Restaurante L'Alquimista en Valencia

Restaurante L'Alquimista

Datos de L'Alquimista
Precio Medio:
25 €
Valoración Media:
7.2 10
Servicio del vino:
5.7 10
Comida:
8.4 10
Entorno:
5.6 10
Calidad-precio:
8.4 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Valencia
Localidad: Valencia
Zona: L'Eixample
Dirección: Luis Santangel, 1
Código postal: 46005
Tipo de cocina: Italiana
Vino por copas:
Precio desde 17,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Martes, domingo noche

Teléfono


37 Opiniones de L'Alquimista

A pesar de que hace algún tiempo que no podemos visitar restaurantes tenía pendiente valorar este al que trato de ir siempre que puedo, especialmente cuando me apetece auténtica pasta italiana. 

Situado el barrio de Ruzafa, L'Alquimista es un restaurante muy pequeño con apenas cinco mesas de distinto tamaño en una ubicación que permite ver la elaboración de la pasta y del resto de los platos. También disponen de una pequeña terraza.

Tienen un menú de degustación que incluye habitualmente cuatro entrantes y luego tres platos de pasta que se comparten ya que se sirven en el recipiente en que han sido cocinados, lo cual permite mantener temperatura y además le da un toque casero muy agradable.

Entre los habituales distintos tipos de piadina de gran nivel, vitelo tonnato y otros platos originales antes de llegar a la pasta fresca que podremos disfrutar en diferentes elaboraciones pero siempre a un nivel muy alto. También la lasaña es destacable. 

Al final vale la pena dejarse llevar ya que con la pasta nunca hay fallo, te puede gustar más o menos pero el nivel es muy alto y la pasta, a mi entender, es la mejor de la ciudad. 

También a tener en cuenta los vinos, Mario siempre tiene a mano alguna sorpresa, algún vino original y diferente, con una apuesta clara a los "vinos naturales" que conforman una atractiva carta que acompaña muy bien y añade valor a la comida.

Los postres también de gran nivel, tiramisú y otras tartas caseras siempre muy ricas.

El servicio familiar, cercano, buen pan, café y detalles.

Un lugar para comer, para disfrutar especialmente de la pasta fresca y los vinos naturales.

Gracias Mario por hacernos siempre felices.

Las mesas han cambiado perdiendo numero de potenciales clientes pero ganando muchisimo en comodidad, amplitud.

La carta de comidas contiene 3 menús, a saber: Romagna (15€ sin bebida) que incluye piadina, sarten de raviolis, sarten de pappardelle y crema de mascarpone. Menú Alquimista (20€ sin bebida) con entrantes frios y calientes, 3 sartenes de pasta fresca de la casa y postres caseros. Menú con maridaje incluido (35€ maridaje inlcuido) con entrantes frios y calientes, sartenes de pasta fresca a tu gusto, postres caseros, café, agua y digestivo. Un buen pan de focaccia acompaña la comida en la que destacan las sartenes para compartir al centro

Tres para comer y al menú largo y más con vinos incluidos que sabemos que iremos de sorpresa en sorpresa. Unas cervezas previas (Bibock una ligera de trigo) y avantti per tutti:

. piadina de jamón y queso trinchada: con jamón cocido al horno a baja temperatura. Buena y facilona de gustar como aperitivo de la casa servido en una madera y cortada.

. entrantes: compuesto por 3 platos diferentes: carne a la piamontesa: ternera cocida y cortada finamente con salsa verde. Queso de burrata, clásico pero muy elegante de sabor. Flan de parmesano con chalota agridulce, algo espectacular de sabor e imprrescindible de conocer. Para beber la Choza Callejuela, un blanco de Cádiz muy interesante

. sarten de pasta cortada a mano con alubias y parmesano: la pasta era casi como arroz, para comer con cuchara; sorprendente y sabrosa. Para beber Cucú un verdejo untuoso servido en magnum

. sarten de cappeletto (sombrero) in brodo: pasta rellena de queso parmesano cocida en caldo de carne, salvia, col al dente. Acompaña un extraño vino italiano titno fermetado en botella, sin etiqueta conocida de la Az.agr. Costadila artcoltura que no nos gustó nada.

