Restaurante Riff en Valencia

Restaurante Riff

Datos de Riff
Precio Medio:
73 €
Valoración Media:
7.4 10
Servicio del vino:
7.4 10
Comida:
7.7 10
Entorno:
7.4 10
Calidad-precio:
7.0 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Valencia
Localidad: Valencia
Zona: L'Eixample
Dirección: Calle Conde Altea, 18.
Código postal: 46005
Tipo de cocina: De mercado, Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 27,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Mes de agosto

Teléfono


91 Opiniones de Riff

He estado pensando poner este comentario a un restaurante con estrella Michelín, ya que supongo que si la tiene es porque se la merece, pero finalmente me he decidido porque a mí personalmente me ha defraudado, pues me esperaba otra cosa.

Visita sábado noche con reserva previa; tras un largo pasillo llegamos a la sala. Ésta es algo pequeña y algunas mesas están muy juntas, otras sin embargo están separadas por una especie de visillo y ello les da un poco de intimidad.

Pues bien, había tres mesas libres y nos colocan en la peor que queda: se trata de la mesa que hay justo al lado de la puerta de la cocina, con el trasiego de camareros entrando y saliendo con los platos; tras cinco minutos sentados no aguantamos más y le preguntamos a una camarera (parece que es la somelier) si nos puede sentar en otra mesa, en concreto, en una que está separada por los visillos. Tras pensárselo un poco y comprobar el libro de reservas nos dice que sí, pero antes nos cuenta la historia de que esa mesa está reservada desde hace una semana por una pareja que quería celebrar algo y que parece que se está retrasando; al final de la noche no apareció nadie. La verdad no entiendo qué hace una mesa en ese lugar, justo en la salida de la cocina, ya que cenar ahí tiene que ser un sufrimiento.

En cuanto a los vinos, nos trae un libraco con un montón de referencias, finalmente nos decidimos por un vino alemán, Nussdorfer Herrenberg Spätlese trocken 2010 de uva Gewürztraminer que marcaba un precio de 22,50 € (era de lo más barato que había en carta). No nos aconsejan sobre la elección del vino. Un detalle que no nos gustó fue cuando el dueño y cocinero se acerca a la mesa para tomar nota de lo qué queríamos y aparta la servilleta que cubría el vino en la cubitera para ver qué vino habíamos pedido y nos hace una pequeña sonrisa; a lo mejor esperaba que hubiéramos pedido un vino más caro.

Una vez sentados en la mesa buena nos traen la carta y nos decidimos por el Menú Riff, que consta de unas tapas, cinco platos y postre.

Las tapas eran:

- Rodaja de mojama con mahonesa de almendra: la mojama estaba buena, la camarera nos cuenta que la tienen secando no sé cuanto tiempo.
- Rodaja de zanahoria y una salsita para mojar: nos cuenta que se trata de una zanahoria vieja que la cultivan con unas semillas muy antiguas. Se trata de una zanahoria normal.
- Dos trocitos de salchicha alemana, acompañada de una vichissoise: salchicha normalita, como la que puedas encontrar en otro sitio.

Terminamos las tapas, que haciendo una valoración de las mismas no aportan nada culinariamente hablando, exceptuando quizás la mahonesa de almendra, que nunca la había probado.

Pasamos a los platos:

1.- Tartar de bonito con mostaza y huevas de trucha: muy buen producto, materia fresca y sabor muy conseguido; fue el mejor plato de la noche.

2.- Espárrago blanco de Tudela, con yema de huevo cocida y una salsa: plato que no sabía a nada, yema normalita, en fin, un plato para olvidar.

3.- Pescado: dentón con semillas y ragú de chochinas: escasa cantidad, pero el pescado estaba muy bueno, fresco; encima del pescado había como una especie de galleta de pipas.

4.- Arroz brut (sucio): aquí vemos que se acercan con unos platos grandes y hondos en el centro, pensamos que vamos a comer una cantidad razonable de arroz cuando nos damos cuenta del truco: al meter el tenedor en el plato nos damos cuenta de que se trata de un falso hondo, apenas hay medio centímetro de hondura y sólo hay cantidad para tres cucharas. Se trata de un arroz blanco espolvoreado con tinta de calamar, y estaba bueno, pero es que creo que si hubieran puesto un poco más de cantidad no se hubiera resentido la cuenta de resultados del Restaurante.

5.- Y ahora llega el plato estrella de la noche: Ternera de Avila asado con canela, cilantro seco y ajo. El nombre del plato es inversamente proporcional al tamaño del trocito de la carne; la soledad del trocito de carne en ese inmenso plato, sin una triste guarnición de verdura, o unas patatitas que le hicieran compañía. Corto el trocito en tres minitrocitos para alargar un poco el tiempo de comer. De verdad que no entiendo este plato, pues quedaba visualmente ridículo.

