Restaurante Riff en Valencia

Restaurante Riff

Datos de Riff
Precio Medio:
73 €
Valoración Media:
7.4 10
Servicio del vino:
7.4 10
Comida:
7.7 10
Entorno:
7.4 10
Calidad-precio:
7.0 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Valencia
Localidad: Valencia
Zona: L'Eixample
Dirección: Calle Conde Altea, 18.
Código postal: 46005
Tipo de cocina: De mercado, Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 27,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Mes de agosto

Teléfono


91 Opiniones de Riff

Acudimos el pasado 27-12-2008 con ganas de conocer la cocina del Sr. Knoller, y salimos muy satisfechos. El local es francamente agradable y acogedor. Distancia entre mesas optima, parabanes de tonos calidos reforzando la sensacion de privacidad, y excelente vajilla, cuberteria (plata en el plato de caza), manteleria y copas. El servicio excelente. Cercano, proximo, afable y, en especial la sumiller, seria, sensata y con buen gusto. Optamos por el menu de invierno (69 € pax), principiando los entrantes de la casa con una copita de champagne (Baron Fth GR, 9 €). Examinamos la carta de vinos, magnifica, pero a precios desorbitados. Como muestra, Alion 04 a 70 €, Aalto a 53 € o Baltasar Gracian a 20, si no recuerdo mal. Como queriamos probar un blanco aleman, nos dejamos sorprender por la sumiller, que opto por un memorable Schieferrterrasen 2006 (37 €), pletorico, fresco, flores con terciopelo. El menu se compone de Tzatziki (flojo para mi gusto, demasiado helado el yogur, el sabor de la ostra difuso), ensalada de foie gras con trufa, alcachofas y manzana caramelizada (francamente bueno, aunque la alcachofa mandaba demasiado) y sofrito de pan con setas, acelgas y conejo (una especie de gazpacho manchego, muy rico). Pasamos al vimo tinto, eligiendo un Enate Merloto-Merlot 2002 (39 €), del que dimos buena cuenta. Potente, regaliz, notas de cuero, largo. Un vinazo. Seguimos con el arroz meloso con liebre y boletus (mas que bueno), la lecha al horno con jugo de remolacha roja, trigo y brotes (fantastico contraste) y el lomo de ciervo con castañas y granadas (encantador, en su punto). Pedimos un queso artesano que no me dijo nada (el Campo de Belmonte de Manglano aun esta muy presente, jejejeje) y el tiramisu flojito. Un PX Venerable academico y un Gin-Tonic y salimos por la puerta grande, tras 4 horas de agape. La cuenta, eso si, se fue a los 297 euros, pero como era mi cumpleaños no miramos pelo. Caro, pero todo de nota alta. E insisto, el servicio impecable.

Cena con amigos en la ciudad. Elegimos este restaurante porque nos parece una gran labor la de este chico. Disfrutamos en casi todos los platos, lo pasamos genial saboreándolos y comentándolos. El precio correcto para el disfrute. Al igual que no puedo entender la estrella de vertical, la de este la aplaudo y me llena de satisfacción.

Nos habían hablado bien de este restaurante, incluso antes de la consecución de la laureada "estrella michelín" y decidimos conocerlo. Al entrar no nos solicitan los abrigos (lo comento porque nos dimos cuenta después, que fuimos los únicos a los que no nos los pidieron); nada más sentarnos nos damos cuenta que un vaso está roto y se lo comunicamos al camarero, el cual hace un comentario como si no fuese la primera vez que ocurre; cuando nos sirven las copas de vino, también nos percatamos de que están ,más que sucias (mal secadas, relejes), mal presentadas. Nos miramos mi mujer y yo y nos extrañamos de todas estas "circunstancias". Cuando nos traen la carta, nos comunican que hay un menú de mediodía con opción a que sea maridado. Nos decantamos por él. Elegimos cada uno de los posibles platos para poder probarlo todo. La calidad de la comida está aceptable, aunque no sorprende en absoluto.El arroz con liebre está sabroso y el huevo escalfado también. Sin embargo, uno piensa o al menos va con la intención a este tipo de restaurantes, precisamente para eso, para que le sorprendan.Para que los sabores se queden grabados en la memoria y se puedan recordar. Pues no, nada de eso. Lo que sorprende son otras cosas: en el postre nos dan a probar unos vinos dulces que el camarero no sabía de donde procedían (confunde un Málaga Virgen con un Utiel-Requena); la jefa de sala me comenta si quiero acompañar los quesos "franceses" (por cierto bastante insulsos)con una copa de Oporto, le digo que sí, pero lo que no queda claro es si el oporto entra en el precio de los quesos o no.Sin embargo para rematar la, supongo, "mala fortuna", un niño con un coche de juguete se pasó la última parte de la comida empujándolo de aquí para allá por el suelo del restaurante, con la molestia que ello conlleva. Los padres muy tranquilos. Para acabar decir que no veo por ninguna parte la estrella michelín. Ni en el servicio, que ha de superarse y esmerarse en hacer bien su trabajo (por ejemplo una mayor implicación del cmarero a la hora de la presentación de los platos); ni en la calidad de la comida.Y el jefe del restaurante (Bernd Knöller ) estar más atento a que estos hechos no se conviertan, ahora que empieza una nueva etapa, en un retroceso.