. sarten de spaguetto alla chitarra al pesce: spaguettis caseros cocidos con salsa de pescado y con almejas. Para beber un magnum de tinto de Ribera, llamado Colección 880 cosecha 2015 de la Finca Los Frailes

. como había ganitas nos propone una sarten extra: garganello de espinacas una pasta a modo de canutillos (como la manguera de cables de la luz) y carne con setas: con la pasta muy al dente pero muy sabrosa. Para beber un argentino de uva  Bonarda Pura 2013 llamado VIa Revolucionaria que recuerda a las aceitunas negras, sensación de sidra, muy raro.

. crema de mascarpone con tarta de melocotón y bizcocho de chocolate. Para beber, lo mas friki, en botella de barro (con hueco para apoyar el dedo al servir) una uva tardana muy madura y macerada con jengibre, llamado Bengibre hecho en la Portera cerca de Requena. Raro no, lo siguiente, pero curioso y bueno que invita a seguir bebiendo.

Unos cafés finales más el agua. No se cobró ningún extra, incluyendo la sartén añadida que suponiamos que eran 3 como en el menú inferior.

 

Cambios en el personal de sala y reestructuración de la carta, pero con el mismo resultado. Ahora además de la carta propiamente dicha, tienen 3 menús a 15, 20 y 35€. El de 20€ es el antiguo menú degustación que consta de varios entrantes, las 3 sartenes de pasta y el variado de postres.
Empezamos con dos dobles de Estrella Galicia y los tres entrantes. La siempre reconfortante piadina, en esta ocasión con mortadela, mozzarella y rúcula . Vista y no vista.
Muy buena la ensaladilla de pollo de corral acompañada de un ligero escabeche, menos sorprendente pero adecuado el tartar de aguacate con piñones y pasas . Buen surtido de panes para flanquear los entrantes: focaccia y una torta muy fina similar al pan ácimo.
Las tres sartenes de pasta : la rellena, agnolotti (creo) con ternera y espinacas, tallarines con clóchinas y tomate y los pappardelle con ragú de javalí. Muy buena la pasta como siempre, especialmente los pappardelle. Las pastas regadas con un par de copas de un tinto italiano de baja graduación 10,5º que sirven por copas que cumplió perfectamente.
El platito con tres postres: pastel de chocolate, la crema de mascarpone y la tarta de manzana. Algo dulce para concluir sin mucho más.

Cocina reconfortante que gusta a (casi) todo el mundo. La pasta está deliciosa. Siempre que lo visito salgo contento.

Había perdido la cuenta de todas las veces que había intentado comer en este sitio, pero como siempre llamaba a ultima hora, la respuesta era invariante: “lo siento, estamos llenos” "¿Pero esto que es, El Bulli?" Al principio recibes la bofetada con resignación, pero cuando empieza a convertirse en costumbre, te cabreas y tiras la toalla: ¡¡che tu, a fer la ma!!

Pero por la boca muere el pez... y los que cometemos gula. Un cierto martes de hace unos meses, leyendo una de las crónicas precedentes (gracias Abreunvinito), aparece en el relato la Franciacorta. Al instante, se activa cierta zona del cerebro y aquel plan que habías desterrado tiempo atras se convierte de repente en una necesidad vital. Llamo inmediatamente, pregunto por el sábado a mediodía y me indican que solo queda una mesa para el segundo turno (15:15) que acaban de anular. Me lanzo al ruedo y reservo directamente para 4 personas. Acto seguido ejerzo de “reventa” con unos amigos a los que estamos intentando atraer a este lado ¿oscuro? de la gastronomía y que tras un par de buenas experiencias, cada vez se dejan seducir más: “Este sábado toca pasta buena y Franciacorta ¿os apuntáis?”

