Restaurante Seu-Xerea en Valencia
  

Restaurante Seu-Xerea

47
Datos de Seu-Xerea
Precio Medio:
37 €
Valoración Media:
7.2 10
Servicio del vino:
6.8 10
Comida:
7.2 10
Entorno:
7.3 10
Calidad-precio:
8.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 20,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Domingos y agosto

Teléfono


47 Opiniones de Seu-Xerea

Un local, menos conocido de lo que se merece por su interesante cocina, con buen servicio en sala aunque algo lenta la cadencia de platos, quizás motivado por estar bastante lleno.

Para empezar unas Estrella Galicia, un buen pan y un mejor aceite, Lágrima, verde oscuro con buena dosis de amargos y picantes finales, mientras elegimos algunas de las opciones, cada una en minicartas: menú de navidad, menú gastronómico... Somos demasiado débiles y el menú gastronómico (49€) ya nos hace descartar la carta de platos a elegir.

En la cata de vinos bastantes opciones, mezcla de clásico y novedoso; elegimos un Utreia 2012 de beber más ligero para empezar. Descartamos, no sé muy bien por qué, las opciones de maridajes de 4 vinos (15€) ó 6 vinos (20€).
Se quedó corto de tiempo y añadimos un más que bien malbec reserva 2010, llamado Lágrima Selecto.

Los platos servidos en individual, tras el inicio de una sopa de cortesía, hecha con caldo de ave, galanga (familia del jengibre), curry rojo; un inicio especiado, fresco que ya anuncia que aquí hay mezcla de culturas.

En lo incluido en el menú:
. ostra valenciana con espuma de gin fizz: ostra de gran tamaño, servida de forma muy aparente, con presencia de lima abundante y con buena sensación de gin.
. terrina de foie con cítricos tropicales. ración escasa de una foie que no me acabó de llenar; la presencia de fruta de la pasión sí me pareció un buen contraste que aligeró (¿demasiado?) la sensación de fondo del foie.
. papardelle con trufa fresca: la pasta después de muy poco hervida, pasada por horno buscando una consistencia algo crujiente peor creo que secó demasiado; la presencia de trufa testimonial pero buena.
. pescado de playa según mercado: corvina. Demasiado pasado por el fuego; muy curiosa la cebada acompañante con remolacha cocida, muy buen punto de las verduras acompañantes: col, brocoli..
. cochinillo al estilo birmano con ruibarbo: extraordinario de sabor, punto de cocción, piel muy crujiente. Para comerse un pozal que diría Chicote pero la ración era de cata.
. sopa de fresas con frutos rojos y yogur griego: bien, fácil, poco dulzon.
. morenito de chocolate: no me convenció su textura.

Una buena cocina. Buenas opciones de menús a medio día.

Visitamos este local recomendado por varios amigos. La idea era comer cocina con un pequeño toque oriental así que fuimos a este céntrico local pegado a la Plaza de la Virgen. Pedimos el menú de tapas, que se componía de cuatro entrantes para compartir y un principal a elegir. Son platos originales que combinan lo exótico con lo local: bastela marroquí, arroz de verduras o bocadito chino. Los entrantes nos gustaron y la carne estaba muy jugosa.
Los vinos están bien elegidos. Tienen de una pequeña muestra de vinos de origen internacional y una variedad de vinos dulces bastante interesante para maridar con los postres, aunque esta vez no los probamos porque no entraban en el menú. Para acompañar nuestros platos seleccionamos el infalible Rafael Cambra Uno.
Servicio amable e implicado.
Me gustó la decoración de madera pero me pareció excesivo el minimalismo del local, con muy poco color. Al fondo del local había una zona que tenían una pared decorada con las fotos familiares del chef, de origen asiático, que le daban un poco de calor hogareño al local.
El precio, unos 80€ los 2, con vino, postre y café. Nos pareció una buena relación calidad-precio. Restaurante a tener en cuenta para volver de nuevo.

Conocí este restaurante por unos amigos que estuvieron allí cenando en el Valencia Cuina Oberta, y saben que la comida fusión mediterráneo – oriental es mi perdición. Estuvimos mi mujer y yo a principios de diciembre y ya habían puesto el menú de medio día de Navidad, por lo que se ve, algo más caro que los menús semanales habituales, pero sin duda valió la pena.