Eso sí, hambre no pasamos porque nos hinchamos de pan, de hecho, los camareros servían la ración de pan antes incluso de que te hubieras comido el anterior, y si en un Restaurante te tienes que hinchar de pan, mala señal. El servicio del pan se cobró a 3 euros por persona.

De postre: fresitas con un trozo de chocolate, que estaba bueno. Esperábamos un postre más elaborado, algo que sorprendiera, pero no.

En resumen, buen producto, escasa cantidad, en algunos casos cantidades ridículas y poca elaboración de los platos ya que lo que prima es la calidad del producto. Salimos con una sensación de no haber visto la estrella michelín por ningún sitio, y con la certeza de que no volveremos. Hay en Valencia Restaurantes sin estrella que elaboran mejores platos.

Como anécdota, había varias mesas que estaban ocupadas por comensales que hablaban la lengua de nuestra querida Merkel, no sé si será algo habitual en este Restaurante por el hecho de que su dueño y cocinero es alemán, pero si no llegan a ser por estas personas el Restaurante hubiera estado casi vacío.

Hacía tiempo que quería probar este restaurante y eso a veces crea demasiadas expectativas. No importa, me encantó. Lugar y servicio muy agradables, aunque demasiado serios para mi gusto. Entrantes y detalles cuidados. En el menú, empezar con el tartar de lubina me avisaba de que iba a ser una cena llena de buenas sorpresas, y terminar con un cordero asado durante 36 horas daba el broche final perfecto.
Cuando llegamos nos pusieron unas aceitunas buenísimas, unas rosquilletas artesanas y una teja de arroz inflado. Luego, los entrantes fueron un vasito de una vichissoise ligerísima y muy sabrosa, y unos trocitos de salchicha de pollo estilo alemán caseras. El tartar de lubina estaba combinado con trocitos de calabacín y zanahoria, mostaza y huevas de trucha. Luego un espárrago blanco con espuma de mozzarella y huevo a baja temperatura, espolvoreado de hueva de atún picada. El pescado fue pagre asado con semillas sobre un tartar de moluscos. Después el mítico arroz brut de sepia, hay que probarlo al menos una vez en la vida. Y el cordero al final, que, aunque el menú ponía cerdo, lo habían cambiado. Los postres también muy buenos, pero quizá no tan elaborados. Espuma de piña y papaya, y pastel de chocolate y nueces de macadamia con fresas. Otros detalles: si pides una cerveza, tal cual, te sirven una Altura de Vuelo, menos comercial. Para celebrar.

Everything was basically cooked to perfection at Riff, but not everything was that interesting.
Before our "menu Riff" at €59, we started out with plenty of amuses bouches, first in the form of a slice of smoked tuna with mayonnaise made without eggs and with almond oil. Neither was anything out of the ordinary, and the mayonnaise had no flavour at all.
The third amouse bouche, karrywurst made with chicken, was a lot better. There was a bit too much marjoram in there, but otherwise they had really, really nice flavour. Accompanying it we had a celeriac soup with caramelised sweet onions, which was very simple, but really, really delicious. It was very light and foamy and perfectly balanced. Those two things could easily be expanded into a dish on its own, as it actually was some of the best food we had all night.

Our first proper course, tuna tartar, was admittedly something I wouldn't have chosen if it had been a la carte. Although I like sushi, I practically never eat raw fish, as it tends to be very low on flavour. The same here. There were a few mushrooms on top, which didn't have much flavour either, and the few dots of mayonnaise were simply not enough.
Then in came my favourite: Smoked potato mash with squid. The dish was a little bit too salty, but otherwise really great. The lightly smoked potatoes matched the sweet squid great. One thing I would change though, besides the amount of salt, was that I would serve it with more of the small very tender tentacles (there was only one) than the larger, more chewy, ones (there were three).
Next course was fish. As I didn't like mussels, they gave me one with beans instead. The fish was covered with seeds (sesame, sunflower, etc.), which produced a great result. The seeds did overpower the fish a little bit, but I didn't care. This was great! The accompanying beans were fine, but nothing spectacular at all. Nevertheless, they worked quite well with the fish.