Llegamos un poco antes con la esperanza (infundada) de que alguien hubiera terminado pronto. Junto a la puerta una pizarra advierte “si quieres disfrutar un montón, pide nuestro menú degustación”. Mola. Este menú consta de 4 entrantes al centro, 2 o 3 pastas (*) y postre por 20€ pax, bebida no incluida.

Una vez dentro y a pesar de estar perfectamente descrito en los comentarios precedentes, no deja de sorprender lo minúsculo (y aprovechado) del local, aunque eso sí, todo vestigio de materia orgánica situada a la vista, luce espectacular. Al ver la carta de vinos y a pesar de mi escaso bagaje en el apartado enológico, me dio una excelente impresión, porque pude observar entre otros, un Barollo, dos Franciacortas, un par de Valdeorras y un Táganan. Doy por supuesto que contaba con más propuestas dignas de mención, que seguramente no supe apreciar. Nos decidimos por un Franciacorta La Montina extra brut que maridó perfectamente con la pasta.

Como anécdota, al pedir el espumoso nos ofrecieron muy amablemente una alternativa de la que solamente les quedaba un ejemplar (lo siento, no recuerdo el nombre). Esta es la típica situación en la que, seguramente con la mejor de las intenciones, tratan de ofrecerte un producto equivalente pero que se sale un poco de lo habitual. En el 99% de las ocasiones hubiéramos aceptado encantados solamente por aquello de la sorpresa-novedad, pero como íbamos con el plan “Franciacorta+pasta” en mente, nos rajamos y lo dejamos pasar, aunque solamente por el detalle creo que merecen esta mención.

Entrantes:
1.- Piadinas variadas
2.- Tartar de aguacate y pasas
3.- Flan de parmesano y trufa
4.- Tartar de potro con mango

Entrantes correctos y de bocado fácil, destacando sobre todo el flan de parmesano y trufa. El único problema es que a las 15:15 nos duraron un suspiro, a pesar de ir con el “freno de mano” puesto.

5.-Pasta e Fagioli
Ante mi incapacidad de retener toda la explicación que recibimos en italiano, solo puedo decir que me gustó. Se trata de un plato de aspecto quizá poco amable, muy autentico y absolutamente fuera de las preparaciones habituales. Se acompañó de una emulsión picante para añadir al gusto, que triunfó. Según nos comentaron, este plato había sido publicado en la prensa porque son los únicos que lo preparan en Valencia. Hay que probarlo.

6.-Pasta rellena de cochinillo
Una pasta cuyo nombre no recuerdo, similar a los tortellinis, con relleno de cochinillo. Se realiza una cocción de cochinillo de un par de horas de duración y después con los jugos y la carne desmenuzada se hace el relleno. El ansia por probarlo nubló nuestras mentes y en la imagen podéis ver el momento exacto en el que nos acordamos de hacer la foto.

Se acaba el segundo plato de pasta y cuando bajón ya es inevitable, “aparece” lo que seguramente sería un ángel con forma de camarero y dice:
-¿Tenéis hambre, queréis otra pasta?
-¿De verdad nos lo dice a nosotros?
-Si
-Si


La aparición inesperada de algo tan bueno en tu mesa, provoca un subidón similar a que tu equipo marque en el último minuto. El gol vale lo mismo que en el minuto 1, pero la alegría no es la misma. En este último acto nos deleitaron con una versión de pasta alle vongole a base de mejillones y taperas que, siendo de receta sencilla, nos supo a gloria. (*) Al final de la comida comprobamos en la cuenta que esta tercera pasta, no afectó al precio del menú. Gol de oro.

Con el regusto de la pasta en la mente, traen un variadito de postres bastante apañado, aunque a esas alturas, el partido ya lo habíamos ganado.

En definitiva este local es como los buenos perfumes, donde el tamaño del frasco es inversamente proporcional a la calidad de la esencia. Si te gusta la pasta de verdad, debes probar este local. Si te gusta mucho, como es mi caso, además debes volver, aunque sea difícil conseguir mesa.

