Restaurante L'Escaleta en Cocentaina
  

Restaurante L'Escaleta

75
Datos de L'Escaleta
Precio Medio:
102 €
Valoración Media:
8.8 10
Servicio del vino:
9.4 10
Comida:
8.6 10
Entorno:
8.5 10
Calidad-precio:
8.7 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Valenciana, Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 65,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Domingo noche, lunes, martes y miercoles noche, 7 a 21 enero

Teléfono

Restaurante L'Escaleta Espiritu de un Brioche L'Escaleta Pichón L'Escaleta en Cocentaina Salmonete Embarrado sobre Jugo de sus Cabezas Restaurante en Cocentaina Crema de Mostaza Silvestre con Hierbas Recién Cortadas Restaurante L'Escaleta Yema de Huevo en Salazón L'Escaleta Manteca casera con hierbas junto a un excelentísimo pan L'Escaleta en Cocentaina Pan y manteca Restaurante en Cocentaina Supermousse Restaurante L'Escaleta Presa asada y ahumada L'Escaleta L'Escaleta en Cocentaina Restaurante en Cocentaina Restaurante L'Escaleta L'Escaleta Queso, aceite y almendra L'Escaleta en Cocentaina Yema de huevo en salazón Restaurante en Cocentaina Entrantes Restaurante L'Escaleta L'Escaleta L'Escaleta en Cocentaina Restaurante en Cocentaina Restaurante L'Escaleta L'Escaleta Brioche L'Escaleta en Cocentaina Gambas Restaurante en Cocentaina Setas Restaurante L'Escaleta LA MANZANA DE HIELO con una infusión helada de camomila miel, tierra de malta L'Escaleta LUBINA con setas de temporada , aliñados con mantequilla de avellana L'Escaleta en Cocentaina QUESO f resco de almendras, miel  aceite Restaurante en Cocentaina La mesa Restaurante L'Escaleta Menú L'Escaleta Becada L'Escaleta en Cocentaina Churasco de cordero con berenjena ahumada. Restaurante en Cocentaina Aroz seco de bacalao y coliflor Restaurante L'Escaleta Sala de no fumadores L'Escaleta Los vinos de la cena L'Escaleta en Cocentaina Brownie Restaurante en Cocentaina Nuvolet de azahar Restaurante L'Escaleta Pecguga de pichón L'Escaleta Lomo asado de mero con algas L'Escaleta en Cocentaina Navaja con tubérculos dulces Restaurante en Cocentaina Royal fría de giraboix con sardina caramelizada Restaurante L'Escaleta Ostra con soda de espárragos L'Escaleta Agua sal L'Escaleta en Cocentaina Golosinas saladas Restaurante en Cocentaina Corte helado de ajo y pericana Restaurante L'Escaleta L'Escaleta L'Escaleta en Cocentaina

75 Opiniones de L'Escaleta

L'Escaleta
Servicio del vino: 8.5 10
Comida: 8.5 10
Entorno: 8.5 10
Calidad-Precio: 10 10
8.9 10

Fer B. 31/01/16 11:57

Fecha de visita*: 14/11/15
Precio por persona: 100.0

Menudo día se presentaba con la excursión matutina a Masía El Altet seguida de la visita a mediodía a la cervecera Spigha. Así pues, entre olivos y cereales, nos plantamos en el acto principal del Encuentro de la Peña Los Restauranteros a celebrar en L'Escaleta.

Creo que se ha descrito de manera prolija la magnífica impresión que causan las instalaciones, por lo que me limitaré a aportar que percibí un ambiente de gran confortabilidad, desahogo, clasicismo contenido y elegancia no encorsetada que me hizo sentir fundamentalmente cómodo.

Recepción en la terraza donde nos esperaban unas finas Cortezas de Bacalao, el aligerado Turrón de Alicante Salado y la viciosa Galleta Oreo. Esparcimiento acrecentado por el buen rollo que transmite la manzanilla pasada La Maruja con la que combiné, de entre las atractivas opciones, este momento. Recreo.

Una vez acomodados en la larga mesa de la sala donde nos ubicaron, disfrutamos de una manteca casera con hierbas, por cierto junto a un excelentísimo pan, como preámbulo de un impecable y liviano Queso de Leche de Almendras con Miel y AOVE que pregonaba la distinción en fondo y forma del menú confeccionado.

Rápidamente se iba a compensar esa ligereza con la condensada Yema de Huevo en Salazón junto a su pan de especies y aliño de garum, desconocido esto último por servidor hasta ese momento. Ahora leo por la red que en la época del imperio romano se le atribuían poderes afrodisiacos... inherentes tendencias humanas.

El consenso de los comensales vino dado por la Crema de Mostaza Silvestre con Hierbas Recién Cortadas. Frescura, acidez, punto picantillo y balsámico, compendio de virtudes que toman forma como plato. Estrella.

Mi particular decepción vino con la Anguila sobre Endivia, ahumada sobre asada respectivamente y con un aliño de algarroba. No entendí el concepto ni lo que pretendía expresar a pesar de ser dos productos de mi agrado. Ininteligible.

La seriedad y solvencia las trajo el Salmonete Embarrado sobre Jugo de sus Cabezas. Andaba sobrado de fondo ese caldo en el que nadaba con maña el pez. Crédito.

Me descolocó un tanto el Arroz Seco de Caza y Setas. Capa fina de arroz, montado en una bandeja que acaban al horno, con perfecto punto pero percibiendo de forma constante unas notas ácidas en su fondo que no supe identificar ni justificar. Sí pero no, no pero sí... barullo mental.

Completamos el menú con el Pichón sobre un bouquet de rosas, azafrán y hierbabuena. Potencia cárnica domesticada por su ejecución con un acompañamiento impregnado de sutilidad. Vueltas.

La parte dulce empezó con el Espiritu de un Brioche descrito a la perfección en los comentarios precedentes, sobresaliente en todas las fases de su degustación, divertido e ingenioso. Se completó con la Supermousse de Chocolate, Café y Avellanas, tan impactante como austero visualmente resultando toda una delicia en boca.

Y qué más bebimos? pues por este orden y con cada plato, copiando y pegando de los comentarios de los insignes restauranteros precedentes:

Equipo Navazos 58 La Bota de Amontillado
C. Von Schubert Maximin Grünhaus Abstberg Riesling Kabinett 2010
Clos de Rouge Gorge 2009 Blanc
Ö. Rebholz Vom Rotliegenden Riesling 2008
Imagine 2012 Gutiérrez de la Vega
Château Pradeaux 2000
Furtiva Lágrima Cavatina 2011 Gutiérrez de la Vega
Niepoort 20 years Old Tawny
...y algo de agua también.

Servicio impoluto con explicaciones amplias de cada plato y cada vino.