Visitamos este restaurante un dia entre semana para probar el menú de mediodía y hemos quedado con ganas de volver a probar mas platos, ya que el menú nos ha gustado mucho.
Primer y segundo plato y postre a elegir entre dos opciones y detallitos de la casa en los aperitivos (una cremita de judias y pimentón muy rica y un berberecho con tomate y una espuma también muy acertado, con un pan de aceite delicioso). Mi primer plato era una morcilla con puré de patatas y agunas verduras mas, bastante acertado, mi madre tomó unas pencas con algo de pescado que no recuerdo, muy buenas también. Seguimos con un arroz con boletus y ella con un salmon. El arroz en su punto, al dente y bastante sabroso. De postre tiramisú, muy bueno y un espectacular helado de mandarina en una sopa de moscatel y menta que suponía una perfecta y fresca combinación de sabores y texturas. Muy buen café acompañado de otro detallito de nata, mousse de capuccino y una especie de migas de brownie crujientes. Tomamos el menú maridado (35€ con 3 vinos), bastante acertados.
El servicio del vino muy correcto, buenas copas y amplia carta, con bastantes referencias al pais del "jefe". Los precios de los vinos algo elevados.

  • Helado de mandarina

  • Arroz con boletus

  • Morcilla con puré de patata

-Primera vez que visitaba la casa y la verdad no me lleve ninguna decepcion,buena comida,buena materia prima y se nota que Bernd sabe lo que hace.
En sala me gusto mucho la labor de Paquita,en todo momento sabe lo que hace,comedida,humana,pienso que un valor seguro esta mujer.
Sobre la comida hubieron platos como el foie servido en un curioso y original envase de cristal con verduras muy bueno que parecia como si te estuvieras comiendo un yogurt,me gusto,la viera con una sopa de pepino tambien estuvo bien aunque yo apenas la hubiera pasado por los fuegos,el platon de pichon espectacular,enorme,hubo un plato de sardina marinada bueno y ya creo que mi alzheimer no da para mas,pero en definita muy bien.
Hubo un gazpacho de sangria bueno pero sin mas pretensiones ya que para mi el mejor es el de tomate y nos empeñamos en relegar al numero 1 de gazpachos y a dia de hoy imposible,entiendo que experimenten.
De los postres no dire nada ya que para mi fueron normalitos sin decir nada,pienso que no estan a la altura del salado.
Bebi un champagne Francois Hermant creo que se llama asi y si no disculpen,me gusto mucho!!,muy bueno,fue una sorpresa para mi.
Por cierto el cafe de cine,me gusto mucho,que buen papel hace este complemento,enorabuena!!
Por ultimo no me gusto la camarera que servia los platos y como los presentaba,parecia como un f1 pero sin pasion,aseptica y artificial,en definitiva un buen restaurante en Valencia donde saben hacer las cosas como el loco de Bernd.
Lo que no entiendo es que de pronto te pongan de musica a Carmen Paris y de pronto cambien a un solo de piano,pero son cosas que solo lo saben ellos,me gusto mucho el detalle de la cortina por la intimidad,muy acertado!

Bernd Knoller es generoso, inquieto, entusiasta, exigente y un gran cocinero.
Es absurdo decir que este restaurante es caro, solo hay que darse cuenta del producto que te ofrece y de la elaboración de cada plato y, por supuesto, comparar.
Bernd organiza actividades, todas ellas interesantes (cursos de cocina, visitas de otros grandes cocineros, colaboraciones, tienda de productos gourmet...) y que siempre te incitan a hacerle otra visita.
Somos clientes suyos desde hace más de 10 años, y nunca nos ha decepcionado. Todo en el Riff es de gran calidad: la atención, el ambiente, el servicio y, por supuesto, lo más importante, la cocina.
Es genial escucharle presentar sus nuevas recetas, o los productos nuevos con los que está experimentando, y probar cada año sus nuevas creaciones.
Su cocina es original, tiene personalidad propia: estamos hartos de copiones, en el Riff se adaptan las nuevas técnicas a un estilo propio...no se mezclan nuevos ingredientes porque sí, se cuida muchísimo el pescado (gran maltratado habitualmente) y, madre mía, que arroces está preparando ultimamente...
Para nosotros, el mejor restaurante de Valencia, sin duda.

