Restaurante Bodega Cigaleña en Santander

Restaurante Bodega Cigaleña

73
Datos de Bodega Cigaleña
Precio Medio:
56 €
Valoración Media:
8.2 10
Servicio del vino:
9.4 10
Comida:
7.4 10
Entorno:
7.4 10
Calidad-precio:
8.3 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Tradicional
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 30,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


73 Opiniones de Bodega Cigaleña

La Cigaleña ha sido nuestro primer restaurante tras estos meses difíciles. Este, ya de por sí , es motivo suficiente para no olvidarlo jamás, pero no es el único. Lo recordaremos por Overnoy, el eléctrico Chardonnay que tras una búsqueda intensa , encontramos aquí y  en ningún otro lugar. Tampoco olvidaremos las recomendaciones y comentarios que sobre el vino nos hizo Andrés, tan consistentes , como amenos, respetuosos e interesantes. Y no lo olvidaremos por su comida, que desde mi más absoluta ignorancia , no imaginaba tan buena y tan rica. Las mejores rabas que he comido nunca...vaya chorrada, diría, pero es que realmente lo fueron . Frescas, duras, sin grasa y con un final dulce único. Y el machote a la sal??. Qué limpieza en la presentación¡¡, el punto de sal, el sabor y la frescura..creo que el pobre machote , estuvo nadando , vivito y coleando esa misma mañana. Probamos la tarta de queso , con algo de Stilton. Tampoco sabíamos que era tan buena, de hecho , habíamos pensado no pedir postres , pero finalmente ..pecamos. Riquísima, no sé si la mejor , pero una gran tarta de queso , original y que nadie ,debería perderse. Un buen servicio , amable y profesional..las botellas antiguas, Overnoy...todo, como decía, inolvidable

Animados por el comentario anterior decidimos que había que probar la tarta de queso... pero mas cosas también.

El clima de anoche, Cantabria. No hay nada más que decir. Hacía un fresquillo importante, pero eso no impidió que tomásemos algo antes por la capital.A

A nuestra llegada al templo, abarrotar es poco. Justo salía un grupo bastante amplio y ello dejo la barra bastante liberada, teníamos hambre por lo que pasamos directos al comedor. Nada que no se haya comentado anteriormente, limpio, ordenado, curioso para los curiosos, etc.

Nos acercan las cartas y, ojo, carta con productos fuera de carta. Como agradezco esto, porque siempre te lo cantan y luego no me acuerdo de la mitad por mucho empeño que haya puesto en atender al camarero. Sabíamos a lo que veníamos, a por la tarta, pero a parte pedimos:

- 1/2 Verduras en tempura. Hay que probar cosas, personalmente no soy muy verdulero pero de vez en cuando me pica la curiosidad. Bien buenas.

- 1/2 Vieiras. Tanto Mila como un servidor teníamos ganas de volver a comerlas. Acompañada de mantequilla líquida y espárragos trigueros... la mantequilla lo potencia todo, pero esto estaba bien rico!

- Lasaña de centollo. Original, parece más un canelón que una lasaña. En el orden de los anteriores platos, muy rico.

Como platos principales:

- Mila se decantó por una ensalada de tomate y burrata. El tomate no lo probé, pero la burrata... ostia que buena! Mila no dejo ni gota en el plato!

- Por mi parte, bochares rebozados. Hasta julio no hay más bocharte y es de mis pescados favoritos. Rebozado, mucho más. Una docena de bochares, tamaño justo, pero el sabor... que sabor! El rebozado fino, fino! Lo acompañaban unos pimientos pequeños, también buenos.

Ahora llega lo bueno! La tarta! A mi hay un cosa que me encanta cuando veo una tarta de queso y es que se mueva. Pocas veces se ve eso y cuando lo ves... sabes que va a estar muy buena. Esta tarta, con queso Stilton, es de otra galaxia!! En una charla que mantuvimos con Andrés le comenté que caliente estaría mucho más rica; él respondió que si la pruebas recién salida del horno...

En el tema de los vinos... aquí no hay comparación. Mila quería probar un tinto, nos sacó uno que tenia en barra. No nos hizo mucha gracia, a mi personalmente beber vino tinto me aburre, y le pedimos que nos sacase algo de burbuja, diferente. Apareció con una botella Cremant du Jara. Im-presionante. Nos estuvo contando la historia de la botella y la historia detrás de la denominación Cremant. Es Champagne, pero como no se elabora en la zona no puede llamarse Champagne. Nos encanto, 22€.

Cada vez que volvemos a este establecimiento nos gusta más y más. Esta ocasión estuvimos un buen tiempo hablando con Andrés sobre trato de queso, restaurantes, modas, etc. Un hombre que cuida con esmero su producto y su local. 