En resumen, acierto nuevamente de los currantes organizadores, poniendo a nuestro alcance una cocina de nivel y poso, calmada, sin estridencias ni algarabías pero repleta de pulcritud y tablas. Perfecto y didáctico manejo del vino con algunos maridajes de resultado excepcional percibiendo pura sinergia en alguno de ellos. Está claro que es un imprescindible a visitar si te mueves por la zona.

L'Escaleta
Servicio del vino: - 10
Comida: - 10
Entorno: - 10
Calidad-Precio: - 10
- 10

G-M. 06/12/15 11:20

Fecha de visita*: 14/11/15
Precio por persona: 100.0

Llegamos a L’Escaleta tras una intensa mañana en la que José Ruiz & Ana Juan imprimieron un ritmo trepidante, que todos aguantamos con entereza e hidalguía (qué esperaban oiga, somos restauranteros): Madrugón – Desayuno – Autobús – Visita guiada y cata de aceites en Masía El Altet – Autobús – Visita guiada y cata de cervezas en Spigha – Autobús – L’Escaleta (y aún nos quedaba la tarde y la noche! No todos valen para restauranteros… ;-)

La cata de cervezas había templado y reconfortado los ánimos, por lo que no llegamos a L’Escaleta con “ansias”. La entrada fue espectacular, tras un acceso precioso te encuentras en el jardín de esta alquería de ensueño en la que se encuentra el restaurante. Allá, en la zona aterrazada del jardín, comenzó el festival, pues nos sirvieron unos aperitivos -que ya anunciaban por donde iban a ir los tiros dentro- regados con unas bebidas muy bien traídas: buenos cavas, variedad de manzanillas selectas, vermuts… Se estaba en la gloria, unos de pie, otros sentados en unos sofás de exterior, otros paseando copa en mano… Idílico, con ese aire de masía mediterránea de interior de nueva generación, ese paisaje, ese clima, esa luz… Alguno incluso preguntamos “Oye, ¿y no podrían sacarnos aquí la comida?”.

Evidentemente, no era posible, se trataba de una pregunta retórica. Así que, no sin cierta pena, pasamos para dentro. ¿Pena? ¡Buah! Qué guapo interior, a la altura del exterior. Espléndidas instalaciones, me encantan estos estilos rústicos reinventados en los que los nuevos materiales constructivos se imbrican con los tradicionales dando lugar -si el decorador de interiores es hábil, como en este caso- a ambientes divinos. La luz juega un papel estelar aquí, pues bailan la que entra por los generosos ventanales, mediterránea a tope, con las intimistas de dentro… Qué bien, qué bien.

Los Restauranteros y nuestro diablillo en forma de roll-up teníamos reservado un reservado que no era reservado. ;-) Se trataba de una zona alargada diferenciada que arrancaba del hall y finaba en un ventanal, en la que se encajó perfectamente una mesa a nuestra medida. Ooooolé.

No había cartas, tampoco preámbulos (ya habían tenido lugar en la terraza) así que, vamos allá:

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• Aperitivos&Snacks

Turrón salado de Alicante / Cortezas de Bacalao / Queso de leche de almendras, miel y AOVE
Manzanilla pasada Maruja

• Continuamos con…

Yema de huevo en salazón, pan de especies & aliño de nuestro garum
Equipo Navazos 58 La Bota de Amontillado

Crema de mostaza silvestre, hierbas recién cortadas
C. Vom Schubert Maximin Grünhaus Abtsberg Riesling Kabinett 2010

Anguila ahumada sobre endibia asada & aliño de remolacha
Clos de Rouge Gorge Blanc 2009

Salmonete embarrado sobre un jugo de sus cabezas, anises
Ö. Rebholz Vom Rotliegenden Riesling 2008

Pichón reposado sobre un bouquet de rosas, azafrán & hierbabuena
Gutiérrez de la Vega Imagine 2012

Arroz seco de Caza & Setas
Chäteau Pradeaux 2000

En el espíritu de un Brioche
Gutiérrez de la Vega Furtiva Lágrima Cavatina 2011

La Supermousse de chocolate con café & avellanas
Niepoort 20 Years Old Tawny

• Para terminar…

Choclates L’escaleta

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He hecho seguir la relación de platos y vinos juntos porque L’Escaleta así nos lo dieron y porque así tiene que ser. Es toda una declaración de intenciones. Si algo destaca sobre las muchas cosas que destacan en este restaurante, es la simbiosis, el maridaje, la armonía. Oda a la armonía. Aquí se le da la misma importancia al condumio que al bebercio. Aquí, cada creación gastronómica de Kiko Moyá provoca un minucioso estudio de Alberto Redrado para ver con qué vino puede obtener la ventaja de exaltar el plato y elevar el vino, vamos, la esencia misma del concepto de maridaje. Sí, porque a mi juicio, la finalidad pura del maridaje no es combinar, no es armonizar, es que con su matrimonio ambos cónyuges saquen lo mejor de sí mismos optimando juntos, rindiendo mucho más de lo que lo harían por separado. Que uno más uno no sean dos, sino dos y medio. Y aquí, amigos, radica el secreto, la ventaja diferencial de L’Escaleta: sus socios, Kiko Moyá y Alberto Redrado, no suman dos, suman dos y medio.

Se trata de una cocina mediterránea de autoría y de proximidad proyectada hasta la lejanía. Sin embargo, algunos restauranteros “mu placeaos” quizás echamos de menos un poquito de magia (qué mal les sabe a los chefs que se les diga esto pero qué le vamos a hacer). L’Escaleta rebosa de conceptos claros, elegancia, armonía a raudales, y, para mi particular paladar, carencia de algo más de punch y de llegada. Cuando las expectativas son tan altas las papilas se exaltan esperando que se les sobreestimule… Hubiéramos querido más juegos maravillosos como el partidazo que jugaron esa crema de mostaza con ese riesling kabinett

El servicio y el trato fueron impecables, no se puede pedir más. La ingesta de cada plato y su correspondiente maridaje venía precedida por la explicación, primero de Kiko, sobre la creación culinaria, entrando en escena acto seguido Alberto con la ilustración de la armonía propuesta. Un placer escucharles a ambos, pese a que en ocasiones la espera era insufrible, pues las ganas desbocadas de echarle el diente a lo que tenías delante había que refrenarlas ante las prolijas explicaciones de estos dos socios tan bien avenidos.

Una embriagadora experiencia con un trato exquisito que Los Restauranteros agradecemos de corazón a sus dos causantes: Kiko Moyá y Alberto Redrado.

L'Escaleta
Servicio del vino: - 10
Comida: - 10
Entorno: - 10
Calidad-Precio: - 10
- 10

Isaac Agüero 26/11/15 18:48

Fecha de visita*: 26/11/15
Precio por persona: 100.0

Este año L’Escaleta ha cumplido 35 años. En 1980, los padres de Kiko Moyá y Alberto Redrado lo inauguraban en un semisótano de Concentaina al que se accedía a través de una “escaleta”. Desde 1999 se encuentra en su actual ubicación fuera del entorno urbano. La estrella Michelin que esta casa tiene brilla ya desde hace catorce años.

