Blog Bodega Ateneo

Lusía 2016

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Liebana. Mi primer recuerdo de este lugar mágico de Cantabria me lleva a la película de Jean-Jacques Annaud El Nombre de la Rosa (1986), en la que Guillermo de Baskerville hojea con placer una copia del Beato de Liébana, mientras busca una explicación a los crímenes que acontecen en la abadía. Vi la película bastante joven y me dejó muy impresionado, tanto por la música como por el agobiante ambiente del lugar, que incluso me animó a leerme la novela, hasta donde llegué, claro.

Tuve que esperar varios años, nada menos que hasta 2017, para atravesar el Desfiladero de la Hermida y llegar a Potes, a la sombra del Monasterio de Santo Toribio de Liébana, tal como comenté en esta entrada. Aún hoy es fascinante ese ambiente boscoso y húmedo, ese verde perenne y el foro majestuoso de los Picos de Europa, solo roto el silencio por la mano del hombre. Un vino que de aquí salga, sin duda, ha de ser especial, tocado por Dios.

Fotografía extraida de deadline.com

El Lusía 2016 está elaborado por Bodegas Río Santo, desde Cabezón de Liébana, y pertenece a la IGP Vino de la Tierra de Liébana. La bodega, fundada como tal en 2005, apenas cuenta con tres hectáreas de viñedo viejo y en proceso de recuperación, en el Valle de Bedoya, y por tanto su producción es realmente pequeña (10000l de vino), con rendimientos muy bajos. Predomina la mencía, pero también tenemos tempranillo, palomino y syrah. Según comenta Santiago Dobarganes (*) : “Climatológicamente es una zona de abrigo a los vientos del norte, de poca altitud, con suelos sueltos y bien drenados localizados en pronunciadas pendientes expuestas al sur y donde el cultivo de la vid se mantuvo como una reliquia en Cantabria, al borde de la extinción. Cuando Desarrollo Rural incentiva la recuperación de los viñedos en este valle el terreno está abonado“. No hay que olvidar que Liébana es una zona en la que se cultivaba viña ya en el S.VIII.

Este tinto está elaborado con un coupage de uva mencía (85%) y tempranillo, sin filtración ni estabilización, y con una posterior crianza en barrica de doce meses. Presenta un color rojo picota de capa alta, ribete grana y lagrima densa y persistente, con un volumen alcohólico del 14%. Nariz muy fresca, levemente compotada y dulzona, con notas suaves de vainilla de la madera. Buena entrada, fruta negra madura, buena acidez, muy equilibrada para los estándares de la zona, tanino algo marcado, con un amable punto herbáceo y mineral, violetas, floral.

Me ha gustado mucho más que cuando lo probé en los Premios Optimum 2019, en los que este vino ganó el premio al Mejor Tinto de Cantabria 2019. Como comenté a un buen amigo cántabro, el Fallo fue un completo acierto. Muy fiable este vino, aunque de pequeña producción.

R.


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