Volveremos sin tardar con las pequeñas de la casa, le darán caña a la mantequilla con ese excelente pan que sirven.

Algo que describe el buen hacer de Andrés es que tiene una plantilla con años a sus espaldas, algo muy complicado en hostelería.

De verdad, venir a probar la tarta de queso!!!

Salimos por 96€ los dos.

 

Primera parada en nuestra escapada de fin de semana a Cantabria, reservamos un viernes mediodía para comer. Una vez conocida en la anterior visita el perfil de vinos que gusta ofrecer a Andrés (hay que reconocer que no son vinos fáciles), decido en esta visita probar los vinos por copas que ofrece en la barra y la verdad que la selección me ha satisfecho más. La cocina sigue teniendo mucho nivel y merece sin duda ese Sol Repsol que ostenta.

El servicio por parte de Andrés es impecable como siempre, atento a los numerosos gastrónomos que pueblan su sala y hacen que no siempre podamos disfrutar de sus explicaciones tanto como quisiéramos (en nuestro caso, coincidimos con Iñigo Saracho en la sala, al que seguimos a través de su Twitter).

Para abrir boca, nos traen una mantequilla al curry con unas tostas de aperitivo, finísimo producto del que dimos buena cuenta, y que cada vez más vemos como sustituto del tradicional AOVE en los restaurantes de nivel.

Como entrantes nos decantamos por el salteado de verduras de temporada (16€) y los bocartes fritos y rebozados (14€), ambos emplatados en formato de media ración sin coste adicional, a ver si toman nota algunos restaurantes. Una selección completísima de verduras (judía, zanahoria, boniato, brócoli, coliflor, calabacín, triguero, tirabeque, hinojo) en su punto perfecto y unos fresquísimos bocartes. Fantástico comienzo.

Para acompañar a los entrantes, dos blancos en formato Mágnum:

- Danjou Banessy Supernova '17 (AOP Côtes de Roussillon): Muy original moscatel de Alejandría seco macerado con sus pieles. Un orange wine con un amargor y una acidez bien equilibradas. Fresco y muy bebible a pesar de su juventud. 3€

- Benjamin Leroux Bourgogne Blanc '17: Maravillosa Chardonnay, con tensión y marcada acidez. Embotellado especial para la casa, una delicia. 3€

Los segundos fueron un gallo de corral guisado con su arroz caldoso (19€) y unas albóndigas de merluza en salsa verde (14€). Melosidad y sabor como hilo conductor, puntos impecables, sabores limpios, bien definidos y con raciones generosas. Las 8 albóndigas venían acompañados de 4 hermosos langostinos pelados.

Para los segundos, un par de tintos y otro par de blancos:

- Benjamin Leroux Bourgogne '17: Elegantísima Pinot Noir que, a pesar de su juventud, poseía una finura descomunal. Gran impresión con este elaborador, tener como vino de "la casa" a esta perla habla del nivel que atesora el docto(r) Conde Laya. 3€

- Matanegra Perillán '16 Mágnum (Ribera del Duero): Toda una sorpresa este tinto ribereño de Pagos de Matanegra, un tinto fino con mucha clase que estaba en un momento de consumo incluso mejor que el borgoña tinto. Para mí fue la sorpresa vinícola de la comida. 3€

- Foradori Fontanasanta Manzoni Bianco '11 Mágnum (IGT Vigneti delle Dolomiti): Otro orange wine que en este caso no me convenció, con los típicos toques málicos ("asidrados) de algunos vinos naturales y poco equilibrio amargor-acidez (el talón de Aquiles habitual en estos vinos). Radical para mi gusto. 3€

- Cuatro Rayas Navesur Verdejo '18 (Rueda): Un vino indigno de este local. Nos lo sirvió uno de los camareros y supongo que lo tienen en barra por la demanda del "verdejito" de turno. Me quedé patidifuso por este "infiltrado", tengo que reconocerlo.

De postre, tarta rota de cítricos (6,50€) y tarta de queso (6,50€). El título ya lo dice todo... Si la tarta rota de cítricos sorprende por su juego de gelatina-espuma-sorbete-confitura-crocante y su fantástica combinación ácido-dulce, la de queso (¡azul!) juega en otra liga. De verdad, si váis es OBLIGATORIO pedirla y disfrutaréis como gorrinos en charco de barro.

Para acompañar estas dos maravillas, un De Muller Áureo Semi-dulce 60s que generosamente dejó Andrés en nuestra mesa. Garnacha licorosa de solera, muy al estilo de los fondillones alicantinos (se presentó con bastante turbidez, al ser el final de la botella). Una de esas botellas curiosas que le dejan a uno con buen sabor de boca, más si es una invitación.

