trato. Imagino que darán ganas de rubricarlo con un simple apretón de manos, como antaño: un contrato irrevocable.


En la parte trasera de la construcción hay dos grandes presas excavadas y recubiertas  con pesados sillares de piedra labrada. Resulta evidente que no era una construcción cualquiera y que se hizo a conciencia. Para perdurar. En aquellas dos presas, que tendrán más de cinco metros de altura, el abuelo iba echando las piedras que aparecían al trabajar la viña. Y habían pasado muchos años y muchas piedras por las manos de aquel hombre, porque aquellos dos grandes depósitos se llenaron por completo. Juan Carlos cuando decidió empezar con su pequeña excavación comenzó por quitar las piedras una a una, también a mano. Después tuvo que ayudarse de maquinaria para poder vaciar por completo las dos presas hasta la cota inferior. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que lo que tenían allí era un antiguo batán, posiblemente del siglo XVII. Digno de ver…

Depósitos de almacenamiento de agua del batán

Las dos presas se podían alternar para usarse. Una trampilla en la parte inferior de cada una permitía llenarlas o vaciarlas a voluntad. Mientras una se vaciaba la fuerza del agua alojada impulsaba los mazos del batán, y la otra se cerraba para que se fuera llenando poco a poco.
Seguramente se usó durante muchos años. Quizá generaciones enteras trajeron aquí sus paños para enfurtirlos. En aquella época el batán fue una construcción muy habitual en toda la península, pero con la progresiva industrialización fueron cayendo en desuso. 


Fuera, el viñedo está dispuesto en espaldera. De hecho siempre ha sido así. Posiblemente sea uno de los primeros viñedos de Rioja Alavesa que no estuvo en vaso. En su día tuvo que sorprender y mucho. De hecho, todavía sorprende. Viñas viejas de tempranillo plantadas en 1945 en un terreno que hace más de veinticinco años que no se abona. El suelo es la base de viñedo, “el soporte”, como él dice, pero en toda la expresión de la palabra. Se busca un equilibrio entre la tierra y la planta. Un equilibrio que incluso se respira en el ambiente.
De aquí llevan años saliendo vinos muy especiales, pero no es sólo eso lo que hace especial a este viñedo. Da la sensación que incluso entrando a ciegas notarías en la piel ese cosquilleo que sólo tienen los sitios únicos… como si desprendiera energía. O quizá sea,  con los pies en el suelo, que la emoción que siente Juan Carlos al hablar de esta finca, de esta parcela, de estas viñas y de la gente que las ha trabajado, es tan sincera, que se transmite por el aire… como la magia que se siente al atravesar aquella verja oxidada…

 

 

 

BATÁN. (De batir.) m. Máquina movida, generalmente, por el agua y compuesta de gruesos mazos de madera, para golpear, desengrasar y enfurtir los paños. ll Edificio en que funciona esta máquina. Il Sinónimos: follón, pisa o pisón.

El PisónViñaCon Juan Carlos López de la Calle frente al tino 227 donde se elabora El Pisón
 

Foto 1: nombre de la viña labrado en un sillar del batán.

Foto 2: Viña El Pisón.

Foto 3: con Juan Carlos López de la Calle frente al tino nº 227, donde se elabora El Pisón.

  1. #1

    Selecta

    Precioso relato Raúl, gracias por compartirlo...el batán para mí siempre ha sido el lugar en el que se lavaba la lana proveniente de las ovejas...y a los que trabajaban allí se les llamaba bataneros...

  2. #2

    Riaul

    en respuesta a Selecta
    Ver mensaje de Selecta

    Noooo, gracias a ti por leerlo...
    ¿Has visto algún batán en funcionamiento? Es increible. Me encantó la circunstancia de que uno de los vinos con más nombre de este país llevara uno de los nombres del "Batán" sin que ellos lo supieran siquiera... a aquella finca se le llamó por generaciones así cuando la memoria de la construcción ya incluso se había perdido...

    http://www.youtube.com/watch?v=PKiKyjfxIbo&feature=related
    minuto 1:30

  3. #3

    Selecta

    en respuesta a Riaul
    Ver mensaje de Riaul

    Si, de pequeña en mi pueblo había uno...hay un hotel muy bonito por Albarracín, con restaurante muy recomendable, todo él es recomendable, que se llama el batán...y era un antiguo batán...
    Repito, muy buen relato...

  4. #4

    Goxo Goxo

    Gracias Raúl por el relato, dan más ganas aún de ir a visitar la viña El Pisón.
    Un saludo.

  5. #5

    Garnatxito

    Es curioso, ni me habia parado a pensar el porque del nombre de este renombradisimo vino. Me ha dejado salibando el tema de las chuletillas al sarmiento....Buen reportaje y tuvo que ser una gratisima compañia Juan Carlos, un tio muy cercano ciertamente.

  6. #6

    Riaul

    en respuesta a Garnatxito
    Ver mensaje de Garnatxito

    Muy buena gente, sin duda... él, su mujer Pilar y su hijo Carlos.

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