Complementary of the kitchen, we had an extra course, which was skate with lentils and a vinaigrette of potatoes. The skate itself had very nice flavour and texture, but the rest was quite forgettable.
Then came my least favourite of the night: "Creamy rice with oyster". Eating this dish, I realised that I don't like oyster, but that's my business. Reading "creamy rice" on the menu, I had expected something like a risotto. Instead, we got something like paella rice in a soupy liquid. It wasn't creamy at all. The flavour of the rice seemed a little bit like a paella, but not quite as good as the best ones, and as there was just one oyster and the rest was just rice, I quickly lost interest. This was also my companion's least favourite.

Luckily, this disappointment was followed by the second best course of the evening: Lamb. I had expected a small, artsy slice/tournedos of lamb accompanied by something, but it was simply a big slab of meat with nothing but one semi-dried tomato on top. Then they poured a sauce with Arabian spices around it. I had to ask about the spices afterwards, as I could only taste cumin. Apparently, it also contained coriander and cinnamon. The lamb itself was wonderful. They had cooked it for 36 hours at 62 degrees, and the result was an extremely tender slab of meat. Definitely, some of the best lamb I have ever had!

Then again we had an extra course in the form of a small glass of mango mousse with a bit of chocolate + roasted macadamia nuts on the side. The mango was a little bit too sour for me, and the chocolate seemed almost absent, but nevertheless quite nice.
Our real dessert was ice cream accompanied by lychees and a rosewater jelly. The texture of the ice cream was simply to die for, but not the flavour. Even though I didn't mix it with the other components, I simply couldn't place the flavour. I think it was lemon. Using lemon a lot myself, I know that too much lemon juice can easily make something uneatable because of the sourness, so maybe they didn't want to overdo it here. It was simply too mild. It did also taste a little bit like UHT cream, but as I can't seem to find fresh cream anywhere in Valencia (or maybe all of Spain?), Riff probably had the same problem. The rose water jelly was not my thing. To me, rose water can easily seem like eating a bar of soap, and if you use it, you should be very, very careful with the amount. Here it was too much for me too. Pairing it with lychees, however, was a great, although maybe obvious, choice.
After the dessert we had a simple, small chocolate muffin. The chocolate flavour was very well balanced.

Then there was wine, service and value. Service was good enough to get a tip, but for me the language was the main barrier (I really, really need to learn Spanish). A young waitress did speak a little bit of English, but the older waitress who was in charge of the wine didn't seem to speak any English, and she didn't seem very happy either. I really liked, however, that the chef came out and took our orders, asked if we would like to change something in the menu, served some of the dishes, and asked us about the food we had eaten. My Spanish companion seemed to basically agree with me about the food, but maybe he enjoyed the service more as he speaks Spanish.
What I really liked about Sangonereta, La Sucursal, and Victor Gutiérrez in Salamanca was that I explained to them what type of wine I liked, and then they let me try two different ones before I decided. Here they didn't really ask (baring in mind the language barrier, though), they just served something. I suppose we could just have asked, but my companion and I each had two glasses of wine, and his were apparently 8 euro each, whereas mine were only 5 each. Charging us for bread seemed a bit silly, as they only served us two slices each, and one of them was an accompaniment to the amuses bouches. The second slice was very plain (which was probably why we only ate those two slices), but apparently we couldn't chose from a range like in certain other restaurants. Despite the wine and bread, the amount of "extras" in the form of food did make the value better. €59 for the menu, and we ended up paying €77 each.

All in all, despite my criticism a very nice meal that made us very full. Very good produce, but not always paired with the most interesting accompaniments. Michelin restaurants tend to serve mild food to make sure it's "perfect", but I prefer more intensity (although not spicy food). Therefore, my best meal in Valencia was still at Sangonereta, also because my memory of my meal at Riff faded a bit quickly. Riff would rate number 3 (after Ca' Sento). Although not perfect, I would like to come to Riff again someday.