Buenos pan de chapata (1,80€/cada), agua (2,50€/bot 50 cl) y café Illy (invitación) para rematar.

Seguiremos peregrinando regularmente con sumo gusto.

  • Los vinos de la comida (salvo el infiltrado)

  • De Muller Áureo Semi-dulce 60s

  • Tarta de queso. Detalle

  • Albóndigas de merluza

  • Gallo guisado con arroz

  • Bocartes

Fin de semana en Santander en el que no podía faltar una peregrinación a este templo gastronómico y referente estatal del buen beber. Salimos tan contentos de nuestra primera visita (comida) que volvimos al día siguiente (cena).

Como buenos conocedores de lo que ofrece este Museo del Vino, pedimos a Andrés que nos fuese sacando vinos por copa en función de lo que pidiésemos, ya que si en los restaurantes que visitamos nuestra máxima es beber bien y comer mejor, aquí invertimos los términos gracias al enorme conocimiento vitícola que atesora el alma máter de la Cigaleña.

Sin más preámbulos, paso a relatar lo comido y bebido en nuestras dos visitas:

COMIDA

- Aperitivo (Sopa de tomate): Similar a un gazpacho aunque menos denso, con un notable toque de hierbabuena, refrescante comienzo para abrir las papilas gustativas. Acompañado por una tabla de excelente pan de masa madre [1,80€/pax].

- Croquetas caseras  (la receta de Moisesa) [13€]: Las croquetas son una de nuestras debilidades, lo que unido a la referencia familiar nos hizo decantarnos por este entrante. Ración desmesurada (11 croquetones de jamón), rebozado crujiente con Panko y un relleno consistente. Personalmente las preferimos más fluidas y con un punto más de sabor. Correctas.

+ Jacques Maillet Autrement blanc 2014 (AOP Savoie): Comenzamos con un blanco bio de uva jacquere, refrescante y con buena acidez, apenas 10,5° para abrir boca y aligerar la bechamel.

- Brazos de pulpo en nuestra parrilla [19€]: La mejor forma de comer el cefalópodo (a la brasa), se presentó sobre una cama de puré de patata con aceite de oliva, con los tentáculos aromatizados con eucalipto seco. Delicioso aroma, sabor intenso y textura perfecta, conservando la firmeza original del pulpo, sin cocerlo en exceso como sucede en muchos restaurantes. Excelente

+ Maria & Sepp Muster Gelber Muskateller vom Opok 2015 (Wein aus Österreich): Curiosísimo moscatel seco bio austriaco, con potentes notas gaseosas en nariz y una boca fluida. Fácil de beber (10,5°), con recuerdos a los moscateles secos de la Axarquía malagueña, aunque fue el que menos nos convenció de la comida.

- Lasaña de centollo, aliño de su coral y perlas de amontillado [21€]: Plato descomunal, estética y gustativamente. A medio camino entre un ravioli y una lasaña, unas finas placas de pasta guardaban un relleno de centollo desmenuzado exquisito y una salsa para acabarse el pan de una sentada. La ración algo más justita, habida cuenta del coste de la materia prima. Extraordinario

+ Anne et Jean-François Ganevat Les Cedres 2015 (AOC Côtes du Jura): Plato y vino de mayor finura de toda la comida de la mano, chardonnay afilada, sápida y tremendamente elegante de la que repetimos copa. La última cuvée del maestro jurásico.

- Tataki de atún rojo [22€]: Preparación moderna buscando respetar un buen producto. Lomos ligeramente planchados con el interior crudo, acompañados de salicornia o espárrago de mar y cebolla encurtida. Toda una sorpresa el sabor a mar y la textura de la salicornia, un punto extra de sal directamente en el tataki (por si no se comía junto a la salicornia) hubiera redondeado el plato. Muy bien.

+ R.J. Dard & F. Ribo C’est le printemps 2017 (AOC Crozes-Hermitage): Deliciosa syrah joven, aromática y fresca sin renunciar a un punto de tanicidad. Combinación perfecta con el túnido.

- ½ tabla de quesos [11,50€]: Respetando nuestro recorrido vinícola francés, y siendo unos enamorados del queso, decidimos finalizar como postre con los quesos seleccionados por Juan Conde (hermano de Andrés y copropietario), impresionantes del primero al último: Cabra y vaca pirenaicos, añejo de cabra, Comté de 30 meses y un Stilton madurado para hacerles la ola. Imprescindible. Para maridar tanta potencia quesera, dos fantásticos vinos de crianza oxidativa:

+ Gutiérrez de la Vega Tío Raimundo 2014 (D.O. Alicante): Moscatel seco (15°) elaborado con crianza bajo velo de flor, similar a un generoso sin encabezar. Pese a no ser devoto de este tipo de elaboraciones, tengo que reconocer que la combinación con los tres primeros quesos fue fantástica. Un Jerez en Alicante.