Aperitivo: caldo con won ton, que con el frío de diciembre se agradeció.

Entrantes:
Rollitos de atún fresco con remoulade y salsa tentsuya
Croquetas Seu Xerea
Turrón de foie
Guiso de pulpo con habas y calabaza.

Yo soy muy de croquetas, pero el pulpo me conquistó, las habas muy sabrosas, se notaba la calidad del producto y la presentación perfecta con el pulpo entero en el plato.

Principales:
Arroz de marisco con caldo de galeras, siempre digo que el secreto de un arroz está en el caldo, y éste estaba delicioso, se notaba el sabor intenso de las galeras.

Cochinita pibil con puré de raíces, la carne estaba muy tierna, se deshacía en la boca y fusionaba perfectamente con el puré de raíces, sin duda muy adecuado para los que ya estamos hartos de que todas las carnes se acompañen con reducción de pedro ximénez.

Postre:
Strudel con helado de vainilla y Gluhwein. Nunca había probado este postre y ya estoy buscando dónde se puede comer, una autentica delicia.

Toda la comida estuvo regada con vinos de la comunidad valenciana, algo que yo personalmente agradezco ( Tarima 2012 y Angosto 2013).

El servicio fue muy profesional y atento. Tanto mi mujer como yo disfrutamos mucho de la comida, un sitio especial al que volver.

Precio: 30€/persona.

La mañana del día en cuestión la habíamos pasado en el coche viajando desde Madrid a Valencia. Habiéndome sido asignado el asiento del copiloto tuve tiempo más que suficiente para estudiarme la página web del SeuXerea vía smartphone y para cuando llegamos, ya nos habíamos decidido por el Menú de Tapas, el Menú del Día también era muy atractivo pero la combinación de platos del de Tapas nos pareció realmente redonda y a muy buen precio.

Aparte de estudiarme la carta tuve tiempo para averiguar quién era aquél británico-birmano-afincado-en-Valencia llamado Stephen Anderson y lo que leí de su historia espoleó aún más mi interés pues desde que pasara largas temporadas en Londres soy muy aficionada a la cocina asiática y sus posibilidades de fusión con la cocina mediterránea me fascinan.

La fachada del restaurante es discreta y elegante, sin ningún elemento decorativo estridente que pueda indicar que la cocina que se sirve en su interior tiene influencia asiática, La puerta de cristal te lleva a un primer pequeño comedor con un ambiente más íntimo del que sale un pasillo que dará en una diáfana y luminosa sala cuya única nota discordante es una zona elevada sobre una tarima a modo de seudo-reservado donde sobre una de sus paredes en color rojo, se desgrana la historia familiar de Steve.

Tuvimos la suerte de que estuviera atendiendo en Sala, no es lo que más le gusta, más bien al contrario puesto que sigue disfrutando y mucho de la cocina pero sin lugar a dudas es un perfecto anfitrión que despliega ese arte tan difícil que es combinar la cordialidad y cercanía con un respeto por el espacio de los comensales y una sabia discreción en el servicio.

Entramos con buen pie pues nuestra petición de Peruccis blancos fue acogida con una sonrisa que se amplió cuando supo de nuestra elección por el Menú de Tapas que se compondría de cinco snacks y un plato principal a elegir entre tres opciones.

* Los snacks:

- Gazpacho de tomate, sandía y melón: Aunque parece una elaboración sencilla, la acidez del tomate dificulta la armonía con las frutas pero aquí está muy bien conseguida y es agradablemente refrescante.

- Coca con sardina ligeramente ahumada y pisto: El ahumado es muy delicado pero consigue impregnar la grasa de la sardina que parece desaparecer. La coca es fina y no excesivamente crujiente. Una combinación elegante.

Los siguientes tres snacks tendrían notas marcadamente mestizas:

- Croquetas de pollo al curry rojo con mayonesa de yuzu y ensalada de algas: creo que este plato materializa estupendamente el concepto fusión de Steve. Pocas cosas hay tan "nuestras" como las croquetas y consigue que mantengan su idiosincracia sin desmerecer las influencias thai y japonesa. Muy recomendables.