Acudimos a comer al Riff, con altas expectativas, después de repasar las históricas opiniones del foro. Se llama al timbre y acompañado de una solemnidad embriagadora y tras cruzar un túnel de paz y calma, acabas desembocando en un salón pulcro y acogedor. Buena disposición de las mesas. De la comida? Pues lo cierto es que abrumadora su elegancia y estilo. Optamos por un menú confeccionado por nosotros mismos. Tienes una serie de platos y tu orquestas como quieres la presentación. Tomamos para comenzar un aperitivo (obsequio de la casa); 4 platos cada uno; un queso para compartir; Riesling muy original; dos postres con su correspondiente vino botritizado alemán y dos tés.Todo delicioso. Increibles texturas, maravillosos puntos de cocción y magnifica la materia prima. La experiencia inolvidable y sin duda para repetir. Altisimo nivel exhibido en este restaurante. 80 € pax.

Hay un viejo ritual en Andalucía la Baja, empezar por un oloroso dulce e ir cayendo en sabores cada vez mas secos, llegar a la manzanilla preparado por olorosos secos y amontillados. Entiendo que es un ritual provinciano, pero antiguo,delicioso y recomendable. El Riff es el único restaurante en el que he podido hacer este viaje, a través de Lustaus y con la reconfortante aquiescencia de Paquita.El ambiente, casi monacal en donde solo la compañía humana y los platos adquieren presencia ayuda a estos viajes de sabores. La cocina de Bernd Knöller atraviesa un momento más que interesante, superada la fase de "el alemán que supo comprender la cocina mediterránea" como lo han descrito con un insufrible paternalismo bastantes críticos locales a una fase no ya de fusión sino de verdadera construcción ecléctica. Un ejemplo, su caballa ahumada con humus, sabe a escocia, cádiz y tetuán, pero por encima de todo y evocaciones aparte ¡está buenísima!
Mi última visita al Riff, fue feliz como las anteriores. Sin duda el mejor en Valencia

Hacía tiempo que no me pasaba por el RIFF. Aproveché una comida de trabajo y fui con un compañero que venía de Madrid al que otras veces había llevado a restaurantes de igual categoría y en los que sinceramente habíamos pinchado. El local le encantó por su sencillez (le llamó mucho la atención la lámpara de la entrada).
Probamos el menu de mediodía con maridaje de vinos. La comida sinceramente excepcional y acertada cantidad (de primeros: Carpaccio de ventresca de atún y Lomo de caballa ahumado; de segundos: Arroz amb fessols i naps al estilo del cocinero y Arroz meloso de gambas). Nos animaron a probar un queso galés de leche cruda (buena elección). Los postres fueron Sopa de chocolate blanco y Ensaladilla de dátiles Salomón y naranjas). Todo acompañado con diferentes vinos complentado el maridaje excepcional). El servicio muy atento y correctamente servido, explicando cada uno de los platos. Salimos del local ampliamente satisfechos y sobretodo muy contentos por el precio. El Riff, un lugar al que sin duda volveré.

Hace un tiempo invité a 5 amigos a cenar a este restaurante. Acordé previamente con el propietario un menú con un precio de unos 300 € para los 6 y reservé mesa. Entre risas y carantoñas del propietario y de su somelier, acabaron endiñándonos el menu "lo mejor de la casa" y soplándome 650 €. A parte de este contratiempo presupuestario, que como soy bueno achaco al olvido, el despiste o la barrera idiomática, el lugar resultó tranquilo, amplio, y la comida simpática, aunque con pretensiones y, claro, para mí excesivamente cara. Mis invitados lo pasaron bien, que es lo que importa. Yo, con el bolsillo todavía caliente por la experiencia, debo reconocer que dudo mucho que vuelva; ni aunque sea a comprar en su tienda de productos selectos, que uno puede adquirir a mejor precio y con igual calidad a pocos metros de distancia en el Gargallo de Almirante Cadarso. Obviamente, para mí, la relación precio/calidad resultó desmesurada y la atención poco adecuada.

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