Muy de acuerdo con el comentario anterior de Javi, del local ya se ha hablado suficiente, pequeño, apenas cinco mesas y con la sensación de que vas a lo que vas, comer bien. Buena carta de vinos, con especial mención al apartado de vinos naturales, tomamos como no el Taganan Blanco 2014, además a muy buen precio. Excelente pan y servicio atento por parte de Nicola, cercano y cuidado.
El menú de degustación de pasta muy adecuado para hacerse una idea de lo que se cuece en el Alquimista.
Empezamos con una rica piadina de mortadela y rúcula para seguir con dos entrantes para compartir, la ensalada de búfala con pollo de corral, plato lleno de matices y un sorprendente tartar de aguacate refrescante, ideal para estos días.
Empieza la pasta con unos cappelleti de parmesano y espinacas, el punto de la pasta perfecto, el relleno equilibrado y el conjunto soberbio. A continuación falso risoto de ventresca, el arroz sustituido por pasta de su tamaño y el resultado un plato cremoso, complejo y muy sabroso. Para terminar farfalle ragú y fungi, de nuevo el punto de la pasta excelente, se impone el sabor a setas que personalmente me encanta, para disfrutar.
De postre un poco de tarta de chocolate, de manzana y crema mascarpone, todo ello casero, buen colofón a una gran comida.
Buen café y la grappa la dejo para otro día.

Hacía mucho que queríamos visitar uno de los templos valencianos de la pasta fresca. Reservamos con tiempo de antelación porque al ser un local de reducidas dimensiones y una calidad contrastada en sus platos hay bastante demanda.

Llegamos a las 14 h. Vimos en esa cocina vista como estaban dando los últimos toques a la pasta fresca antes de la llegada de los comensales. El local son 5 mesas pero la distancia entre ellas es suficiente. Correctos todos los detalles de sobremesa y buenas copas. Todos los productos de cocina son de Rávena. Aquí veníamos a comer pasta y por el menú degustación de pasta nos decidimos. La carta de vinos es sorprendente para el local que estamos, al menos a nosotros nos pareció llamativa. El trato muy bueno desde el minuto 1 preocupándose en todo instante por nuestras sensaciones. Servicio ágil y diligente.

Al centro una bandeja de ricos panes caseros de la zona.

Comida

- Piadina de mortadella, rúcula y queso

- Flan de parmesano y trufa

- Ternera hervida con salsa verde casera

- Pasta e fagioli

- Cappelletti con zanahoria biologica al pesto

- Tagliolini de setas y trufa

En este instante acuden y nos dicen si tenemos hueco para otro plato de pasta. No hay dudas de la respuesta...

- Pappardella al ragù de jabalí

Postre

- Tripostre de Tarta de manzana, tarta de chocolate y crema mascarpone

Vinos

- Barbera d'Asti 2013 de Enrico Serafino

- Táganan 2014 de Envínate

Me pareció todo tan delicioso y vibrante que no me apetece comentar los platos sino indicar que la experiencia global sobretodo de la comida fue sublime. Todos los platos con una ejecución y de un sabroso de escándalo. La cocción, la textura y el sabor perfecto. Aquí no solo hay materia prima de excelente nivel, también hay calidad en los fogones.

Tal y como comenté la bodega bien surtida y con referencias interesantes. Se nota que valoran el vino y especialmente vinos que maridan con los platos que proponen.

Y del precio que me decís? 80 € 2 pax bien comidos y bebidos. Un lujazo!!!