En L’Escaleta se reconoce donde se encuentra uno comiendo a la boca bocados como el turrón salado, la crema de la mostaza ó el arroz de caza y setas. Se trata de una cocina identitaria, que mira y observa su alrededor plasmándolo sin estridencias de una forma equilibrada y sobria. Estas características se traducen en platos de pocos ingredientes donde cada uno de ellos intenta tener un sentido, sin guiños a la galería en forma de ingredientes sin protagonismo. Lo que sí existe son ciertas recreaciones estéticas con elevada sensatez, formas que pueden engañar al ojo y a la vez se disfrutan en el paladar.

Cabe destacar la importancia del vino y su fondo de bodega en esta propuesta gastronómico. Se disfrutó de maridajes antológicos como la bota 58 del equipo Navazos con la yema en salazón un Gutiérrez de la Vega Lágrima Furtiva para el espíritu del brioche. Alberto Redrado, Premio Nacional de Gastronomía en 2009, marida desde el silencio.

En la agradable terraza, nos ofrecen tres aperitivos: el turrón salado de Alicante, las cortezas de bacalao y la oreo de ajo blanco. El primero destacaba por su originalidad, con sabor a almendra, despojando al turrón de entramado más dulce y haciéndolo mucho más etéreo. Las cortezas de bacalao sobresalían por su tamaño, su perfecta fritura y un agradable tono salino, un aperitivo ya presente en muchos restaurantes. Las galletas de ajo negro y blanco son crujientes y profundas en sabor, pidiéndote el subconsciente la siguiente tras la última.

Un ejemplo de esa cocina que realza la tierra cercana es el Queso de leche de almendras, miel y AOVE. Resulta suave, herbáceo con notas de romero, sedoso en textura gracias a la miel y el aceite. Otro gran aperitivo que coloca a la almendra en un pedestal.

La yema de huevo en salazón, pan de especies y aliño de nuestro garum resulta un entrante denso. Se revienta la yema de huevo y ésta fluye a mezclarse con el garum que potencia más el punto de sal del plato.. Se utiliza una yema de huevo embrionaria que provoca una mayor consistencia de la yema. Trasfondo de anchoas, notas especialmente salinas. Agradable.

La crema de mostaza silvestre con hierbas recién cortadas fue sin duda la mejor degustación del menú. Se trata de una holandesa, con ese punto de fresca acidez para un plato muy aromático de comienzo. La crema resulta ligera, etérea y suave. Una especie de paseo por la montaña alicantina aunando frescor y sabor. La mostaza se recolecta en la alicantina Sierra de Mariola. Sobresaliente.

La anguila ahumada sobre endibia asada y aliño de algarroba me pareció un bocado desconexo, en el cual se echaba de menos un hilo conductor. El ahumado del pescado resultaba muy agradable, en cambio tanto la endivia como sobre todo la algarroba le aportaba un punto de astringencia y amargor que no entendí como casaba con el pescado.

Parece que el salmonete últimamente forma parte de numerosos menús degustación. Personalmente me quedó con el del mar Cantábrico, por su mayor profundidad de sabo. En este caso, se trataba de salmonete embarrado sobre un jugo de sus cabezas y anises. Dos filetes a la plancha, cuyo sabor se potencia con ese jugo en el que también además de sus cabezas se utiliza el hígado. Las escamas del pescado se usan como sal y ciertas hierbas acompañan aportando un punto de frescor en busca de la deseada armonía. Bueno sin sobresaltos.

El arroz seco de caza y setas merece reflexión por el placer otrogado. La caza solo se encuentra en un hondo caldo que el arroz ha absorbido en su totalidad. Grano suelto que surge de una finísima capa. Se presenta en una bandeja individual que es en realidad una placa de acero. Se trata de un arroz que realiza en sartén y se finaliza ya depositado en las placas individuales en el horno durante seis minutos. Resulta excelente, debido a la soltura del grano a través de esa elegante y fina lámina que no pierde por ello ni un ápice de profundidad gustativa. El arroz puede ser individual y excelente.

Llega el pichón reposado sobre un bouquet de rosas, azafrán y hierbabuena. El ave a modo de fiambre templado no transmitía la fuerza de sabor que esta ave tiene en otras preparaciones. Plato aromático pero que en boca me resultó plano, teniendo más presencia los secundarios que el principal.

El apartado dulce raya a gran altura y comienza con En el espíritu de un brioche. Visualmente recuerda a la antesala de su preparación antes que se mezclen todos los ingredientes (harina, levadura, huevo y mantequilla). Se pide lo contrario justamente no remover. Conseguida la textura de la harina a través de la matodextrina. Postre visual, técnico de elegante textura y respetando el sabor de una brioche..

La supermousse de chocolate con café y avellanas es un juego de exceso que se difumina cuando la cuchara con desmesurada facilidad traspasa el cubo. En ese momento, se percibe la fragilidad y volatilidad del supuesto ladrillo. Un postre que contagia deseo y que además provoca que no se tenga la sensación de pecar. Gustoso, estético y muy notable.

En definitiva un buen restaurante en toda su extensión, del que esperaba algo más en el ámbito culinario, probablemente por una gestión de la expectativa por encima de la realidad. Degustaciones de nivel como la crema de mostaza y el arroz se alternan con otros como la anguila y el pichón que me transmitieron menos placer. Alto nivel en la cocina dulce y sobre todo en el apartado vinícola.

L'Escaleta: Más elegancia que agitación Post completo en: http://www.complicidadgastronomica.es/?p=5584

L'Escaleta
Servicio del vino: 10 10
Comida: 8.5 10
Entorno: 10 10
Calidad-Precio: 10 10
9.6 10

Dani C. 23/11/15 18:25

Fecha de visita*: 14/11/15
Precio por persona: 100.0

Hace ya mucho tiempo de mi primera visita a L’Escaleta, cuando quedé asombrado de la maestría de los fogones de Kiko Moya y el conocimiento enciclopédico de Alberto Redrado en vinos. Desde entonces he vuelto en un par de ocasiones y siempre he visto una cosa muy importante para un restaurante: evolución sin perder las raíces.

Cuando hablo de raíces no hablo simplemente al estilo del restaurante, que es obviamente un ejemplo excelente de la cocina de proximidad, tradicional, reinterpretada. Hablo del propio estilo del cocinero. Y es que en cada plato que he probado he podido detectar indefectiblemente la mano de este cocinero. Cocina por tanto de mercado, de proximidad y basada en los sabores y platos de la zona.

El entorno es precioso, una gran chalet a la salida de Cocentaina, con unas zonas ajardinadas, una terraza magnífica donde no sólo me tomaría el aperitivo, casi que me quedaría a comer, y unos salones con reservados que van acordes a la cocina, a ese concepto de la clásico y lo moderno en perfecta armonía.