- Crujientes de pasta filo con puré de remolacha y raita: una vuelta de tuerca a las tradicionales y sabrosas "samosas" indias, realzadas con ese puré de remolacha y esa refrescante raita (salsa de yogur)

- Clóchinas con aromáticas tailandesas y leche de coco: de nuevo el Mediterráneo pero esta vez representado por uno de los productos más típicos valencianos, las clóchinas, cocinadas en su punto al vapor y acompañadas de un jugo insoportablemente delicado y cítrico.

*Plato principal: decidimos poner a prueba la mediterraneidad de Steve pidiendo un arroz:

- Arroz de verduras con alioli de lima: el arroz estaba en su punto perfecto de textura y sabor, la verduras al dente y el alioli de lima simplemente delicioso. Aprobado con nota en arroz fusión

*Entre el arroz y los postres:

- Un sorbete de mandarina y cava: cambio del típico sorbete de limón al cava que le aportó dulzura.

*Vino: Para beber y siguiendo las sugerencias de Steve, nos decantamos por un todo terreno que se adaptara a los diferentes aromas, sabores y texturas del camino:

- Heiner Sauer Gewurztraminer Nussdorfer Herrenberg Spätlese 2012: Armonía entre el punto justo de dulzor de fruta fresca y la acidez óptima para maridar platos de diferentes orígenes y concepciones. Suficientemente largo para satisfacer sólo. Muy atractivo.

Y llegó la hora de atacar

* Los Postres:

- Potito de fruta de la pasión y chocolate blanco: me encantó la presentación y muy rica la combinación de texturas y sabores.

- Pavée de chocolate con helado de caramelo: sólo apto para muy golosos y adictos al chocolate ¡droga dura! ;-)

Steve nos insistió mucho en que acompañáramos los postres con un vino de naranja.

- PAR Vino de naranja (D.O. Condado de Huelva): Nos costó acceder porque veníamos de una mala experiencia en la cena con los Gastronómadas pero he de reconocer que estaba muy rico y era sin duda original, mucho mejor que el de aquella noche. Realmente la cosa cambia cuando es vino de verdad, proveniente de uvas Pedro Ximénez, que ha permanecido en contacto con piel de naranja deshidratada.

Pero el SeuXerea es mucho más que unos platos y unos vinos, más allá de un buen servicio y una experiencia altamente satisfactoria. El SeuXerea es Stephen Anderson y su historia personal, el legado recibido de sus antepasados. Merece la pena conocerse, asi como su visión de la gastronomía actual.

Lo podéis hacer aquí y además veréis las fotos ;-)

Semana del certamen Cuina Oberta en Valencia. Sigue resultando, a pesar de todo, una buena iniciativa. Aprovechable para conocer locales y cocinas que te vas dejando en el tintero por una razón u otra y a la postre vas aplazando su visita.

Situado en el centro histórico de la ciudad. El local resulta amplio, dividido en dos salas conectadas por un pasillo. El ambiente logrado resulta agradable, iluminación cálida, música de fondo de verdad, decoración de corte moderno en tonos blancos y grises con bastante presencia de madera clara. Buenas mesas bien vestidas con separaciones correctas. Menaje en consonancia.

Nos acompañan con amabilidad a la mesa. El menú es el anunciado con la posibilidad de incluir por 10 € más la bebida y el café, opción por la que nos decidimos. Al tema:

Aperitivos:

Chupito de Gazpacho de Hortalizas y Frutas. Ligero sorbo que cumplía su función. Grácil.

Nuestro “Tigre” de Marisco. Interpretación de la casa de la clásica tapa, en esta ocasión sin la concha del mejillón y rebozado en un fino crujiente reblandecido por una salsita que no sumaba al bocadito. Versión.

Arroz Biryani Inflado. Crujiente bocado que no me transmitió sensación especial alguna. Desentendimiento.

Entrantes:

Espárragos Blancos Ecológicos con Ajo Blanco, Huevas de Salmón y Chantillí de Pimentón. Sabroso conjunto combinando la crujiente ternura del espárrago con el sabor logrado de la sopita y el puntito del pimentón. Armonía.

Langostino con Costra de Arroz Verde, Remoulade de Apio Bola y Mayonesa Negra. Dos piezas dentro del crepitante envoltorio descansando sobre las delicadas tiras de la raíz, que creo que es la que por aquí llamamos napicol, muy sabrosa y que me trae buenos recuerdos. Reminiscencia.