  • Ice cream with rose water jelly and lychees

  • Smoked potato mash with squid

  • Karrywurst

Desamiado tiempo sin volve a la mesa de Riff. Tal vez el no vivir en Valencia, y el hecho de que en los últimos años las novedades que iban apareciendo me dejaran siempre a Riff como "para la próxima".
Desde el principio, el largo menú que nos propone Bernd, sabemos que va a gustarnos. Los detalles hablan de un cocinero que ha ido enriqueciendo sus técnicas y se muestra sólido, muy sólido, en todas sus preparaciones.
Un servicio que participa, y si ahora corta una delicada mojama con notas de pimentón, luego expica el vino o habla del pan. Uno de esos servicios que sin resultar pesados, está atento y hace que "ser cliente" sea una posición agradable y deseada.
Algunos platos hacen que piense que estoy ante un cocinero muy maduro, que ha dejado el espectáculo para centrarse en sabores que envualven al paladar sin sorpresas, como si todo fuera natural. Como si los platos de ostras debieran ser siempre así. O esa ensalada templada, pero donde la palabra templada gana sentido, con unas quisquillas apenas calientes, y la castaña jugando un bipolar juego de contraste textura y profundidad sápida.
Ante el erizo/parmesano me viene a la cabeza la cocina de Bottura, ante el magre y semillas una personalísimas manera de tratar el pescado, con un punto de cocción espectacular.
El arroz brut habla de un concepto muy novedoso en el tratamiento de los arroces. Por una parte lo exterior al grano. Por otro lo que esconde. Aquí todo es sensación marina.
Marido la larga comida con vinos casi siete vinos.
Me divierto, pienso, degusto, dialogo con el cocinero a través de sus propuestas. Y me atrevo a afirmar, sin rubor, que Bernd, merece estar en una línea de cocineros valorados más altos, todavía, del que ahora mismo se encuentra. No quiero pensar en los existentes juegos de intereses, promocionales o no, que practican diversos críticos. Pero aquí nos encontramos ante una cocina muy avanzada, conocedora de lo que sucede en el mundo, atenta. Cada vez menos dispuestas a jugar por centrarse en sabores, que al final, serán los que recuerde el cliente.
No se lo pierdan. Bernd está en estado de gracia.

Cena de sábado por la noche en pareja. Pedimos el menú grande. El principio fue muy prometedor. Ostra con granizado de algas; ensalada de puntillas con allioli ligero, trompetas y berros; ibérico joselito con trufa y piñones y cigala con tabella, berenjena y tomate. Todos estos platos bien ensamblados, con producto de primera, conjunción de sabores, texturas, presentación... podríamos calificarlos de sobresalientes. Si embargo, a partir de aquí, el menú se fue desinflando poco a poco. El arroz "brut" bastante bien. El rape con canela , cilantro y hummus de guisantes, flojito, tanta especia apaga el sabor del pescado. La carne (cordero asado con especias) lo más flojito, con una cocción pasadita, nada melosa. Los postres también pasaron sin pena ni gloria.
Todo acompañado con una botella de cava Justo Villanueva y dos copitas de riesling dulce heiner para los postres.
Por el precio que se paga creo que la RCP esta demasiado alta (115 euros/persona). La comida bien, pero algo irregular para este precio. Ya se ha comentado que los vinos estan a precio de tienda X 2,5-3. Se nos cobraron 6 euros por el pan (que apenas probamos).
Quizás haya segunda oportunidad, pero será dentro de bastante tiempo...

Hemos ido a comer varias veces al Riff, una de ellas a la carta, las otras 4-5 veces al menú corto (yo siempre maridado, mi mujer alguna vez sólo con agua). Pero el sabado 23 junto con otra pareja nos decantamos por el menu largo y como bebida, además de agua, champagne (disfrutamos de tres botellas, más las copas de bienvenida). Todo un lujo, un lugar al que hay que ir, si se pueden desenvolsar los 120 Euros/per a los que salimos.
Amplia mesas, servicio atento y más que correcto el Chef salio al menos en tres ocasiones a explicarlos los platos más novedosos.

Mi primera vez en el Riff, y mi primera crítica en Verema. Acudimos el pasado viernes 17 a cenar, eramos dos personas.
Empezamos tomando una copa de Champagne como aperitivo, y pedimos dos entrantes, un pulpo y unas puntillas, los dos platos muy correctos, bien servidos y con un punto original tanto en su presentación como en el sabor.
Luego yo pedí una fideuá negra, fideos de cabello de angel, con sepia de playa, y trozitos de cigala, posiblemente el mejor plato de todos, mi novia pidió un dentón, no conocía este pez y tiene un sabor exquisito.
Terminamos con 2 cafés, y un mousse de chocolate caliente.
En el vino nos dejamos aconsejar y tomamos un Riesling del Palatinado, no conocía este tipo de vinos y merece la pena probarlos, me gustó tanto el aroma como el sabor, suave pero con carácter.
El Riff es un sitio donde se cena cómodamente, las mesas son sencillas y amplias, la decoración es cálida y el servicio es muy atento pero sin tener la sensación de agobio que se puede tener en este tipo de restaurantes.
Muy recomendable para celebrar una cena especial.

Esta semana acudí a Riff con mi mujer para probar el menú Cuina Oberta. Fue una cena.

Para empezar, los típicos snacks del Riff: olivas negras, unas rosquilletas y un crujiente de algo que no he sabido determinar. Para ir haciendo boca.