Menú prefijado por José Ruiz, perfecto anfitrión y organizador de la comida.

Empezamos en la terraza con un aperitivo en el que pudimos probar diferentes vinos como Gran Caus rosado, Manzanilla Pasada Maruja y fino Inocente, perfectos para acompañar unas cortezas de bacalao, turrón salado y Oreo de ajo blanco y ajo negro.

Y una vez entramos en calor, pasamos a la sala para empezar con el menú.

Queso de leche de almendras, miel y AOVE, un plato que probé hace ya un par de años. Ahora cambia la presentación pero mantiene el perfecto equilibrio de los sabores y la elegancia de cada uno de los elementos.

Yema de huevo en salazón, plato perfecto, con la yema embrionaria que absorbe todo el sabor de los salazones. Las yemas embrionarias son muy típicas en la zona, también en Valencia, aunque fuera es complicado encontrarlas. Son los “rovellets”, los huevos se sacan de las gallinas sacrificadas y son una especie de yema. Se usa mucho en la sopa cubierta y aquí se le da una vuelta de tuerca más y se consigue un plato genial cque se acompaña con un pan de especias y el aliño de garum, una salsa de pescado fermentado.

Para acompañar este plato un vinazo, La Bota de Amontillado 58 del Equipo Navazos, un perfecto compañero para esas notas salinas y ahumadas que quedan equilibradas con este amontillado.

Crema de mostaza silvestre con hiervas recién cortadas, este es EL PLATO, en mayúsculas. Lo probé hace un par de años y me pareció espectacular, ahora me reafirmo. Pureza de sabores, el punto fresco de las hierbas, de la mostaza natural. No sé si habrá algún plato similar en la cocina alicantina, pero desde luego es una plato de la montaña de la zona, por lo que de vuelta volvemos al concepto de la cocina con producto de proximidad.

Cualquiera no aguanta este plato tan contundente, así que nos fuimos a un Maximin Grünhaus Abtsberg Kabinett 2010, un todo terreno que con esa acidez y ese azúcar residual aguantó perfectamente el tipo.

Anguila ahumada sobre endivia asada y aliño de algarroba. La anguila se ahuma y se prepara en el mismo restaurante, tiene una textura tersa, más de lo habitual en otras anguilas que se compran así preparadas. El toque de la algarroba contrarresta los ahumados del teleosteo y de la endivia braseada.

Nos vamos ahora aun Clos du Rouge Gorge blanc 2009 de la zona del Roussillon que con esas notas tostadas y la buena acidez acompañó perfectamente al plato, sin dar contrastes, sólo armonizando.

Salmonete embarrado sobre un jugo de sus cabezas. El salmonete es un plato que está de moda, ahora vayas por donde vayas lo encuentras en miles de preparaciones, pero esta es original de verdad. Con los higadillos del bacalao y azafrán se frota la piel del pescado y con el jugo de las cabezas y las espinas se elabora un plato potente, con un sabor a mar y un punto de tierra. Curioso el trampantojo que incluye el plato: la sal en escamas no lo es, sino que son escamas con sal. La escamas del salmonete se mezclan con azafrán y sal y se saltean, dando esa textura de sal en escamas crujiente.

Volvemos a la riesling con un Rebholz vom Rotliegenden 2008, con ese punto de azúcar residual y esas acidez resiste todo el embarrado y el salmonete.

Presa de ibérico asada y ahumada, servida con una ramita de tomillo que sale a la mesa prendida, de manera que se consigue ese ahumado de todo el plato. Es como una aliteración gastronónomica. La presa viene con una falsa ceniza de cebolla que remata el perfecto sabor del plato, junto con un poco de dulce de membrillo casero.

Venus La Universal 2008 fue el vino escogido para este plato, potencia y buena acidez para poderle plantar cara a un plato contundente como este.

Arroz seco de caza y setas, servido en una fina lata. Buen sabor, algo eché más de fondo, ese punto de más que dan los caldos consistentes. Este plato no me emocionó, correcto, pero algo falto de ese plus diferenciador, de esa pequeña diferencia que marca lo bueno de lo excelso.

Me quedo en este caso con el Chateau Pradeaux 2000 que bebimos, casi que lo acompañé con el arroz y no viceversa. Un Bandol fino y elegante, con notas ligeramente ahumadas y esa acidez tan refrescante.

Primer postre, "en el espíritu de un brioche", una reinterpretación genial de este bizcocho, pero antes de batirlo. La representación de la harina, la mantequilla, la levadura y la yema del huevo, una preconstrucción del plato muy original. Postre fino y elegante, no sólo en su presentación, sino también en boca.

Y a tal señor tal honor, nada menos que uno de los mejores vinos de este país: Furtiva Lagrima Cavatina de Gutiérrez de la Vega, un espumoso dulce excelente que casó a la perfección con el brioche.

El segundo postre fue la supermousse de chocolate, café y avellanas, un gigantesco bloque de mousse, el monolito de 2001 (Odisea en el espacio) sobre la mesa que en realidad esconde un postre ligero, lleno de aire. Como ya he tomado más de uno así el impacto visual no es tanto, pero es un postre impresionante visualmente y bastante bueno en la boca.

Y para el chocolate y las avellanas, el Niepoort 20 years old tawny, una buena forma de acabar y perfecto maridaje, sólo nos faltó el puro.

Mención especial para el pan y la manteca de cerdo aderezada con hierbas de la Sierra Mariola. Con esta manteca se pretende eliminar el aceite de la mesa, que sólo se usa en cocina.

Aunque algunos platos ya los había probado en anteriores visitas, cosa comprensible porque se hizo un menú especial para la ocasión donde se buscaron los clásicos y no las novedades, sigue siendo un restaurante sorprendente. Magnífico el equilibrio entre la sala y la cocina.

