Blog Bodega Ateneo

Viña Gormaz Roble 2018

Entrada original publicada en Blog Bodega Ateneo

Banksy. Hasta hace unos días entendía por este pseudónimo a un desconocido (no identificado) artista británico, probablemente habitante de Bristol, capaz de transformar anodinas paredes urbanas en un lienzo, donde llevar su magia y hacernos volar y pensar, ya que casi todas sus obras tienen una intención, un trasfondo social. Obviamente Banksy es mucho más que esto, pero a ti amigo lector, la mente te ha ido al mismo lugar a mí. El 14 de febrero, San Valentín, Banksy reconoció la autoría de la pintura que abajo puedes ver. Apenas 48 horas después, algún imbécil con un spray en la mano, pintó encima, buscando solo destruir la obra, ya que ni siquiera intentó mejorarla de alguna manera, pretendiendo un momento de vana gloria, de acercamiento a la Fama.

Me podréis decir, no sin razón, que las obras callejeras de Banksy son efímeras por concepto, no tengo duda de ello, pero en estos tiempos, el arte se disfruta más en medios digitales que entrando en un museo, o viajando lejos para contemplar el original allá donde esté. El arte se ha convertido en un bien de consumo rápido, y no se le respeta adecuadamente. Hoy uno capta mucho mejor los detalles en una visita virtual a un museo, que teniendo la obra delante de él, a dos metros, atestada esa distancia de turistas que pasan a toda velocidad, devorando patatas fritas y refrescos.

Estos hechos me hacen pensar en la mucha gente que solo existe para destruir el trabajo de aquellos que crean, que inventan, que buscan nuevas fronteras a la expresión artística, y por tanto humana. Lo difícil no es destrozar la obra de otro, sino ser capaz de imaginar y plasmar, con mano firme, una idea propia. Es una paradoja/parajoda de nuestros tiempos, cuando el arte toma las calles y es destruido por los auténticos nazis, los auténticos talibanes, los gilipollas que habitan entre nosotros.

Aún en mi sangre la ponzoña de la ira corre desbocada, pensando en lo que sucedió con el Mosaico de Baco en Baños de Valdearados, y como aún los culpables no han pagado por lo que hicieron. O cuando visité por última vez Florencia y el Baptisterio de San Juan estaba siendo restaurado, porque un malnacido había pintado allí un grafitti, y no se podía visitar.

Extraida de su propia web banksy.co.uk

Al fin y al cabo, el vino también es un arte, no solo un producto, sino que es el resultado de muchas decisiones humanas, moldeando la uva procedente de un cuidado viñedo. Y el resultado, mejor o peor, siempre tendrá detractores y gente que, como a Banksy, solo desean torpedear su trabajo, demostrando su inferioridad congénita frente al artista real. Brindo por gente como Banksy, con un vino de la Ribera del Duero soriana, como es este Viña Gormaz que hoy os traigo.

El Viña Gormaz Roble 2016 está elaborados por Viñedos y Bodegas Gormaz, desde San Esteban de Gormaz, y perteneciente a la D.O. Ribera del Duero. Pertenece al Grupo Hispanobodegas, que tiene presencia en varias DDOO como Rueda o Rioja, además de Ribera del Duero. En entradas anteriores ya os conté cosas de la bodega, en especial que fue una de las bodegas primigenias de la DO Ribera del Duero, así que me centro en este vino en concreto. Es un tempranillo seleccionado procedente de 66 parajes diferentes, a una altura que puede llegar a los 960 metros, de terreno predominantemente arcilloso-calcáreo, con una edad de 60 años. Vendimiada a mano, la crianza en barrica son 5 meses, barrica americana de primer y segundo año, con otra permanencia igual en botella antes de salir al mercado. Presenta un color rojo picota de capa media alta, ribete purpura, lagrima densa y persistente para un grado alcohólico de 14º. Roble muy floral, de intensidad media, frutos del bosque, fresco y con un leve punto de calidez, no notándose la barrica. Entrada amable, franco, marcadamente frutal, acidez muy justa ya, cuerpo medio, vino de paso ágil y sencillo, nada artificioso. Regusto final que nos vuelve a la fruta roja fresca.

Un barrica más cercano quizás a un vino joven que al típico roble ribereño excesivo en madera nueva, con un amable punto floral y goloso. Al segundo día de abierto se muestra en plenitud. Un roble diferente.

R.



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