Bastela de Pollo de Corral con Te de Especias Dulces. Buena cobertura de pasta brick con un interior, en mi opinión, algo falto de chispa. Frágil.

Principales:

Pescado de Subasta, Guiso de Sepia en su Tinta y Salteado de Cucurbitáceas. En este caso Corvina, buen producto, algo pasada de calor la mía que ensombreció un tanto la sensación global, con buenos compañeros de plato. Ensamblado.

Costillas de Cerdo Ibérico, Salsa BBQ Casera y Patata “Hasselback”. Logrado punto de la carne con una textura de difícil definición de la grasa de la pieza, que podías casi untar, tremendamente sabrosa así como la salsa. Se me olvidó preguntar el origen del nombre de la patata. Sabor.

Como postre, Flan de Chocolate Líquido con Helado de Naranja y Jengibre. Casi clásica combinación de sabores con texturas suaves en boca. Vicio.

Se acompañó la cena con un pan chapatita que cumplía su misión.

Para beber, la opción arriba comentada, que incluía una Cruzcampo Gran Reserva y dos copas de vino, concretamente El Angosto 2012 D.O. Valencia y Finca Álvarez 2012 D.O. Valencia. También entraba botella de agua y café.

Servicio ágil, agradable, con buena intención.

En resumen, empresa con experiencia que ofrece variedad en su cocina, con buen manejo y ejecución del producto aunque en ocasiones, en mi humilde opinión, le falta un puntito de magia para conseguir cuadrar el círculo en el que se embarca con los guiños constantes a otras influencias culturales y gastronómicas más o menos lejanas, por otro lado, seña de identidad y esencia de la casa. Seguro que volveré en un tiempo, fuera de VCO, para buscar ese golpe en el corazón que no llegué a encontrar.

  • Costillas de Cerdo Ibérico, Salsa BBQ Casera y Patata “Hasselback”

  • Langostino con Costra de Arroz Verde, Remoulade de Apio Bola y Mayonesa Negra

  • Espárragos Blancos Ecológicos con Ajo Blanco, Huevas de Salmón y Chantillí de Pimentón

Hemos ido al Seu-Xerea unas cuantas veces y siempre hemos escogido el menú semanal. Particularmente la fusión que hacen de cocinas y la presentación es muy buena. Los rollitos vietnamitas y las manitas de cerdo resultan una combinación oriental y castiza la mar de sugerente. Me hubiera gustado tener de comensal invitado a Josep Pla para que adjetivara a su manera las sutilezas de los platos. El bizcocho con compota con un punto dulce, acertadísimo. Para ser un menú del día es sorprendente. Así da gusto ir a comer.

Acudimos a comer aprovechando una celebración personal de tipo académico y que se ofertaba la Japan Week durante esta semana. El menú (30€) consistió en:
- Fideos de arroz glutinoso con berberechos, setas y cítricos: buen punto de la pasta aunque el plato, resultando agradable, no dijo gran cosa. Aceptable.
- Encurtidos de ambos mundos, mojama, y aceite de oliva verde: una selección de encurtidos con una buena presentación y totalmente prescindible.
- Tofu de leche de cabra, vieira vegetal, anguila y salmón: ingredientes dispuestos por separado, con una falsa vieira (creo recordar que era de rábano), complementada con los otros compañeros de plato. Original.
- Paella nipona: se trata de un arroz marinero, tipo arròs a banda, del tamaño y forma de un huevo, culminado con allioli y caldo de pescado con un toque interesante de soja. Bueno.
- Bacalao al vapor, tomatitos, cebolla tierna y jugo de cerdo ibérico: plato de pescado bien elaborado y bien presentado, y bien de nuevo su sabor.
- Tataki de pato con bok choy y puré de boniato: pato gustoso, más que correcto, con un puré de sabor muy intenso.
- Mini mochi de arnadí: se trata del postre típico japonés relleno de un postre típico valenciano de origen musulmán, el arnadí, elaborado con calabaza y almendra. Nos gustó.
- Bizcocho de té matcha, sorbete de mandarina y yuzu, y horchata de almendra: segundo postre, bueno también.
Bebimos un Guillemot Michel 2010, chardonnay, estupendo, con buen servicio y buenas copas, como suele ser habitual aquí.
El menú presentaba algunos platos superfluos, otros que nos dejaron indiferentes y otros buenos, aunque ninguno de ellos sin sorprender excesivamente. Se echó en falta alguna elaboración de sushi por tratarse de cocina japonesa. No obstante, todo correcto, con una presentación esmerada, en una sala agradable, con buena mantelería y copas. Servicio atento y profesional.
Hace años en Seu-Xerea se organizaban semanas de cocina temática: griega, mejicana, tailandesa... Esperamos que se retome esta buena costumbre.