L'Escaleta
Servicio del vino: 8.5 10
Comida: 10 10
Entorno: 7 10
Calidad-Precio: 7 10
8.1 10

Silan 18/02/15 19:45

Fecha de visita*: 17/01/15
Precio por persona: 120.0

Visita de 4 buenos amigos, 2 parejas, con 3 niños de entre 2 y 4 años. Incertidumbre por saber si podríamos disfrutar como se merece este restaurante sin molestar a los demás comensales, pero nada más llegar tuvimos la fortuna (para todos) de ser alojados en un amplio reservado del restaurante.
Señalar que la decoración es muy ecléctica, con mucha mezcla de estilos, pero mas que ver una integración hay un simple acople de los mismos. De todos modos el local es amplio y muy confortable. Sillas, mesas, cubertería, mantelería y copas dignas del nivel de cocina que se ofrece.
Al sentirnos cómodos y relajados con nuestros pequeños en el reservado, optamos por el menú mas largo: Saboer. Fue un total acierto.
Así tras efectista turrón salado, los platos fueron:
-Morcilla, un entrante un tanto dulce. Acertado.
-Yema de huevo, densa, como no puede ser de otra manera, intensa.
-Hiervas crema de mostaza. Fresco y balsámico. Muy bueno.
-Ostra volcánica. Sin duda el plato que más nos gustó. La textura y la la idea en sí es muy acertada. Primer destello.
-Pastisset relleno de pata de ternera. Segundo destello de brillantez. Una ejecución magnífica.
-Salmonete embarrado. Intenso.
-Arroz de caza y setas. Muy bueno. Servido en una llanda. Tercer destello.
-Civet de liebre con cecina y jugo de sangre. De nuevo textura e intensidad de sabor.
-Importante el pan artesano con la manteca de hiervas que nos acompañó.
-El espíritu de un Brioche. A estas alturas ya estábamos entregados. Magnífico tranpantojo.
-Supermousse de chocolate. Destello final: el tamaño es impresionante, y parece que ademas de imposible es inadecuado finalizar un menú con un postre de semejante tamaño, pero se trata de un juego. La supermousse es tan, tan ligera que permite un perfecto fin del menú.
Cafes e infusiones acompañados de la Tableta de chocolate de L'escaleta. Fantástica.
Respecto a los vinos, señalar que Alberto es un gran conocedor del mundo del vino. Tiene una carta magnífica y que busca estar fuera de estereotipos y modas.
Empezamos con un Gruner Veltliner de Knoll 2013, que no nos terminó de convencer (error mío en la elección), pero afortunadamente continuamos con un Escombro, que un vino de una bodega (Laboratorio Rupestre) que nos apasiona.
Nuestros pequeños tomaron un arroz de puchero, que además fue invitación de casa.
Servicio impecable.
La verdad es que más que destellos de brillantez, en la cocina de L'Escaleta hay fogones de brillantez, y los reconocimientos de Kiko Moya y su equipo son más que bien merecido.
Una grata experiencia por la cocina y por la compañía de nuestros amigos.

L'Escaleta
Servicio del vino: 8.5 10
Comida: 5 10
Entorno: 7 10
Calidad-Precio: 5 10
6.5 10

oscar4435 05/11/14 17:57

Fecha de visita*: 26/08/14
Precio por persona: 115.0

Local de contrastado prestigio en la zona, un tanto aislado de cualquier entorno y con un patio de entrada y unas esculturas en metal muy bonitas.

Mesa amplia, servicio profesional, y empezamos con una cervecita de la zona spigha y un vermú.

Dos aperitivos, el famoso turrón salado de almendras, merengue como el pastel ruso pero en salado con almendras, curioso, y queso fresco de almendras, miel y aceite, este último no me dijo nada.

Empezamos con el grueso de los platos, raciones mas bien comedidas, ya, ya lo se, soy un tragón.

Yema en huevo de salazón, nuestro garum y huevas de atún, una elaboración sencilla para un profesional y que yo había probado ya en la mina, donde Álvaro Garrido.

Crema de mostaza, silvestre con habas y hierba del país, cuando vi el plato me acorde de nuestro amigo Jeronimo, ya sabéis le gusta la verdura mucho, crujientes texturas, sabores potentes y suave sabor de la crema de mostaza, bueno.

La ostra volcánica, sin duda una de las mejores ostras que he probado, de sencilla elaboración y de magnifica ejecución.

Anguila ahumada con endivias asadas y aliño de algarroba, plato sutil y nada agresivo de sabor, la anguila controlada y bien acompañada.

Ventresca de atún a la sal con aliño de garum, esta salsa de origen griego, pero de máximo apogeo durante la época romana, muestra el interés de este chef por diferenciarse, haciéndola a su estilo, claro.
Respecto a la ventresca, no entiendo que un producto tan graso y magnifico se someta a tanta, para mi, que soy un ignorante, sobre cocción.

Arroz seco de conejo y caracoles, sabroso con una entonada acidez por el exceso de tomate, creo.

Pichón reposado sobre bouquete de rosas, azafran y hierbabuena, o no tenia el día, yo, o no entiendo muy bien su cocina, que dada mi ignorancia podría ser, pero no me gusto, la carne prácticamente cruda, no me agrado en esta carne, quizás tenia que haber pedido soja.

De dulce el postre de higuera, higos, helado, muy dulce y rico.

El espiritu de un brioche, mantequilla, limon, huevo y levadura, muy original presentación de trampantojos.

Y para acabar la supermousse de chocolate con café y avellanas.

La riquísima hogaza de pan al medio , un par de vinos que maridaron los primeros platos invitación de la casa , ya que acompañaban al plato y nosotros pedimos , un Abel Mendoza garnacha blanca 2005 , muy rico y un tinto peculiar que me gusto mucho Escombro , 22,13€+iva y 30€+iva respectivamente .

Una sopa de fideos para las crías a 8€+iva, pese a insistir para que les hiciesen una pasta o un arroz con tomate, no hubo manera y gracias a dios a las crías les gusto, los postres de las crías a 8€+iva.

Servicio de mesa o más bien de pan, 5,45€+iva por siete, what???.

Menú 81,82+iva.

Mi conclusión, de esta velada, decepcionante y cara, no me enseño nada que no hubiese visto, ni me sorprendió, ni na de na y encima esos precios, sin duda tendré que volver, porque tanta gente hablando bien de un local es por algo, tendría mal día , digo por mi , bueno y por mi mujer , que creo que es la primera vez , que la pido consejo para puntuar.

L'Escaleta
Servicio del vino: 10 10
Comida: 8.5 10
Entorno: 8.5 10
Calidad-Precio: 8.5 10
8.9 10

Antoni_Alicante 05/06/14 10:03

Fecha de visita*: 05/06/14
Precio por persona: 119.0

A los pies del Montcabrer, el pico más alto de la Serra Mariola, y a escasa distancia del núcleo urbano de Cocentaina, Kiko Moyá, cocinero él, y Alberto Redrado, afamado sumiller, nos acogen en su restaurante con la humildad de quien recibe invitados en su casa. Ambos cuentan con ascendencia hostelera y han sabido conservar y mejorar la herencia recibida, mérito que les ha sido reconocido con la concesión desde hace años de una estrella Michelín y tres soles Repsol.

El restaurante se sitúa en una zona tranquila y dispone de parking privado, datos éstos muy a tener en cuenta pues todo ello favorece la relajación del cliente ya incluso antes de acceder al local. Cruzamos una bonita zona ajardinada y nos plantamos frente a la puerta de acceso. Es un portalón grande, de madera, con las iniciales de la marca talladas en acero. Por el tamaño de la misma, más que acceder a L’Escaleta, parece que nos adentramos en la mismísima Escala de Milán.