  • Pappardella al ragù de jabalí

    Pappardella al ragù de jabalí

  • Tagliolini de setas y trufa

    Tagliolini de setas y trufa

  • Cappelletti con zanahoria biologica al pesto

    Cappelletti con zanahoria biologica al pesto

  • Pasta e fagioli

    Pasta e fagioli

  • Ternera hervida con salsa verde casera

    Ternera hervida con salsa verde casera

  • Piadina de mortadella, rúcula y queso

    Piadina de mortadella, rúcula y queso

Local muy descrito pero que hay que verlo. Aprovechamiento máximo del espacio (la barra y la cocina casi iguala el espacio del comedor) dejan sitio para pocas mesas estrechas para sentarse y al paso, lleno en los dos turnos de comida. Pero.... consiguen un ambiente casi de familia italiana con una pasta casi perfecta que la puedes ver elaborar desde la calle mientras esperas con cerveza en mano que los del primer turno se levanten.

En sala, incluyendo algún cocinero como Davile al servicio por bajas inesperadas, acabas ganando en explicación y en conocimiento de la propia cocina.
Una carta de vinos interesante, con referencias poco conocidas (además de otras más esperadas) con algún guiño hacia Italia pero sin saturar.

¿La carta de comidas? Pues varia mucho cada día, así que mejor quedarte con la propuesta de menú del día con la seguridad que no repetirás de otras veces.

Cuatro para comer, ajustados en la mesa para no golpearte con la barra y que no te arrastraran a la salida, decidimos disfrutar del comercio y del bebercio.
Comida al centro a compartir con buen cambio de platos y en menor grado de cubiertos.
Un muy buen pan con queso y buen aceite

Al centro:
. piadina (como una empanadilla) de harina de Ravena, requeson, tomate fresco, mortadella y trufa. Se olía la trufa al servirla; buena presencia de sabores y buena armonía de elementos.
. flan de parmesano con alcachofa y agrodulce de charlota
. tartar de aguacate con piñones y uvas pasas
. tartar de carne de potro con un trampantojo de huevo frito hecho con mango
. cateleto (o algo así) romagna relleno de cochinillo con salsa de trufa y queso de cabra curado en cueva durante 4-6 meses
. spaguetti guitarra con pescado; intenso de sabor con fondo picante peor incorporado bien en la pasta en la que cada elemento por separado merece la pena pero que en conjunto se potencian. Intenso.

Le retamos a seguir y nos añadió:
. ravioli de espinacas con jabalí marinado en café. El café que le aporta aroma y se agradece, le resta profundidad de sabor a la carne quedando algo insípida lo cual es raro en este tipo de carne; por otro lado, muy melosa y extraordinario el envoltorio de los raviolis que vimos hacerse desde la calle. Se puede sacar más partido de este plato.

Postres:
. tarta de chocolate con chocolate: buena para los chocolateros
. tarta de manzana con canela y limón: sorprendente, no satura por el punto cítrico.
. crema de mascarpone con amaretto. El mejor. necesitamos repetir en ración individual que compartimos y se acabó.

En la parte líquida y dado que el precio del menú (20€) permite estirarse en los vinos que está con precios contenidos, elegimos, tras las cervezas de inicio, con un espumoso de método tradicional (vamos lo que aqui llamariamos un cava) La Montina extra brut, de Franciacorta que acompañó muy bien la pasta suave inicial.
Para la intensidad de los espaguettis y para el jabalí, nos fuimos a un básico (pero recomendable) Barolo del 2010 llamado Resa 56.
En los postres y por recomendación de la casa: Tokaj 4 puttonyos, un Pellegrino Passito di Petinello de uva extramadura, casi oro y un tinto suave Recioto della Valpolicella 2011.
Incluso una grappa Solesia Altavita de solo 42º con los cafés.

Un rato final de comentarios nos dió para probar por cortesía de la casa un muy curioso vino de jengibre de Requena y un vino de naranja.

Si te gusta la pasta, debes conocer este lugar.

Hay que ver que cierto es ese dicho de que uno está más guapo (o menos feo) calladito. No hacía ni una semana que echaba pestes y juraba no volver a entrar en el juego de los restaurantes con sistema de doble turno, y… me desdije más rápido que deprisa.