Tras los snacks ha llegado la sopa de ajo con huevo a baja temperatura. Delicioso. Cualquier parecido con una sopa de ajo al uso es pura casualidad. Muy buena.

Tras la sopa, vino la patata (puré) con papada de cerdo. Muy buena también, con un regusto a humo que le da un toque magnífico a la propuesta.

Después llegó uno de los platos principales, Maultäschle, que vienen a ser los dim sum alemanes. Una pasta muy delicada rellena de espinacas y carne. Nos gustó bastante.

Para terminar, una pescadilla con espelta y pan crujiente. Para mí, pese a ser el plato principal, fue el más flojo de la noche, un tanto insípido. Si lo hubieran combinado con quinoa especiada (al curry, por ejemplo) o con una aceite de guindilla, hubiera quedado mucho más redondo.

A los postres nos sirvieron un original arroz con leche deconstruido, un yogur con vainilla y unos cuantos cacahuetes garrapiñados. El arroz con leche, muy bien, lo demás no era para tirar cohetes.

Para empezar tomamos un par de Cruzcampo Gran Reserva. Luego nos decantamos por un mar de copas de Mauro 2006 pues no nos veíamos con ganas de meternos una botella de vino entre pecho y espalda.

Cosas que no me han gustado y deberían cambiar:

Se supone que Cuina Oberta es un menú cerrado, por lo que no me parece de recibo que cobren 3 euros/persona por el servicio de pan. Esto debería estar incluído en el menú.

No sé por qué en esta edición de Cuina Oberta han dejado de obsequiar con la cerveza Cruzcampo. Sería un detalle. Cuesta 2,5 euros cada botellín, pero no entiendo su patrocinio si al final te toca pagarla.

También me ha parecido excesivo el precio del vino por copas: 2 Mauro 2006, a 9 euros por copa. 18 en total. Una pasada. El servicio del vino por copas, inexistente. La sirven sin más.

La carta de vinos, interesante pero disparada de precio. Veo bien que un restaurante cobre por sus creaciones culinarias, pero no es normal que una botella de vino, que no requiere apenas más manipulación que dejarla en la cava, llegue a la carta a 3 veces su precio en tienda.

En resumen: nos ha gustado bastante la comida, el servicio, el trato, el ambiente... Por otro lado creo que se pasan con los extras, da la sensación de que quieren recuperar parte de lo que pierden en este menú bonificado (si es que esto es así, no lo tengo tan claro). Repetiremos, no sé si a la carta o en el próximo Cuina Oberta.

En esta ocasión Bernd ha traido al nuevo dos estrellas asturiano de Casa Marcial.
Menú con sabor asturiano. Con bastantes aciertos pero también algún punto fallido como una merluza seca por exceso de tiempo y fuera de su lugar en el orden cronológico de los platos.
Empezamos con una croqueta de jamón, correcta, un erizo al natural con algas, muy bueno, unas verduras de cocido tiernas y frescas con una mayonesa de su propio caldo, muy buenas pero escasas, les siguieron unos callos de bacalao al pil pil y después la citada merluza. Después la imprescindible fabada y dos postres que no entusiasmaron, un tocinilo de muscovado y un arroz con leche.
Para beber este dificil menú un vino tinto alemán Cuvée purpurrot barrique 2006 de Heiner Sauer. Echamos en falta un maridaje por copas o una buena sidra.
Una cena en la que había puesto muchas expectativas y que siendo buena me dejó algo insatisfecho.

http://www.ojoalplato.com/archives/2900

  • callos de bacalao

  • oricios al natural

  • verduras frescas de cocido

Era un día especial, Kristian Lutaud fue invitado por Bernd Knöller para celebrar sus 30 años de profesión cocinando en el restaurante de su amigo.
El menú era cerrado, diez platos salados y dos postres. Precio 75 euros, bebidas no incluídas.
La propuesta era interesante, aunque el resultado tuvo algún altibajo.
Había apuestas arriesgadas, como la bullabesa de conejo, sigo sin entender que se buscaba. Otras sin embargo, siendo también comprometidas, estuvieron muy bien resueltas, como el ajoblanco con cigalita y tocino fritos.
Para beber tomamos un cava Elisabet Raventós. Me parece siempre magnífico, sobre todo teniendo en cuenta su precio en la tienda, y además era lo más adecuado para un menú de estas caracteristicas.
El servicio de sala me pareció bueno y la atención al vino también.
Es la primera vez que he venido al RIFF, pero tengo pendiente probar la cocina auténtica de Bernd.

http://www.ojoalplato.com/archives/2641

  • bullabesa de conejo

  • Curry de calamar con citricos

  • ajoblanco con cigala y tocino

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