Ya en el interior contrasta el estilo moderno y minimalista de la recepción y la zona de los servicios con el clasicismo que impera en la zona de los salones: maderas, artesonados, ladrillo “caravista”… Respeto al pasado y visión actual. Las mesas vestidas impecablemente y aparejos mínimos sobre ella (servilleta, copa de agua y cubiertos de aperitivo).

La recepción es cordial y amable desde el primer instante. Se contacta rápidamente con el equipo. Tres son las personas que llevaron el servicio ese día, incluyendo al propio Alberto. Se nos entrega la carta y se deja un tiempo adecuado para su lectura y conocimiento: hay una buena oferta de platos para personalizar la comanda y tres propuestas de menú degustación que aumentan proporcionalmente en precio y número de platos. Optamos por la opción más larga: SABOER (Sabor + saber). Son siete degustaciones saladas y dos dulces.

- Turrón salado: Snack al que se le podría aplicar la etiqueta tan recurrida últimamente de “trampantojo”. La apariencia es puramente la del turrón de Jijona. Incluso su sabor, con fuerte presencia de la almendra, no se aleja tanto de su “inspirador”. En el replicante, la pasta de turrón es una argamasa de textura sorprendente, muy parecida al “styropor”. Más impactante que rico en sí.

- Queso fresco en aceite de oliva: Pequeño cuenco en el que descansa una bolita de queso fresco de apariencia similar al feta sobre un lecho de aceite de oliva. Snack refrescante y sabroso.

- Sagí con hierbas: Aperitivo clásico de la casa: Un buen lingote de manteca de cerdo con presencia considerable de hierbas aromáticas de la montaña mediterránea servido al centro de la mesa acompañado de un pan redondo y plano también para compartir entre los comensales. Hay que hacer acopio de personalidad para decirse a uno mismo: para de comer, deja un poco para los demás, así no vas a llegar al final del menú… Puro vicio.

- Yema de huevo con hueva en salazón: Juego de palabras y juego acertado de sabores: el huevo y la hueva. Plato salino que despierta las papilas gustativas. La yema, de concentración extrema y textura cuasi sólida, se digiere mucho mejor en compañía de unas migas que decoran el plato.

- Anguila ahumada, endivia, chirivía y algarroba: Presentación atrayente en forma de flor gigante o cogollo construido con las hojas de la endivia. Su concepción circular, del centro hacia fuera, salvando las distancias, me trae recuerdos del mandala degustado hace unos meses en el Celler. Entre las hojas amargas y que a nadie dejan indiferente unos generosos tacos incrustados de anguila ahumada. Deliciosa esta última. El sabor rompedor del vegetal intenta domesticarse con una vinagreta de algarroba que resulta de sabor dulzón. Un plato con personalidad.

- Ostra volcánica: El nombre del plato, según nos explica Kiko Moyá (recientemente nominado a Premio Nacional de Gastronomía), es el pretexto para poder presentar al comensal una ostra caliente. Se recrea la elevación típica que genera un volcán con una costra de sal volcánica. El cráter, a su vez, viene representado por la misma cáscara de la ostra que se presenta a temperatura elevada. Una opción arriesgada que, como tal, puede gustar o dejar de hacerlo. Yo me posiciono más en el segundo grupo y no acabó de convencerme la combinación de temperatura y viscosidad resultante. Cuestión de gustos.

- Holandesa de mostaza con hierbas: Plato que podríamos situar a medio camino entre una crema y una ensalada. Una creación nuevamente sobre la cuerda floja. Admirable el nivel de atrevimiento. En este caso, sin embargó, a mí me encantó. Plato moderno en el que la holandesa actúa como aliño de las hierbas, con fuerte presencia de la rúcula, y, al mismo tiempo, a la inversa: las hojas ejercen como condimento de la crema. Potencia en el sabor y extraña pero resultona combinación de lo amargo que aporta la rúcula con los matices avinagrados y picantes de la mostaza que, según nos dicen, proviene de la misma Sierra de Mariola.

- Rape con infusión de arroz vénere: Un descanso después de tanto atrevimiento, un plato fino, elegante, contenido… sobre el lecho de la infusión de arroz de sabor suave, se presenta un lomito de rape con cocción mínima y un ligero toque ahumado que le aporta carácter para dejar de ser un bocado más. Un acierto.

- Arroz meloso de pilpil de merluza: los arroces degustados últimamente en casa de Ricard Camarena, en el restaurante Mulandhara o en el Quique Dacosta me atrevo a decir que podemos hablar ya de los “arroces de última generación”. En ellos se buscan nuevas texturas (ya no es un seco, ni un meloso, ni un caldoso), nuevos ingredientes (la mostaza, el sésamo, el hinojo) y nuevos sabores. Este arroz de Kiko se encuentra a medio camino entre los arroces melosos y este último tipo de preparaciones. El pil pil le aporta una untuosidad extrema, de aquella que se te quedan los labios pegados. El sabor no es punzante como en otros platos degustados en esta sentada pero la intensidad viene por doquier. Su degustación nos supone un auténtico disfrute.

- Pichón, holandesa de azafrán, rosas y hierbas: Las lonchas del pichón se presentan de manera finísima y sin apenas cocción (solo un momento al vacío). Estamos frente a un “cuasi-carpaccio”. Tampoco encontramos temperatura en él. Se trata, sin duda, de “un pichón de verano” lejos de la concepción contundente que asociamos a los platos carnívoros. Quizá por ello, por no encontrar aquello que uno espera (malditos clichés), el plato no me emociona especialmente. El mismo maitre nos comenta que tal vez se ha renunciado un poco a la intensidad en pos de una creación más gourmet, atractiva, sugerente, armoniosa…

- Brioche: Otro de los trampantojos del festín, este de gran vistosidad y marcada originalidad. Se emula el sabor de la brioche clásica a partir de la recreación visual del origen de la misma: ante cada comensal se coloca un bol de aluminio bastante alto en cuyo fondo reposa aquello que parece mantequilla, un montón de harina y levadura y una yema de huevo. Solo se echa de menos la varilla de batir pero, tal como se nos avisa, se aconseja hacer justo lo contrario a aquello que incita el visionado del plato. Es decir, no hay que remover los ingredientes y mejor tomarlos uno a uno. Postre de dulzor contenida que resulta un auténtico portento técnico sin dejar de lado el sabor.

- Supermousse de chocolate con café y avellanas: Otra presentación espectacular nos llega a la mesa. Ante cada uno nos colocan un plato con un algo que se asemeja a una porción gigante de bizcocho de chocolate que fácilmente alcanza los 12/15 cm de altura. Aquello que se antoja como un plato pesado, difícil de terminárselo, resulta ligero y goloso pues la recreación del bizcocho es una mouse etérea que se desvanece fácilmente en boca. Bravo.