Tenía mucho interés en conocer esta propuesta y mi familia aún más (jamás les llevo a un italiano, y a ellas les encantan) y… --“O a las 13.30h o a las 15.15h”. ¡Meeeeecag… No me…! ¡Cualquiera les dice ahora a esas tres tigresas que no las llevo! --”Pues venga, dame a las 15’15h”. La anterior vez que comento y linkeo elegí el primer turno y me quedé con la copa a medias, pues vamos a probar el segundo turno, oye.

No sé qué es peor. Si quedarte con la copa a medias o llegar cargados de aperitivos para aguantar hasta esas horas y encima tener que esperar en la puerta 10 minutos junto con el resto de ansiosos clientes de ese segundo turno mientras arreglan las mesas que se resisten a abandonar los del primer turno.

No voy a decir otra vez que no vuelvo a ir a uno de estos porque luego me pasa lo que me pasa… Pero me entran unas ganas…

Bueno, vamos al lío.

Es un local con mucho sabor, y uno no sabe muy bien el motivo, pues es minúsculo, modesto y constreñido. 5 mesas. O estás pegado a la cocina a la vista o a la entrada, no hay más.

Tiene detallitos que le dan un puntillo, como esa parecilla rojo vivo, ese par de básculas antiguas colgantes de mercado, esa estrecha repisa/barra casual sobre la que hay dispuestos libros, revistas, frascos de conservas de alcachofas y tomatitos…

La atmósfera es cálida, “vivida”, amigable.

A la entrada ponía algo así como “Si quieres disfrutar un montón, pide el menú degustación”. Lo tomamos, tomamos el Menú Degustación de ese día, lo van variando pero por lo que comentaron el esqueleto es siempre similar, terminando indefectiblemente con dos pastas que pueden ser tres si te quedas con hambre (lo que no sé es si en este caso te suben el precio)

Crescioni de hierbas y queso.
Piadina de mortadela con trufa, rúcula y queso.
Flan de parmesano y alcachofas.
Steak tartar de potro con calabacín.
Ensaladilla de pollo de corral.
Lasaña de la casa.
Cappelletto de tigreros y longaniza.
Tartas caseras (chocolate, canela y mascarpone).

Nos lo recomendaron efusivamente unos buenos amigos al comentarles que yo jamás iba a un italiano, que me aburrían, que me parecía monocromática su cocina. Agradezco de verdad el consejo, comimos de maravilla, es cocina italiana, sí, y fuera de Italia, sí, pero no puede ser más casera, variada y auténtica. Centra el tiro en la pasta fresca, soberbia, y en las especialidades de Ravenna, se donde es originario el dueño del negocio.

No puedo decir otra cosa que no sea que estaba todo riquísimo y presentado con humildad pero con gracia.

Comenzamos con el crescioni y la piadina, servidos sobre el corte transversal de un tronco de árbol, dos tipos de “empanadas” italianas, brutal el crescioni con un potente sabor a hierbas provenzales; seguimos con el flan, churruscadito por encima, la parte donde se refugiaba el parmesano, y jugosísimo en su zócalo, con la alcachofa omnipresente; llegó el steak tartar de potro, que rellenaba desbordante cortes también longitudinales de calabacín horneado y horadado; llegó el turno de la ensaladilla, sabrosa y fresca, se agradeció ese punto “limpio” mediado ya el festín; y las dos pastas, una tras otra, presentadas en grandes sartenes de aluminio al centro, con una espumadera para servirte, potente la lasaña y originales, sápidos y adictivos los cappelletto, una especie de ravioli pero con un doblado más, con forma de entre sobre y saquito, con esa acertada combinación de salchicha fresca y trigueros, y bañados con una trabada salsa de queso… un espectáculo; y cerramos con las tartas caseras, sí, había hueco para ellas, forzando pero lo había.

Tomamos un blanco italiano de la variedad pecorino (lleva a confusión con el queso, parece ser que su nombre viene de que a las ovejas locales, de raza pécora, les encantaba merendarse las uvas) Belisario Pecorino Terre di Chieti 2013 que nos resultó agradable, quizás algo cortito pero con buen balanceo cítrico/frutal. Sin mimo alguno en su trato.