+ Domaine de Montbourgeau L’Etoile 2014 (AOC L’Étoile): Ya había probado su añada 2012 y entonces no me entusiasmó demasiado. Sin embargo esta, y al igual que con el Tío Raimundo, maridó increíblemente bien con el Comté y el Stilton. Más elegante, sápido y complejo que el anterior, una chardonnay jurásica criada bajo velo de flor que encantó a mi mujer.

Finalizamos la comida con café [2€] acompañado por sus pastas de cortesía: buenas galletas garrapiñadas de almendra. Para mí, pido a Andrés un vino dulce:

+ Balivet Vignerons La Dernière Bugey Cerdon Methode Ancestrale (AOC Bugey): Sorpresón con este espumoso semidulce de uva poulsard, apenas 7° y una delicia que expresa muy bien la rusticidad de la variedad, con un dulzor muy comedido y gran poder refrescante. Uno de esos ases en la manga que se guarda el maestro Conde Laya.

Realmente espectacular el despliegue de copas (Gabriel Glass), cambiadas con cada vino que se abría. Botellas a Tª perfecta y dejadas en la mesa durante toda la comida por si el comensal quiere repetir. Presentación perfecta de cada vino por Andrés, atento en todo momento al servicio y quien hacía gala de un conocimiento enciclopédico con enorme humildad y respeto hacia nuestros comentarios. Si a esto añadimos que el coste de semejante servicio de vino (14 copas) fueron 40€, no nos queda más que dar una ovación cerrada a esta casa, lamentando no tener un local así cerca, pues seríamos clientes fieles.

En total, junto con una botella de agua [3€] la cuenta ascendió a 133,30€, extraordinaria RCP.

CENA

- Aperitivo: Sopa de tomate (Ya reseñado)

- Arroz con pintada de Bresse [19€]: Otro de los platos para el recuerdo, el arroz al dente con un fondo de intenso sabor y uno de los muslos de la pintada en su punto perfecto de cocción coronándolo.

+ Julien Guillot Ultimatum Climat 2011 (AOC Chénas): Un beaujolais natural y con años, sin concesiones. Uva gamay con mucha acidez, nariz algo “sucia” y para mi gusto poco equilibrio. El vino más flojo de la cena.

- Presa ibérica macerada en especias [17€]: Acompañada por un cous-cous con aliño cítrico y una salsa con toques de cúrcuma, corte excelente con la carne jugosa y el centro con un punto de menor cocción. Le gustó mucho a la socia.

+ Anne et Jean-François Ganevat J’en veux encore!!! (Vin de France): Vino natural elaborado en ánfora con variedades jurásicas, en este caso con mayor frescura que el anterior, con notable carácter rústico y un pequeño toque carbónico. Buen maridaje, aunque prefiero otro perfil de vinos.

- Pochas con cocochas en salsa verde [16€]: Me había quedado con las ganas de probarlas el día anterior y no renuncié a ello pese a ser una cena, eso sí, cambiando la versión de hongos y jabalí por ser más ligera esta. Legumbre y kokotxas en su punto de melosidad, la salsa verde me pareció algo invasiva por su intenso sabor marino (¿plancton?). En cualquier caso, muy ricas.

+ Viña Magaña Gran Reserva 1983 (D.O. Navarra): Otra de las sorpresas del maestro con un maridaje inconmensurable. Ensamblaje de Tempranillo con Merlot y Cabernet Sauvignon, en un momento perfecto de consumo. Taninos suaves, notable longitud, super elegante. Como bien decía Andrés, Navarra nunca estuvo de moda pero este es un gran elaborador.

- Cremoso de tiramisú [6,50€]: No nos podíamos ir de La Cigaleña sin probar alguno de sus postres. Buena elección con este vaso de generosa ración de tiramisú, tremendamente gulesco. Otro de los imprescindibles a probar.

+ Caruso & Minini Marsala Superiore Riserva Secco (DOC Marsala): El emparejamiento era obvio y disfrutamos tremendamente de este generoso dulce siciliano, elegante y nada pesado.

Misma filosofía con los vinos, aunque en este caso la cuenta ascendió a 20€. Un regalo. Invitación al café, junto al agua y el pan la cuenta ascendió a 85,10€.

Todo un templo gastronómico estatal al que volveremos seguro. Enhorabuena a todo el equipo y muchísimas gracias a Andrés por su generosidad, su tiempo y su ejemplo de lo que debería ser un restaurante honesto y comprometido con la calidad y la difusión de la cultura del vino. Nos quitamos el sombrero.