La sensación al acabar es que la extensión del menú es muy acertada. Llegamos al final del menú en condiciones óptimas, saciados pero no hartos. La propuesta en conjunto se estructura sobre los pilares del arraigo, el sabor y la técnica. Hay guiños evidentes al producto local como las hierbas, el aceite, el turrón, los salazones… Se apuesta evidentemente por sabores con personalidad. Pruebas evidentes de ello son la endivia, la mostaza, la ostra… Y hay sin lugar a dudas unas técnicas aplicadas que, si bien no se sitúan en las últimas corrientes de vanguardia, favorecen y mejoran el trato del producto: la infusión de arroz Vénere, la cocción al vacío, los postres… Todo ello nos lleva a sentir cuando pensamos nuevamente en el nombre que Kiko ha dado a este menú: SABOER.

Decidimos declinar el maridaje del menú por diversas causas y optamos por comer con la compañía de algún vino blanco. Pedimos consejo a Alberto sobre algo interesante de la zona de Galicia y nos ofreció Nicolás 2010 – Bodegas Tricó – Rias Baixas. El propio sumiller nos invitó a acompañar algún plato en particular con alguna copa de vino un pelín diferente, propuesta que aceptamos de buen grado. Así pudimos degustar:

• Amontillado La Bota – Navazos (Huevo y hueva en salazón).
• Imagine Giró (garnacha) – Gutiérrez de la Vega (Pichón).
• Cabaletta – Moscatel (Brioche).
• Niepoort 20 (Super mousse).

Quienes conocen bien a Alberto Redrado (Premio Nacional de Gastronomía 2009) saben de su bagaje y su manera personal de ponerlo en práctica. En los círculos gastronómicos más reconocidos se habla que estamos frente al mejor sumiller de estas tierras aunque, a renglón seguido, casi siempre se hace mención a ese carácter humilde, tímido, introvertido… Alberto se acerca sigilosamente a la mesa, se incomoda si tiene que interrumpir la conversación de los comensales, habla bajo, fijando su mirada en la botella, la coge con cariño y, con sus palabras, te transporta a los viñedos donde fue concebido el vino, al momento en que se vendimió, a la bodega donde maduró… Un auténtico placer escucharle.

Tras tomar unos cafés en la terraza disfrutando de la magnífica tarde que hacía y del delicioso chocolate con el que acompañan éstos, dejamos la casa tres horas después de nuestra llegada con la sensación de no habernos equivocado en la elección. En L’Escaleta se está a gusto y se come muy bien. Hoy por hoy, yo no le pido mucho más a un restaurante.

Podéis leer esta crónica acompañada de fotografías en el blog VinoWine

L'Escaleta
Servicio del vino: 10 10
Comida: 10 10
Entorno: 10 10
Calidad-Precio: 8.5 10
9.6 10

Vinsimes 19/05/14 22:18

Fecha de visita*: 02/03/14
Precio por persona: 140.0

No recordaba tan lejano el último viaje gastronómico en L'Escaleta Anterior visita Escaleta pero resulta que ya había pasado año y medio, a veces la vida pasa demasiado rápido y no nos damos cuenta, lo que si tengo claro es que no volveré a pasar otro año y medio en volver a ir. Varios son los motivos:

Como podéis observar la anterior visita fue en junio (con un menú algo más fresco) y esta fue el 9 de marzo, no hizo frío en especial ese día, pero como podéis ver por las fotos, nos cambiaron el menú completo.
Poder probar más de 20 platos y que casi todos sean de un nivel sobresaliente, con la excepción de algunos que sobresalen aún más, no creo que esté a la altura de muchos restaurantes.
El precio de los vinos es de los mejores de la comunidad, y con el menú maridaje disfrutas de unos excepcionales vinos, con una relación calidad precio muy grande, y de una de las mejores bodegas de España, 4000 botellas seleccionadas.

Morcilla casera con cacao.
El pan casero con segí (manteca con hierbas)
Un platazo, yema curada con huevas
Crema de alcachofas

Maridaron perfectamente con la Bota de Fino 35
Probamos el Chenin de Richard Leroy Les Noels de Monbenalt 2012, y hay que reconocer que fue una grata sorpresa, muy rico con volumen, acidez y pese a la juventud, muy disfrutable. Marketing a parte, un gran vino

Endivia, anguila ahumada y algarroba.
Impresionante pastisset de boniato (el boniato pasa al exterior) y dentro es un guiso de ternera y trufa. Para comer a docenas.
Raya a la mantequilla y alcaparras. Tanto lo clásico como lo moderno lo trabajan de forma espectacular en l'Escaleta.

Otra sorpresa Peyre Rose Syrah Leone 2004, simplemente quiero indicar que compréis todas las botellas que podáis, ya me diréis porqué. Arroz ligado con holandesa de sangre y trufa.

Liebre a la royal, cacao, trufa y jamón de liebre casero.

Kurni 1998, ideal para la liebre a la royal, aunque se oxidaba rápidamente, dio muy buena talla.

Idig Auslese 2007 de Christmann y Casta Diva Cosecha Miel para los postres.

Tomamos unas copas de Egly Ouriet con el aperitivo falso turrón en la terraza, y durante toda la comida tomamos el champagne de Jerome Prevost Rosado Fac-simil 2008, su primer rosado, y la verdad es que fue un gran acierto.

Mientras algunos tomaban unos GT, pude saborear un Vino de Paja de Mas Jullien, 2004, La Mejanne impresionante vino.

FOTOS Y REPORTAJE COMO SIEMPRE
http://vinsimes.blogspot.com.es/2014/05/lescaleta-cocentaina-menu-de-cacao-caza.html

PD: Se de buena tinta que todo el mundo que he enviado, le ha gustado, es un sitio recomendable.
PD2:Nosotros estuvimos el día siguiente a Almolo, jaja, coincidencias.

L'Escaleta
Servicio del vino: 10 10
Comida: 10 10
Entorno: 10 10
Calidad-Precio: 8.5 10
9.6 10

Irium3 10/05/14 10:54

Fecha de visita*: 09/05/14
Precio por persona: 107.0

Repito comentario un año y medio después del último.

Anoche fui con mi marido al que para mi, de los mejores restaurantes de la provincia, por no decir más.

Tienen 2 opciones, carta y 3 menús (45€, 60€, 90€). Nosotros fuimos a carta.
De aperitivo, en la terraza, tomamos una copa de champagne Tarlan y nos sacaron su clásico turrón salado con almendra amarga y una tapa de leche de almendra. Ahí comienza el festival.
Tranquilamente te sacan la carta (precios con IVA incluido), te aconsejan y te toman nota, y pasas al salón. Todo tipo de detalle está perfectamente medido, cristalería Riedel incluida. Te sacan siempre pan que hacen ellos a la leña, manteca casera con romero y aceite que en este caso era Masía el altet. La carta de vinos, como dicen por ahí, la enciclopedia de vino, a unos precios más que competentes, precio de bodega más 4-5€ . Esta vez nos decantamos por un cava, Colet extra brut riquísimo (31€ la botella)

Pedimos pues bonito marinado sobre ajo blanco. (Tapa individual 8€ pp)
Setas de temporada con yema de huevo pochada y panceta ahumada (9€ pp) solamente recordándo ahora el olor y el sabor flipo...