El servicio resultó un tanto atropellado, se trata del propio dueño que va de un lado a otro a toda pastilla con las sartenes para arriba y para abajo… Se mueve en muy pocos metros, pero hace muchos kilómetros. Un tipo correcto y expeditivo que te dedica el mínimo tiempo, poco para satisfacer mi curiosidad e inquietud culinaria habitual.

Me hizo mucha gracia la forma de presentar la cuenta, en un minicarrito metálico de supermercado.

Si tuviera que basarme exclusivamente en la comida, diría aquello de “volveré sin duda”. Si a este juicio le añado la variable de la incomodidad que sufrimos una familia de “patis larguis” como la nuestra, diría aquello de “quizás vuelva”. Y si sumo el sistema de doble turno pues diría aquello de… “será difícil que vuelva”… pese a lo bien que se come, insisto.

The L’alquimista is a precious Italian bistro placed in a cool, vibrant neighborhood.
Simplemente deliciosa.
We went there almost each day of our Valencia holiday.
The food is simply amazing, what they can do with simple ingredients…mmmh, super tasty and delicious. I’m still dreaming about it. If only they would deliver internationally. :) :) :)
The place is cozy and nice; it’s small, so it’s best you book in advance.
But totally worth it because everything is fresh and top quality.
It’s like having your own private delicious culinary experience.
The pasta is made by them, the bread as well, the cheese…and some of the dishes really remind me of my nonna’s cooking.
The guys are friendly and nice and always so welcoming, with a smile on their faces.
I really recommend it.

p.s.: oh, and the cappuccino is great, too !

El mejor italiano en el que he comido (tras residir 3 meses en Florencia) está escondido en L'Eixample valenciano. Aquí, un trío de raveneses elaboran una exquisita comida casera y pasta auténtica como sólo la he comido en Italia. El restaurante es muy pequeño y sólo dispone de 5 mesas, lo cual hace que el servicio sea atento y muy cercano, explicando cómo se elabora cada plato y los ingredientes que contienen. Nosotros reservamos un menú degustación de 17,50 (por teléfono nos recomendaron esta opción, ya que la pasta se hace al momento) y salimos encantados.

De entrantes comimos:
- Piadina rellena de mortadella, provolone fundido, rúcula y trufa. Sencilla pero efectiva, y muy rica, con el puntito de la trufa rallada.
- Tartar de aguacate con piñones y pasas: Adictivo incluso para servidor que no es fan del aguacate. Refrescante, y con el contrapunto picante de la pimienta negra. Fantástico
- Huevo a baja temperatura con cama de patata, trigueros y jamón. Perfecto el punto del huevo y la cama de patata, sabrosa y con el punto del pimentón. Riquísimo.

Y entramos con la pasta (servida directamente en la sartén donde se elabora)

- Agnolotti relleno de calabaza y carne con salsa de mantequilla y salvia: Nada que ver con tortellinis prefabricados. Una salsa finísima con el contrapunto fresco de la salvia, que casa de vicio con la pasta. La que menos nos entusiasmo sin embargo.

- Passatelli con ragú: Un tipo de pasta que apenas se ve en España, con una textura parecida a los gnocchi. La salsa, tipo boloñesa, deliciosa, para no parar si no fuera porque a estas alturas ya estabamos llenos.

- Pese a no poder más, el camarero nos sacó una especie de spaghettis con tomates cherry y salsa de pesto escandalosamente buenos que probamos por cortesía.

Y para rematar, la mejor tarta de manzana que habré comido y una crema de mascarpone con amaretto que era para hacerles un monumento.

Impecable atención, comida fabulosa y con agua y 2 cortados por 20€/pax. De risa.

Gracias al blogger que nos recomendó el local, un acierto pleno. Recomendado con fervor.

PD. No tomamos vino, así que no lo valoro. Aún así, la oferta escasilla.

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