  • Cena

  • Comida

  • Vinos cena

  • Vinos comida

A dos días de finalizar nuestra estancia en Cantabria no podíamos marcharnos sin ir a visitar el templo cántabro del vino, la Bodega Cigaleña de Andrés Conde.

Ya se ha dicho todo sobre Andrés Conde y su bodega, o sea que me voy a remitir escuetamente a explicar nuestras sensaciones y nuestra velada .

Tras haber reservado previamente, y haber ido a tomar unas excelentes ostras de San Vicente a la ostreria La Mar, muy cerca de la bodega, llegamos a la Cigaleña a las 20h30. Nada mas atravesar el umbral de la bodega, entras en el tunel del tiempo y te trasladas a 1949, con su ambiente de época, con azulejos por doquier, botellas por todas partes, cuadros, estanterías repletas de recuerdos y mas y mas botellas...

Nos situaron en una mesa justo a la entrada de un pequeño comedor  con mucho ambientillo.

Las mesas están bien vestidas, pegadas las unas a las otras, sin ninguna intimidad y las sillas son bastante incomodas, pero eso no tiene mayor importancia donde nos encontramos. Vajilla y cubiertos contemporáneos, buenas copas. El servicio de sala es bueno, sin mas. El servicio del vino es excelente, nos pusimos en manos de Andrés Conde para que nos aconsejara que vino podíamos tomar para lo que habíamos solicitado para la cena y como buen apasionado y conocedor del vino, nos explico de manera muy didáctica la historia del vino que íbamos a tomar. Evidentemente el servicio del vino comprendió el descorche, la primera cata y el servicio permanente a cargo de Andrés durante toda la cena.

La cocina es tradicional, de producto, con elaboraciones de platos de toda la vida o casi.

Nos propusieron un menú degustación y la carta, optamos por esta última.

Primeramente, como aperitivo nos sirvieron un vasito de gazpacho.

De primeros compartimos, servido en el plato :

Albóndigas de bonito con salsa calabresa Muy gustosas, puro bonito con una salsa que invitaba a servirse asiduamente del pan, el único defecto es que estaban resecas y no había suficiente salsa para darles untuosidad.

De segundos tomamos :

Tartar de bonito del Cantábrico Buen producto, buena ración y bien preparado.

Rabas de calamar del Cantábrico Muy buenas.

El pan que acompaño la cena fue bueno.

Como postre tomamos, para compartir :

Tarta de queso que yo definiría mas bien como un cheese cake. Bueno

Para beber tomamos lo que nos aconsejó Andrés :

Una botella de vino blanco elaborada en cultivo biodinamico por unos amigos suyos franceses Coste Domaine Danjou-Banessy 2015 IGP Cotes Catalanes. Domaine les Frères Danjou-Artisans Vignerons( Espira de l'Agly) Viñas de mas de 60 años. Cepajes 100% Macabeu . Crianza de 18 a 20 meses en barricas borguiñonas. Muy fresco y complejo, mineral, algo turbio en la botella (no está filtrado) muy elegante y muy largo en boca. Me gustó y me hizo descubrir un vino que se produce a 150 Km de mi casa.

Como se nos había acabado el vino, le pedí a Andrés un vino de postre y  nos invitó a tomar un vino curioso, un vino sin ninguna denominación, un vino de mesa con una etiqueta muy erótica, (ver foto en el primer comentario) cuya botella nos dejó sobre la mesa, como invitación de la casa, de un grande del Sauternes  el "Chateau Rousset &Peyraguey" (33210 Preignac).  Un espumoso suave a base de sauternes.

Finalizamos con dos buenos cafés, invitación de la casa.

La cuenta ascendió a 38,55 €/persona. Muy buena RCP. Comida sencilla y buenos vinos. Conversar con Andrés sobre el mundo del vino es un placer, solo por eso y por tomarse un buen vino ya vale la pena el viaje. Nos gustó y cuando estemos por Santander, volveremos. Recomendable para los amantes del vino y de locales entrañables.

 

  • Tarta de queso

  • Pan

  • Rabas de calamar del Cantábrico

  • Tartar de bonito del Cantábrico

  • Albondigas de bonito con salsa calabresa

  • Vista del comedor desde nuestra mesa

Tan buenas y reconocidas opiniones no pueden equivocarse en la valoración y servicio de un restaurante, así que la elección estando en Santander es sencilla, y por supuesto acertada.

Desgraciadamente es una visita rápida y a hora temprana, no obstante, la colaboración y simpatía de todo el equipo de sala es sobresaliente.