Chipirones con habitas (12€ pp) puntos de cocción y sabor perfectos. Claro, la mayoría de verduras y especies provienen de huertos propios o muy cercanos y eso se nota una barbaridad. (Perdón por la foto, pero ya le había metido mano al plato...)

Pasamos a la gamba roja (36€ los 230g q pesaron las 4 gambas). Este sin comentarios... A mi paladar, ni la de Quique d'acosta. Está sobre una cama de sal con aroma a cítrico y hecha en su punto, jugosa, perfecta.
Tomamos de plato principal media ración de pichón reposado sobre rosas azafrán y hiervas locales. (16€ pp) Otro nivel. Como un carpaccio pero más grueso, con todos los sabores integrados, pero más que cocinado está como marinado. Lo brasean 1ro y luego al vacío durante 24h.

Pude por fin llegar a los quesos que nunca llego (17€ el plato) y te sacan y explican todos los quesos y seleccionas 5 que son ordenados debidamente. Se acompañan de membrillo que hacen ellos.

De postre su interpretación del brioche (9€ el plato) en este punto yo ya no podía más pero no pude resistirme. Brutal.

Luego, unas infusiones de tomillo con miel (2€ pp) que nos encantan con lo q sacan su clásica tableta de chocolate hecha por ellos, esta vez nos tocó de chocolate 70% con quicos. Y finalmente ya nos fuimos como 3horas más tarde.

Total 107€ pp, lo que me parece una RCP muy buena teniendo en cuenta el nivelazo del homanje. Como decía en el título, me reafirmo y creo que está en un momento ascendente. Una estrella michelin, q se me hace corta incluso.

L'Escaleta
Servicio del vino: 8.5 10
Comida: 10 10
Entorno: 10 10
Calidad-Precio: 8.5 10
9.3 10

Abreunvinito 14/04/14 10:47

Fecha de visita*: 30/01/14

Un lugar de los que no hay que perderse; necesario ir al menos alguna vez en la vida, como dijo quien eligió local. Si has conseguido llegar sin perderte, te encuentras con una entrada diferente, elegante y que con un buen día de invierno invita a esperar en la terraza cercana a la puerta de entrada a la casa de campo en que está ubicado el restaurante estrellado en el mejor sentido: una estrella Michelín.

Un marco perfecto para la espera de los compañeros de fatigas y un amable servicio que nos trae un curioso pica pica de almendras/turron, similar al clásico turrón de Alicante -el duro de toda la vida- pero con punto salado y con almendra amarga, acompañado con un buen fino que va para amontillado: la bota de fino 24 del equipo Navazos.
Va llegando el personal y casi te sabe mal entrar por lo bien que se estaba fuera, pero no hemos venido a tomar el sol, así que los 4 para dentro.
Local de ambiente clásico y elegante, que al final de la comida pudimos visitar con más detalle y con una mesa Cero para sesiones más intensas, dentro de la cocina donde el equipo de Kiko y Alberto se explayan a sus anchas creativas sin que tengas que decidir nada.
Estábamos solos en el salon y eso que ganamos nosotros, ya que fue una comida disfrutada y comentada, casi particularizada, con buenas anécdotas de los buenos tiempos mejores.

Tres menús a elegir: Saber, Sabor y Saboer. El primero con 4 platos y selección de quesos; el segundo con 5 platos y 2 postres y el tercero que amplía los platos a 7. Optamos por el intermedio pero añadimos los quesos. Un extraordinario pan artesano acompañado de manteca de hierbas aromáticas donde destacaba la presencia de romero, por supuesto, de la Sierra Mariola que nos rodea; un pan destinado a empujar todo para dentro..

Segundo aperitivo ya en la mesa: morcilla de cebolla caramelizada con cacao, servida en plato-piedra. Un leve puto dulce de la morcilla que gusta incluso a quien no le gusta la morcilla; a mí, me dieron en el centro de la diana. Acompañamos con cerveza, de la zona: Spigha con su color tostado, su buena espuma, y de Alcoi.

La carta de vinos tiene más de enciclopedia que de carta. Si fuera carta, en correos iría como paquete exprés porque pesará más de un kilo. Puedes elegir no solo vinos, sino también añadas. Merece ir antes y sentarte en la terraza a leerla tranquilamente. Nos fuimos hacia lo desconocido:
En primer lugar arrancamos con blanco, Ctònia 2009, una garnacha blanca de Masia Serra. Un tinto Mas de Masos 1998, un Priorato mucho más joven de lo que parecía por la añada como ya nos advirtieron. La Mejanne 2004 de Mas Jullien. Tampoco faltó agua esta vez de Benasal

Vamos entrando en materia: Hummus de alcachofa asada y aceite de regaliz sobre un plato blanco al que contrasta en color, con textura semisólida y pleno de sabor como corresponde a la alcachofa en su mejor época.
Yema de huevo en salazón , aliño de garun & hueva de atún, bien aromatizado, con la yema madurada en soja.
Pastisset de boniato, el cual estaba por fuera formando una especie de empanadilla y relleno de pata de ternera & trufa negra; una envoltura perfecta para un contenido de intenso sabor.

Entramos en principales: Salmonete sobre su suquet, leche de almendras y hojas de limonero. Mediterráneo puro en texturas y contrastes.
Presa de ibérico ahumada y asada con cenizas de cebolla. Gran creatividad con buen producto.

Unos quesos de temporada que lamentablemente se acabó la batería del móvil y por tanto, la libreta de apuntes y fotos; así que desarmado del todo, me entregué al disfrute y la relajación.

En postres: la Manzana de hielo; esa manzana que al corte tiene el corazón traslúcido como si se hubiera helado.
El segundo postre: Supermousse de chocolate con café y avellanas; asusta cuando lo ves venir, mide casi un palmo por encima del plato y dices que será imposible de acabar pero resulta que tiene mucho aire y un leve punto de avellana por dentro, y al final no queda nada en el plato. La estética es aparatosa.

Buenos cafés y los chocolates clásicos de L´Escaleta en su caja y que te sirven de merienda.
No era cuestión de acompañar con tinto, así que pasamos a líquidos dulces que fueron dos pero que no dispongo de datos, aunque no descarto recuperarlos de algún compañero de fatigas que lea ésto. De memoria diría que la supermousse se acompañó de un Oporto.

Un disfrute en un sitio apartado pero con una cocina y una bodega de campeonato. Fue el partido de la previa para la escapada a la mini maraton de Madrid (Casino, Allard y DiverXO en cena, comida y cena seguidos) con 7 estrellas en poco más de 48 horas desde la comida del jueves -ésta- hasta la cena del sábado. Empezamos muy bien.

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