Cuidado local en pleno centro. Se trata de un bajo con varios espacios y decorado combinando lo clásico y lo moderno, que crea un ambiente agradable, pese a la excesiva iluminación. Es adecuado para cenas de pareja y grupos, ya que tiene zonas reservadas.

La carta incluía un menú de gastrotapas y menú degustación, ambos con posibilidad de maridaje. Preferimos ir a la carta, pese a al atractivo de los menús. Elegimos: tosta de gorgonzola con tomate seco y ensalada de cítricos con calamar de playa. Bien. Como principal tomamos suquet de peix de roca y cochinillo con salsa birmana. Especialmente logrado el punto tierno y a la par crujiente del cochinillo, que se disfrutaba mejor sin la salsa. Sobresaliente el postre, el trifle por original y el brownie por inmejorable. Bebimos nuestro rueda favorito: Menade(14 €).

Nos pareció una buena cena, no sin acabar con la sensación de que la carta contempla todavía mejores opciones.

Tras el cambio de imagen, proceso que aún hoy sigue en marcha, es nuestra primera visita. Se gana en luminosidad, frescura, calidez y se ofrece un espacio más diáfano al igual que las nuevas posibilidades de menú.
A pesar de ello, el concepto y la idea fundamental de cocina siguen en la misma línea, afortunadamente.
Comida para tres a mediodía, consistente en el menú semanal (18€ a mediodía, 25€ noche):
- Sorbete de sandia con espuma de gazpacho: excelente ejecución, el sorbete fresco y con sabor marcado y la espuma tibia, al punto exacto de ajo. Acertadísimo el aceite de oliva crudo junto a ellos.
- Ensalada César al estilo indonesio: lechugas variadas con pechuga de pollo empanada y una anchoa. Correcta.
- Buñuelos de bacalao en pasta kadaifi con mayonesa de wasabi: dos piezas de bacalao rebozado en pasta kadaïfi, muy bien frita, sobre la salsa, suave. Estupendo y original. La pasta kadaïfi, hasta ahora, solo la había visto cocinada para dulces.
- Curry rojo de ternera con arroz aromático: pues ni más ni menos que cuatro albóndigas de carne con salsa y arroz basmati al centro del plato. Sabor conseguido de verdad, buenísimas.
- Sopa fría de chocolate blanco con helado de yogur: de nuevo, exquisito el helado de chocolate blanco, equilibrado de azúcar, cremoso, suave y refrescante. El helado de yogur, que era griego, también sutil. El postre estaba servido en una copa con un fondo semisólido de miel, que posibilita un juego de texturas con la cuchara.
Se incluye, además, el pan en el precio.
Tomamos unas copas de manzanilla y fino como aperitivo, y una botella de San Vicente '06, rioja de calidad, servido en copas Riedel y decantado.
Buena mantelería, ambiente agradable y servicio atento y muy amable y voluntarioso, pese a pecar en ocasiones de inexperto.
Magnífica apuesta, como viene siendo habitual, en pleno centro de Valencia. Excelente RCP para unos clientes habituales y reincidentes como nosotros, desde hace años.
Enhorabuena, Steve.

Vamos siempre a mediodía. La última vez: vichissoise de guisantes, tataki de salmón con algas, foccata de verduras y tomate, arroz en paella con costillas y morcilla y espuma de queso con frutos roos y mangos. Para beber un agradable vino blanco italiano de uva garnacha (4 copas).Un café y un litro de agua mineral. Todo. 56,96€ (iva incuido).
La cocina , cuidada; el ambiente grato; el servicio atento y discreto; la situación, en el centro del casco histórico. Recomendable.

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