El local, todo un decorado dedicado al vino, al respecto, nos dejamos aconsejar y disfrutamos de un muy bueno MATANEGRA 14 meses 2014 (DO Ribera de Duero).

Para el niño unas extraordinarias “albóndigas de bonito a la calabresa”, las devora sin criterio, y nosotros le acompañamos con gusto. La salsa la tomamos a cucharadas: excelente. Gran propuesta.

Para compartir, las reconocidas “rabas”. Estupendas, que decir.

Para terminar, siendo temporada del bonito no podemos dejar pasar la oportunidad de degustar de la “ventresca de bonito al horno con pimientos rojos confitados”, muy bien preparada, las lascas salen solas. Soberbio producto y gran preparación.

Restaurante que bien merece una visita en profundidad y con tiempo. Repetiremos

Un templo de culto. Un sitio de esos que apetece visitar de vez en cuando. Una pena que no abran los domingos porque de ser asi lo visitariamos mucho más.  Por suerte, este verano es el primero que abren los domingos y estando en Santander por la tarde no ibamos a dejar escapar la oportunidad. Llamada y reserva.

Llegamos a la plaza Cañadio. Animadas las terrazas, pero el restaurante Cañadio (donde teniamos intencion de tomar algo) cerrado, tambien sus alrededores. Manda el pulmon de la plaza. Si cierro yo, vosotros conmigo; algo asi debe ser.

Nosotros a lo nuestro, a la Cigaleña!! Nos ponemos en una concurrida barra, Mila se decanta por un fabuloso Moscato, en mi caso vuelvo a pedir aquella sidra francesa que tanto me gusto en nuestra última visita a su barra. Lo disfrutamos en la calle, que es verano!!! Ojeamos la carta de fuera y vamos decidiendo que cenar!! Alla que vamos!!

Nos acomodan y en breves viene Andrés para atender nuestra demanda! Lo teniamos muy claro, tenemos mucho antojo de comer quesos de calidad. Indicamso a Andres lo que queremos, nos dice que ni de bromas, que nos pasamos de la raya y por gran distancia. Al final nos quedamos así:

- Ensalada de ventresca. La ventresca natural, perfecta. El acompañamiento en la misma línea.

- Pimientos de padrón fritos. Buena ración de la cual disfrutamos como enanos!! El pan de masa madre que te ponen acompaña e invita  a disfrutar más y más!!!

- Quesos. Andres nos aconsejo media ración, acertó pues esta ya era contundente! 4 quesos, de menor a mayor explosividad. Excelente ración. Mila disfruto con el segundo, uno semi curado muy bueno. A mi el Gamoneu me parecio de otra galaxia!!! El mas contundente era un tipo camembert que a mi no me enamoran. El primero era uno de mezcla que estaba también muy bueno!! Volveremos a por más!!!

De segundos; Mila se decantó por unos bocaditos de merluza. Realmente ricos!!!! Por mi parte, tenía antojo de carne; fui clásico y escogí un buen solomillo muy poco pasado, sangrante a tope!! Excelente!!

Hoy tocaba burbuja!!! Aqui comer con agua, de la cual pedí un botella para probarla (bastante rica) es como un pecado mortal!! Nos dejamos llevar por Andrés. Solo nos limitamos a decirle "Champagne· y el supo sacarnos algo muy muy rico a 42€ la botella. Bebimos un Chartogne-Taillet que estaba estupendo!!

Nos encanta este establecimiento. Rebosa vida e historia por donde mires!! Volveremos mil veces porque además de comer bien, beber mejor, un servicio clásico y eficaz que hace sentirte como en casa... siempre sales contento y sonriendo!!! Nosotros si salimos así de un sitio le ponemos automaticamente en la categoria de los buenos super buenos y volvemos seguro!!!

PD: no saludé a un veremero que habia porque tenia dudas de quien era!! Estaba comiendo unas rabas justo al lado del mostrador mientras hablaba con Andrés. Pero ese fijo que era veremero!!!

La bodega la Cigaleña es un tesoro que tenemos en la ciudad de Santander. La historia comienza cuando Mariano y Moisesa, los abuelos de la generación actual, se trasladan desde Cigales hasta la capital cántabra allá por 1.949.

El espacio parece antiguo, casi viejo, pero resulta cuidado y alberga encanto. Las botellas rodean paredes y techos. El legado a la vista. Pasillo ligeramente angosto que desemboca en una barra de madera, situándose el comedor a la derecha. Piedra, madera y cristal. De alguna forma, cuando se entra en la Cigaleña se para el tiempo. Como si no influyera que estuviera ocurriendo en el exterior para el placer. Las horas en “la parroquia” pasan de otra forma.

El alma de La Cigaleña es Andrés Conde Laya. Los parroquianos o clientes habituales le definen como intuitivo, didáctico y generoso. No se anda por las ramas a la hora de hablar de la industria del vino, no se casa con nadie. Se podrá equivocar o no, pero su sinceridad e independencia no están en duda.

Desde el punto de vista culinario, la Cigaleña es cocina tradicional, entendible para todos los públicos. Al mando, Miguel Herbosa, joven pero experto. Él junto con la etapa de José de Dios, han dado un punto de contemporaneidad a la cocina desde la ligereza sin perder ni origen ni norte. Se siguen las temporadas de los productos, se cambia la carta y existe esa preocupación por la búsqueda de la calidad. En la Cigaleña son caprichosos; quieren lo mejor. Ejemplos la chistorra de Larrañaga, los pescados y los quesos con los que Juan Conde nos suele deleitar.

Durante el año, las visitas suelen ser varias. Por ello les adjunto algunos de los platos degustados anteriormente y con más detalle los del este último acercamiento veraniego.

Las pochas con cocochas son un guiso hedonista y marinero. Legumbre suave, sabor equilibrado y ligero, como representando una especie de salsa verde. Si lo ven en la carta, pídanlo.

Otro envite de mayor potencia de esa temporada pasada es el arroz con pintada. Fondo poderoso, buena ligazón y cereal aldente. Notable.

Durante el Gavenathon, cita anual en la Cigaleña en la que se abren y catan muchas botellas de las diferentes cuvees de Jean Francois Ganevat, dos platos me llamaron realmente la atención. En primer lugar un espléndido fiambre de cabeza de cerdo acompañado de pistachos y un escabeche de un pescado tan del norte como es el chicharro. El escabeche era suave, de densidad melosa, realmente destacable.

Hace unos días volví a La Cigaleña, volví a ponerme en las manos de Andrés, a ver la sonrisa socarrona de Antonio en la sala y sus miradas tan cómplices. Para comenzar esa chistorra de Larrañaga previamente citada. De poca grasa, sin el sabor del pimentón tan marcado y mucho más carnosa que otras de su misma especie. Producto.

La temporada del bonito ya ha comenzado. Tenemos que aprovechar. En la Cigaleña, varios platos de este túnido tan representativo del Mar Cantábrico. Comenzamos por un generoso y soberbio tartar de bonito. Corte muy generoso, aguacate para dotarle de un punto mayor de untuosidad y sobre todo sin ninguna necesidad de aliños expansivos que mermen el sabor principal. Pruébenlo.

A continuación unas albóndigas de bonito con salsa calabresa. Sin trampa ni cartón, pescado en estado puro. Altísimo el porcentaje de bonito en las esferas, acompañadas de una salsa sencilla y perfectamente ejecutada que acaba con el pan.

Entre la trilogía de bonito, se cuela el pulpo a la brasa. Se emplata delante del cliente ya que se aromatiza al final con eucalipto sirviéndose sobre un puré de patata con aceite de oliva. Éste último resulta liviano comparados con otros de su misma especie y del cefalópodo me gusta su punto de textura, ligeramente duro. De nuevo, sencillez manteniendo el resultado lo más cercano al gusto original del producto.

Para cerrar el trío bonitero, no puede faltar la ventresca con pimientos rojos confitados. Fina, con las lascas bien marcadas, esbelta. Inmejorable producto, aunque todavía falta un poco de grasa en estos bonitos tempranos. El punto tirando a poco hecho, probablemente algo más tiempo hubiera mejorado la temperatura de degustación. La primera de la temporada. Habrá más.

Para acabar el vino, siempre es necesario finalizar con quesos. Género que Juan Conde (hermano de Andrés) cuida hasta la saciedad. No debe ser fácil estar a la sombra de Andrés, pero se nota que Juan va encontrando su sitio. Quesos en este caso todos de leche cruda que destacan por su intensidad y finura. Se trabaja con afinadores para servir cada queso en el momento justo. En el sentido contrario de las agujas del reloj y comenzando por abajo, un Comté con 24 meses realmente apoteósico, a continuación un Montgomery cheddar de altura, seguidamente un sobresaliente Blue Stilton que realmente me dejo impactado. Otro paso obligatoria en la visita a la Cigaleña, sus quesos.

Andrés Conde no está lo suficientemente valorado en nuestra región. La mayor parte del público de vino de la Cigaleña es de fuera de Cantabria. Lo cual no quiere decir que no haya parroquianos cántabros. Se tiene una de las mecas del vino a nivel europeo y apenas sale en los periódicos. Puede que la consecuencia de tener que pasar por caja para verse en el suplemento ¿gastronómico? regional.

Post mucho más completo en http://www.complicidadgastronomica.es/2017/07/lacigalena/

Servicio del vino 10
Entorno 7
Comida 7,25
Relación Calidad_precio 8

Reunión cantabro-astur-vasca, en el templo del vino, que es un lugar donde se unen los aficionados al buen beber y buen comer.

El lugar esta descrito, como siempre antes de sentarnos a la mesa un buen vinito, en esta ocasión un rosado que elabora el amigo Josean, rico, va mejorando la cosa.

Una vez sentados los ocho, para mí, número perfecto para probar varias botellas, sin pasarse, ni quedarse corto.

Empezamos con el menú, los vinos los enumeraré al final, decir que como siempre la labor de Don Andres, es la base principal del disfrute de estas veladas, sacándonos cosas ricas y hablándonos de elaboraciones y productores.

Empezamos con un plato al que ya le tenia ganas, presa ibérica, que salan y ahuman, con ensalada de brotes y frutos de invierno, muy buena la presa, nunca la había comido así.

Fabes tiernas con guiso de calamar de potera encebollado, muy buenas fabes, rico sabor, rica textura, muy sabrosas.

Canelones de morcilla de Cigales gratinados, manzana y curry, cojonudos, la morcilla espectacular, fina pasta y ligera besamel, muy bueno.

Lomo de merluza asado sobre calcots, salsa romescu y consomé iberico, ya se que es muy repetitivo, pero esta vez, sin duda, el menú estaba por encima de otras ocasiones, perfecta elaboración del pescado, perfecta combinación de producto y muy buen sabor.

Pieza lechal cocinada a baja temperatura, rellena de sus mollejas y jugo de setas, otro gran acierto, a nivel.

Aquí le pedimos a Andres, un poco de queso, siempre tiene de primera línea, pirineos catalán y comte, muy buenos.

Pastel cremoso de chocolate y sopa de almendras, templadita, muy rico, me comí dos, tampoco eran muy grandes, pero Andres ya tenia preparado el segundo, como me conoce.

Cafecitos, unos ricos petit fours, alguno tomamos un gin.

Decir que, para mí, este menú se merece mas puntuación de lo que estoy acostumbrado a dar en el apartado comido, mi nota seria un 8, pero me amoldo a la puntuación, y en este caso daré la que me deja, 8,5.

Ahora enumero los vinos, disculparme de antemano, por los posibles errores en el enunciado, decir que maridaron de la ostia, en este caso sobra.

Empezamos por un espumosos, paciencia ancestral de Cosmic, natural.

Otro natural, no se de donde, OKKO`S WINES, blanco.

Una joya, natural y también blanco, Ganevat.

Bueno, pensándomelo mejor, os voy a dejar las fotos en comentarios y si queréis le echáis un vistazo, va a ser mas fácil.

En este punto cualquier comentario por parte de alguno de los acompañantes a la mesa, en referencia al vino, seria de agradecer, a mi me encantaron, pero ya sabéis que no controlo.

Si no me equivoco fueron once botellas del copon y este rico menú, todo por 100€, como siempre un regalo.

Por mucho que dijera, no podría aportar prácticamente nada nuevo que no se haya comentado por aquí respecto a este lugar. Tiene un duende especial, algo que le hace diferente. Probablemente parte de esa magia dimane de Andrés Conde, del que también está casi todo dicho en el aspecto vinícola...y como hemos experimentado un poco más (si ello fuera posible).

Reserva de mesa para dos personas y como debíamos de conducir tampoco le dimos rienda suelta a todo aquello que nos hubiera apetecido tanto de comer , como de beber. No obstante aún con ese tipo de "restricciones" pudimos saborear lo que respira aquí, en esta catedral del vino.

Aconsejados por Andrés y después de una especie de vasito de una crema de tomate, nos decidimos por:

Ensaladilla Rusa en media ración

Tartar de tomate y aguacate

Mollejas de lechazo

Tataki de bonito

Tabla de quesos

Producto con buenas presentaciones, con cantidades algo irregulares (ración desmesurada de mollejas y algo más escasa la del tataki), el tomate emplatado individualmente y una ensaladilla bien ejecutada. Los quesos muy logrados.

Además del pan, tomamos una botella de agua con gas Apollinare y después de salivar cual perro de Pavlov ojeando la enciclopédica carta de vinos, optamos por hablar con Andrés para decidirnos por un vino del Jura, Arbois Savagnin 2008 (25€) muy gastronomico y versátil. Cerramos la comida con dos infusiones y proseguimos viaje, habiendo podido, siquiera por un rato corto, disfrutar de esa magia que se desprende en La Cigaleña.

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